Foto de portada: Lago escondido, la escandalosa “propiedad privada” de Joe Lewis
Escribe Guido Poletti
Bajo el título de “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, asistimos a uno de los saqueos más importantes de las últimas décadas. El proyecto modifica el régimen de expropiaciones, agiliza los desalojos ante usurpaciones y flexibiliza las restricciones a la compra de tierras rurales por parte de particulares extranjeros. Al avanzar de la mano con la derogación y reforma de la Ley de Tierras Rurales (Ley 26.737), opera como un andamiaje legal para profundizar y acelerar la extranjerización del territorio nacional. Se trata de una entrega planificada de la soberanía territorial y de los recursos naturales del país a los pulpos transnacionales.
El núcleo duro radica en el desmantelamiento de la Ley de Tierras Rurales, sancionada en 2011. Aquella norma establece un tope del 15% para la titularidad extranjera de tierras rurales a nivel nacional, provincial y municipal. Además, prohíbe expresamente que un mismo propietario de otra nacionalidad posea más de mil hectáreas en la codiciada “zona núcleo” pampeana o sus equivalentes en otras regiones. También incluye una restricción absoluta sobre tierras con cuerpos de agua de gran envergadura o ubicadas en las denominadas Zonas de Seguridad de Frontera. Al eliminar estas barreras mediante la nueva legislación desreguladora, el Estado renunciará a su capacidad de control sobre áreas sensibles para la defensa nacional y el abastecimiento hídrico.
Esta desprotección adquiere ribetes dramáticos cuando se analiza el mapa de las fronteras argentinas, donde la presencia de terratenientes extranjeros ya es un hecho consumado. El ejemplo más emblemático en la Patagonia es el del magnate británico Joe Lewis, cuya propiedad en la provincia de Río Negro rodea por completo el Lago Escondido e impide el libre acceso a un bien público. Este enclave, situado a escasos kilómetros de la frontera con Chile, constituye de hecho un “Estado dentro de otro Estado”, con una pista de aterrizaje privada de proporciones militares y una nula sujeción al control federal.
No es un caso aislado. El grupo italiano Benetton, a través de la Compañía de Tierras Sud Argentino, es el mayor terrateniente del país y acumula cerca de un millón de hectáreas distribuidas en Chubut, Santa Cruz y Neuquén. Muchas de estas estancias colindan directamente con la Cordillera de los Andes y la frontera internacional. Estas tierras, ricas en recursos minerales, fuentes de agua dulce y con un incalculable valor ambiental, han sido escenario de violentos ataques contra las comunidades originarias, como el que derivó en el asesinato de Santiago Maldonado en 2017.
Hay casos menos conocidos. Escondido detrás de testaferros argentinos, el Estado de Qatar ya adquirió 14 mil hectáreas en áreas fronterizas de Río Negro. Emiratos Árabes Unidos, por su parte, acumula más de 50 mil hectáreas en tres zonas estratégicas entre la cordillera y la costa. También crecen las denuncias de apropiación de tierras por parte de capitales israelíes.
La nueva ley viene a legalizar y multiplicar estas situaciones. Ahora, cualquier corporación multinacional o fondo de inversión podrá adquirir miles de hectáreas en la sensible línea de frontera sin necesidad de someterse a dictámenes de seguridad nacional, defensa o derechos preexistentes de los pueblos originarios.
El saqueo ambiental
Pero el engranaje de esta reforma no se limita al “libre mercado” inmobiliario rural. Para que el negocio de la extranjerización sea completo, se necesita allanar los obstáculos que la legislación ambiental impone a la especulación. Es aquí donde la ley de “fortalecimiento” introduce su modificación más perversa, la reforma de la Ley de Manejo del Fuego (Ley 26.815).
La normativa vigente hasta ahora, reformada en 2020 para combatir la ola de incendios intencionales provocados con fines especulativos, prohibía durante 30 años en zonas productivas y de pastizales, y durante 60 años en bosques nativos, la modificación del uso de las tierras que hubieran sufrido incendios. De este modo, impedía que un terreno quemado fuera rápidamente loteado para desarrollos inmobiliarios o reconvertido de forma exprés a la agricultura intensiva.
El nuevo proyecto de ley viene a eliminar de cuajo esta prohibición. Esto habilita y crea un fenomenal incentivo al fuego intencional. Se abre la puerta para que grandes grupos económicos y desarrolladores inmobiliarios, muchos de ellos extranjeros interesados en expandir la frontera agrícola o crear barrios privados exclusivos, utilicen el fuego como una herramienta rápida y barata de “limpieza” del suelo.
Un bosque degradado o un pastizal sensible que antes requería décadas de recuperación ecológica ahora podrá ser rápidamente reconvertido en un lucrativo negocio sojero o ganadero apenas se apaguen las brasas.
De este modo, se consolida un círculo vicioso perfecto para el capital transnacional. Por un lado, se quitan los límites para que los extranjeros compren la Patagonia, el norte productivo y las zonas de frontera. Por el otro, se les otorga la impunidad de modificar el uso del suelo tras un incendio forestal o de pastizales, eliminando cualquier costo de oportunidad ambiental o social derivado de la destrucción del ecosistema.
En conclusión, la Ley de “Fortalecimiento de la Propiedad Privada” está redactada a la medida de los grandes fondos de inversión, las corporaciones de agronegocios y los magnates globales que ven en la Argentina un inmenso reservorio de recursos naturales baratos, libres de regulación estatal y control democrático.
De implementarse plenamente, la geografía argentina pasará a ser un mosaico fragmentado de propiedades extranjeras inaccesibles, donde la soberanía nacional será apenas una ficción en un mapa escolar, escrita sobre un suelo devastado por el fuego y la especulación.

Escribe José Castillo
La Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) resolvió, mediante la resolución 101/2026, desafectar como “innecesario” y por lo tanto colocarlo a la venta un predio de 2.939 metros cuadrados pertenecientes a la Base Naval Ushuaia. En su interior, actualmente están el Museo Marítimo y del Presidio, uno de los sitios turísticos más visitados de la ciudad.
El sitio es estratégico, se encuentra a metros de la Terminal Orión de YPF y de la Base Naval. Es una de las áreas más sensibles desde el punto de vista geoestratégico. En las mismas narices de la puerta de acceso al Atlántico Sur, a la Antártida y al pasaje bioceánico entre el Atlántico y el Pacífico. La base naval, que es el sitio donde suele amarrar el rompehielos Irizar, único buque antártico, se ha visto envuelta en rumores de uso común con la Armada yanqui en los últimos tiempos. A apenas 700 kilómetros de las Islas Malvinas.
Es un hecho más en el marco de la extranjerización de tierras de frontera y estratégicas, pieza fundamental de la entrega que lleva adelante el gobierno de Milei. Hay que movilizarse para detenerlo.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
Este lunes 13 de julio, en la contratapa de Página/12, apareció una nota firmada por Gustavo Campana que recordaba que se cumplían 26 años del fallo emitido por el juez Jorge Ballestero, que determinó que el endeudamiento de la última dictadura militar, entre 1976 y 1982, fue “ilegal, ilegítimo y fraudulento”. El juez encontró 477 ilícitos que documentaron que los préstamos que comprometieron a todo el pueblo sirvieron para solventar “negocios privados” de grandes grupos económicos.
La causa había sido iniciada por una denuncia de Alejandro Olmos en 1982 y dio fruto 18 años después. Olmos denunció esa deuda “fabricada” por la dictadura genocida.
La investigación determinó que endeudaron a la Argentina a través de las empresas estatales. Los organismos conseguían dólares que no utilizaban y el Banco Central se encargaba de hacer llegar esos billetes a las empresas privadas. La nota destaca que “Los grandes beneficiarios fueron los 70 grupos económicos que fueron rescatados por la estatización de la deuda externa privada: Fortabat, Bunge & Born, Bridas, Bulgheroni, Pérez Companc, Techint, Soldati, Alpargatas, Grupo Macri y Pescarmona. Contrajeron deuda privada, que más tarde fue estatizada con seguros de cambio del Banco Central que presidía Cavallo”.
“La deuda externa ha resultado groseramente incrementada a partir de 1976 mediante la instrumentación de una política económica vulgar y agraviante, que puso de rodillas al país, sin que hubiera registros contables”, decía Ballestero en su dictamen. Mientras tanto, el paso del tiempo se encargó de indultar a los responsables y los delitos prescribieron. Ballestero envió entonces las actuaciones al Congreso Nacional y pidió que se constituyera en tribunal para determinar la responsabilidad política. Algo que nunca ocurrió.
La nota termina diciendo: “Olmos, periodista y militante peronista, murió el 24 de abril de 2000, tres meses antes de la sentencia tardía. Las condenas prescribieron, pero la deuda, que hoy supera los 450 mil millones de dólares, la sigue pagando el pueblo argentino”. Agregamos nosotros que esto ocurre por culpa de todos los gobiernos capitalistas, radicales, peronistas de distintos colores, macristas y ultraderechistas. Solo la izquierda lucha por desconocerla.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
Máximo Kirchner está de recorrida electoral. En un acto realizado en Carmen de Areco el pasado 9 de julio, Día de la Independencia Nacional, reconoció que la nefasta política del gobierno anterior fue el caldo de cultivo para el ascenso de Milei. Señaló como “uno de los errores del gobierno de Alberto Fernández” el acuerdo con el FMI. “El acuerdo con el FMI quebró la relación del peronismo con la sociedad. Así fue y así llegó Milei” (Página/12, 10/7). ¿Pero fue solo de Alberto el “error”? ¿Cristina no era la vicepresidenta?
Máximo seguramente contestaría que él y su madre se opusieron a ese acuerdo. Él mismo renunció a su cargo como jefe del bloque del kirchnerismo en Diputados. ¿Pero qué proponían a cambio Máximo y Cristina? ¿Acaso desconocer el endeudamiento de Macri con el FMI por 45 mil millones de dólares? ¿Dejar de pagar esa deuda usurera? No. Lo que proponía Máximo era “negociar distinto con el FMI”, con “mejor muñeca”, como si pudiera existir un FMI bueno al que se le pudiera sacar alguna ventaja en una reunión.
La prueba de lo que estamos diciendo es lo que propone Máximo ahora. Dice que hace falta llegar a un acuerdo político entre quienes podrían ganarle a Milei sobre qué hacer con la deuda en un futuro gobierno. ¿Desconocerla? ¿Dejar de pagar? Otra vez, no. Máximo propone acordar previamente cómo generar los fondos para pagarla. Otra desilusión, igual que la del gobierno anterior que llevó al ascenso de la ultraderecha.
El 27 y 28 de julio vendrá a la Argentina la titular del FMI, Kristalina Georgieva. Izquierda Socialista le propuso al resto del Frente de Izquierda realizar un repudio en común. ¡Fuera el FMI de la Argentina! ¡Fuera los yanquis de América Latina!