Apr 14, 2026 Last Updated 9:15 PM, Apr 14, 2026

Izquierda Socialista

Escribe: Nicolás Núñez, referente de Ambiente en Lucha (Izquierda Socialista + independientes)

Milei retira a Argentina de la COP29

El gobierno argentino se postula como el más terraplanista de todos: contra todo consenso científico alega que no existe un calentamiento global generado por accionar humano, y por tanto, entiende que no tiene sentido que Argentina participe de las cumbres de las Naciones Unidas de Cambio Climático. 

Para ser claros, ni las petroleras -industria de máxima responsabilidad en la generación de gases de efecto invernadero (GEI) que generan el calentamiento planetario- ni los países que más contaminaron a lo largo del último siglo a esta altura sostienen lo que sostiene Milei. 

Llevamos de hecho, desde principio de los 90’ hasta acá, décadas de consolidación del conocimiento científico respecto del grado de afectación planetaria alcanzado, que junto al avance de la movilización, terminaron por imponer una agenda de preocupaciones que empujaron a la generalización del “green washing” (el lavado de cara verde) de la industria fósil y los gobiernos. 

Las COP (Conferencia de Partes entre los países que adhieren a una serie de compromisos de reducción de emisiones de GEI) son de hecho el punto máximo de esa política de “gobernanza climática” donde el presidente de la ONU pronostica nuevas catástrofes, los presidentes ponen cara de preocupados, se firman nuevos acuerdos que luego nadie cumplirá ni nadie se encargará de que se cumplan, y así año a año mientras las catástrofes como la de Valencia siguen apilándose una tras otras.

A tal punto es así, que la activista sueca, Greta Thunberg ha tenido un posicionamiento claro de denuncia a esta nueva COP que tiene sede en Azerbaiyán, donde un régimen represor y pro-protelero está recibiendo una legitimación por parte de la ONU.

“Es hipocresía y doble vara. Azerbaiyán no sólo se las arregla para cometer todos estos crímenes y no asumir responsabilidad por ello, sino que también se le proporciona una plataforma para legitimarlos”

¿Entonces a qué responde lo de Milei?

Hasta el momento, desde su asunción Milei había dejado correr que la diplomacia argentina afirme que iban a sostenerse los compromisos climáticos asumidos por los gobiernos anteriores. Esto se debe, centralmente, a que los organismos de créditos como el FMI y el Banco Mundial vienen teniendo como requisito para sus préstamos el sostenimiento de esos lineamientos (full greenwashing).

Ahora el triunfo de otro negacionista en los Estados Unidos lo envalentona en la idea de que basta con su nexo directo ultraderechista para que Argentina obtenga los dólares que requieren la bicicleta financiera de Caputo y Milei y los pagos de la deuda externa. Recordemos, que Donald Trump había retirado en su primer mandato a los Estados Unidos de los compromisos del “Acuerdo de París”, y la semana pasada prometió volver a hacerlo tras su nueva asunción.

El negacionismo climático mata

A la COP29 se llegaba con las 220 muertes tras la catástrofe de las inundaciones en Valencia, y con montañas de papers científicos explicando las consecuencias de la actual elevación de la temperatura global y lo que vendría en las próximas décadas. Uno de esos informes, realizado por The Lancet, señala que en el caso argentino, la expansión del dengue y la creciente falta de agua potable que afecta a vastas regiones del país pueden atribuirse al calentamiento global. En 2024, los casos de dengue aumentaron un 214% respecto del año anterior, y este año se espera incluso un agravamiento. 

Y eso es sólo el comienzo. La generalización de las sequías y tormentas como la que sacudió Bahía Blanca el último diciembre, van a seguir en aumento. El financiamiento para la mitigación y adaptación ante esa realidad resulta una necesidad imperiosa, y una salida bloqueada para un país cuyo gobierno señala que la única prioridad es pagar la deuda externa. 

El gobierno de Milei se ha convertido en el campeón mundial del negacionismo climático. Y ante eso es necesario que el movimiento socioambiental argentino vuelva a ponerse de pie para ponerle un freno, y defender las conquistas obtenidas en las últimas décadas y que son reivindicadas en el mundo entero. 



 

Escribe Patrick König, corresponsal.

9/11/2024. La negociación del nuevo convenio metalúrgico y de la industria electrónica

En septiembre de 2024 finalizó el convenio colectivo de la rama metal y electrónica. Las negociaciones de convenios colectivos en Alemania son por estado. Cada estado comienza a negociar con la patronal y los sindicatos y lo que se hace mayormente es que cuando se llega a un acuerdo en una de las mesas de negociación se toma como referencia a nivel de todo el país.

En el mes de octubre comenzaron estas mesas de negociación. La IGMetall, sindicato metalúrgico, llevó la propuesta de un aumento de salario del 7% y una validez del Convenio de 12 meses. Por su parte la patronal ofreció un aumento del 1,7% a partir de Julio 2025 y otro 1,9% a partir de Julio 2026, lo que además significa una duración de 27 meses e incluso pidió quitar o reducir algunas pagas extras. Ante la falta de acuerdo en las 3 reuniones de negociación que hubo hasta la fecha y pasado el tiempo en el que las partes sólo pueden tomar medidas de fuerza si se incumpliera lo firmado (“Friedenflicht”) la IGMetall comenzó con las huelgas de advertencia. Las huelgas de advertencia o “Warnstreicks” son medidas de fuerza que por lo general son paros parciales de 4 o 5 horas por turno en las fábricas más grandes y casi siempre acompañadas de concentraciones o movilizaciones. 

¿En qué marco se da esta negociación?

Alemania se caracterizó hasta hace pocos años por su estabilidad económica y política y una muy baja inflación. Los convenios se negociaban en ese marco. Pero hoy la situación ha cambiado. El país va entrando de a poco en el “ritmo” del resto de Europa y del mundo. El país se encuentra implicado en una guerra a pocos kilómetros de su frontera, tuvo índices de inflación que no se tenían desde los años 90 (5,5% en 2022 y 6,5% en 2023), llevamos este año 3 trimestres en recesión y como consecuencia de esta situación aparecieron “turbulencias” a nivel político con una caída muy fuerte de la imagen del gobierno y un ascenso bastante importante de la ultraderecha, sobre todo en el Este. Mientras escribíamos esta nota recibimos la noticia de la ruptura de la coalición de gobierno. Un hecho inédito desde la posguerra que alimenta una mayor inestabilidad. A esto hay que sumarle la fuerte crisis de la industria automotriz, que es la industria principal, representante de un 26% aproximadamente del PIB.

De esta situación de futuro incierto somos todos los trabajadores/as del metal conscientes. No es exagerado decir que este es un tema recurrente de conversación mientras estamos en la máquina, a la hora del descanso o a la salida del turno. Hablamos de la guerra en Ucrania y el genocidio al pueblo palestino, si AFD puede ser una alternativo o no, de las medidas desastrosas del actual gobierno, etc.

¡La crisis que la paguen los capitalistas!

La patronal se agarra de esta situación de crisis para plantear despidos, subida de productividad y una subida de salario muy por debajo de la inflación e incluso en el caso de VW se animó a decir que pedía una rebaja salarial del 10%, despidos de 20000 a 30000 trabajadores, el cierre de 3 fábricas en Alemania y desconocer el acuerdo que tenía firmado con el Comité de Empresa de que no habría despidos hasta el 2030.

Es verdad que todas las empresas del sector automotriz y del sector ligado a esa industria han tenido que recortar su producción debido a la situación de crisis económica mundial, la caída del consumo, la competencia con China, el fiasco que ha resultado el coche eléctrico, etc, etc, etc. Pero también es verdad que esas empresas han venido haciendo ganancias multimillonarias durante muchos años a la vez que recibían grandes sumas de dinero en subvenciones por parte del estado. VW, sólo por dar un ejemplo, el año pasado repartió 4500 millones de euros en ganancias a los accionistas. Muchas empresas incluso reconocen que no es que no hagan ganancia; el problema es que no hacen las ganancias que ellos quieren o que desde la Bolsa le exigen los grandes accionistas. 

Como siempre en el capitalismo cuando hay ganancias se la quedan los ricos y sólo reparte las pérdidas. Por eso no nos podemos dejar engañar por esos discursos y tenemos que pelear para que esta vez el cinturón se lo ajusten los patrones. Verdaderamente por lo que estamos peleando y a lo que nos enfrentamos no es a un aumento salarial de 2% más o 2% menos, sino que nos enfrentamos a que seamos los trabajadores/as los que paguemos los platos rotos de la patronal y el gobierno de turno. Nos lo quieren hacer pagar con pérdida de poder adquisitivo, flexibilidad laboral, despidos, cierres de empresas, recortes, etc. Quieren ahorrar dinero en costes para poder seguir ganando millones. 

¡Por un plan de lucha de verdad! ¡Que la base decida!

 El 7 de noviembre, hemos hecho paros parciales en más de 100 empresas en el norte del país y nos hemos manifestado por las calles de Bremen. Se ha visto en las convocatorias de huelgas y en las concentraciones que hay disposición para luchar por parte de las plantillas. El lunes siguen las negociaciones y si no hay acuerdo el sindicato tendrá que terminar con las huelgas parciales y convocar un paro de 24hs en todo el sector.

Pero como no estamos ante la negociación de un convenio más, pensamos que nuestra respuesta tampoco puede ser como venía siendo en los últimos convenios. 

Lo que hace falta en esta situación es hacer asambleas decisivas para que entre todos discutamos que vamos a pedir y qué medidas vamos a tomar y hasta donde estamos dispuestos a pelear para conseguir nuestros objetivos. Hay que coordinar con otros sectores que están en lucha (como líneas de autobuses privados o el sector del acero, por ejemplo). En las reivindicaciones no deberíamos ceñirnos solamente a la cuestión salarial, sino exigir un plan para garantizar el empleo, terminar con los despidos y los cierre de fábrica, terminar con los aumentos de productividad que lo único que nos aporta a nosotros es irnos más cansados y de mal humor a casa. Necesitamos la unidad con los compañeros de empresas de trabajo temporal para que ellos también se sumen a la lucha y puedan tener mayor estabilidad laboral. Tenemos que exigirle al gobierno, que en vez de aumentar el presupuesto militar y dar 100000 millones euros para modernizar el ejército, use ese dinero para garantizar un plan de empleo. Hay que exigirle que le suba los impuestos a las grandes fortunas y nos baje los impuestos a los trabajadores/as, etc.

Lamentablemente la dirigencia de la IG Metall hace una vez más todo lo contrario y sin consultar con nosotros decide cuánto, cuándo y cómo vamos a negociar y lamentablemente, como lo venimos viendo convenio tras convenio, en cuanto la lucha empiece a tomar fuerza van a firmar entre gallos y medianoche un mal acuerdo, que nos lo van a vender como un triunfo. 

Para que no nos venda la cúpula sindical y poder conseguir nuestros objetivos necesitamos recuperar el sindicato como herramienta de lucha. Necesitamos nuevas organizaciones sindicales que respondan a nuestros intereses. Un sindicalismo construido y controlado desde la base y no sindicatos que son colaterales del SPD y colaboradores del capitalismo alemán.

Por Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI. 6/11/2024

Las encuestas preveían un empate técnico y que podía tardarse días en conocerse el resultado, pero la victoria de Donald Trump terminó siendo más rápida y contundente. Ganó en Carolina del Norte y dio vuelta a Georgia, Pensilvania y Wisconsin, estados en los que había perdido ante Biden en 2020. Ganó con el voto popular y se llevaría la mayoría del senado y la cámara de representantes.

Ha vuelto a ganar la presidencia de los EE.UU. Trump es un ultraderechista, racista fanático, xenófobo, misógino condenado por abuso sexual, con ideas abiertamente fascistoides.  Este triunfo lo están festejando los y las ultraderechistas de mundo como Meloni, Le Pen, Bolsonaro o Milei.

La pregunta de millones es: ¿cómo pudo volver a ganar semejante personaje ultraderechista fascistoide? Por la misma razón que ganaron en otras latitudes Meloni, Bolsonaro o Milei. Y por causas semejantes por las cuales había ganado en el 2016. Por el hartazgo de millones de personas del pueblo trabajador y de la juventud que equivocadamente dan un voto castigo a los gobiernos capitalistas de sus países que bajan el nivel de vida de las masas para beneficiar a las grandes multinacionales y oligarcas del mundo.

En el caso de EE.UU. expresa el odio de millones al gobierno capítalista-imperialista de Biden-Harris, quienes perdieron 15 millones de votos en comparación con las elecciones del 2020. Mas que ganar Trump perdió Kamala Harris y el partido Demócrata gobernante. Harris no pudo superar la debacle del partido Demócrata que tuvo que reemplazar de apuro la candidatura de Biden por Harris. Harris no pudo nunca disimular o esconder que su gobierno siguió bajando el nivel de vida de la clase trabajadora y de los sectores populares. No pudo esconder que ella misma persiguió a los migrantes. No pudo esconder que ella y Bíden encabezan un gobierno que apoyan el genocidio en Gaza. Que apoyan financiera y militarmente a Israel y su masacre criminal sobre el pueblo palestino y del Líbano.

Por eso miles de simpatizantes de la causa palestina iban a sus actos a repudiarla.  Por todo eso no tuvo el apoyo de amplios sectores progresistas ni de la juventud por su repugnante posición en favor del genocidio en Gaza. Ni la comunidad negra, ni los latinos han respaldado masivamente su liderazgo. Hasta Roger Waters y la luchadora ambientalista Greta Tumberg rechazaron el apoyo tanto a Harris como a Trump.

Trump tuvo el voto tradicional ultra conservador, racista y de derecha estadounidense, de las comunidades evangélicas, de las y los anti derecho al aborto y a las mujeres y disidencias. También tuvo el voto castigo equivocado de miembros de la clase trabajadora, fundamentalmente blanca, afectados por la crisis social como quedó demostrado en el abandonado “cinturón del óxido” enclavado en Michigan, Pensilvania y Wisconsin. Pero también logró sumar una franja de votos de la comunidad negra, musulmana y latina por el odio al gobierno de Biden-Harris, y por las mentiras de Trump de “que vamos a cambiar todo”. o “vamos a terminar con las guerras”. Cuando es un agente de las multinacionales y también apoya a Israel y al genocidio en Gaza, Palestina y en Medio Oriente y en su primer mandato trasladó la embajada norteamericana a Jerusalén.

El regreso de Trump a la presidencia es una nueva expresión de la crisis y de la decadencia social y política que vive desde hace tiempo el sistema capitalista- imperialista y que tiene su propia expresión en los EE.UU. El viejo “sueño americano” estalló hace tiempo y se profundizó desde la crisis económica del 2008. “A julio del 2023, más de 37 millones de personas, el 11,5% de la población, viven en la pobreza y 6,6 millones (el 4%) viven sin empleo. (…). La desigualdad crece y el 10 % de los que más ganan acapara casi la mitad de todos los ingresos y el 50 por ciento inferior obtiene solo el 13 por ciento. El sueño americano de la abundancia y prosperidad, como sostén ideológico del imperialismo yanqui, solo es recuerdo de un pasado incierto, dando lugar a una creciente apatía y descontento con los dos partidos burgueses tradicionales, el Demócrata y el Republicano, de los Estados Unidos. El 48% de los estadounidenses califican como mala a la situación económica que viven y siete de cada diez estadounidenses (69 %) creen que la economía está “empeorando” y el 77% está insatisfecho, frustrado o enfadado” (nota “Estados Unidos: entre la crisis política y las urnas”, Ezequiel Peressini, revista Correspondencia Internacional N° 53, agosto 2024).

La perspectiva del nuevo gobierno del ultraderechista Donald Trump no traerá mejoras para el pueblo trabajador y la juventud estadounidense ni las inmigrantes. Menos que menos tendrá nada a favor de los pueblos palestino y de Medio Oriente, ucraniano o los pueblos explotados del mundo. Trump seguirá la política de explotación y de gendarme mundial y genocida del imperialismo yanky. Lógicamente agravadas por sus facetas fascistizantes y represivas, que no podemos minimizar y debemos enfrentar.

Desde la UIT-CI seguiremos llamando a la clase trabajadora, a la juventud, a las mujeres, a las disidencias y a los sectores populares de los EE.UU. ha seguir luchando por sus reivindicaciones, como sucedió con las huelgas triunfantes de los portuarios y de la Boing, y a enfrentar desde el 20 de enero de 2025, cuando asuma, al gobierno del ultraderechista de Trump.

La crisis social y política seguirá abierta en los EE.UU. Desde Socialist Core, organización simpatizante de la UIT-CI en EE.UU. llamamos al voto crítico a las candidaturas alternativas, como el caso de Jill Stein, Cornel West y otros candidatos independientes como Claudia De la Cruz, del Partido Socialismo y Liberación. Señalando que “ese voto crítico puede ayudar a fortalecer el polo de las y los luchadores, quienes se expresaron en las crecientes huelgas, en el apoyo a Palestina y la lucha de la comunidad negra contra el racismo y la violencia policial, de cara a los desafíos que enfrentaremos luego de las elecciones. Gane quien gane, la grave crisis socioambiental y la enorme desigualdad, así como el propio desarrollo de las luchas populares, plantean el desafío de la construcción de un partido de izquierda y de la clase trabajadora donde confluya la nueva vanguardia sindical, juvenil, antirracista y antifascista, ambientalista y feminista” (ver Declaración “Estados Unidos: Por un voto de protesta contra los genocidas del partido republicano y el partido demócrata”)

Desde la UIT-CI ratificamos y apoyamos todos los pasos que se puedan dar en ese camino de construcción de una alternativa política unitaria de la izquierda y las y los luchadores de los EE.UU. por fuera del partido demócrata que no es más que un vehículo para las derrotas de los trabajadores y los pueblos.

Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad

El gobierno ultraderechista de Milei quiere privatizar o desguazar Aerolíneas Argentinas. Le da lo mismo, su principal objetivo es hacerla desaparecer para que todo el negocio aéreo pase a manos de las multinacionales del sector. Hay que defender nuestra aerolínea de bandera y a las y los trabajadores

Otra vez, como ya pasó en los ‘90, el negocio aerocomercial pasa a ser un coto de caza para los privatizadores. Con el voto positivo de la oposición patronal “dialoguista” (PRO, Encuentro Federal, radicalismo y unos cuantos “peronistas amigos”), el gobierno de La Libertad Avanza logró dictamen favorable para que se trate en el Congreso el proyecto de Ley de Privatización de Aerolíneas Argentinas. El sólo trámite de cómo se votó es todo un ejemplo de lo que está pasando con la oposición patronal: recordemos que Aerolíneas Argentinas figuraba en el listado de “empresas a privatizar” del proyecto de Ley Bases original (llamada en ese entonces Ley Ómnibus). Uno de los motivos por los cuáles Milei consiguió que finalmente su Ley fuera aprobada en junio pasado fue porque se había retirado del proyecto los puntos donde supuestamente las y los diputados y senadores de la oposición patronal no estaban de acuerdo. Entre ellos la privatización de Aerolíneas. 

Ahora, ya con la Ley Bases aprobada, el gobierno ultraderechista vuelve con un proyecto específico de privatización de Aerolíneas y ¡sorpresa! Los mismos diputados que antes exigían que saliera del proyecto de Ley Ómnibus de diciembre ahora lo votan a favor. Un auténtico escándalo.

El mismo método que en los ‘90

El gobierno de Milei está actuando con Aerolíneas de la misma forma que operaba el peronismo menemista para ganar consenso y así privatizar. Primero se vacía la empresa pública, se las desfinancia, se golpea y provoca a sus trabajadoras y trabajadores, se le van sacando recursos, todo con el fin de que la empresa no pueda funcionar normalmente, se empiece a paralizar y entonces se busca que se genere un sentido común entre los usuarios, motorizado por los medios de comunicación amigos, a favor de la privatización. 

Todo esto es lo que estamos viendo en estos últimos meses. Con auténticas provocaciones, con propuestas salariales de hambre, con despidos, se ataca a las y los trabajadores de la empresa, llevándolos a un conflicto largo y desgastante. Al mismo tiempo se le van quitando recursos históricos (como el hecho de que en el Aeroparque puedan pernoctar aviones de aerolíneas u otros servicios, que ahora son ofrecidos a la compañías de la competencia). 

¿Quién y qué comprarían de Aerolíneas?

La realidad es que, hasta ahora, no aparecen compradores interesados en adquirir la totalidad de Aerolíneas Argentinas. Por eso el propio Milei ya empezó a hablar de “mandarla a la quiebra”, desguazando y rematando al mejor postor sus rutas más rentables. 

Es que, por supuesto, ofrecer a una empresa transnacional del sector una ruta desde Buenos Aires a Miami, Nueva York, Madrid o Roma, es un negocio nada despreciable. O, más regionalmente, los vuelos a San Pablo u otras ciudades brasileñas. Sucede lo mismo con las rutas de cabotaje más rentables, vinculadas al turismo internacional: Iguazú, Calafate, Bariloche, Salta o Ushuaia. 

Ahora bien, ¿quiénes suenan para esas rutas? Por un lado las locales low cost, como Jet Smart y Fly Bondy. Empresas que, nacidas al calor de los privilegios que le dio el macrismo, tienen el récord mundial de retrasos o cancelaciones. Y, peor aún, caminan constantemente por la cornisa por su falta de seguridad. Un ejemplo: este fin de semana un avión de Fly Bondi casi provoca un accidente en su aterrizaje en Aeroparque, tras lo cual ni siquiera fue revisado para averiguar si había sufrido algún deterioro o desperfecto, en cambio, fue “despachado” inmediatamente con pasajeros hacia Mendoza. Las otras empresas que aparecieron interesadas, por lo menos para las rutas de cabotaje y regionales, son la brasileña Gol, que se encuentra en convocatoria de acreedores en Estados Unidos y por lo tanto al borde de la quiebra, y LAN, la misma transnacional que, luego de pagarle a sus trabajadoras y trabajadores con fondos estatales en la primera parte de la pandemia, terminó cerrando, dejando a todas y todos en la calle y hasta robándose aviones (con el simple expediente de tapar con pintura la matrícula argentina y reemplazándola por una chilena). 

La experiencia de la Aerolíneas privatizada

¿Qué pasó cuándo la empresa fue privatizada en los ‘90? Fue adquirida por empresas del Estado Español, primero Iberia, que vendió aviones, oficinas comerciales en las principales ciudades del mundo, y prácticamente la vació. Las anécdotas llegan hasta el extremo de que los aviones salían con cubiertas nuevas de Ezeiza y al llegar a Barajas se las cambiaba por otras usadas, quedando las nuevas para los aviones de Iberia. Se llegó así hasta una situación de virtual quiebra, y sólo se evitó el cierre por la lucha de las y los trabajadores de la empresa. 

Luego se adueñó de Aerolíneas el Grupo Marsans, también español que continuó con el vaciamiento de lo que quedaba. Finalmente, si la empresa no hubiera sido reestatizada, sin duda habría desaparecido. El Grupo Marsans dejó a Aerolíneas con un déficit que costó años revertir. 

En los años de Aerolíneas privatizada, se entregó el negocio de cabotaje a empresas privadas. Todos terminaron mal. LAPA culminó con el terrible accidente de 1999, muy bien documentado en Whisky-Romeo-Zulu por Enrique Piñeyro. Austral también vivió dos tragedias, la de Fray Bentos en 1997 y la de 1995 en Sierra Grande, cuando se abrió una puerta en pleno vuelo y murió una azafata. Southern Winds terminó envuelta en escándalos de tráfico de drogas con los aviones de la compañía.

¿Cuál es la salida? 

Hay que defender nuestra aerolínea de bandera. La necesitamos para cubrir todo el territorio nacional y que ninguna región quede aislada. Para que se puedan atender emergencias sanitarias, climáticas o de cualquier tipo. También para mover con velocidad los bienes que produce nuestro país hacia otras zonas geográficas que se requiera. Pero, por sobre, para que el pueblo trabajador acceda al derecho de viajar más rápido y que, en pleno siglo XXI, volar deje de ser un privilegio para ricos. Las rutas internacionales más rentables, tanto internacionales como de cabotaje, juntamente con la Carga Internacional, deben servir para subsidiar al resto de los vuelos, que así podrán contar con tarifas populares y accesibles y las frecuencias adecuadas. 

La experiencia de la reestatización de los últimos años nos indica que, ante todo, la gestión de la empresa debe pasar a manos de sus propias trabajadoras y trabajadores, y no estar más en manos de burócratas que utilicen la empresa como caja para sus negocios políticos, como sucedió con La Cámpora durante  varios años. 

Pero también que, por tratarse de un servicio público, el criterio no debe ser el de la rentabilidad privada o la ganancia y por lo tanto, el estado nacional debe proveer el financiamiento necesario. Y, por sobre todo, que se le debe garantizar el monopolio y la prioridad en aeropuertos, servicios de rampa, hangares, centros de entrenamiento y de revisión técnica que hoy se la regalan a otras empresas. 

Aerolíneas Argentinas ya fue privatizada una vez. Sus trabajadoras y trabajadores evitaron que ello terminara en la quiebra y desaparición de la empresa. Luego, la continuidad de la pelea, permitió alcanzar la reestatización. Hoy, con la misma fuerza, con el apoyo de todos los sectores en lucha y del conjunto del pueblo trabajador, tenemos en la defensa de Aerolíneas como empresa estatal y línea de bandera un capítulo importante de la pelea por derrotar el plan motosierra de Milei y el FMI. Por eso, desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad rechazamos la privatización y con nuestra diputada nacional Mónica Schlotthauer y el resto de la bancada estamos elaborando un proyecto para sumarnos a la lucha en defensa de Aerolíneas Argentinas. Proponemos que sea 100% estatal y gestionada democráticamente por sus trabajadoras y trabajadores, como parte de un sistema de transporte único e integrado en manos del Estado, en función del desarrollo del país y en beneficio del pueblo trabajador.

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Escribe Isis Reis e Rosi Messias (Corriente Socialista de las y los Trabajadores-CST-UIT-CI)

1/11/2024. El 31 de octubre fueron condenados Ronnie Lessa y Élcio de Queiroz, ex agentes de la policía militar y acusados confesos de los homicidios de Marielle Franco y Anderson Gomes en 2018. Sus penas fueron de 78 años y 9 meses y 59 años y 8 meses, respectivamente. Después de seis años de espera, la sentencia dictada contra los asesinos fue un paso importante en la búsqueda de justicia, pero la lucha debe continuar. El resultado se celebró en una movilización frente a la estatua de Marielle, en el centro de Río de Janeiro, a la que asistieron familiares de víctimas de la violencia.

El juicio duró dos días y se celebró en el Tribunal de Justicia del estado de Río de Janeiro, mediante un jurado popular. El primer día, miércoles por la mañana, se celebró la «Madrugada por la Justicia para Marielle y Anderson» frente al Tribunal de Justicia de Río de Janeiro, con la presencia del colectivo de madres de víctimas de violencia del estado, movimientos sociales, feministas y familiares de Marielle y Anderson. La marcha continuó por las calles hasta Buraco do Lume, donde se celebraron discursos frente a la estatua de Marielle. Durante la manifestación, gritamos pidiendo justicia para que estos acusados confesos recibieran la pena máxima.

No cabe duda de que el juicio y las condenas impuestas a estos criminales fueron el resultado de las movilizaciones de los movimientos sociales y de la enorme repercusión del caso a nivel nacional e internacional. Y ahora, más que nunca, ¡hay que investigar todo y a todos! Los que ordenaron los asesinatos de Marielle y Anderson deben ser juzgados y encarcelados. Los presuntos autores intelectuales de estos crímenes bárbaros son: Rivaldo Barbosa ex-delegado y ex-jefe de la Policía Civil, Domingos Brasão ex-consejero del Tribunal de Cuentas de Río de Janeiro y su hermano Chiquinho Brasão ex-diputado federal y ex-secretario de gobierno del alcalde Eduardo Paes. La implicación de estos personajes es un ejemplo de cómo el crimen organizado está incrustado en las instituciones de este régimen político podrido, al servicio de los ricos y de la policia. En un Estado donde todos los días hay operaciones policiales en las favelas que matan a pobres y negros.

En 2018, cuando Marielle fue asesinada, el estado de Río de Janeiro estaba bajo intervención federal en seguridad pública, con el general Braga Neto (ex ministro de Bolsonaro) como interventor. Braga Neto era el jefe de seguridad pública en ese momento, por lo que también debe ser investigado, al igual que el entonces gobernador del estado, Luiz Fernando Pezão, que siempre ha tenido una relación con la familia Brazão. Pocos días antes de su asesinato, Marielle había asumido el papel de relatora de una comisión creada para supervisar la intervención federal en la seguridad pública de Río de Janeiro. Por último, también debe investigarse el papel de la familia Bolsonaro y su relación con la llamada «oficina del crimen».

Por una comisión de investigación independiente y una jornada de lucha hasta que todos los implicados sean detenidos.

Desde la CST consideramos imprescindible la creación de una comisión de investigación independiente formada por las familias de Marielle y Anderson, los movimientos negros y de favelas, el movimiento de madres de víctimas de la violencia policial, Amnistía Internacional, movimientos sociales y organizaciones de derechos humanos, para que investigue si hay otros agentes públicos implicados en estos asesinatos. Por último, debemos seguir movilizándonos en las calles para exigir justicia. Por eso proponemos que la CUT, la CTB, la UNE y el MTST convoquen una jornada de lucha hasta que todos los implicados, sean políticos, miembros de la justicia o de la policía, ¡sean detenidos!

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