Miles de estudiantes chilenos marcharon el jueves 25 para exigir el fin del endeudamiento y en demanda de una enseñanza gratuita y no sexista. Con enormes movilizaciones, que comenzaron en el año 2000, ya se conquistó la gratuidad para 257.000 jóvenes de los sectores más pobres (de los 1,3 millones de estudiantes universitarios).
Sin embargo, 27.000 perdieron la gratuidad en 2019 y centenares de miles siguen endeudados con los bancos o deben tomar más préstamos por estar fuera de la gratuidad.
Se realizó el jueves 25 en protesta contra la política del gobierno derechista de Iván Duque.
Miles de personas, sumando docentes, estudiantes, trabajadores e indígenas, marcharon convocados por las centrales sindicales contra las medidas oficiales de eliminar el salario mínimo y la seguridad social, exigiendo mayor calidad en la educación superior y en rechazo al asesinato de líderes sociales (según la Defensoría han sido asesinados 276 líderes en últimos quince meses).
A pocos días de las elecciones, que se realizarán el domingo 12 de mayo, reforzamos la campaña electoral recorriendo los barrios para hacer llegar las propuestas de la izquierda al pueblo trabajador que sufre el ajuste que Schiaretti aplica junto a Macri y el FMI.
Estamos desarrollando un intensa actividad con militantes y simpatizantes de Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda que con entusiasmo se vienen sumando al desafío de defender las tres bancas que conquistamos en 2015 y de intentar lograr que por primera vez la izquierda llegue al Concejo Deliberante de Córdoba Capital.
Córdoba ocupa el sexto lugar en el ranking de la pobreza impidiendo que uno de cada dos chicos menores de 14 años tenga acceso a la comida mientras se destinan millones para subsidiar a los grandes empresarios y multinacionales que despiden y suspenden a los trabajadores.
Desde el Frente de Izquierda denunciamos que Schiaretti es el principal socio político de Macri. En el Congreso Nacional y en la Legislatura votaron juntos las leyes del ajuste, el robo a los jubilados, el pago a los fondos buitres y el presupuesto 2019 con el cual le sacan el plato de comida de la mesa a los sectores populares para destinar un millón de pesos por minuto para pagar la deuda externa.
Ante esta situación llamamos a los honestos luchadores, en particular a los simpatizantes del kirchnerismo, a no votar a Schiaretti. Cada voto que saque será utilizado contra los intereses del pueblo trabajador, como por ejemplo para flexibilizar el convenio colectivo de trabajo de Luz y Fuerza y privatizar a EPEC, o para avanzar con la entrega de los recursos naturales, el desmonte y la destrucción ambiental. Quienes defendemos los derechos humanos, luchamos y rechazamos la política del PJ cordobés que fortalece el aparato represivo y la narcopolicía del gatillo fácil que asesina a un joven cada veintiocho horas.
Los votos que obtenga el Frente de Izquierda serán de lucha, en defensa del pueblo trabajador, para enfrentar la política del gobierno. Los partidos patronales de la provincia no resolverán los urgentes problemas sociales, pretenderán aplicar las reformas estructurales que pide el FMI -jubilatoria, laboral y tributaria- para seguir entregando el país y la provincia a los ricos.
Vamos por más legisladores del Frente de Izquierda, los únicos que están a disposición de las y los que luchan. Nuestros legisladores cobran lo mismo que una maestra. Nuestras bancas son herramientas en defensa de los trabajadores, las mujeres y la juventud.
Porque la grieta no es entre Macri, Cristina o el resto del peronismo. La verdadera grieta es entre los que quieren seguir pagando la deuda externa con el hambre del pueblo siendo felpudos del FMI y los que impulsamos la ruptura con el Fondo y el no pago de la deuda para destinar esos fondos a resolver los urgentes problemas del pueblo trabajador. La salida es la izquierda.
Editorial
El gobierno de Macri sigue en pendiente descendente, cada vez a mayor velocidad. Hace apenas diez días había lanzado como gran iniciativa sus “10 puntos”, que invitaba a firmar al resto de los partidos patronales. Se trataba de un listado de medidas escritas a medida de las exigencias del propio FMI. Ahí estaba todo: el compromiso para quien lo suscribiera de que iba a continuar con el ajuste, la reforma laboral, la previsional y, por supuesto, la afirmación explícita de que se continuaría cumpliendo con los acreedores externos.
También había tenido una llamada del propio Trump, que era todo un aval para garantizar la transición hasta las elecciones y el propio plan reeleccionista de Macri. Es más, la propuesta de los 10 puntos contaba con el aval de las principales entidades empresarias (UIA, Sociedad Rural, etcétera), de la burocracia de la CGT y de la Iglesia. Sin embargo, el tiro le salió por la culata. No porque el resto de los candidatos patronales no acordaran con los planteos de los 10 puntos. De hecho el acuerdo presentado tuvo el aval explícito de los peronistas Scioli y Pichetto. Massa lo catalogó de “torpe” pero no lo rechazó, solo señaló que no era “oportuno” el momento y que había que agregarle uno o dos puntos más. Lavagna también coincidió, señalando también que faltaban algunos otros ítems, pero acordó nada menos que con la reforma laboral. Incluso en el caso del peronismo kirchnerista, mientras los voceros de Cristina Kirchner lo criticaban, ella también habló de un “contrato social” y no rechazó el pacto con el FMI y los pagos de la deuda. Pero la bronca popular y el repudio al gobierno son tan grandes que ,finalmente, los 10 puntos terminaron perdiendo brillo y van ya camino a quedar como una anécdota menor en el camino. Es que no hay maniobra que le permita al gobierno zafar del marco más general: su debilidad política y desgaste producto de la crisis económica y la bronca popular creciente.
Por eso el macrismo acaba de sufrir el domingo pasado una nueva derrota electoral, ahora en Córdoba. Esta vez fue por paliza, con el agravante de que se produjo en la misma provincia que le había dado los votos para asegurar su triunfo en las presidenciales de 2015. Es la octava elección consecutiva en que el gobierno sale derrotado. Esto volvió a abrir los rumores acerca de si el radicalismo permanecerá o no en Cambiemos o si un sector se va con Lavagna.
El que apareció como el gran ganador fue Juan Schiaretti con su triunfo por cifras récord. Quedó como el gran elector para intentar disciplinar a un peronismo federal que todavía no termina de definir su candidato presidencial entre Massa, Lavagna, Urtubey y Pichetto. Todos ellos dan señales amigables hacia el FMI, el establishment económico internacional y se pasean por los foros empresarios. Pero, hasta ahora, ninguno logra despertar el fervor popular y despuntar en las encuestas. Es que, como dice el dicho, “aunque la mona se vista de seda, mona queda”. Demasiada fresca está en la memoria popular que fueron ellos quienes más de una vez les brindaron los votos que precisó el macrismo para sacar leyes claves del ajuste. El propio Schiaretti, al que ahora se lo quiere mostrar como “progresista” tras la votación cordobesa, fue el gobernador “más macrista” que hubo en todo el período anterior.
Del lado del kirchnerismo, la novedad fue la “reaparición” de Cristina una semana después de salir con su libro. Primero en la Rural, donde puso énfasis en el pacto social, alagó a los empresarios “acuerdistas” y hasta elogió a Trump. Y después, con una foto que probablemente prenuncia la definición de que se presentará como candidata, estuvo en la sede del PJ. Se trató de un hecho inédito: hacía diez años que Cristina no pisaba la sede del Partido Justicialista. De hecho, recordemos que hace dos años se presentó con otra identidad (Unidad Ciudadana), cediendo el sello del PJ. Ahora claramente no será así, Cristina se muestra como “justicialista de toda la vida” y aboga por un peronismo unido. Apareciendo junto con el presidente del PJ José Luis Gioja y con el candidato a gobernador y ex intendente de La Matanza Fernando Espinoza, Cristina aspira a ser la candidata del Partido Justicialista. Veremos en los días que quedan hasta la presentación de listas cómo cierran todos estos interrogantes aún abiertos por la propia crisis del peronismo. Lo que sí está claro es que absolutamente todos los sectores se desviven por aclarar que no romperán con el FMI y seguirán cumpliendo con los pagos de la deuda.
La novedad final la dio la cúpula burocrática de la CGT, que finalmente no tuvo otro remedio que llamar a un nuevo paro general para el 29 de mayo. Más allá de que sabemos que lo han convocado “a desgano”, presionados por la bronca generalizada de las bases, se nos plantea una posibilidad de darle un golpe al gobierno. Tenemos que parar, reclamando aumento salarial de emergencia y la prohibición de suspensiones y despidos. Y exigir su continuidad con un plan de lucha de la CGT y las CTA que se plantee derrotar el ajuste de Macri. Al mismo tiempo, tenemos que postular la salida de fondo, que planteamos desde Izquierda Socialista y el FIT: no hay salida para los problemas del pueblo trabajador sin romper con el FMI y dejar de pagar la deuda externa para así, junto con otra medidas de fondo, como nacionalizar la banca y el comercio exterior o reestatizar las privatizadas, lanzar un auténtico plan económico alternativo que priorice las auténticas necesidades populares de salario, trabajo, educación, salud y vivienda.
Según las palabras de Héctor Daer en la conferencia de prensa tras la reunión del consejo directivo de la CGT, el paro general del miércoles 29 será “en reclamo de que se modifique esta aceleración de la decadencia de la economía de nuestros hogares y lograr un país que tenga inclusión para todos sus habitantes”.
Será la quinta huelga general convocada por esta central durante el gobierno de Macri. En todos los casos anteriores la burocracia cegetista no le dio continuidad a la contundencia de la medida, dejando pasar muchos meses entre una y otra, dándole así tregua al gobierno para que pueda llevar adelante su plan de ajuste. De hecho, el último paro general fue en septiembre del año pasado.
La bronca y la presión de las bases ante las medidas de ajuste y una burocracia que no hace nada obligaron ahora a la directiva de la CGT a convocar al paro, después de que no se sumara el 30 de abril y expresara que “no veía motivos para convocarlo”. Sin depositar confianza alguna en la dirección burocrática de la central, tenemos que parar masivamente. Hay que realizar asambleas en todos los lugares que se pueda, sacar pronunciamientos de cuerpos de delegados y activistas y hacer reuniones de agrupaciones opositoras. Desde el sindicalismo combativo llevaremos adelante todas estas acciones ante el paro, además de exigir su continuidad con un plan de lucha de la CGT y las CTA para derrotar el ajuste. Planteamos además la necesidad de oponer un programa de emergencia alternativo, comenzando con el aumento inmediato de salarios y jubilaciones, la prohibición de suspensiones y despidos, la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda externa.