Jul 29, 2026 Last Updated 9:08 PM, Jul 29, 2026

Izquierda Socialista

¡Fuera el FMI!

El gobierno de Javier Milei no dejó una sin hacer. El presidente viajó a Brasil al acto de lanzamiento de su amigo ultraderechista Flávio Bolsonaro. Su discurso fue una ola de insultos contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva (“zurdo corrupto”, “ladrón”) e incluso contra el juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Alexandre de Moraes (“basura calva”), que le había impedido visitar al golpista preso Jair Bolsonaro. Desde Izquierda Socialista estamos lejos de defender a Lula y su gobierno. Por el contrario, nos separan profundas diferencias por su ajuste antipopular. Pero no se nos escapa que Milei actúa como un peón de Donald Trump, buscando aportar a la construcción de una red de gobiernos de ultraderecha en la región.

Pero, sin dudas, lo más importante fue la visita de Kristalina Georgieva a la Argentina. Bastaron apenas dos días para que la genuflexión del gobierno batiera todos los récords. El presidente Milei hasta la llevó a una reunión de Gabinete en la que él no se sentó en la cabecera, en un auténtico símbolo de quién manda. El ministro de Economía, Luis Caputo, llegó a regalarle una camiseta de la selección con el nombre “Kristalina” en la espalda. Ante una platea especialmente preparada, la jefa del FMI se dio el lujo de arengar y recomendarles a las y los argentinos que “se animen” a seguir adelante con el ajuste. Toda una provocación ante el hambre y la miseria que vive el pueblo trabajador.

El martes, en Vaca Muerta, quedó claro que los miles de millones de dólares que se extraerán a costa del saqueo y la destrucción ambiental no tendrán como objetivo el crecimiento, y mucho menos la redistribución hacia los sectores populares, sino cumplir con los millonarios vencimientos de la deuda externa, empezando por los que se vienen con el propio FMI. Hablando de eso, Georgieva afirmó con una sonrisa diplomática que la Argentina “no necesita nuevos préstamos en el futuro inmediato”.

El FMI presiona para que la Argentina vuelva al mercado de capitales, es decir, para que se endeude aún más con los pulpos financieros privados y profundice el ajuste. También tiene en carpeta las “reformas estructurales pendientes”, como la fiscal (quitarles más impuestos a los ricos y aumentárselos a los pobres) y la jubilatoria (aumento de la edad, privatización y eliminación de regímenes especiales, como el docente).

El año pasado, el FMI, a pedido de Trump, le financió la campaña electoral a Milei, enviándole 15 mil millones de dólares. Ahora llegó el momento de pagar esa cuenta. En lo que queda de este año habrá que abonar 2.824 millones de dólares, mientras que solo ingresarán 863 millones. El año que viene se tendrán que pagar 7.664 millones, contra un ingreso de solamente 1.725 millones. Para 2028, la cuenta se elevará a 9.462 millones, contra un ingreso de 1.725 millones. Y en 2029, el monto a pagarle al Fondo sube a 10.570 millones de dólares, contra una entrada de 861 millones. A todo esto hay que sumarle, todos los años, la deuda con los acreedores privados y otros organismos, como el Banco Mundial o el BID, con un promedio de entre 10 y 15 mil millones de dólares anuales.

La “hoja de ruta” del FMI es clarísima. Nuestro pueblo trabajador tiene que estar sometido a un superajuste permanente durante décadas. Ni siquiera sumando los recursos del saqueo de Vaca Muerta y la megaminería alcanzará, por lo que habrá que aumentar el endeudamiento, lo que dará lugar a nuevos y mayores vencimientos. Y así se seguirá alimentando una bola de nieve infernal e infinita.

El peronismo apenas sacó alguna declaración de ocasión ante la visita de Kristalina Georgieva. La CGT no se pronunció y mucho menos convocó a alguna movilización. Máximo Kirchner apareció en los medios desempolvando un viejo planteo de su madre, Cristina Fernández. Sostuvo que hay que pagar toda la deuda con los acreedores privados, como si estos no fueran los mismísimos buitres y esa deuda no tuviera un origen tan ilegal como la del Fondo, y pagarle al FMI la parte “legal”.

¿Cuál sería esa parte? Un supuesto equivalente a lo autorizado según la cuota de la Argentina con el organismo, es decir, unos 20 mil millones de dólares. Con el resto propone ir a una “discusión internacional” sobre plazos, intereses y legalidades. Nada novedoso. Para los memoriosos, es exactamente lo mismo que propusieron en 2019 ante el endeudamiento de Mauricio Macri y lo que hicieron durante el gobierno de Alberto Fernández, cuando, con el acuerdo de Cristina, se renegoció la deuda con los privados que hoy estamos pagando a razón de 10 mil millones de dólares por año.

Luego, cuando se discutió con el Fondo, quedó claro que no existía ningún margen para separar lo “legal” de lo “ilegal”, ni para discutir plazos o intereses. La opción era aceptar el acuerdo o romper. ¿Qué hizo el peronismo kirchnerista? Se retiró de la escena para intentar salvar su prestigio, pero ni siquiera se opuso en el Congreso. “Para no entorpecer la gobernabilidad”, dijo el propio Máximo. Así, el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Fernández y Sergio Massa terminó ajustando y hambreando al pueblo trabajador, y le abrió el camino al gobierno ultraderechista de Milei que hoy sufrimos.
Ahora vuelven con la misma receta fracasada. Cacarean contra el Fondo y la deuda, pero al mismo tiempo les dan todas las señales a los acreedores para que no tengan miedo, porque ellos van a cumplir y seguir pagando. Como ya lo había confesado Cristina cuando todavía era presidenta, “somos pagadores seriales”. Axel Kicillof, por las dudas, ya envió a su ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires a Washington para darles garantías a los pulpos financieros internacionales.

Solo el Frente de Izquierda Unidad tiene un planteo claro y transparente. No hay salida para las y los trabajadores y demás sectores populares si no dejamos de pagar esta deuda externa ilegal, ilegítima, inmoral, fraudulenta y usuraria, cuyo origen está en los días más oscuros de la dictadura genocida. Cualquier independencia económica es utópica si no rompemos con el FMI y todas sus políticas de sometimiento.

Por eso fuimos la única fuerza política que, sin fisuras, repudió la visita de Kristalina Georgieva y se movilizó unitariamente a Plaza de Mayo. También lo hicimos en Neuquén ante la visita de la titular del FMI a Vaca Muerta.

Desde Izquierda Socialista llamamos a seguir fortaleciendo unitariamente al Frente de Izquierda Unidad, la única alternativa que sostiene estos planteos, para avanzar desde allí con un programa de emergencia obrero y popular que resuelva las necesidades populares más urgentes.

La próxima cita de honor será el 6 de agosto, cuando debemos ser decenas de miles movilizados en el Congreso y en todo el país contra la extranjerización que se quiere imponer mediante la modificación de la Ley de Tierras. Hoy, cuando ha vuelto a renacer con fuerza la consigna “Las Malvinas son argentinas”, pelear contra la motosierra de Milei es también hacerlo contra las “otras Malvinas”, saqueadas al servicio de las patronales y el imperialismo por este gobierno entreguista y antiobrero.

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Con las consignas “¡Fuera el FMI! y “No pagar la deuda externa”, el Frente de Izquierda realizó un acto unitario en Plaza de Mayo repudiando la presencia en el país de la directora del FMI Kristalina Georgieva. Hablaron Juan Carlos Giordano (Izquierda Socialista), Gabriel Solano (Partido Obrero), Christian Castillo (PTS) y Celeste Fierro (MST). 

Imagen de portada: Fuente: www.observatoriodetierras.ar


El gobierno de Javier Milei busca eliminar los límites a la compra de tierras rurales por parte de capitales extranjeros. Pretende profundizar un proceso de saqueo que ya avanzó durante distintos gobiernos. Hoy, alrededor de 13 millones de hectáreas están en manos extranjeras, una superficie similar a la de Inglaterra.

Estados Unidos, Italia y España concentran más de la mitad de esas tierras. También aparecen empresas de Chile, Suiza, Uruguay, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, junto con sociedades radicadas en paraísos fiscales. Esos capitales se instalan en territorios estratégicos, ricos en agua dulce, minerales, hidrocarburos, bosques, glaciares o vías navegables.

El mapa elaborado por el Observatorio de Tierras muestra esta situación. En amarillo aparecen los departamentos o localidades donde la propiedad extranjera supera el límite del 15 por ciento fijado por la Ley de Tierras Rurales. En rojo se señalan los territorios ubicados en zonas de frontera que también exceden ese porcentaje. La distribución permite observar que la extranjerización se concentra especialmente sobre la Cordillera, el norte fronterizo, la Patagonia y la cuenca del río Paraná.

Hay 36 departamentos que ya superan el límite legal. En Lácar, Neuquén, y en Molinos y San Carlos, Salta, la extranjerización supera el 50 por ciento. En General Lamadrid, La Rioja, alcanza el 57 por ciento. En Tinogasta, Catamarca, llega al 27 por ciento, mientras que en Iglesia, San Juan, alcanza el 25 por ciento. Son territorios atravesados por proyectos mineros, reservas de agua y ambientes glaciares o periglaciares.

En Misiones, la multinacional chilena Arauco posee más de 230 mil hectáreas, avanza con el monocultivo de pinos y controla parte de importantes cuencas hidrográficas. En Chubut, Benetton concentra unas 900 mil hectáreas en una región marcada por conflictos con comunidades mapuches. Cerca del Paraná, empresas extranjeras controlan tierras, puertos y nodos logísticos fundamentales para el modelo agroexportador.

El próximo 6 de agosto está prevista una nueva convocatoria en el Senado para tratar la denominada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad. Frente a este nuevo intento de saqueo, se están organizando acciones en distintos puntos del país. En el AMBA, la Coordinadora Basta de Falsas Soluciones, el Observatorio de Tierras, la Unión de Trabajadores de la Tierra y otras organizaciones llaman a concentrar frente al Congreso Nacional a partir de la 12. Exigimos a la CGT y las CTA que llamen a un paro general y movilización ese día, para poder garantizar una presencia multitudinaria.

Milei quiere convertir el territorio argentino en una plataforma para las multinacionales, mientras entrega la minería, el agua, los bosques y las vías navegables. Desde Izquierda Socialista planteamos defender la soberanía nacional, impedir nuevas ventas, y expropiar sin indemnización a los grandes latifundios extranjeros y avanzar en una reforma agraria que entregue la tierra a quienes la trabajan. Los recursos naturales deben quedar bajo propiedad estatal y su utilización debe surgir de las decisiones de las y los trabajadores y las comunidades involucradas, al servicio de las necesidades populares.

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Imagen de portada: Las banderas señalan el avance británico sobre el Mar Argentino y las áreas marítimas alrededor de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y Antártida


Escribe José Castillo

Casi al mismo tiempo que crecía el sentimiento popular por Malvinas, nos enteramos de que, a través de un acuerdo británico-israelí, el año próximo comenzará el saqueo a gran escala del petróleo en el área del Mar Argentino cercano a las islas. Todo ante la complicidad del gobierno de 
Javier Milei.

Todos festejamos el triunfo de Argentina sobre Inglaterra en el Mundial. Pero la euforia futbolística se multiplicó cuando la imagen de una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, sostenida por los jugadores de la selección, recorrió el mundo.

Miles de millones recordaron, y otros tantos se enteraron por primera vez, de que hay una parte del territorio argentino invadida por el imperialismo británico, que hace poco más de 40 años hubo una guerra y que los muertos argentinos (“los chicos de Malvinas”) siguen siendo homenajeados con devoción popular en nuestro país.

Pero, en ese mismo momento, se conoció una noticia impactante que demuestra, más que nunca, que Malvinas no es una causa “nostálgica”, sino algo dramáticamente presente.

Una empresa de Israel, Navitas Petroleum, con el 65% del proyecto, y otra de Gran Bretaña, Rockhopper Corporation, con el 35% restante, comenzarán a extraer petróleo a partir de 2028 en el yacimiento Sea Lion del Mar Argentino, sobre la cuenca norte de Malvinas, a 200 kilómetros de Puerto Argentino. Después se supo que también estaría involucrada una empresa naviera chilena, Easter Island Naviera (Empresa de Navegación Isla de Pascua o Easter Island Logistics), ya que se buscaría establecer una nueva conexión comercial entre Malvinas y Punta Arenas.

Se trata de un negocio de proporciones gigantescas. Contemplan inversiones por 1.800 millones de dólares en su primera fase, con el objetivo de extraer 170 millones de barriles y luego duplicarlos. El valor de lo extraído podría superar los 10 mil millones de dólares. Además, negocian expandirse hacia otras zonas. Se calcula que allí hay un tercio del crudo que existe en Vaca Muerta. Es tal la magnitud de lo anunciado que en Londres ya comenzaron a hablar de Malvinas como “la próxima Dubai”.

Esto modifica por completo la situación geoestratégica de las islas. El organismo de promoción económica de los kelpers, Falkland Islands Development Corporation, afirmó que, con los ingresos de esa explotación petrolera, el gobierno kelper podría pagar su propia defensa, que hoy depende del presupuesto de defensa británico. El Estado sionista de Israel, por su parte, se prepara para abrir un consulado honorario en Ushuaia.

Un proyecto con historia

El gobierno de La Libertad Avanza se hizo el “sorprendido” y ensayó una tibia protesta de compromiso. Pero ya se sabía desde diciembre del año pasado, cuando el gobierno de las islas autorizó la explotación. Milei dejó correr el tema y recién presentó una nota formal el 13 de julio, después de que lo hiciera la Secretaría de Malvinas de Tierra del Fuego.

Pero la “protesta” fue tan formal que ni siquiera se abrió un expediente para investigar y sancionar, tal como lo obliga la Ley 26.659/11, que establece las condiciones para la exploración y explotación de hidrocarburos en la plataforma continental argentina y prohíbe cualquier actividad petrolera en el mar continental sin autorización previa y formal del gobierno argentino.

El comienzo del saqueo petrolero de Malvinas tampoco era una novedad. En 2011 ya se había inhabilitado a la misma empresa israelí, Navitas Petroleum, por realizar tareas de exploración en ese yacimiento, junto con Chrysaor Holdings y Harbour Energy, ambas británicas y también sancionadas. Hubo sanciones posteriores en 2015. Finalmente, la Resolución 240/2022 declaró clandestinas las actividades de Navitas e inhabilitó a la empresa por 20 años para operar en el país. También está inhabilitada la otra empresa involucrada, la británica Rockhopper Exploration, así como otras ocho compañías.
El CEO de la empresa israelí Navitas afirmó recientemente que mantuvo contactos con el gobierno de Milei y que no hubo ningún tipo de cuestionamiento. Más aún, el mes pasado el gobierno argentino firmó el Decreto 590/26, mediante el cual instruyó a la Secretaría de Energía a convocar a un concurso público internacional para explorar hidrocarburos en el Mar Argentino, con arbitraje internacional ante conflictos, abriéndoles la puerta a las propias petroleras extranjeras, entre ellas las británicas.

Basta de saqueo y entrega

No hay defensa de la soberanía de Malvinas ni forma de frenar el saqueo con este gobierno ultraderechista. ¡Milei no va más! ¡Fuera ingleses y sionistas del Mar Argentino!

Un primer paso en el camino para recuperar nuestra soberanía es terminar con la entrega de tierras, mares y pozos de petróleo y gas a los capitales británicos, expropiar a quienes ya están usufructuando esas riquezas y comenzar una ofensiva en todos los foros. También hay que romper relaciones con Gran Bretaña y llamar a la solidaridad internacional de los pueblos del mundo contra la ocupación colonial.

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Escribe José Castillo

Las Malvinas son argentinas. En 1833, el imperialismo británico invadió las islas, expulsó a la población local y, mediante el traslado de población importada (“los kelpers”), convirtió a Malvinas en un enclave colonial.

En 1982, el dictador Leopoldo Galtieri, buscando recuperar apoyo ante el creciente repudio obrero y popular, se lanzó a la aventura de recuperar las Malvinas. Creía que contaría con el respaldo del imperialismo yanqui, que obviamente apoyó a los británicos. Lo que sí se produjo fue una gigantesca movilización antiimperialista. Toda Latinoamérica apoyó a Argentina. Los generales genocidas no querían pelear, pero se vieron arrastrados por la marea.

Mientras la asesina Margaret Thatcher hundía ilegalmente y fuera de la “zona de exclusión” el crucero General Belgrano, durante un mes y medio los “chicos de la guerra”, colimbas de 18 a 20 años, junto con un puñado de jóvenes suboficiales y oficiales de baja graduación y un grupo de pilotos de combate, pelearon palmo a palmo, desigualmente armados, contra los invasores. Años más tarde, generales británicos afirmaron que hubo un momento en que la Argentina estuvo a punto de obligar a la flota de los piratas a retirarse. 649 argentinos murieron en la guerra (326 en las islas más los 323 del hundimiento del ARA General Belgrano). A esto hay que sumar 1.657 heridos.

Pero la alta jerarquía militar nunca quiso ganar. No tocó los intereses británicos en el país e incluso garantizó que se siguiera pagando la deuda externa a los acreedores ingleses. Tampoco aceptó la ayuda militar ofrecida por otros países.
Cuando el presidente genocida Leopoldo Galtieri anunció la rendición, una multitud lo repudió en Plaza de Mayo. “Los pibes murieron, los jefes los vendieron”, se escuchó junto al atronador “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”.

El fracaso de la “desmalvinización”

Los gobiernos posteriores se dieron una tarea, “desmalvinizar”, hacer olvidar la gesta antiimperialista.

La dictadura escondió el regreso de los soldados y los presionó para que no dieran testimonios, además de negarles asistencia médica, económica o social para su reinserción. Sin embargo, cuando el 19 de junio de 1982 el crucero británico Canberra arribó a Puerto Madryn con 4.136 soldados argentinos, que fueron trasladados en camiones cerrados a una barraca, el pueblo rompió el cerco militar para llevarles comida.

Los excombatientes se organizaron. Ya el 2 de abril de 1983, en el primer aniversario de la gesta, miles marcharon por las calles reivindicando Malvinas y, a la vez, repudiando a la dictadura. Hoy existen más de 400 organizaciones de excombatientes a lo largo y ancho del país.
Pasaron los años. Los excombatientes crecieron y muchos nunca pudieron recuperarse de la marginación a la que los sometieron los sucesivos gobiernos. Más de 350 se quitaron la vida. En 2005, Gastón Pauls reflejó ese drama en una extraordinaria película que reivindica la gesta malvinera, Iluminados por el fuego.

De los Acuerdos de Madrid a la entrega de Milei

Mientras tanto, los distintos gobiernos que se sucedieron continuaron con la “desmalvinización” y avanzaron en la entrega.

Durante la presidencia de Carlos Menem se firmaron los Acuerdos de Madrid I (1989) y Madrid II (1990), que restablecieron las relaciones diplomáticas y fijaron lo que se llamó un “paraguas de soberanía”, que podría resumirse en la frase “de eso no se habla”. Todo esto formaba parte de la llamada política de seducción a los isleños por parte del peronismo menemista. Esta llegó a ribetes ridículos, como cuando el canciller Guido Di Tella envió ositos de peluche Winnie the Pooh a las familias kelpers. Se firmaron 17 acuerdos con Gran Bretaña, la mayoría relacionados con la conservación de recursos pesqueros, que Gran Bretaña incumplió sistemáticamente, profundizando su accionar pirata sobre el área.

Durante los 12 años del peronismo kirchnerista se dio mayor espacio simbólico a la causa Malvinas. Pero no se dio ningún paso efectivo para hacer lo que hubiera modificado la relación de fuerzas. Ningún interés británico en la Argentina fue tocado. Más aún, se abrieron nuevos, como los avances de British Petroleum y Río Tinto en la megaminería, o la ampliación de las tierras adquiridas por personajes como Joe Lewis en la Patagonia.

En 2016, el gobierno de Mauricio Macri firmó el comunicado conjunto Foradori-Duncan (13/9/2016), que incluía una increíble cláusula en la que nuestro país se comprometió a “remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas/Falklands, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”.

El gobierno ultraderechista de Javier Milei es, sin duda, el más entreguista y probritánico de toda la lista. Afirma públicamente que es un admirador de Margaret Thatcher. Algunos de sus diputados, como Sabrina Ajmechet, dicen que las Malvinas son inglesas. Su primera canciller afirmó que lo definitorio serían los “deseos” de los kelpers, desconociendo su carácter de población implantada. Milei se prepara para coronar su entrega con un Argentine Fest en Londres, un evento para invitar a los capitales británicos a avanzar en el saqueo, ya no solo de Malvinas, sino también de nuestro propio territorio continental.

Las Malvinas son argentinas

La causa Malvinas es antiimperialista, obrera y popular, y crece entre las nuevas generaciones. Nada podemos esperar de estos políticos patronales entreguistas. Solo un gobierno de la izquierda y la clase trabajadora, que ataque de verdad los intereses de las multinacionales imperialistas, rompa con el FMI, deje de pagar la deuda externa y apele a los pueblos de Latinoamérica y a otros pueblos sometidos del mundo, podrá hacer realidad el sueño de la recuperación de las Malvinas Argentinas.

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