Escribe Adolfo Santos
El Mundial acaba de empezar y ya aparecieron noticias que lo empañan. La FIFA y el gobierno ultraderechista de Estados Unidos imponen sus intereses políticos y económicos por encima de la pasión de millones de hinchas.
La sede será compartida por Canadá, Estados Unidos y México. Aprovechando la atención que provoca el Mundial, familiares de personas desaparecidas y organizaciones sindicales se manifestaron en el Estadio Azteca y en el Zócalo para reivindicar sus demandas. Exigían respuestas por las más de 133 mil personas desaparecidas en el país y justicia por los 43 normalistas de Ayotzinapa. Docentes y sindicalistas marcharon por aumentos salariales y mejoras en las jubilaciones. Los mexicanos aman el fútbol, pero no están dispuestos a declinar sus reclamos.
Si Canadá no ofrece grandes novedades, Estados Unidos, el principal anfitrión, demuestra que es el peor escenario para la realización del Mundial. Fue una elección pensada en función de los negocios de Gianni Infantino, que cuenta con la protección y los favores de Donald Trump, su nuevo socio y aliado. La FIFA va a recaudar diez veces más que en la última Eurocopa, el segundo torneo más importante de esa entidad.
Hoy, los derechos de transmisión tienen muchos más interesados por la creciente cantidad de países que participan y significan cifras astronómicas. Además, las entradas tienen precios inalcanzables para los hinchas comunes. La más barata para ver el próximo partido de Estados Unidos contra Australia cuesta 1.698 dólares; la más cara, 46.119 dólares (Clarín, 14/6/26).
En esta edición se incorporó el famoso cooling break, una pausa de hidratación que interrumpe temporalmente el juego durante tres minutos en la mitad de cada tiempo. Si antes el fútbol se dividía en dos tiempos, ahora son cuatro. ¿Aplausos para un gesto humanitario? ¡Nada de eso! El verdadero motivo es generar un espacio libre para dar lugar a la publicidad y aumentar la recaudación, aunque eso pueda perjudicar a uno u otro equipo según la dinámica del juego.
Una discriminación escandalosa
La hipocresía de la FIFA no tiene límites. Mientras impide manifestaciones políticas a los futbolistas y se manifiesta de forma condenatoria contra Lamine Yamal por enarbolar la bandera de Palestina en solidaridad con ese pueblo durante la celebración por el título de La Liga, permite que el gobierno yanqui actúe con total discriminación y de forma represiva contra delegaciones que no comulgan con sus posiciones.
Insólitamente, le negó el visado a la selección de Irán, que deberá alojarse en Tijuana, México, y cruzar la frontera únicamente el día del partido. Luego tendrá que regresar de inmediato, sufriendo una desventaja frente a sus rivales.
La selección de Senegal también fue recibida con violencia. Los africanos fueron sometidos a una larga y estricta inspección, con revisiones con perros entrenados para detectar drogas y explosivos en plena pista del aeropuerto. Lo mismo sucedió con la delegación de Uzbekistán, demorada durante horas y sometida a revisiones humillantes después de un largo viaje. A pesar del fuerte repudio de la opinión pública internacional, la FIFA ni pidió explicaciones ni intercedió contra estas medidas discriminatorias sobre selecciones que ganaron su derecho a participar del Mundial.
Otro caso vergonzoso fue el de Aymen Hussein, delantero y máxima figura de la selección iraquí, detenido e interrogado “como un terrorista” durante más de siete horas en el aeropuerto de Chicago. Sin disculparse, las autoridades finalmente lo liberaron diciendo que lo confundieron con otro iraquí, portador del mismo nombre. Quien no tuvo la misma suerte fue el fotógrafo oficial de su equipo, también retenido y obligado a regresar a Irak.
La misma suerte corrió Omar Artan, elegido el mejor árbitro africano en 2025. Seleccionado por la FIFA para ser uno de los destacados de este Mundial, fue impedido de ingresar al país y deportado por ser somalí. El nombre de este árbitro, como el de todos los que van a dirigir, fue enviado con bastante antelación a las autoridades migratorias. Al llegar a Somalia, Artan fue recibido como un héroe nacional y homenajeado en masivas manifestaciones populares.
Si algo faltaba para demostrar la arrogancia imperialista, el único idioma aceptado oficialmente es el inglés. Insólito en un deporte popular y multicultural como el fútbol. En una entrevista oficial al jugador brasileño Vinicius, que juega en el Estado español, un periodista le hace una pregunta en inglés y se da el siguiente diálogo: “Hablame en castellano”, le responde Vinicius. “No puedo, no me lo permiten”. “Sí, sí puedes”, le responde el jugador. En ese momento, una voz en off interviene para decir: “Sólo en inglés”.
El fútbol es pasión de multitudes
Para Infantino y Trump ahora, como antes para Blatter, la monarquía qatarí o la dictadura argentina, el fútbol es apenas un negocio al servicio de sus intereses económicos y políticos. Esto no es nuevo, pero cada vez lo hacen de forma más grosera y merece el mayor repudio.
Las grandes masas populares entienden el fútbol de otra manera. Continúa siendo el deporte más visto y practicado del mundo, y contagia cada vez más simpatías. No vamos a dejar que Trump e Infantino nos roben ese sentimiento: el de disfrutar la disputa en la cancha, alegrarse y sufrir con los colores de nuestro equipo, mucho más si se trata de la selección.
Seguiremos denunciando a los mercaderes de este popular deporte, al tiempo que disfrutamos de cada jugada, cada gambeta y cada gol. La pelota empezó a rodar y, como quería Maradona, vamos a denunciar a todos los que la manchen, sin renunciar a esta pasión. Nuestra selección empezó muy bien, este martes conseguimos la primera victoria: 3 a 0 sobre Argelia. Respetando a todos los rivales, vamos a hinchar por más victorias y para que, en su último Mundial, Messi continúe jugando con el alto nivel del primer partido y nos siga dando alegrías. Fue un inicio que nos permite mantener la ilusión de que en 2026 podamos conquistar la cuarta estrella.










