Sep 30, 2026 Last Updated 4:51 PM, Sep 29, 2026

Izquierda Socialista

Escribe Nicolás Núñez, referente de Ambiente en Lucha (Izquierda Socialista e independientes)

“Más de 220 personas han perdido su vida en mi país. Por ellas estoy aquí. El cambio climático mata”, así introdujo el martes 12 noviembre su presentación en la Conferencia sobre cambio climático de la ONU (COP29) el presidente del Estado Español, Pedro Sánchez. En efecto, las inundaciones y destrozos provocados por la Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) de los últimos días de octubre, tuvieron ese enorme saldo de muertes. Pero se trata de una catástrofe que lejos está de ser un “fenómeno natural”. Veamos.

En primer lugar, por los motores del evento extremo. La DANA es un fenómeno meteorológico que tiene una cierta regularidad a la salida del verano y llegada del otoño en la zona mediterránea, y que estalla con el choque de corrientes aire frío (corriente “en chorro” del frente polar o “Jet Stream”) con otras marítimas más cálidas. Pero la violencia del episodio de 2024 ha superado con creces los antecedentes de 1957 (desborde del río Turia) y 1982 (“pantanada de Tous”). Fruto del calentamiento global, y en particular de las elevadas temperaturas del Mediterráneo, las DANA han pasado a ser un 15% más húmedas que en el pasado, y eso se traduce en el volumen de las precipitaciones que desbordaron toda la infraestructura de la región.

Al caos climático generado por la destrucción ambiental del capitalismo a nivel global, hay que sumarle las definiciones políticas de los gobiernos patronales de todos los signos políticos. Por un lado las de largo aliento: la zona de Valencia llevaba veinte años sin que se realicen obras hidráulicas para hacer frente a la nueva realidad. A lo que se agregan políticas masivas de deforestación y de construcción de viviendas en zonas inundables. Y por otro, las criminales decisiones del gobierno derechista del Partido Popular, que conformó gobierno con la ultraderecha negacionista de VOX y al mejor estilo Milei había cerrado la unidad que hacía frente a emergencias de este calibre. A lo que se sumó que pese a contar con las debidas advertencias de todo el sistema meteorológico, el gobierno de Carlos Mazon, se negó a frenar la actividad laboral o si quiera suspender las clases. La inmensa mayoría de los fallecidos son trabajadoras y trabajadores que estaban en o huían de sus lugares de trabajo.

El sábado 9 una enorme movilización de la que participaron nuestros compañeros de Lucha Internacionalista (UIT-CI) exigió la dimisión de Mazón y los recursos económicos y materiales que el gobierno de Pedro Sánchez viene demorando. Lamentablemente, en estas horas el servicio meteorológico advierte la posibilidad de una nueva DANA en la región. La catástrofe de Valencia nos muestra a dónde nos lleva la acumulación de ganancias del capitalismo y lo peligroso que es tener gobiernos negacionistas del cambio climático.

 

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Escribe Federico Novo Foti
 
El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro que dividió la ciudad de Berlín por décadas. Fue una victoria de las masas, que inició el camino hacia la unificación alemana y provocó el derrumbe de la burocracia estalinista. Gobiernos y analistas burgueses anunciaron el triunfo del capitalismo sobre el socialismo. Pero los socialistas revolucionarios tenemos otra mirada.

La noche del 9 de noviembre de 1989, tras el anuncio del portavoz del gobierno de la República Democrática Alemana (RDA), Günter Schabowski, sobre el otorgamiento de permisos para visitar Berlín occidental, miles de alemanes que vivían en Berlín oriental se movilizaron hacia el muro que dividía la ciudad. Sorpresivamente, la multitud comenzó a demolerlo con picos, martillos y palas, ante la mirada desconcertada de los soldados. Tras veintiocho años caía el muro que había separado a la ciudad y representaba el símbolo máximo de la división alemana. Miles de personas de ambos lados se reunieron para festejar.
 
La división de Alemania

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en la Conferencia de Potsdam de 1945, José Stalin (líder de la burocracia soviética), Franklin Roosevelt (presidente de Estados Unidos) y Winston Churchill (primer ministro británico) pactaron la ocupación y división de Alemania, como parte de los acuerdos en los que definieron “esferas de influencia” en Europa y el mundo para estabilizar el dominio capitalista imperialista. La partición alemana serviría también para dividir al poderoso movimiento obrero alemán.

En 1949 se creó la República Federal Alemana (RFA) en la región occidental más desarrollada, sostenida por el imperialismo yanqui y los millones de dólares del “Plan Marshall” para su reconstrucción. En la zona oriental, la República Democrática Alemana (RDA), apoyada por la burocracia estalinista de la URSS. Berlín, la antigua capital alemana, situada en el centro de la RDA, quedó igualmente ocupada y dividida.

La RDA estaba gobernada por una dictadura de partido único (Partido Socialista Unificado) a imagen y semejanza de la dictadura estalinista de la URSS. La expropiación y eliminación de la burguesía y la planificación estatal de la economía permitieron mejoras, como el pleno empleo, acceso a educación y salud. Pero la división del país y la opresión pesaban sobre su población. En 1953 fueron reprimidas las huelgas obreras de Berlín oriental. Para 1961 se estima que dos millones de personas habían huido del país. Como respuesta, en la madrugada del 13 de agosto de 1961, el gobierno de la RDA comenzó a construir un muro con intención de aislar definitivamente los dos lados de la ciudad de Berlín. El muro de hormigón alcanzaría los 155 kilómetros de largo (45 kilómetros dentro de la ciudad). Separó familias, amigos y vecinos. 239 personas fueron asesinadas a manos de la Stasi, el siniestro servicio secreto de la RDA, al intentar cruzar.1

Los debates sobre la caída del Muro de Berlín

La caída del Muro de Berlín derrumbó a la burocracia estalinista del PSU e inició el camino hacia la unificación del país en 1990. En aquel entonces el hecho causó una enorme sorpresa mundial. Algunos analistas lo presentaron como una jugada magistral del capitalismo imperialista, encabezado por el presidente yanqui, Ronald Reagan, junto al Papa Juan Pablo II y la complicidad del líder soviético, Mijaíl Gorbachov. El politólogo yanqui Francis Fukuyama afirmó que la caída del muro era el triunfo definitivo del capitalismo sobre el socialismo y el permanente para la humanidad.

Desde Izquierda Socialista y la UIT-CI damos otra explicación. Ninguno de los supuestos ideólogos de la caída del muro, ni el viejo dictador de la RDA, Erich Honecker, lo planificaron. Al contrario, a todos les convenía mantener la división alemana y los acuerdos de finales de la guerra, incluido el compromiso de la URSS a limitar su dominio a los países de Europa oriental y colaborar en evitar o controlar las revoluciones en el resto del mundo.

Lo cierto es que en la década de 1980 las burocracias gobernantes en los países del “socialismo real” (donde se había expropiado a la burguesía y tenían regímenes totalitarios) profundizaron sus negociaciones con el imperialismo y la apertura al capitalismo. La falta de libertades y la caída en los niveles de vida alentaron entre las masas un ascenso de las luchas. Estalló la revolución polaca, con el surgimiento del sindicato Solidaridad. Las huelgas mineras sacudieron a la URSS. En junio de 1989, la dictadura del Partido Comunista chino aplastó la revolución en la Plaza Tiananmen. Pero las masas no se detuvieron.

En 1989 la RDA tenía su economía semiparalizada y crecía el éxodo de población a Hungría y Checoslovaquia. A mediados de año comenzaron fuertes movilizaciones populares. En octubre, el gobierno intentó calmar los ánimos con algunos cambios. Destituyeron a Honecker e impusieron a Egon Krenz. Pero las movilizaciones continuaron. El 4 de noviembre medio millón de personas se concentraron en la Alexanderplatz, la gran plaza del centro de Berlín Oriental.

La caída del Muro de Berlín fue un enorme triunfo del pueblo alemán, que no sólo abrió el camino a la unificación alemana, sino que aceleró el derrumbe del aparato estalinista mundial que mantenía encorsetado el movimiento de masas por su acuerdo con el imperialismo. Fue una revolución política triunfante. Pero al mismo tiempo tuvo grandes limitaciones. La ausencia de una alternativa socialista revolucionaria que encabezara las movilizaciones no permitió que se enfrentara el proceso de restauración capitalista ya iniciado. Fue un triunfo con un alto costo, ya que se instaló la confusión y la ilusión en las bondades del capitalismo. El retroceso respecto a la expropiación de la burguesía y la planificación estatal fortaleció a la naciente potencia imperialista alemana unificada.

Hoy los trabajadores y el pueblo alemán continúan haciendo su experiencia con el capitalismo. Lejos de obtener el progreso anhelado, desde 2008 viven la crisis económica capitalista mundial y los planes de ajuste de sus gobiernos. Alemania, hasta hace poco un país económicamente estable y con baja inflación, acumula tres trimestres de recesión (especialmente en la industria automotriz), despidos y una inflación creciente, que alentaron la crisis de la coalición de gobierno, encabezada por Olaf Scholz del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), y las luchas, como las huelgas de ferroviarios a principios de año, de metalúrgicos y la industria electrónica.2 En las luchas, contra las direcciones patronales y reformistas o de falso socialismo, como el SPD, sigue planteada la gran tarea de construir una alternativa socialista revolucionaria capaz de conducir a las masas a lograr un gobierno de trabajadoras y trabajadores con democracia para el pueblo trabajador y que avance hacia el socialismo mundial.

1. Mercedes Petit. “Comenzaba la construcción del Muro de Berlín” en El Socialista Nº 142, 13/8/2009
2. Ver Corresponsal. “Huelga de ferroviarios: la más larga de la historia en ese país” (27/1/2024) y Patrick Köning. “Los metalúrgicos en Alemania estamos en lucha por un nuevo convenio” (9/11/2024). Disponibles en www.uit-ci.org

Durante el III Evento Internacional León Trotsky, en el panel “Los trotskismos en los procesos de crisis y disolución de los Estados obreros” se desarrolló el debate sobre el significado de la caída del muro de Berlín y sobre qué pasó en los países donde se había expropiado a la burguesía. Nuestra dirigenta Mercedes Petit llevó la posición de Izquierda Socialista y la UIT-CI, que siempre polemizó con los voceros del imperialismo que proclamaron el triunfo definitivo del capitalismo y el fracaso del “socialismo”, y también con los burócratas estalinistas derrotados que hablaron de “exceso de estatismo” y la mayoría de la izquierda mundial que anunció “la noche negra”. En el panel quedaron expuestos también los debates que aún recorren al trotskismo. El PO afirmó insólitamente que aún no culminó el proceso de restauración capitalista en Rusia y China. Nuevo MAS reflotó la remanida idea de que en aquellos países no existían estados obreros.  

Sobre los procesos que provocaron la caída de las dictaduras estalinistas, cuyo símbolo fue la caída del muro de Berlín, Petit señaló que “la UIT-CI definió que aquellas movilizaciones antiburocráticas, revolucionarias, obreras y populares, que conquistaron libertades, fueron grandes triunfos democráticos”. Pero también marcó sus contradicciones “porque esas revoluciones antiburocráticas triunfantes, lograron derrotar y expulsar del poder a aquellas dictaduras, pero no retomaron el camino hacia la transición al socialismo mundial, iniciado en 1917 en Rusia”.

La ausencia de direcciones revolucionarias explica estos triunfos con un alto costo. Ya en las décadas de 1970 y 1980 las burocracias china y soviética habían comenzado a tomar medidas restauracionistas, que los procesos revolucionarios no frenaron. Desaparecieron aquellas economías transitorias al socialismo que, “aunque dominadas por la burocracia, gracias a la expropiación y la planificación estatal de la economía, habían logrado un progreso en las condiciones de vida de sus pueblos”. León Trotsky había advertido sobre el carácter restauracionista de la burocracia. Una posición defendida por el dirigente Nahuel Moreno contra Ernest Mandel, quien con su idea del “carácter dual” de la burocracia negaba las medidas pro capitalistas y capitulaba al estalinismo, alimentando la crisis del trotskismo.   

La caída de las dictaduras estalinistas expuso el fracaso de su falsa teoría del “socialismo en un sólo país”. Sin embargo, ante la ausencia de direcciones revolucionarias, el rechazo al falso ‘socialismo’ estalinista abrió paso a crecientes ilusiones en el capitalismo y al escepticismo en la revolución socialista, creando mayor confusión en las masas.

Finalmente Petit respondió a la pregunta: “¿sigue vigente la lucha por un verdadero socialismo en cada país y el mundo? Sí, y es más necesaria que nunca ante la catástrofe capitalista.” Y agregó que “el retorno del capitalismo en aquel tercio del mundo ratifica los ejes del programa revolucionario, por un socialismo mundial verdadero y con democracia. [...] Como lo dijo (Trotsky) en el Programa de Transición, la clave es el factor subjetivo. La clave de la crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria. […] Por eso nuestra principal tarea sigue siendo, al calor de las luchas que se dan en todos los países, la construcción de partidos trotskistas que disputen para dirigir esas luchas, y la reconstrucción de la Cuarta Internacional”.[1]

1. Ver intervención de Mercedes Petit “La caída del muro de Berlín…”

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Escribe Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI

Las encuestas preveían un empate técnico y que podía tardar días en conocerse el resultado, pero la victoria de Donald Trump terminó siendo más rápida y contundente. Ganó en Carolina del Norte y dio vuelta a Georgia, Pensilvania y Wisconsin, estados en los que había perdido ante Biden en 2020. Ganó con el voto popular y se llevaría la mayoría del Senado y la Cámara de Representantes.

Ha vuelto a ganar la presidencia de los Estados Unidos. Trump es un ultraderechista, racista fanático, xenófobo, misógino condenado por abuso sexual, con ideas abiertamente fascistoides. Este triunfo lo están festejando los y las ultraderechistas del mundo como Meloni, Le Pen, Bolsonaro o Milei.

La pregunta de millones es: ¿cómo pudo volver a ganar semejante personaje ultraderechista fascistoide? Por la misma razón que ganaron en otras latitudes Meloni, Bolsonaro o Milei. Y por causas semejantes por las cuales había ganado en el 2016. Por el hartazgo de millones de personas del pueblo trabajador y de la juventud que equivocadamente dan un voto castigo a los gobiernos capitalistas de sus países que bajan el nivel de vida de las masas para beneficiar a las grandes multinacionales y oligarcas del mundo.

En el caso de Estados Unidos expresa el odio de millones al gobierno capitalista-imperialista de Biden-Harris, quienes perdieron 15 millones de votos en comparación con las elecciones del 2020. Más que ganar Trump perdió Kamala Harris y el partido Demócrata gobernante. Harris no pudo superar la debacle del partido Demócrata que tuvo que reemplazar de apuro la candidatura de Biden por Harris. Harris no pudo nunca disimular o esconder que su gobierno siguió bajando el nivel de vida de la clase trabajadora y de los sectores populares. No pudo esconder que ella misma persiguió a los migrantes. No pudo esconder que ella y Biden encabezan un gobierno que apoyan el genocidio en Gaza. Que apoyan financiera y militarmente a Israel y su masacre criminal sobre el pueblo palestino y del Líbano.

Por eso miles de simpatizantes de la causa palestina iban a sus actos a repudiarla. Por todo eso no tuvo el apoyo de amplios sectores progresistas ni de la juventud por su repugnante posición en favor del genocidio en Gaza. Ni la comunidad negra, ni los latinos han respaldado masivamente su liderazgo. Hasta Roger Waters y la luchadora ambientalista Greta Tumberg rechazaron el apoyo tanto a Harris como a Trump.

Trump tuvo el voto tradicional ultra conservador, racista y de derecha estadounidense, de las comunidades evangélicas, de las y los anti derecho al aborto y a las mujeres y disidencias. También tuvo el voto castigo equivocado de miembros de la clase trabajadora, fundamentalmente blanca, afectados por la crisis social como quedó demostrado en el abandonado “cinturón del óxido” enclavado en Michigan, Pensilvania y Wisconsin. Pero también logró sumar una franja de votos de la comunidad negra, musulmana y latina por el odio al gobierno de Biden-Harris, y por las mentiras de Trump de “que vamos a cambiar todo” o “vamos a terminar con las guerras”. Cuando es un agente de las multinacionales y también apoya a Israel y al genocidio en Gaza, Palestina y en Medio Oriente y en su primer mandato trasladó la embajada norteamericana a Jerusalén.

El regreso de Trump a la presidencia es una nueva expresión de la crisis y de la decadencia social y política que vive desde hace tiempo el sistema capitalista- imperialista y que tiene su propia expresión en los Estados Unidos. El viejo “sueño americano” estalló hace tiempo y se profundizó desde la crisis económica del 2008. “A julio del 2023, más de 37 millones de personas, el 11,5% de la población, viven en la pobreza y 6,6 millones (el 4%) viven sin empleo. […]. La desigualdad crece y el 10 % de los que más ganan acapara casi la mitad de todos los ingresos y el 50 por ciento inferior obtiene solo el 13 por ciento. El sueño americano de la abundancia y prosperidad, como sostén ideológico del imperialismo yanqui, solo es recuerdo de un pasado incierto, dando lugar a una creciente apatía y descontento con los dos partidos burgueses tradicionales, el Demócrata y el Republicano, de los Estados Unidos. El 48% de los estadounidenses califican como mala a la situación económica que viven y siete de cada diez estadounidenses (69 %) creen que la economía está ‘empeorando’ y el 77% está insatisfecho, frustrado o enfadado” (nota “Estados Unidos: entre la crisis política y las urnas”, Ezequiel Peressini, revista Correspondencia Internacional N° 53, agosto 2024).

La perspectiva del nuevo gobierno del ultraderechista Donald Trump no traerá mejoras para el pueblo trabajador y la juventud estadounidense ni para los inmigrantes. Menos que menos tendrá nada a favor de los pueblos palestino y de Medio Oriente, ucraniano o los pueblos explotados del mundo. Trump seguirá la política de explotación y de gendarme mundial y genocida del imperialismo yanky. Lógicamente agravadas por sus facetas fascistizantes y represivas, que no podemos minimizar y debemos enfrentar.

Desde la UIT-CI seguiremos llamando a la clase trabajadora, a la juventud, a las mujeres, a las disidencias y a los sectores populares de los Estados Unidos ha seguir luchando por sus reivindicaciones, como sucedió con las huelgas triunfantes de los portuarios y de la Boeing, y a enfrentar desde el 20 de enero de 2025, cuando asuma, al gobierno del ultraderechista de Trump.

La crisis social y política seguirá abierta en los Estados Unidos. Desde Socialist Core, organización simpatizante de la UIT-CI en Estados Unidos llamamos al voto crítico a las candidaturas alternativas, como el caso de Jill Stein, Cornel West y otros candidatos independientes como Claudia De la Cruz, del Partido Socialismo y Liberación. Señalando que “ese voto crítico puede ayudar a fortalecer el polo de las y los luchadores, quienes se expresaron en las crecientes huelgas, en el apoyo a Palestina y la lucha de la comunidad negra contra el racismo y la violencia policial, de cara a los desafíos que enfrentaremos luego de las elecciones. Gane quien gane, la grave crisis socioambiental y la enorme desigualdad, así como el propio desarrollo de las luchas populares, plantean el desafío de la construcción de un partido de izquierda y de la clase trabajadora donde confluya la nueva vanguardia sindical, juvenil, antirracista y antifascista, ambientalista y feminista” (ver Declaración “Estados Unidos: Por un voto de protesta contra los genocidas del partido republicano y el partido demócrata”)

Desde la UIT-CI ratificamos y apoyamos todos los pasos que se puedan dar en ese camino de construcción de una alternativa política unitaria de la izquierda y las y los luchadores de los Estados Unidos por fuera del partido Demócrata que no es más que un vehículo para las derrotas de los trabajadores y los pueblos.

6/11/2024

Escribe Lucha Internacionalista, sección de la UIT-CI del Estado español

4/11/2024. Las políticas que el gobierno de Mazón del PP ha realizado en el País Valenciano son la causa de todas las muertes ocurridas en la crisis de la DANA. En el momento de escribir esta declaración ya son cerca de 200.

También fue así durante la COVID-19 por las políticas del gobierno de Ayuso. Hacen parte de las políticas de la derecha y los acuerdos con VOX por la privatización de los servicios públicos, como los que tienen que atender las necesidades de la población en momentos de emergencia como estos. La única política es la de desviar fondos públicos a manos privadas.

¡Denunciamos y nos sumamos a todas las críticas que se han hecho a la desorganización, falta de previsión y de recursos del gobierno Mazón! Haber desmontado la Unidad Valenciana de emergencias, es una de las actuaciones que ha agravado la situación con resultados de muertes innecesarias. El gobierno valenciano ha demostrado una grave carencia de capacidad y eficiencia para gestionar cualquier tipo de crisis, poniendo por delante la situación económica de las empresas, no avisando a tiempo para que las trabajadoras y la población volviera a sus casas. En este caso, ha tenido una respuesta con más de 12 horas de retraso, lo cual ha provocado una desgracia mayor ante la catástrofe meteorológica, que hacía días que se preveía.

El mundo está sufriendo una de las crisis más graves de su historia. Parte de esta derrota es el cambio climático y el avance de la destrucción ambiental capitalista. Informes científicos indican que hacia el año 2050 el planeta podría ser inhabitable si no se frenan las emisiones de CO₂. Este es el abismo al que nos lleva el capitalismo, mientras una minoría de multimillonarios y sus multinacionales continúan multiplicando sus ganancias gigantescas. Solo el derrocamiento del sistema capitalista-imperialista, la expropiación de la burguesía y gobiernos socialistas de los trabajadores pueden planificar racionalmente la economía mundial para cuidar a la naturaleza y al ser humano como parte de ella. En este camino de lucha el pronóstico de los científicos hacia el límite del año 2050, no tiene porqué significar que sea inexorable.

Nos sumamos a las movilizaciones preparadas para el 9 de noviembre a las 18 h desde la plaza del Ayuntamiento de València, organizada por organizaciones sociales, sindicales y políticas del País Valencià pidiendo la dimisión de Mazón. Su irresponsabilidad es la causa de todas y cada una de las muertes ocurridas. Solo la solidaridad y la ayuda mutua están respondiendo a la situación.

1/11/2024

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