Oct 29, 2026 Last Updated 8:14 PM, Oct 28, 2026


Escribe Noelia Agüero, legisladora de Izquierda Socialista/FIT Unidad

Juan Manuel Cid es un mandadero del gobernador peronista Schiaretti. El legislador provincial del PJ cordobés presentó un proyecto de ley para imponer fuertes multas, trabajo comunitario y hasta tres días de prisión a quienes participen de marchas en todo el territorio provincial. Su argumento es que los pequeños y medianos comerciantes se ven perjudicados por movilizaciones y cortes de calles. Promete terminar con las protestas, otorgándole más poder a una justicia corrupta y a la policía provincial del gatillo fácil y los abusos. Miente diciendo que todo lo que se recaude irá a compensar las pérdidas de estos comercios.

Es claro que Cid, aprendiz de fascista, no hizo esto por iniciativa propia sino por orden del amo. Schiaretti lanza este globo de ensayo ante el mal humor real de la población por tantas marchas y cortes, que obviamente causan problemas.

Ahora bien, los comerciantes no están mal por las movilizaciones. Están agobiados por tarifas de servicios altísimas, por los impuestos de todo tipo que imponen los gobiernos y, fundamentalmente, porque venden mucho menos que antes, y esto se debe a que cada vez hay más pobres y los salarios pierden por goleada ante la inflación en una provincia donde el peronismo gobierna hace más de veinte años.

Como siempre, los gobiernos capitalistas no atacan las causas de estos problemas porque sería atacar la esencia del capitalismo, es decir, la ganancia a cualquier costo, incluida la represión.

En Córdoba hay movilizaciones por los más diversos motivos: los trabajadores pierden sus derechos y tienen salarios miserables, los jubilados son condenados a la indigencia y les robaron el 82% móvil, los ambientalistas luchan contra la destrucción con la que el gobierno beneficia al negocio inmobiliario y al agronegocio. Razones sobran para salir a las calles.
Por eso desde Izquierda Socialista llamamos a repudiar este y cualquier otro intento de criminalizar la protesta.

No a los tarifazos

  • Oct 29, 2026
  • Publicado en La Web

Escribe José Castillo,
dirigente de Izquierda Socialista / FIT Unidad

El tarifazo en el gas y la electricidad será mucho mayor al anunciado. Esto es obra del nuevo superministro del gobierno peronista del Frente de Todos, Sergio Massa, avalado por Cristina Kirchner.

Después de largas deliberaciones sobre si la discriminación se haría por zonas de domicilio o por ingresos y de que se lanzara el formulario para establecer quién quedaba sometido al aumento, llegó la hora de la verdad. Se anunció que habrá incrementos no sólo para las capas superiores de ingresos sino para todo aquel que supere el consumo de 400 megawatts. Y no es cierto que sólo superan ese límite los ricos. Muchas familias populares gastan mucho por el simple hecho de contar con artefactos más viejos (como las estufas a cuarzo), que gasta más energía. Hay zonas enteras del país -donde viven los sectores más postergados- que no llega la red de gas, por lo tanto la calefacción requiere de un mayor uso de la electricidad. Y la crisis que ya lleva décadas hace que crezcan las situaciones de familias ensambladas, donde los padres o abuelos con un terrenito detrás de la casa permiten que sus hijos o nietos construyan algo precario para tener un techo. Varias familias siguen teniendo un solo medidor siendo casi seguro que superen el mínimo establecido quedando sometidos al tarifazo.

¿Al servicio de qué y de quién está este nuevo tarifazo que se le suma al aumento del 40% en los trenes, subtes y colectivos en el AMBA? ¿Acaso va a servir para mejorar los pésimos servicios con los recurrentes cortes y las subas y bajas de tensión que arruinan artefactos?

Nada de eso. El tarifazo tiene el objetivo explícito de cumplir con el ajuste exigido por el FMI. Es parte de las medidas para intentar reducir el déficit fiscal a 2,5% del PBI de acá a fin de año, es decir, más ajuste. Poniéndolo en números, se trata de achicar el gasto público entre 500.000 y 800.000 millones de pesos. El gobierno de Alberto Fernández apuesta a que alrededor de 130.000 millones los podrá obtener de la reducción de subsidios, compensada con este tarifazo.

Esto nos lleva al segundo ganador del tarifazo. Si el primero es el FMI, el segundo son las propias empresas de servicios públicos privatizadas que verán reducidos los subsidios que reciben del gobierno pero serán compensadas con el mismo monto por el aumento del precio de las tarifas. O sea, privatizadas que a través de subsidios millonarios y tarifazos vienen haciendo grandes negocios con un servicio esencial como lo es la luz o el gas.

En el caso eléctrico, tenemos a los dueños de Edenor como grandes ganadores, “casualmente” grandes amigos del superministro Massa: el grupo Vila-Manzano (este último ex ministro del gobierno del peronismo menemista que entregó todas las empresas del Estado). No es casualidad que justamente en estos días la cotización en bolsa de su empresa haya tenido un alza notable. Los acompaña en el paquete accionario Mauricio Filiberti, “el rey del cloro”, también con fluidos contactos con Sergio Massa, un millonario que tiene un yate de 64 metros en el mediterráneo y viene siendo el proveedor de Aysa (la empresa de agua que tiene como titular a Malena Galmarini, la esposa de Massa). Edesur, por su parte, también le dará beneficios a la empresa multinacional ENEL, su actual dueño mayoritario.

Repudiamos este tarifazo como parte del ajuste del FMI. Y también decimos que hay que terminar con este círculo vicioso de empresarios que siempre ganan, sea con subsidios que les dan los distintos gobiernos o con tarifazos que paga directamente el pueblo. Hay que rescindir todas estas concesiones y proceder a reestatizar a todas las privatizados bajo gestión, administración y control de sus trabajadores y organizaciones de usuarios. Sólo así habrá servicios de calidad, con tarifa social para quién la necesite.

“Superministro”. “Refundación del gobierno”. “Nueva etapa”. “Relanzamiento del Frente de Todos”. “Ahora sí a redistribuir el ingreso con justicia social”. Con estas frases se está recibiendo la asunción de Sergio Massa como ministro.

Es tal la crisis política del gobierno peronista del Frente de Todos que el ex titular de la Cámara de Diputados lo promocionan como el Ave Fénix (el mito que resurgió de las cenizas) cuando venía acumulando una de las peores imágenes negativas entre los políticos patronales argentinos.

El gobierno venía en caída libre. Los propios gobernadores le habían dicho a Alberto Fernández “así no duramos ni quince días”. De ese diagnóstico se pasó a “un optimismo generalizado de todos los que estamos en este espacio”, según dijo un referente del Frente de Todos. Es que después de semanas de un total desconcierto del gobierno, ahora aprovechan a Massa para intentar tomar un poco de oxígeno luego de menos de un mes que duró la desconocida Batakis generando un tembladeral con sus anuncios de un mayor ajuste. Batakis fue renunciada al bajar del avión que la traía de la visita con la titular del FMI para rendir cuentas. Se tuvo que apelar al plan que se había barajado al renunciar Guzmán pero que no se aceptó porque Sergio Massa “pretendía mucho poder” decían, pidiendo varios ministerios. Poder que se lo otorgaron ahora ante el riesgo de una mayor agudización de la crisis, aunque sea desproporcionado para su sector, que era el tercero en discordia después de Alberto y Cristina, La Cámpora y el peronismo kirchnerista.

En realidad, después de toda esta bruma, la sensación que queda es la que dijo otro referente oficialista: “Es la única bala que nos queda”. Algunos no saben si es de plata o de cobre.
 
El recambio cuenta con el beneplácito de los mercados (bancos y usureros internacionales), grandes patronales, el establishment económico y el FMI. Alberto Fernández presentó a Massa ante el staff del Fondo Monetario diciendo “fue mi escudero a la hora de reunir el apoyo político en el Congreso para aprobar el acuerdo con el FMI”. Los especuladores le regalaron una mejora acotada en los indicadores de mercado (valor del dólar, los bonos de la deuda, el riesgo país). Lo llaman un “veranito”, no para el pueblo trabajador por supuesto. Massa y sus laderos son confiables para ellos.

Lo que hay que agregar es que Massa tiene el beneplácito de Cristina Fernández quien se sacó una foto para graficar su apoyo. “Una foto contundente” dijo un funcionario, conformándose con tan poco. Máximo Kirchner y Wado De Pedro se abrazaron a Massa en la despedida de la Cámara de Diputados. El senador Oscar Parrilli, mano derecha de Cristina, dijo “hay que acompañarlo”. El diputado nacional y titular de la CTA kirchnerista Hugo Yasky hasta llegó a decir que Massa “es un político de pura raza que tiene relación con la realidad de los sectores humildes, algo que no tenía Guzmán”. El nuevo superministro recibió también el apoyo de los gobernadores e intendentes del conurbano. Todo esto muestra que se le acaba el jueguito de Cristina de hacer sus discursos despegándose del gobierno en vistas a quedar bien parada para las elecciones del año que viene.
 
Se pinta a Massa como el que viene a solucionar los graves problemas del país. Pero las medidas anunciadas muestran lo contrario (ver página 3). La “mayor espalda” que se le endilga está direccionada para avanzar en un mayor ajuste, salvar las ganancias de grandes capitalistas y bancos, y de cumplir con las metas del FMI.

La “fábrica de dólares” de la que habla nos es otra cosa que seguir incentivando las ganancias de las petroleras, mineras y el agronegocio con enormes incentivos, exenciones impositivas, incluso retenciones cero como se le acaba de dar por ley a las automotrices extranjeras.

Los problemas acuciantes del pueblo trabajador pasan por otro lado. Ya van casi tres años de gobierno peronista y lo que crece es el hambre, la pobreza y los miserables salarios y jubilaciones. Y a la CGT no se le ocurrió mejor idea que sacar un comunicado para reivindicar al “compañero Massa”.

Julio terminará con una inflación cercana al 8%, otro verdadero impuestazo contra el pueblo trabajador. Y en el arranque de agosto aumentaron los boletos en colectivos, trenes y subte, las expensas, medicina prepaga y tantos otros productos de consumo masivo. Esto no se compensa con ninguna medida insuficiente como el bono por única vez de 11.000 pesos que se les otorgó a los que perciben el Potenciar Trabajo o los 1.600 pesos que le “ajustaron” a las y los jubilados, que representa el valor de un kilo y medio de carne.  

Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad llamamos, en primer lugar, a seguir apoyando las luchas obreras y populares. Denunciando a la CGT y a la CTA por el nuevo apoyo que redoblaron con el gobierno, llamando a los trabajadores a exigirles que rompan ese pacto y convoquen a un paro general  y a un plan de lucha nacional.

Segundo, postulamos un plan económico obrero y popular para combatir de raíz el hambre, la pobreza y la desigualdad social. Plan económico cuya primera medida tiene que ser la suspensión inmediata de los pagos de la deuda externa y la ruptura con el FMI, para volcar esos recursos en aumentar salarios, jubilaciones, para dar trabajo genuino, además de nacionalizar la banca y el comercio exterior y reestatizar las privatizadas, entre otras medidas de fondo. Impulsando el espacio de coordinación de Parque Lezama que levanta esas medidas (ver página 5).

Tercero y para batallar por una salida de fondo, vamos a seguir fortaleciendo al Frente de Izquierda Unidad como la única alternativa política de los trabajadores y de la unidad de la izquierda. El peronismo en el gobierno es más ajuste y dependencia, lo mismo pasó antes con el macrismo y todos los gobiernos anteriores. Solo un gobierno de las y los trabajadores con una Argentina Socialista terminará con los males capitalistas y construirá una sociedad distinta sin pobreza, sometimiento y dependencia.


Escribe José Castillo

Sergio Massa asumió como “superministro” de Economía, absorbiendo a los ex ministerios de Desarrollo Productivo y Agricultura. Con pleno acuerdo de Alberto y Cristina Fernández, Massa llega para profundizar el ajuste que ya viene llevando adelante el gobierno peronista del Frente de Todos, de la mano del FMI.

Con el beneplácito del establishment, Sergio Massa dio a conocer su equipo y finalmente este miércoles sus medidas económicas. Se puede resumir en pocas palabras: más ajuste, más sometimiento al FMI, y más privilegios para los monopolios agroexportadores, del gas y el petróleo, la minería y los banqueros. Para el pueblo trabajador no hay nada. Sólo promesas, que aún si se concretan serán migajas, profundizando la miseria, la baja salarial y la marginación social.

Todo a favor de los monopolios exportadores

El eje de la política de Massa pasa por conseguir dólares para “recomponer reservas”. La pregunta es para qué. ¿Acaso se trata de conseguir dólares frescos para mejorar los salarios de los trabajadores, o las jubilaciones, o para lanzar una plan de obras públicas que genere trabajo genuino? ¿Es para construir escuelas u hospitales? Nada de eso. Massa quiere juntar dólares para que crezcan las reservas y así cumplir con el Fondo, que exige que aumenten a 5.800 millones de dólares a más tardar a fin de año, para así garantizar los pagos de deuda. Y también para poder alimentar a los especuladores en su bicicleta financiera.

También hay que preguntarse cómo hará Massa para obtenerlos. Su política es ofrecerles más ventajas a los monopolios exportadores, pagarles “mejor” por cada dólar exportado, brindarles subsidios, exenciones impositivas y todo tipo de beneficios. Esta es su famosa fábrica de dólares, en realidad una fábrica de privilegios y vía libre al saqueo.

Más plata para los banqueros

Los especuladores financieros ya hace un par de meses que vienen amagando con no renovar los vencimientos de bonos y letras de la deuda interna. Eso fue lo que recalentó el dólar y uno de los motivos de la corrida cambiaria de las últimas semanas.

Sergio Massa y el presidente del Banco Central Miguel Pesce buscan que se renueven esos bonos y letras ofreciéndoles mayores premios: una tasa de interés cada vez más alta. Mientras los banqueros e “inversores” financieros festejan, ya que cobran millonadas solamente por renovar sus tenencias de bonos, para los trabajadores se encarece el crédito popular, los financiamientos con tarjetas de crédito y las compras en cuotas.

De gira por Estados Unidos, Francia y Qatar

Como parte de su plan económico, Sergio Massa anunció que saldrá de gira. Irá Estados Unidos, obviamente a reafirmar sus compromisos con el FMI, y de paso a ofrecer más privilegios para el saqueo de nuestras riquezas a los pulpos yanquis. Luego se dirigirá a Francia, a renegociar la estafa de la deuda con el Club de París. Y finalmente, recalará en Qatar, donde aspira a obtener fondos de nuevos préstamos (ahora se los llamará REPO) que, si los consigue, no serán más que una nueva vuelta de tuerca en la bola de nieve sin fin de nuestra deuda externa: algunos millones de dólares para “pasar un par de meses”, que después habrá que devolver con creces gracias a los intereses acumulados.

Se profundiza el ajuste

Todas estas medidas a favor de los grandes monopolios, las transnacionales, los banqueros y los especuladores se apoyan en una “expectativa”: que Massa tendrá más “volumen político” (así se está diciendo) para poder implementar el mayor ajuste que exige el Fondo. Massa reafirmó que, como sea, cumplirá con las metas acordadas en marzo pasado con el FMI, que exigen reducir el déficit hasta el 2,5% del PBI y no utilizar un peso más de emisión monetaria lo que sólo puede lograrse con un fortísimo ajuste. Con tarifazos (mayores a los pautados hasta ahora), salarios públicos y jubilaciones a la baja, congelamiento de planes sociales (se amenaza con una “auditoría para descubrir irregularidades”, con la explícita meta de reducirlos lo más posible) y ratificando todas las medidas de congelamiento de ingreso de personal que ya había anunciado Batakis.

Las medidas de Massa no contienen nada a favor de los trabajadores. Si hay algo, como el bono anunciado la semana pasada para los que perciben planes sociales, será absolutamente insuficiente. Se lanzan vagas promesas, como modificar el régimen de reajuste jubilatorio, pero en lo concreto lo único que hay es una  “compensación” de poco más de 1.000 pesos para quienes cobran la jubilación mínima. O el anuncio de que se reunirá con la CGT para “discutir” algún tipo de recomposición.

Nada bueno puede esperar el pueblo trabajador. El plan del Frente de Todos sigue siendo priorizar el ajuste con el FMI y los pagos de deuda por sobre las más urgentes necesidades populares.
La salida pasa por lo opuesto, postulando un plan económico alternativo, obrero y popular que, a partir de la suspensión de los pagos de la deuda externa y la ruptura con el FMI, coloque todos los recursos al servicio del salario, el trabajo, la salud, la educación y la vivienda.

Massa y su equipo


Escribe José Castillo

A Sergio Massa muchos lo llaman “el hombre de la Embajada” por sus lazos cuidadosamente cultivados durante años con el poder político y económico norteamericano. Recordemos que años atrás hacía campaña electoral prometiendo “mano dura” a partir de su amistad con el alcalde Rudolph Giuliani de Nueva York. Más cercano en el tiempo, se jactaba de sus contactos con el partido Republicano. No es casualidad que uno de los primeros en felicitarlo fue justamente Mauricio Claver-Carone, el actual presidente del BID colocado allí por Donald Trump. Con la llegada de Biden al poder Massa desempolvó a sus viejos amigos del Partido Demócrata (Juan González, el segundo de Jack Sullivan, presidente del National Security Council, terminal con llegada directa al presidente yanqui). Las relaciones de Massa con los Estados Unidos no son solo políticas, tiene aceitados contactos con el mundo de los buitres especuladores como lo reconoció el titular del JP Morgan.

Massa coqueteó con el propio Macri apenas este asumió a fines de 2015 (recordemos que lo acompañó al foro de Davos en enero de 2016) y es un “confiable” para el empresariado local. El periodista Diego Genoud, autor de la Biografía no autorizada de Sergio Massa, menciona a alguno de sus amigos empresarios: Enrique Esquenazi (Grupo Petersen), Daniel Hadad, Daniel Avila (Grupo América), José Luis Manzano (Edenor y otras empresas), Alberto Pierri (Canal 26) y el fallecido Jorge Brito (Banco Macro). También tiene estrechos contactos con Marcelo Midlin (Pampa Energía) y Carlos Bulgheroni (Pan American Energy).

Para Massa lo más importante seguirá siendo cumplir con el ajuste negociado con el FMI y los pagos de deuda externa. Para eso incorporó a dos figuras con larga historia. Para el recién creado “Comité para el desarrollo del mercado de capitales y seguimiento de la deuda pública” tendrá nada más ni nada menos que a Daniel Marx. Este personaje fue director del Banco Central en la época de Alfonsín cuando ese gobierno reconoció la totalidad de la deuda que impuso la dictadura con el genocidio. Luego fue negociador de la deuda entre 1987 y 1993,  uno de los principales impulsores del Plan Brady durante la época de Menem y Cavallo. Finalmente reapareció como secretario de Finanzas del gobierno de De la Rúa y a fines de 2000 fue uno de los principales negociadores del llamado Blindaje que luego ya con Domingo Cavallo terminaría en el “megacanje” de junio de 2001, otra estafa de la deuda que terminó en una causa judicial escandalosa.

Por si esto fuera poco, el jefe de asesores de Massa será Leonardo Madcur, uno de los responsables principales junto con Guillermo Nielsen y Roberto Lavagna de la reestructuración de la deuda en 2005 en el gobierno de Néstor Kirchner después que el Argentinazo impuso el no pago. Una anécdota para completar la pintura: Madcur, amigo de Javier Milei, fue quien presentó al hoy diputado “libertario” a Eduardo Eurnekián para que este desde Aeropuertos Argentina 2000 le financiara lo que terminó siendo su carrera política.

Como Secretario de Hacienda vuelve Raúl Rigo, quien ya estaba con Martín Guzmán y fue asesor de Hernán Lacunza cuando éste fue ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires con María Eugenia Vidal. Tiene además excelentes contactos con Horacio Rodríguez Larreta. Lo que se dice “un todo terreno” para cualquier gobierno patronal.

Con los antecedentes de Massa y su equipo no es extraño que el establishment económico local le haya hecho un guiño bajando provisoriamente el dólar. Massa está para garantizarles sus superganancias.
                                                         

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