Nov 30, 2022 Last Updated 10:47 PM, Nov 28, 2022

Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo por Izquierda Socialista en el FIT Unidad, señaló: “Solo el FIT Unidad repudió en el Congreso el aumento del 30% en las dietas de las y los diputados y senadores, llevando sus ingresos a más de $455.000. ¿Qué trabajadora o trabajador percibe ese ingreso? Es casi 10 veces lo que percibe una jubilada de la mínima”.

El diputado Giordano prosiguió: “Mientras el gobierno acaba de fijar un salario mínimo de indigencia y el Congreso votó un presupuesto para el FMI, las y los diputadas y diputados oficialistas y de la falsa oposición se aumentaron vergonzosamente sus sueldazos”.

Giordano añadió: “¿Quiénes pactaron ese aumento? El peronismo del Frente de Todos (Cristina-Massa) y Juntos por el Cambio, con el aval de los liberfachos Milei y Espert. Milei, quien sortea sus dietas de manera populista, fue cómplice y ni abrió la boca en la sesión. Pero eso no quedó ahí. El diputado Nicolás Del Caño hizo una moción para que se pusiera a votación el proyecto del Frente de Izquierda para que los legisladores y cualquier funcionario perciban un ingreso similar a un trabajador. Dicha iniciativa fue rechazada, tanto por el Frente de Todos como por Juntos por el Cambio, Milei y Espert. Esto muestra que lo único “nuevo” es el Frente de Izquierda Unidad ante los políticos tradicionales”.

Giordano finalizó: “Les decimos a las y los trabajadores, a las mujeres y a la juventud que aunque no se vote la propuesta del FITU, cada una de sus diputadas y diputados percibe igualmente un ingreso equivalente al de una directora de escuela, el resto lo aportamos a los fondos de lucha y a construir una alternativa política de la unidad de la izquierda, como lo venimos haciendo desde hace 11 años con el Frente de Izquierda Unidad, que lucha por las transformaciones de fondo que necesita el pueblo trabajador”.

 

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Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
 
“Ella es la fuerza de la esperanza”. Así fue recibida la vicepresidenta en el estadio de La Plata. En “modo electoral” y desligándose de los males generados por su propio gobierno (que integra y defiende) hizo definiciones que acá analizamos. Renovó el elogio al ministro ajustador Sergio Massa y predijo que el peronismo es “lo nuevo”.
 
Cristina salió otra vez al ruedo público después del atentado. Su objetivo es parar la pérdida de la base social del peronismo, y en particular la del kirchnerismo. “Lo nuestro es mantener el 30%”, dicen desde La Cámpora; porcentaje que se está diluyendo, ya que franjas de trabajadores y jóvenes dicen que Cristina es parte del problema, no de la solución. Y esto ocurre en el corazón del conurbano bonaerense donde gobierna Kicillof.

Lo más comentado de su discurso fue que habló otra vez como una comentarista de la realidad, no como una vicepresidenta, donde su sector maneja las cajas del PAMI, encabeza el Anses, tiene gobernadores e intendentes. Por eso lo raro fue pedir “que vuelva Cristina”, cuando ya regresó hace tres años y es parte de un gobierno que solo genera miseria y entrega.

Esta vez no embistió directamente contra Alberto Fernández y hasta propuso un “acuerdo democrático” con la oposición macrista. “Tenemos que tirar todos para el mismo lado” dijo, mostrándole a Juntos por el Cambio que Massa está aplicando el ajuste que reclama esa centroderecha para cumplir las metas con el FMI. El día posterior al acto, en una reunión reservada entre Cristina, Kicillof e intendentes de Buenos Aires se dijo por lo bajo “nos harían falta más ministros como este”.

Cristina apeló a su consabido doble discurso. Intentó mostrar que en sus tres mandatos del peronismo kirchnerista (2003/2015) “se vivía mejor”. Cristina mostró un gráfico con la suba salarial en los gobiernos peronistas, para encubrir el robo salarial actual.

¿Cristina dijo algo de una suma fija salarial, como se esperaba? Nada. ¿Dijo algo sobre las jubilaciones de miseria? Nada. Precisamente porque votó el cambio de la movilidad, donde el 80% de las y los jubilados perciben una mínima de indigencia, mientras ella tiene un ingreso de más de 4 millones de pesos mensuales por dos jubilaciones de privilegio, ¿qué dijo de la inflación del 100%? Culpó a los jueces, no a los formadores de precios ni a su gobierno que aplica tarifazos y aumenta los combustibles. También señaló que le gustaría que la gente “coma en su casas”, no en los merenderos, una frase de muy mal gusto en un país donde los alimentos son inalcanzables.

Cristina también reivindicó a Vaca Muerta (tierra de saqueo de Chevron y otras multinacionales), pidió por la defensa del litio (cuando se lo están llevando en pala las multinacionales yanquis, canadienses, australianas y japonesas desde el menemismo) y del agua (robada por la megaminería que creció exponencialmente en los años ‘90 y los doce años kirchneristas). Y si hay algo que cayó muy mal fue que para combatir a la inseguridad, propuso desplegar miles de Gendarmes al mejor estilo Patricia Bullrich (ver "Cristina propone más gendarmes").

El peronismo es lo viejo

Ante encuestas que dicen que una gran parte del pueblo trabajador cuestiona a los viejos políticos patronales y quiere “algo nuevo”, Cristina volvió con la idea de que el peronismo es “lo nuevo”, porque salvó al país de las crisis. Pero después de treinta y nueve años que pasaron desde la caída de la dictadura, el peronismo gobernó veintisiete años. Y a tres años del gobierno peronista del Frente de Todos solo se puede ver indigencia, desigualdad social, inflación, bajos salarios y una entrega colosal al FMI mediante el pacto para pagar la deuda contraída por Macri.

Qué lejos quedó la consigna “Braden o Perón” del viejo peronismo del ‘45, cuando se enfrentó limitadamente la penetración yanqui. Cristina no lo puede recordar, porque recientemente visitó al embajador yanqui.

Cuando se habla del peronismo, hay una parte muy sesgada en su discurso. La vuelta de Perón en los años ‘70, de la cual se cumplieron cincuenta años (ver "Hace cincuenta años volvía Perón a la Argentina"), no fue para ninguna liberación nacional, sino para aplicar el ajuste mediante el Rodrigazo, donde hubo una feroz represión con Isabelita y López Rega con la Triple A.

Más cerca en el tiempo, Cristina se despega siempre del peronismo de los años ‘90 (a quien llama “neoliberalismo”). Por suerte circularon por las redes las fotos de Néstor y Cristina con el presidente entreguista Carlos Saúl Menem. En ese gobierno se remataron las empresas del Estado, la deuda externa creció al doble y se indultó a los genocidas. Cristina queda en falsa escuadra cuando dice que el macrismo quiere privatizar Aerolíneas, porque quien la privatizó fue el peronismo de esos años (igual que los ferrocarriles) y hoy no está en manos de sus trabajadores, sino de La Cámpora. O cuando habla de YPF, tapando que el peronismo kirchnerista estuvo a favor de rematarla en esos años, aportando el voto decisivo de un diputado santacruceño.

Le contestamos a Cristina que lo nuevo vendrá con un gobierno de las y los trabajadores, de los que nunca gobernaron, de la unidad de la izquierda, para imponer otra sociedad, una Argentina socialista por la cual luchamos desde Izquierda Socialista. También le decimos que lo único nuevo es el Frente de Izquierda Unidad, para pelear por las transformaciones que hacen falta contra todos los gobiernos que defienden a este sistema capitalista explotador.


Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad

En 1973, el entonces presidente Juan Domingo Perón dijo: “El gobierno se ocupará que [las ganancias] sean distribuidas con justicia entre todos los que la producen. Fifty-fifty, como dicen. Mitad y mitad”. Esto no solo no ocurrió, sino que encima vino el Rodrigazo, con una tremenda inflación y carestía de vida. Pero quedó el famoso fifty-fifty de Perón.

Cristina Kirchner mostró en el acto un cuadro para decir que su último gobierno fue el mejor de la historia, con sus famosos “piquitos”, como dijo para referirse a una favorable distribución del ingreso. Otro doble discurso.

Lo cierto es que la participación en el ingreso de los asalariados se ha venido deteriorando a lo largo de las décadas. Pasó del 56% en 1950, al 46% en 1973, 31% en 2003. En 2013, desde Emiratos Árabes, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno (quien acompañaba a la presidenta Cristina en una visita oficial), dijo que el gobierno había cumplido con uno de los anhelos de Perón, el de la repartición en un 50 y 50 de la riqueza que produce el país. ¿De dónde lo sacó? Fue el mismo Moreno quien destruyó los datos del Indec con una patota manipulando la información desde el 2007 al 2015, donde se decía por ejemplo que en Argentina había menos pobreza que en Alemania. Por eso es que en los doce años de gobierno kirchnerista hubo enormes reclamos, paros generales, ante una enorme precarización laboral y pobreza del 30%, llevando a que el peronismo perdiera con Macri en 2015.

El dato de hoy es que los empresarios aumentaron su porción en el reparto de la torta del 40,2% en 2016 al 47% en 2021, mientras la participación del salario bajó del 51,8 % a 43,1%. Pero aunque se lograra el 50 y 50, no sería para festejar. Primero, porque no alcanzaría para salir de la pobreza. Segundo, porque dicha participación es muy dispar entre trabajadores registrados y los millones que lo hacen en la informalidad y precariedad. Y tercero, porque significaría que una mitad de la riqueza se la siga quedando un grupo minoritario de capitalistas y la otra mitad se tenga que repartir entre millones de trabajadores, casualmente los que la generan. La izquierda, en cambio, pelea para que la clase obrera sea quien se apropie de la riqueza que genera, para combatir de verdad los males capitalistas.


Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad

“Al crecimiento no se lo pueden seguir llevando los cuatro vivos de siempre”, dijo Cristina. Pero esos vivos son los que se beneficiaron en sus doce años de gobierno, y ahora.
“Arcor, Molinos, Clarín, PAE, Termium y Tecpetrol (grupo Techint), Aluar, Ledesma y La Anónima, evidencian que en 2021 habían embolsado en conjunto 685 millones de dólares, en tanto que este año treparon a 1.915 millones. La facturación pasó de 7.618 millones a 13.717 millones de dólares” (Centro de Economía Política Argentina-CEPA, Página12, 19/11). Según los balances de 2013, las 89 firmas que cotizan en Bolsa registraron un aumento del 80 por ciento respecto de 2012. Se refiere a los bancos Macro, Francés, Galicia, Patagonia; Siderar (Techint), YPF, Telecom, Aluar, Clarín, las eléctricas, gasíferas, Ledesma, Molinos, Minetti, entre otras. ¡Los cuatro vivos de siempre, señora vicepresidenta!                             

Se acaba de anunciar un aumento del salario mínimo, vital y móvil del 20% para diciembre-marzo en 4 cuotas. Lo avalaron Héctor Daer (CGT), Pablo Moyano (Camioneros), Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (Construcción), Roberto Fernández (UTA) y Hugo Yasky (CTA).

El diputado nacional electo Juan Carlos Giordano (Izquierda Socialista en el FIT Unidad), señaló: “La 'craneoteca' del gobierno, empresarios, CGT y CTA acordaron una suba miserable. El aumento pasará de los 57.900 pesos actuales a $61.953 en diciembre, 4.000 pesos más en un mes… ¡El valor de menos de tres kilos de carne! Una verdadera burla. Si la canasta de pobreza está en $139.738 ¿me podés decir quién está perdiendo con el gobierno peronista del Frente de Todos?”, se preguntó.

Giordano agregó: “Según ATE Indec nadie debería percibir menos de 205.000 pesos. Hay que seguir el ejemplo de los médicos y residentes que triunfaron con su lucha desde abajo y del Sutna, para lograr aumentos que equiparen la canasta familiar actualizados automáticamente mes a mes. Que la CGT y CTA dejen de apoyar al gobierno y a las patronales y llamen a luchar”.

Juan Carlos Giordano finalizó: “Cristina Kirchner mostró el otro día un gráfico donde dice que en los gobiernos peronistas los salarios subieron. Pero la curvita de los últimos tres años viene para abajo al mejor estilo Macri. El salario viene perdiendo con una inflación del 100% mientras las grandes patronales duplicaron sus ganancias en un año. Hay que seguir fortaleciendo al sindicalismo combativo y al Frente de Izquierda Unidad para luchar por otro plan económico obrero y popular que priorice los salarios y las jubilaciones y el 82% móvil, no las recetas de hambre y pobreza del FMI”.

 

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