Por Prensa UIT-CI
“Un verdadero acontecimiento político-cultural”
En la sede del sindicato docente de Ademys (Buenos Aires, Argentina) se realizó, el 15 de diciembre de 2022, la presentación del libro «Sobre el marxismo» de Nahuel Moreno de Editorial Cehus, a cargo de Mercedes Petit y Reynaldo Saccone, investigadores y reconstructores de este texto. Coordinó Mariana Scayola, secretaria general de Ademys. (ver presentación completa en www.izquierdasocialista.org)
Eduardo Grüner, destacado intelectual, sociólogo y ex vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales UBA -Fue militante del partido PRT-La Verdad y luego el PST, que conducía el propio Nahuel Moreno, entre fines de la década del 60 y principios de la del 70-, envió un saludo que reproducimos.
Estimadas compañeras y compañeros:
Lamento mucho que, por cuestiones personales, no he podido estar físicamente presente en este acto. Sin embargo, no quería dejar de saludar con la mayor emoción la presentación del libro de Nahuel Moreno, cuya publicación considero un verdadero acontecimiento político-cultural. Y cuando digo “acontecimiento” y digo “emoción”, no me estoy dejando llevar por palabras fáciles u ocasionales, sino que le doy a esos términos todo su alcance.
Se trata, en efecto, de un acontecimiento. El rescate de estos escritos y clases del “compañero Hugo” (como lo llamábamos en los viejos tiempos), rescate hecho posible gracias a lo que imagino un trabajo ciclópeo de la compañera Mercedes Petit y el compañero Reynaldo Saccone, supone contar con la posibilidad de una intervención decisiva en un momento histórico de crisis radical del Capital a nivel mundial y por supuesto nacional. En ese contexto, estoy seguro, este libro provocará (o, con toda seguridad, debería provocar) todo un alud de discusiones, debates, replanteos y generación de renovados interrogantes sobre el lugar que ocupa el marxismo en la cultura y la política contemporáneas. Porque, en efecto, en una época en que las variopintas formas de la ideología dominante pretenden hacernos creer que el marxismo es una pieza arqueológica, o una ensoñación utópica superada, o en el mejor de los casos una interesante teoría del siglo XIX, digna de entrar en la bibliografía de alguna materia universitaria de historia de las ideas, pero que ya no tiene pertinencia alguna en el reino de la política “real”, el libro de Nahuel Moreno viene a inquietarnos nuevamente con la enorme vigencia de algo que –como lo explica el propio autor- no es una mera “concepción del mundo” (según la célebre expresión de Henri Lefebvre), que podría ser refutada o darse por agotada o por anacrónica. Muy por el contrario, el marxismo es para Moreno -como es, humildemente, para mí- un movimiento permanente de producción material de conocimiento y transformación de la realidad. Es decir, una praxis en permanente estado de apertura, de renovación y complejización, puesto que no es una filosofía construida en el aire, o en la pura cabeza de un filósofo, sino entretejida íntimamente con los metabolismos a veces sangrientos de la historia y la lucha de clases.
El marxismo, pues, viene a recordarnos este libro, sigue vigente no porque sea un recetario de ideas perfectas y acabadas, o de certezas irrefutables, sino porque las condiciones de su emergencia histórica no solo siguen siendo las nuestras, sino que lo son más que nunca, ya que sus transformaciones en las últimas décadas –incluyendo a la crisis que mencionábamos hace un momento- hacen que por primera vez en la historia tengamos que presenciar la posibilidad de que el Capital mundializado arrastre a la humanidad entera a un apocalipsis terminal. Esto es algo que Marx y Engels, o incluso Lenin y Trotski, no podían prever en su propia época. Es bueno entonces que un libro como este que estamos presentando remueva el avispero y nos empuje a seguir interrogando a ese marxismo que, hasta nuevo aviso, es la forma de pensamiento crítico, y de praxis, que más consistente y radicalmente ha profundizado en el análisis de las razones por las cuales el capitalismo no se limita a ser una sociedad probadamente injusta, sino que es una auténtica catástrofe civilizatoria que conduce a la más abyecta barbarie.
Lo cual, por otra parte, debería dar por definitivamente liquidadas esas argumentaciones absurdas (cuando no interesadas desde la peor de las ideologías) que hablan del “fracaso” del marxismo identificándolo con el igualmente “fracaso” de las revoluciones que se han hecho en su nombre a lo largo del siglo XX. Por supuesto que es una tarea irrenunciable de los marxistas revisar esas experiencias, meter lo más hondamente posible el escalpelo crítico en las razones de su denominado “fracaso” (o derrota, o agotamiento, o incluso traición, como lo dijo claramente Trotski respecto del estalinismo). Pero, justamente, solo ese marxismo abierto y crítico a que nos convoca Nahuel Moreno puede llevar adelante esa tarea, porque hacerla “desde afuera” suele tener la peor de las intenciones, y aún en el mejor de los casos, es el testimonio de una renuncia antes de tiempo. Renuncia, por ejemplo, de quienes se han refugiado en las tibiezas de alguna forma de socialdemocracia, de progresismo o de populismo, para seguir soñando con ser pensadores críticos, pero eso sí, retrocediendo tímidamente ante las fronteras últimas del Capital. Algunos de ellos gustan de llamarse post-marxistas, un divertido síntoma que bien puede inscribirse en la lógica tanguera de “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”, pues de otra manera, si son tan críticos del marxismo, ¿para qué conservar ese nombre? Y ello sin advertir, claro está, que por las razones que venimos invocando, decir post-marxismo equivale a decir pre-marxismo, cuando no anti-marxismo.
Y bien, en este libro se encontrarán multitudes de ideas para discutir estas cuestiones y muchas otras. No es poca cosa, en nuestros tiempos de dramática decadencia política e intelectual. No importan mucho los grados de acuerdo o de diferencia que se puedan tener con esta o aquella tesis que el libro expone: no existe ningún “marxómetro” que nos permita medir milimétricamente esas gradaciones. Lo que sí importa es que se lancen otra vez al ruedo los problemas que, como decíamos, siguen siendo acuciantes para todo marxista que se precie. Y además, no por parte de cualquiera, sino de alguien que tuvo un papel pionero en la introducción de esos temas en la teoría y en la praxis del marxismo, y particularmente del trotskismo, en la historia argentina. Alguien quizá se extrañará de que se nos vuelva a proponer una definición del marxismo, o un análisis detallado hasta la obsesión de las Tesis sobre Feuerbach, o una interrogación sobre el concepto de alienación, o sobre la diferencia entre materialismo histórico y materialismo dialéctico. Pero, cómo: ¿Todo eso no estaba ya “resuelto”? Pues no, de ninguna manera. Porque, insistamos, el marxismo es un organismo vivo, en permanente transformación y crecimiento, que requiere ser alimentado con siempre renovados componentes nutritivos. Si hubiera un mensaje que pudiera desprenderse del libro de Nahuel Moreno, sería ese.
Me falta tan solo justificar una palabra que usé al principio, la palabra emoción. Quizá sea una cuestión puramente personal, pero no quisiera rehuirla. Durante algunos años, entre fines de la década del 60 y principios de la del 70, yo milité en las filas del partido que el compañero Hugo estaba construyendo, por entonces llamado PRT La Verdad, y tuve la fortuna de asistir a algunos de los cursos que este libro recupera. Fue para mí una experiencia absolutamente decisiva, que dejó sus marcas hasta el día de hoy. Cualquier militancia, pero sobre todo la juvenil, es un inigualable aprendizaje de teoría y de política, pero es sobre todo un aprendizaje de vida, que –salvo para algunos tránsfugas como los que mencionábamos hace un rato- ya no tiene vuelta atrás. Entonces, es atendiendo a esa emoción que les agradezco infinitamente que me hayan permitido hacer esta pequeña intervención.
Les envío un fuerte y fraternal abrazo, Eduardo Grüner
Arrancó 2023 con nuevos tarifazos y pagos de la deuda externa, mientras los políticos tradicionales (Alberto, Kicillof, Larreta, Macri y el resto) están en campaña electoral. Azotados por la ola de calor y muchos sin un peso para irse de vacaciones, millones se tuvieron que anoticiar que desde el 1º de enero (¡vaya noticia de fin de año!) el transporte, las tarifas, las facturas de sus teléfonos y los alquileres siguieron redoblando su ascenso meteórico, en un país con la cuarta inflación más alta del mundo después de Venezuela, Zimbabue y Líbano. Desde los fideos que aumentaron tres veces más que la carne, a un alquiler de un monoambiente que cotiza en CABA a $70.000 por mes. Locura total. Para sellar semejante desastre, la CGT se apuró en decir que está de acuerdo en que este año se firmen paritarias al 60% y en cómodas cuotas, cuando la inflación rondará el 90 por ciento o más. Para ver cómo está el bolsillo popular vayan estas cifras para que cada uno compare. La canasta de pobreza medida en CABA ascendió a $152.963 y la de indigencia a $83.374. Mientras la ministra de Desarrollo Social, Tolosa Paz, dio de baja 155.000 planes sociales que están lejos de percibir la última cifra. Una muestra de la brutalidad ajustadora del gobierno peronista del Frente de Todos.
Para intentar ocultar semejante desastre aparecieron las perlas del verano. La vocera Gabriela Cerruti dijo “el pueblo va a reconocer esta epopeya del gobierno”. Otro tanto fue cuando desde la Rosada festejaron el 94,8% de inflación como un “objetivo cumplido”. A esto se le agregó el video de la titular del PAMI, Luana Volnovich, justificando la compra por 14 millones para cotillón mundialista porque, según dijo, le dio alegría a los adultos mayores. El presidente, que se la pasa inaugurando canchas de hockey y obras secundarias, dijo que Argentina es el segundo país que más crece en el mundo. Y comparó a uno de sus ministerios con la selección nacional: “funciona como la Scaloneta”, dijo en referencia al Ministerio de Vivienda, en momentos que se fueron otras 20.000 viviendas con el pago de 1.000 millones de dólares por deuda externa. Pasa que la Scaloneta nos trajo alegría, el peronismo es puras malas noticias.
El gobierno no puede ocultar su tremenda crisis interna, alejado cada vez más de la realidad. Acaba de mandar decenas de proyectos al Congreso con eje en la Corte Suprema y el control de la justicia, disociado en un 99% de las necesidades populares. Desde la renuncia a candidata de Cristina Kirchner hay un tembladeral. El peronismo y el kirchnerismo están huérfanos. Dicen que habría un Congreso del PJ en febrero para tratar de encarrilar semejantes pujas internas. Alberto, Cristina y Massa parece que no fueran del mismo gobierno. Alberto y Massa no dicen que se lanzaron pero se han lanzado. Y se anotan en la grilla Scioli, Wado De Pedro (con apoyo de Grabois), Kicillof, Manzur, Capitanich y sigue la lista.
La oposición patronal de Juntos por el Cambio no se queda atrás. Larreta, Morales, Lousteau y Santilli se sacaron la foto de los Beatles. El jefe porteño surfeó a riesgo de la integridad física de su profesor que le sostenía la tabla para la foto. Macri sacó otro libro diciendo que Juntos es la salida mientras recientemente alabó a la monarquía de Qatar como ejemplo de modernidad. Bullrich solo postea expresiones antiobreras y de mano dura al mejor estilo Milei, para “poner orden”, dice. Como si no trabajara para el desorden capitalista del cual siempre fue parte como funcionaria de otros gobiernos. Las y los dirigentes de Juntos por el Cambio se matan entre ellos, quedando la coalición al borde del estallido en varias provincias. Un cambalache total de quienes se postulan como supuestos republicanos. Por su parte, reapareció lo que se llamó en su momento “la avenida del medio” entre el gobernador Schiaretti de Córdoba y Urtubey de Salta. Se dicen “lo nuevo”, cuando son parte de un peronismo residual que viene gobernando dichas provincias al mejor estilo Alberto o Macri.
El verano también mostró los repudios a Alberto y Larreta en la costa. Hay millones de decepcionados que, en un año donde se cumplirán “40 años de democracia”, lo único que ven es pobreza, saqueo y nada de futuro. “¡Si Milei es lo nuevo qué nos espera!” dijo una joven al recordar que el liberfacho está a favor de vender los órganos, desconoce el cambio climático y acaba de defender a los golpistas de Bolsonaro.
Enero no fue calmo. Hubo un Atlanticazo ambiental repudiando la entrega del petróleo en Mar del Plata, donde se harán excavaciones de saqueo a 3.000 metros de profundidad. Está de paro por 48 horas el personal del Hospital Posadas. La Unidad Piquetera programa nuevas acciones ante el recorte de los planes sociales. A fin de año tuvimos la rebelión de residentes que impuso un aumento de salario a Larreta. Y se avecinan nuevos round de reclamos ante el crecimiento del ajuste y la entrega.
2023 es un año electoral. Mientras apoyamos los reclamos obreros y populares, decimos que la salida es la izquierda. El Frente de Izquierda se tiene que preparar para dar la pelea política unitaria contra todos los políticos del sistema. Postulando su programa de fondo y sus principales candidaturas. Izquierda Socialista propone la fórmula Bregman-Solano para ello (ver páginas centrales). Y llama a seguir fortaleciendo al FIT Unidad con políticas unitarias, la única alternativa de las y los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Escribe Atilio Salusso
Ya salió el cronograma electoral para las elecciones provinciales y las nacionales con las PASO en agosto y las presidenciales en octubre. Todos los candidatos patronales están en campaña. En estas páginas seguimos argumentando por qué tanto el peronismo como Juntos por el Cambio o Milei no son opción para el pueblo trabajador. Y que la única salida es la izquierda, con la unidad conquistada con el Frente de Izquierda Unidad.
Ante semejante debacle social y política, decimos categóricamente que la salida es la izquierda por varios motivos. Primero, porque si hay un reclamo justo (sea de trabajadoras y trabajadores, mujeres, jubiladas y jubilados, jóvenes o vecinos de los barrios populares) la izquierda siempre está. Es más, muchas veces -la gran mayoría- es la única que se hace presente solidarizándose con las luchas. ¿Por qué no apoyar entonces al FIT Unidad para que siga haciendo lo mismo pero con más fuerza? A su vez, si se está contra los dirigentes sindicales traidores, hay que saber que la izquierda es la única que los combate, por eso impulsa nacionalmente al sindicalismo combativo.
Segundo, el FIT Unidad es la única alternativa política que lucha por un plan económico alternativo obrero y popular. La inflación, los bajos salarios y jubilaciones, el sometimiento a las multinacionales, bancos y al FMI, son la constante de todos los gobiernos, tanto del peronismo como el de Macri y los anteriores. ¿Cómo no apoyar a lo único distinto para que se deje de pagar una deuda usurera y se rompa con el FMI, destinando esos enormes fondos a salario y trabajo?
Tercero, solo la izquierda lucha y propone que gobiernen las y los trabajadores. Solo con un gobierno obrero, popular y de la izquierda se podrá poner fin a tanta explotación y saqueo. Esto se logrará con una Argentina socialista, que expropie a las multinacionales y a los grandes capitalistas, controle la banca, termine con la oligarquía terrateniente e implemente una economía planificada para terminar con el hambre y la pobreza. Una Argentina socialista que solo concebimos con plena democracia para el pueblo trabajador. Somos lo opuesto al falso socialismo de Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua, la dictadura imperialista china o lo que fue el estalinismo en la ex URSS. El socialismo no fracasó, fracasaron las dictaduras de partido único. El que fracasó es el capitalismo, por eso no va más. Un sistema que solo trajo más miseria, desigualdad social, pandemia, invasiones como la de Ucrania y destrucción ambiental. El capitalismo que tanto defienden Cristina, Macri y el liberfacho de Milei, que no tiene nada de “nuevo”, ya que representa el pasado de Menem y Cavallo y reivindica a los derechistas Bolsonaro y Trump.
Para dar pelea en las luchas, en las calles y en las elecciones, no queda otra que fortalecer al Frente de Izquierda Unidad, que vino creciendo en estos años con propuestas de fondo. Su coherencia y trayectoria llevó a que hiciera importantes elecciones como la de 2021 logrando la mayor cantidad de bancas al Congreso Nacional, bancas en las legislaturas e incluso concejales en el conurbano.
Como dijo una compañera en una charla “con el Frente de Izquierda surgió una esperanza de que las cosas puedan cambiar”. Así es. Hay que cambiarlas y de raíz.
El Frente de Todos y el macrismo se esfuerzan en hacernos creer que hay solo dos opciones, ellos mismos, que se tienen que alternar en el poder. Con ese razonamiento nos han venido gobernando con los resultados a la vista.
El FIT Unidad se tiene que preparar de manera unitaria para el desafío electoral. Desde Izquierda Socialista sostenemos que no se puede dar el lujo de ir dividido a las PASO. Atento a ello estamos proponiendo una fórmula única presidencial con Myriam Bregman-Gabriel Solano, para que nuestra militancia frentista salga unida a dar la pelea electoral. Donde se deben respetar los acuerdos y equilibrios entre las distintas fuerzas que lo conformamos en base a los resultados de las últimas elecciones, y mantener la rotación de las bancas, poniendo para ello a disposición nuestras principales candidaturas.
Llamamos a fortalecer al FIT Unidad para que en las luchas y en las elecciones se transforme en una alternativa cada vez más fuerte, para imponer las transformaciones que necesita el pueblo trabajador. No hay nadie que nos pueda decir que ese camino es imposible. Al contrario, lo que será imposible es salir de esta situación con los mismos que nos vinieron gobernando hasta ahora.
Escribe Adolfo Santos
El presidente Alberto Fernández difundió en estos días un par de spot publicitarios, en modo electoral, criticando al ex presidente Macri, tratando de mostrarse como una opción diferente a la gestión anterior. El objetivo del presidente es frenar el desbande de sectores peronistas desilusionados con su gobierno. Sin embargo, cuando el peronismo habla de los cuatro años de la derecha macrista en el gobierno, hay que recordarle que fue cómplice de las políticas aplicadas por el PRO y los radicales de Cambiemos durante ese período. Los gobernadores y parlamentarios peronistas y los dirigentes de la CGT dejaron pasar los ajustes y no organizaron a la clase trabajadora y demás sectores populares para enfrentar a ese gobierno derechista.
Con el argumento de que si vuelve la derecha será para aplicar tarifazos y atacar derechos -lo que es verdad- se está encubriendo que en estos últimos años el gobierno peronista fue el que ha profundizado el ajuste, aumentado los niveles de pobreza e indigencia, precarizado el trabajo, desvalorizado los salarios y robando a los jubilados y pensionados para cumplir con el FMI. Eso es lo que produce desilusión y ruptura de importantes sectores con el peronismo.
Los políticos peronistas, cuando son gobierno, aplican globalmente políticas similares a administraciones de derecha, independientemente de los discursos más radicalizados. No actúan con independencia política ni en defensa de la soberanía como nos quieren hacer creer, son ejecutores de los planes impuestas por el FMI y gobiernan junto a los intereses económicos de los poderosos. Al igual que el gobierno de Cambiemos, el peronismo paga puntualmente la deuda externa, le hace grandes concesiones a los sojeros y grandes empresarios, entrega la soberanía a las multinacionales como en Vaca Muerta o Veladero e impulsa duros ajustes contra los trabajadores.
Aunque tengan diferencias, no hay un peronismo de izquierda y otro de derecha. Daniel Scioli dice que si no se presenta Alberto Fernández postulará su candidatura. Scioli es embajador en Brasil, ex vicepresidente de Néstor Kirchner y ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires, quien mantiene buen diálogo con Horacio Rodriguez Larreta y se ufana de las excelentes relaciones que construyó con Bolsonaro. Como él mismo reconoce: “Más a la derecha que yo, ¿qué hay?”.
El peronismo acusaba a Massa de ser agente de la derecha y ahora lo convirtió en una pieza clave de este gobierno apoyado por Cristina, los gobernadores y la CGT. Hasta el “rebelde” Pablo Moyano se ha convertido en su “fiel soldado” en el supuesto combate a la inflación, controlando depósitos de supermercados, una verdadera cortina de humo, como si Massa no supiera quienes son los formadores de precio y generadores de la inflación. En vez de estar discutiendo un plan de lucha para impedir las pérdidas salariales, los dirigentes burocráticos peronistas son colaboradores de un proyecto económico responsable de una inflación que en 2022 rozó el 100% y aplica un brutal ajuste.
¿Y Cristina? Solo le preocupan sus causas judiciales. En el reciente acto en Avellaneda no dijo nada de la inflación, no pidió aumento de salarios y nada señaló sobre el sometimiento al FMI. Cristina es la que dice “El capitalismo se ha demostrado el sistema más eficiente y eficaz para la producción de bienes y servicios que necesita la humanidad”, mientras en el mundo y especialmente en nuestro país crecen la pobreza y la indigencia, y la desigualdad social alcanza índices obscenos. El mismo capitalismo que defienden Larreta y Milei.
Está claro que hay que combatir al macrismo, a la derecha tradicional y a las políticas reaccionarias del liberfacho Milei que representa la fase decadente de un capitalismo cada vez más destructor y saqueador. Pero la opción no es el peronismo que está aplicando un mayor ajuste y enormes tarifazos, echándole la culpa a la herencia macrista mientras reconoció el escandaloso endeudamiento de Macri con el FMI. Claramente no es una alternativa capaz de generar bienestar a los trabajadores y sectores populares, por eso pierde base social.
No se combate a la derecha con políticas de derecha. La única opción para derrotar a los gobiernos derechistas no pasa por ninguna opción falsa tildada de “nacional y popular”, sino por una política de izquierda como la encarnada en el Frente de Izquierda Unidad.