Jun 09, 2026 Last Updated 2:58 PM, Jun 9, 2026

Escribe Bruno Cancelinha, dirigente del Movimiento Alternativa Socialista (MAS), sección portuguesa de la UIT-CI.

5/8/2024. Dentro de poco más de tres meses, Estados Unidos elegirá un nuevo presidente. Esa es una de las pocas certezas que podemos tener de estas elecciones, que ya están demostrando ser muy turbulentas. Sólo en el último mes, hemos tenido de todo: desde un debate desastroso que reveló el estado senil del imperialismo estadounidense, llamamientos para que Biden abandone la carrera, el intento de asesinato de Donald Trump y, finalmente, la retirada de Biden y la entrada de Kamala Harris.

El ala trumpista ata a los republicanos

En este primer mes, también tuvimos la convención republicana, que oficializó el nombre de Donald Trump -y de su vicepresidente, J.D. Vance- como candidato de los republicanos a la Casa Blanca. Lo que salió de esa convención fue la garantía de la consolidación del poder del ala trumpista dentro del Partido Republicano. No hubo voces discordantes, e incluso republicanos que, en el pasado reciente, se mostraron contrarios a Donald Trump -como su ex embajadora en Naciones Unidas, Nikki Haley, o incluso el propio Vance, que alaban ahora a Donald Trump. El atentado contra el expresidente también ha servido para aumentar el misticismo que rodea a Trump y consolidar aún más su influencia entre las bases del partido.

Destaca la ausencia de cuadros que estuvieron en la administración de Trump hace cuatro años -concretamente su vicepresidente Mike Pence y John Bolton- que, junto a todo un sector de republicanos, se han visto arrinconados.

Caos en el Partido Demócrata

Por su parte, el Partido Demócrata aún no ha hecho oficial su candidatura a la Casa Blanca. En contra de lo que ocurre tradicionalmente, este año la dirección del partido impidió la celebración de las primarias, el proceso en el que se elige al candidato. Prohibió los debates y, en algunos estados, impidió la participación de candidatos distintos de Biden.

La posición de la dirección del partido era clara: el candidato sería Joe Biden, independientemente de lo que quisieran las bases. Esto, a pesar de que Biden prometió que sería un presidente de un solo mandato. En realidad, el Partido Demócrata temía que el corriente «izquierdista» del partido presentara una candidatura, repitiendo potencialmente el inesperado éxito de Bernie en las primarias de 2016 y 2020.

Pero el Partido Demócrata fue incapaz de enmascarar la desastrosa actuación de Biden en el debate con Donald Trump, y las voces que pedían que Biden abandonara la carrera se hicieron cada vez más difíciles de ignorar, con cuadros centrales del partido e importantes financieros pidiendo su dimisión. Después de tres semanas negando lo inevitable, Biden abandonó la carrera y lanzó su apoyo a su vicepresidenta, Kamala Harris.

Nueva cara, misma política

Con la entrada de Kamala Harris, el discurso de la dirección del partido dio un giro de 180º grados. Biden, ya no era el único que podía derrotar a Donald Trump, sino Kamala. Dejarla fuera fue una reflexión por su pobre actuación en las primarias de 2020, que la llevó a abandonar la carrera antes incluso de que hubiera empezado.

El anuncio de Kamala Harris -una mujer negra y del sur de Asia- como candidata del Partido Demócrata crea inevitablemente ilusiones en la izquierda, de que esta candidatura es diferente a la presentada por Joe Biden. El apoyo de figuras del pop como Beyoncé y Charli XCX, consolidó esta imagen de una Kamala más joven y dinámica. Pero, por supuesto, se trata sólo de un cambio en el marketing político, manteniendo la plataforma de Biden.

El pasado de Kamala es revelador. Como fiscal general de California, mantuvo a personas encerradas incluso después de que el Tribunal Supremo pidiera una reducción de la población carcelaria -recordemos que, con el 5% de la población mundial, Estados Unidos tiene el 25% de la población carcelaria del mundo-. Ha perseguido a trabajadores pobres por posesión de drogas blandas, ha amenazado con detener a padres por el abandono escolar de sus hijos, ha mantenido encerradas a personas más allá de su condena para utilizarlas como mano de obra penitenciaria.

Como vicepresidenta, Kamala fue responsable de una de las políticas antiinmigración más duras, con su política de «¡No vengas!”. De hecho, los demócratas llegaron a preparar una legislación, junto con los republicanos, para «asegurar la frontera», que aún no se ha aprobado porque fue rechazada por los republicanos para que la inmigración siguiera siendo un tema clave en la campaña presidencial.

Recientemente, Kamala se ausentó del discurso de Netanyahu ante el Congreso estadounidense. Israel criticó su ausencia y algunos periódicos como The Telegraph llegaron a utilizar el término «boicot». En la izquierda, algunos sectores vieron la postura como un cambio al «apoyo incondicional» de Biden a Israel. Pero todo fue puro teatro político, ya que al día siguiente Harris se reunió en privado con el Primer Ministro israelí y le ofreció todo su apoyo. En su discurso, Harris se mostró más empática con el sufrimiento de Gaza, pero se trata sólo de retórica, ya que también afirma su apoyo incondicional a Israel y seguirá enviando bombas y municiones para que Israel lleve a cabo el genocidio.

Necesitamos un partido de las y los trabajadores

Desde 2016, una corriente más socialdemócrata del Partido Demócrata ha ido ganando fuerza. Esta corriente actual, los Socialistas Democráticos de América (DSA), incluye a representantes como Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), Ilhan Omar, Bernie Sanders, etc. Pero con el tiempo, esta corriente actual, hegemonizada por el socialismo reformista, se ha revelado cada vez más centrista, ya que los Socialistas Demócratas de América (DSA) pidieron que Biden se retirara de la campaña inmediatamente después del desastroso debate, mientras que AOC -que también es activista de DSA-, Ilhan Omar y Bernie Sanders permanecieron con el presidente estadounidense hasta el final. Creando ilusiones sobre lo que ha sido la presidencia americana y la posibilidad de la derrota de Trump.

Pero, la dirección del Partido Demócrata, ha demostrado una y otra vez que está dispuesta a todo -incluso a boicotear sus propias primarias- para evitar que esta corriente gane influencia real dentro del partido. El Partido Demócrata es un partido burgués del mayor Estado imperialista del mundo, que siempre satisfará los intereses de sus financiadores y del complejo militar-industrial.

Ninguna solución vendrá de adentro del Partido Demócrata. Incluso el grupo de demócratas «progresistas» elegidos para la Cámara de Representantes -conocido como «El Escuadrón»- u otras figuras vinculadas a la izquierda estadounidense, como Bernie Sanders, ya han demostrado que son incapaces de romper con el Partido Demócrata y sus financiadores. 

Incluso después de las grandes votaciones de Bernie Sanders en las primarias de 2016 y 2020, y con la profunda crisis del régimen -que pone en cuestión a los dos partidos dominantes-, este sector sigue negándose a crear una alternativa a la patronal, la burguesía y la política imperialista de su país. Al final, cumple el triste papel de recoger el descontento contra el sistema bajo el paraguas de los demócratas.

Lo que hace falta es romper con el Partido Demócrata y empezar a construir uno nuevo, un partido de las y los trabajadores que una a los nuevos luchadores sindicales con la izquierda independiente. Sólo así podríamos empezar a construir una nueva dirección política al servicio de la clase obrera norteamericana. Y ayudar a organizar las luchas por el fin del genocidio en Palestina; por un servicio de salud pública; por el fin del racismo sistémico y tantas otras luchas que han sacado a la calle a los trabajadores y sectores oprimidos.

Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad denunciamos el fraude electoral perpetrado por el gobierno de Nicolás Maduro. Reclamamos que se respete la voluntad popular de millones de venezolanas y venezolanos. Y exigimos el cese de la represión, que ya se cobró varias vidas, personas desaparecidas y más de 1000 detenidos. Denuncia al régimen madurista que por supuesto nada tiene que ver con las críticas que realiza el presidente ultraderechista Javier Milei, quien aprovechándose de lo ocurrido en Venezuela ha dicho que está por “la democracia y la libertad”. ¡Cínico!
Desde que asumió Milei lo único que hace es aplicar un brutal ajuste y atacar permanentemente las libertades democráticas, reprimir y criminalizar la protesta social y reivindicar el genocidio de la última dictadura militar. La única libertad y democracia que defiende Milei es la de los poderosos y el FMI.

También Milei dice que en Venezuela “fracasó el socialismo”. ¡Mentira! En Venezuela no hay ni hubo ningún socialismo. Esto fue lo que quiso vender el chavismo durante años con su “socialismo del siglo XXI”, un disfraz del capitalismo venezolano en el que fue beneficiando cada vez más a la cúpula militar y a la llamada “boliburguesía” aliada al poder. En Venezuela hay capitalismo. Por ejemplo, las multinacionales hacen fortunas, como la norteamericana Chevron, pagando salarios miserables en dólares a los trabajadores petroleros. No puede haber nunca socialismo con salarios de 4 dólares, políticas anti obreras, pobreza extrema y servicios públicos destruidos, provocando el éxodo del 20% de su población.

En Venezuela lo que fracasó fue el chavismo y el gobierno de Maduro. Un gobierno patronal del doble discurso que habla de “socialismo” para confundir, mientras pacta con las multinacionales del petróleo y ajusta y reprime al pueblo trabajador. Es lógico que viendo el rol de la derecha mundial muchos sectores de luchadores se pregunten si todo esto es verdad. Pero es la cruda realidad.
Por otra parte, mientras casi nadie en Venezuela cree en los resultados electorales proclamados por el propio gobierno, salvo los allegados de Maduro, dirigentes ligados al peronismo kirchnerista viajaron como veedores a lavarle la cara al régimen dictatorial venezolano hablan de “transparencia”. La dirigencia de Unión por la Patria, por ejemplo, no condena el fraude ni menciona la represión que persigue al pueblo venezonalo que reclama que se respete su voto.

La mayoría del pueblo venezolano mostró su hartazgo en las urnas, pero lamentablemente lo hizo equivocadamente por el candidato pro patronal y pro yanqui de la derecha liberal, Edmundo González Urrutia, apoyado por su mentora María Corina Machado. Variante patronal que rechazamos, porque seguirá ajustando al pueblo venezolano y profundizando el saqueo imperialista.
Nuestro partido hermano de Venezuela, el Partido Socialismo y Libertad (PSL), con quien integramos la corriente internacional UIT-CI, había presentado junto a otras organizaciones una candidatura de la izquierda independiente y opositora al gobierno, que fue proscripta. Por eso inmediatamente denunció “La clase obrera no tiene candidato”, repudiando dicha proscripción y todas las demás irregularidades del gobierno. Fraude que terminó de consumarse con la proclamación de Maduro como presidente hasta 2031 por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE), sin siquiera mostrar las actas.

Somos solidarios con las genuinas movilizaciones populares en Venezuela, el único camino posible para derrotar el fraude y la represión del gobierno de Maduro. Izquierda Socialista ratifica que, tanto en Venezuela como en Argentina, la salida de fondo para nuestros pueblos pasa por imponer planes económicos obreros y populares y gobiernos de las y los trabajadores, en camino de construir el verdadero socialismo, que solo será con plena democracia para el pueblo trabajador.

Mónica Schlotthauer
(Diputada Nacional)

Mercedes Trimarchi
(Diputada CABA)

Juan Carlos Giordano
(Diputado Nacional electo)

Izquierda Socialista en el FIT-Unidad
2 de agosto 2024

 

Contacto de prensa: 11 6054-0129

Escribe Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional

31/07/2024. El miércoles 31 de julio, el estado de Israel y el sionismo asesinó al presidente del Buró Político de Hamas, Ismail Haniyeh. El dirigente se encontraba en su residencia de Teherán, luego de asistir a la asunción del recientemente electo presidente iraní, cuando un proyectil aéreo alcanzó su domicilio.

Según RTVE, el gobierno israelí ha reconocido la autoría del atentado con un mensaje en la cuenta en Facebook de su oficina de prensa, con una imagen de Haniya con el rótulo «eliminado», publicación oficial que luego fue eliminada. En abril de este año, Israel había asesinado a sus tres hijos y a sus nietos en un ataque sistemático y a gran escala en un bombardeo en el campo de refugiados de Al-Shati, en Gaza.

Ismail Haniyeh era el principal dirigente de Hamas, también era académico de Literatura Islámica y fue decano de la Universidad Islámica. Tenía 62 años. Durante la primera intifada de 1989 fue encarcelado durante tres años por Israel. En 2003 había sido herido por un bombardeo de Israel, pero salvó su vida. Haniyeh fue el principal candidato a diputado por parte de Hamas en las elecciones de enero del 2006, luego de la segunda intifada. 

Tras ganar las elecciones sobre las fuerzas de Al-Fatah, fue nombrado Primer Ministro de Palestina hasta que fue destituido por el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina luego de que se rompiera el gobierno de unidad. Siguió siendo parte del Gobierno en Gaza hasta 2014. En 2017 fue designado como presidente del Buró Político de Hamas. Vivió gran parte de su vida en el exilio, durante su juventud en el Líbano y, en los últimos años en Qatar fue un activo miembro de las negociaciones que buscaban un alto el fuego, viajando y participando personalmente en diversas reuniones. Ismail Haniyeh fue quien había anunciado que Hamas estaba dispuesto a aceptar las propuestas de alto el fuego hechas en mayo de este año.

Ismail Haniyeh no solo es reconocido como un dirigente por parte de Hamas, también es despedido con pesar por gran parte de las y los palestinos en Gaza y Cisjordania, que ven en él una respetada figura de la resistencia. Su asesinato, es parte de la acción criminal y genocida que está perpetrando Israel sobre Gaza y todo el pueblo palestino. Haciendo también uso de su impunidad, con el aval de los Estados Unidos, bombardeando Irán, Siria o el Líbano.

Llamamos a los pueblos a rechazar el asesinato de Ismail Haniyeh, y a sostener la movilización en apoyo a la heroica resistencia del pueblo palestino. 

¡Gaza Resiste, Palestina vive! ¡Palestina vencerá, desde el río hasta el mar!

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI)
31 de julio de 2024

Después de seis horas de cerradas las mesas de votación, y sin que hubiera antes un solo dato de cómo iba el escrutinio, el presidente del Consejo Nacional Electoral venezolano, Elvis Amoroso, declaró al presidente Nicolás Maduro como vencedor de la contienda con 5.150.092 votos, un 51,20%, por delante del opositor Edmundo González Urrutia quien obtuvo un 44,2% (4.445.978 votos), con 80% de las mesas escrutadas.

Casi nadie, salvo los allegados al gobierno de Maduro, cree en esos resultados ni confía en la limpieza del conteo de los votos de las urnas. Menos los millones de personas que fueron masivamente a votar con la esperanza equivocada de que se respetaría su voluntad, y terminar así con el régimen dictatorial y hambreador de Maduro.

El fraude se venía venir, aunque la oposición patronal encabezada por María Corina Machado insistía en que se podía derrotar al gobierno solo votando, descartando la imprescindible movilización popular. A pesar de que no es la primera vez que ocurre un fraude en Venezuela.

Este año el gobierno de Maduro venía profundizando las restricciones a las libertades democráticas y utilizando abusivamente a su favor los recursos estatales. Inhabilitó dirigentes políticos, impugnó candidatos, reprimió abiertamente deteniendo en plena campaña electoral a más de 70 activistas y dirigentes de los partidos de la oposición patronal, y además limitó la posibilidad de que millones de emigrantes venezolanos en distintos países pudieran ejercer el derecho al voto.

El gobierno de Maduro cerró toda posibilidad de que la izquierda independiente y opositora a su gobierno de falso socialismo, presentara una candidatura que reflejara los intereses del pueblo trabajador.

Desde el Partido Socialismo y Libertad (PSL), integrante de la Unidad de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI), hemos defendido las libertades democráticas, y reivindicamos los derechos políticos y electorales del pueblo trabajador. El PSL, junto al PPT/APR, Marea Socialista y la LTS, concretó un acuerdo de denuncia del gobierno y el fraude y la defensa de la independencia política de la clase trabajadora, con la consigna: “la clase trabajadora no tiene candidato”. Sobre la base de esa consigna definimos llamar a votar nulo, ya que ninguno de los candidatos, particularmente Maduro y González Urrutia, reflejaban los intereses de los trabajadores, las trabajadoras, las mujeres y jóvenes de los sectores populares.

En ese marco, desde el PSL y la UIT-CI fuimos denunciando el fraude que se venía orquestando, y defendimos el derecho a que se respetara el voto de millones que iban a votar contra el gobierno, más allá de que no apoyamos ni tenemos ninguna coincidencia con la alianza electoral opositora patronal y de derecha que encabezan Edmundo González Urrutia y María Corina Machado.

La mayoría del pueblo venezolano está harta de este gobierno que aplica un duro ajuste capitalista, con salarios menores a 4 dólares y con los servicios públicos, la salud y educación destruidos. Ante la ausencia de otra opción, el voto castigo lo canalizó la candidatura de la derecha liberal de González Urrutia. Esta alianza patronal reúne a los restos de la vieja política patronal, oligárquica y pro yanky de Venezuela que siempre gobernó contra las y los trabajadores. Los mismos que dieron lugar a la histórica insurrección popular conocida como el Caracazo en el año 1989, contra el paquetazo de ajuste del entonces presidente Carlos Andrés Pérez.

La crisis social de los años 90 y el descrédito del pueblo con esa vieja dirigencia proimperialista y entreguista del petróleo y demás riquezas del país, facilitó el surgimiento del nuevo fenómeno político de Hugo Chávez, quien llegó al gobierno en 1998 con un discurso popular, antiimperialista y que hasta llegó a proclamar (2005) que se estaba construyendo un “Socialismo del siglo XXI”. Eso abrió enormes expectativas y apoyos en Venezuela y en toda Latinoamérica. Pero esto fue un engaño. Nuestra corriente de izquierda trotskista, encabezada en Venezuela por los dirigentes obreros Orlando Chirino y José Bodas, denunció desde el primer momento que en realidad el gobierno de Chávez y luego Maduro, no estaban construyendo ningún socialismo, que en realidad su proyecto con un supuesto discurso antiimperialista tenía como objetivo pactar con las transnacionales petroleras a través de empresas mixtas con la estatal PDVSA.

Lo anterior también lo hizo con grandes empresarios como Cisneros y otros, mientras fomentaba el surgimiento de empresas que hacían negocios con el Estado o ligados a las Fuerzas Armadas, generando un nuevo sector que se conoció como “boliburguesía”, todo en el marco de una política antiobrera de bajos salarios y de ataques a las organizaciones obreras y de izquierda independiente. Nada más alejado de un auténtico socialismo y de la verdadera izquierda.

Maduro asumió luego de la muerte de Chávez en el 2013 y no hizo otra cosa que darle continuidad y profundizar esta política. En la medida en que fue perdiendo apoyo popular debido a la creciente miseria y al duro ajuste que aplica, fue agudizando la represión.

En ese sentido es importante recalcar que en Venezuela no fracasó el socialismo, como pregona la derecha; fracasó el chavismo. Es otro fracaso de los gobiernos de conciliación de clases y mentirosos, del “doble discurso”, que dicen una cosa a los sectores populares mientras pactan con las patronales y las transnacionales, gobiernos que ya fracasaron como el peronismo en Argentina, Lula-PT en Brasil o Syriza en Grecia. Desde el PSL y la UIT-CI luchamos por lograr gobiernos de las y los trabajadores que inicien el camino del verdadero socialismo con democracia obrera y popular.

El gobierno de Maduro, habla de antiimperialismo, posa de izquierdista y hace discursos contra el facho de Milei, pero no deja de ser una dictadura burguesa que hambrea y reprime al pueblo trabajador. Los pueblos del mundo no deben confundirse: el escandaloso fraude electoral es parte de esa política.

Consideramos que solo con la movilización se podrá derrotar al gobierno de Maduro y al fraude. La oposición patronal de González Urrutia-María Corina Machado en sus primeras declaraciones no han convocado a movilizarse contra el fraude, reiterando su política vacilante y centrada en negociaciones. Ya en Caracas y otras ciudades han comenzado a producirse algunos cacerolazos espontáneos. Llamamos a que el pueblo salga a las calles para derrotar el fraude y al gobierno de Maduro. En el camino de los cambios de fondo que necesita el pueblo trabajador de Venezuela

Unidad de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)
29 de julio 2024

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