Escribe PSL (Partido Socialismo y Libertad), sección venezolana de la UIT-CI (Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores - Cuarta Internacional)
El pasado 3 de enero el gobierno del ultraderechista Donald Trump ejecutó un ataque criminal contra nuestro país. Como resultado del operativo militar fue secuestrado Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, hecho que repudiamos. Aquel día se produjo una verdadera masacre. Más de 100 muertos, entre ellos algunos civiles, y un número similar de heridos, aunque las cifras pueden aumentar en los próximos días. La acción criminal del imperialismo estadounidense venía siendo aupada y promovida desde hacía meses por María Corina Machado y otros representantes de la oposición patronal venezolana.
Con sus primeras declaraciones tras la invasión a Venezuela, ha quedado claro que a Trump solo le interesa el petróleo y demás recursos del país. El descomunal despliegue naval y los bombardeos en el Caribe y el Pacífico nunca fueron realmente por el narcotráfico. A Estados Unidos no le interesan las libertades democráticas, ni la libertad de los presos políticos, como tampoco los salarios ni las condiciones de vida del pueblo venezolano.
Este ataque es la expresión de una contraofensiva global desplegada por Trump que intenta revertir la crisis económica y de dominación hegemónica de los Estados Unidos, en el contexto de la crisis global del capitalismo imperialista. El ultraderechista Trump persigue hacer nuevamente a “América grande”, como dijo en su alocución de ascenso al poder en enero del pasado año, lo que hasta ahora no ha podido concretar.
Después de la intervención militar en Venezuela, Trump dijo que podría haber un segundo ataque a nuestro país, si el gobierno venezolano encabezado por la presidenta interina Delcy Rodríguez, no acataba sus exigencias. Dijo que ahora controlaba el país y que iba a dirigir el comercio de su petróleo. Simultáneamente también amenazó a Cuba, Colombia, México y Groenlandia.
Desde el Partido Socialismo y Libertad rechazamos el plan de Estados Unidos de recolonizar a nuestro país y controlar la explotación y comercialización del petróleo, en el marco del reflotamiento de la Doctrina Monroe y su Corolario Trump. El pasado viernes fue vergonzoso ver a los principales CEO de las transnacionales petroleras reunidas con Trump en la Casa Blanca, definiendo el destino de nuestro petróleo.
Advertimos sobre el peligro de un pacto entre Trump y el gobierno venezolano
No tenemos ninguna confianza en el actual gobierno presidido por Delcy Rodríguez, como no lo teníamos antes con Maduro ni con Chávez. Lo que estamos observando son señales claras de que el actual gobierno chavista está dispuesto a acatar las exigencias de Trump. Poco después que Trump anunciara que Venezuela le entregaría entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, Pdvsa hizo público que está en negociaciones con Estados Unidos para venderle “volúmenes de petróleo”, algo que estaría en consonancia con lo afirmado por Trump. Por otra parte, ya se están dando pasos para el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos cuando lo que correspondería sería romper toda relación con EE.UU y la afectación de sus intereses en Venezuela. A tan solo 6 días del brutal ataque de Estados Unidos, arribó al país una delegación de funcionarios norteamericanos que se dirigió a la embajada en la capital venezolana. Incluso ha trascendido que existe la posibilidad de que Delcy Rodríguez se reúna con Trump.
Lo que está en juego ahora ante el peligro de un pacto del gobierno con Trump es un mayor control y sujeción de Estados Unidos sobre el petróleo venezolano. En palabras del mismo Trump el plan es aumentar la producción para que baje el precio del petróleo en el mercado, un precio que ya venia en bajada. Por ello rechazamos cualquier pacto con Trump. Debemos ser categóricos, si se pacta con el imperialismo va a haber más miseria y expoliación de nuestros recursos y ningún beneficio para el pueblo trabajador.
Nadie puede tener expectativas positivas con esta agresión imperialista, y con los planes de dominación colonial sobre Venezuela. Hay una larga historia de intervenciones militares de Estados Unidos en nuestro continente y en otras regiones, que solo han dejado una estela de muertos, destrucción y mayor sujeción al imperialismo y a sus grandes empresas. No van a haber beneficios ni mejores salarios con Estados Unidos y sus transnacionales. A estas poco le importan las necesidades del pueblo trabajador. No son Trump, un ultraderechista, ni las empresas transnacionales petroleras las que van a solucionar nuestros problemas, por el contrario, vendrían a profundizar la explotación y la destrucción de nuestros bienes comunes naturales. Solo con nuestra organización paciente, nuestra lucha y movilización en cada sitio de trabajo, de estudio y en las comunidades podremos recuperar nuestros derechos y darle respuesta a nuestros principales reclamos.
El chavismo siempre pactó con las transnacionales
Es importante recordar que las empresas transnacionales nunca se fueron de Venezuela. En el año 2007 Chávez asoció a las transnacionales petroleras a Pdvsa a través de la figura de las empresas mixtas. En ese acuerdo entraron Chevron, Repsol, Shell, Total, China National Petroleum, Petrobras, luego ingresarían al esquema Mitsubishi, Lukoil, Gazprom y Rosneft. Las únicas empresas que no entraron en el acurdo de empresas mixtas fueron Exxon Mobil y Conoco Phillips, porque decidieron irse. En el 2010 Chávez otorgó a las transnacionales varios bloques de la Faja Petrolífera del Orinoco, la reserva de crudo más grande del mundo, profundizando así la entrega de nuestro petróleo.
Los acuerdos se concretaron en otros sectores económicos como alimentación, telecomunicaciones y bancario, incluyendo a empresas como Nestlé, Coca Cola, Movistar, DHL, Citibank, y a grandes empresarios nacionales, como el Grupo Cisneros.
Venezuela recibió entre 1999 y 2014 más de 960 mil millones de dólares por exportaciones petroleras. Muy poco de esa gran cantidad de recursos llegó a los trabajadores y sectores populares. Solo algunas políticas asistencialistas y las Misiones, que con el tiempo se fueron diluyendo. La mayor parte de ese dinero fue a negociados turbios y la corrupción, a compras de armas y contratos con grandes transnacionales. Todo esto lo planteamos en un libro que publicamos en el año 2018 titulado “¿Por qué fracaso el chavismo? Un balance desde la oposición de izquierda”, que puede consultarse en la página web: nahuelmoreno.org
El PSL y nuestra corriente socialista revolucionaria encabezada por Orlando Chirino y José Bodas, protagonistas de la lucha contra el golpe de Estado y el paro patronal contra el presidente Chávez en el 2002, siempre se opuso a esta política y luchamos por petróleo 100 % estatal bajo gestión y control obrero, y dimos la pelea por una verdadera salida socialista y un gobierno de las y los trabajadores y el pueblo.
Esta demanda se mantuvo con Maduro quien siempre estuvo de acuerdo en acordar con los Estados Unidos y sus transnacionales. De hecho, en más de una ocasión se dirigió al gobierno estadounidense e incluso a inversionistas de otras zonas del mundo, ofreciéndole nuestras riquezas petroleras.
En junio de 2024, Nicolás Maduro invitó a empresarios extranjeros a invertir en el sector petrolero. En aquella ocasión dijo: "Deben saber los inversionistas de Estados Unidos, de Asia, de África, de toda América Latina y el Caribe, de todo el mundo, que Venezuela es el sitio de las oportunidades y que las inversiones están garantizadas para crecer y darle garantías y seguridad energética al mercado internacional".
Llamamos a rechazar cualquier pacto con el imperialismo norteamericano
Hay que movilizarse por un aumento de salarios y pensiones de emergencia, igual a la canasta básica. ¡Basta de ajuste al pueblo trabajador! ¡Basta de bonificación salarial!; que se discutan las contrataciones colectivas; por el derecho a huelga y la libertad sindical; por la libertad plena de los presos políticos, incluso para las y los que ya han sido excarcelados, libertad para las personas apresadas en el marco de las protestas contra el fraude electoral en julio de 2024. Que se acelere la libertad de los presos anunciada por Jorge Rodríguez. Especialmente exigimos la libertad de las trabajadoras y trabajadores detenidos por luchar, por denunciar la corrupción o por razones políticas, como es el caso de más de 120 petroleros que permanecen detenidos, y que sean restituidos en sus cargos. Reenganche inmediato de los despedidos con pago de salarios caídos. Que cese la represión y la persecución ¡Levantamiento inmediato del decreto de conmoción externa!. Que se abran los medios de comunicación que fueron cerrados. Plenos derechos políticos para el pueblo trabajador. Que se legalicen los partidos políticos de izquierda y democráticos. Reclamamos petróleo 100% estatal, sin empresas mixtas ni transnacionales; impuestos progresivos para todas las empresas transnacionales y grandes empresas nacionales, y que todo este dinero se destine para aumentos de salarios, para salud, educación y producción de alimentos y medicamentos.
Llamamos a rechazar cualquier pacto con el imperialismo norteamericano. Que el gobierno de Delcy Rodríguez en vez de negociar con EE.UU. convoque a los presidentes Petro de Colombia, Lula de Brasil y Sheinbaum de México a impulsar una gran movilización continental y mundial contra los intentos de Trump de imponer un plan de sujeción y control a Venezuela, y seguir el ejemplo de muchos países donde se han producido movilizaciones de rechazo a la invasión norteamericana y en solidaridad con Venezuela.
Caracas, 10 de enero de 2026
Escribe Prensa PSL
Presentamos la traducción de entrevista realizada a nuestro compañero Miguel Ángel Hernández por el periódico turco BirGün, por el periodista Umut Can Firtina.
8 de enero de 2026. Según Hernández, líder del Partido Libertad y Socialismo de Venezuela, Trump intenta presentar a Estados Unidos como una gran superpotencia que ha recuperado su prestigio. Al afirmar que la situación en Venezuela sigue siendo incierta, Hernández afirma: «Los líderes deben lanzar una movilización continental contra la agresión estadounidense».
Mientras las repercusiones del ataque imperialista estadounidense persisten en Venezuela, Trump sigue amenazando a toda la región.
Miguel Ángel Hernández, secretario general del Partido Socialismo y Libertad (PSL) en Venezuela, sección venezolana de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI) y profesor de la Universidad Central de Venezuela, respondió a nuestras preguntas.
¿Qué presenciamos ahora en América con las últimas acciones del imperialismo estadounidense?
Lo que ocurre en Venezuela es un nuevo ataque contra los pueblos de América Latina. Se trata de una intervención armada inaceptable por parte de Estados Unidos, la principal potencia imperialista del mundo. Esto, sin duda, tendrá graves consecuencias para los pueblos del continente. Trump amenaza a Colombia y México, e incluso a países fuera de la región.
Sin embargo, el futuro sigue siendo incierto. Existen muchas contradicciones dentro del establishment político estadounidense; las diferencias entre Trump y Rubio son claramente visibles. Una gran parte de la opinión pública estadounidense se opone a las intervenciones militares en el extranjero; la base del MAGA no comparte esta postura. Tanto demócratas como representantes y senadores republicanos han iniciado una investigación en el Congreso que declara ilegales los bombardeos en el Caribe y el Pacífico.
EL PUEBLO DEBE DETERMINAR SU PROPIO DESTINO
Como PSL, condenamos categóricamente este ataque criminal y cobarde contra el pueblo venezolano. Abogamos porque el pueblo trabajador venezolano decida su propio destino, no el del asesino imperialismo estadounidense. Sin embargo, también adoptamos esta postura desde la oposición de izquierda al gobierno de Maduro. Maduro gobernó con una falsa retórica socialista. En realidad, fue un régimen represivo que implementó una brutal política de ajuste capitalista que condenó a los trabajadores a salarios de miseria y servicios públicos pésimos, con cientos de presos políticos.
El régimen chavista entregó la industria petrolera a corporaciones multinacionales a través de las llamadas empresas mixtas. La multinacional estadounidense Chevron es el principal exportador de petróleo venezolano. Venezuela cuenta con multinacionales petroleras como Shell, Total y ENI, así como empresas japonesas, chinas y rusas; pero Trump quiere que el petróleo venezolano esté controlado principalmente por compañías petroleras estadounidenses, garantizando así las inversiones de China y otros países imperialistas. Ni siquiera se molestaron en ocultarlo.
¿Qué significa para el futuro del mundo la intervención estadounidense en Venezuela, el secuestro del presidente de un estado soberano y la toma del país? ¿Qué cambiará?
Sin duda, sienta un precedente muy grave. No solo secuestraron a Maduro; Trump también afirmó que gobernaría el país hasta que se produjera una transición «segura, apropiada y razonable», y dejó claro que la Casa Blanca determinaría cuándo y bajo qué condiciones. Incluso descalificaron a la ultraderechista María Corina Machado para llevar a cabo esta transición. Amenazaron con un segundo ataque militar y afirmaron que las compañías petroleras estadounidenses recuperarían la industria petrolera en consonancia con los intereses estadounidenses. Resultó que el pretexto del narcotráfico era una farsa, y que el verdadero objetivo de Estados Unidos siempre ha sido apoderarse del petróleo y otros recursos del país. En esta intervención militar, como en invasiones anteriores, ni siquiera se molestaron en ocultarla ni en buscar una resolución de la ONU. Al igual que en otros temas, Trump está desmantelando el orden político establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Afirma su intención de tomar medidas unilaterales para lograr sus objetivos. Pero esto también le resulta difícil. No ha logrado todo lo que prometió; aún enfrenta contradicciones y limitaciones.
Esta agresiva política del imperialismo estadounidense busca intensificar el saqueo de los recursos naturales bajo el falso pretexto de una «guerra contra las drogas», incrementar aún más la explotación extrema de los pueblos y frenar los movimientos de masas que están acorralando al sistema capitalista/imperialista en su crisis más profunda.
Todos estos ataques forman parte de la contraofensiva global lanzada por Trump. Esta contraofensiva busca revertir la crisis de hegemonía estadounidense y la crisis económica; esta crisis, a su vez, forma parte de la crisis global del imperialismo capitalista.
Como dijo Trump al asumir el cargo en enero, está intentando «hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande», aunque aún no lo haya logrado. Esto también se refleja en su apoyo incondicional al genocidio y la limpieza étnica de Netanyahu en Gaza y en toda Palestina; tampoco allí pudieron lograr una victoria decisiva.
¿Qué debemos esperar ahora que Trump ha declarado que consolidará el dominio estadounidense en el hemisferio occidental? ¿Cómo lo hará? ¿Cuáles son sus objetivos?
El recién publicado Documento de Seguridad Nacional de EE. UU. establece el objetivo de «revisar» la Doctrina Monroe de 1826: «América para los estadounidenses». El control del hemisferio occidental es el objetivo principal. La intervención militar en Venezuela sería la primera expresión real de la «interpretación de Trump» mencionada en el documento.
Trump declaró que controlan Venezuela, que su objetivo es asegurar el petróleo y las inversiones estadounidenses en ese sector, y amenazó con una segunda intervención militar. Dijo que se reunió con la presidenta interina del país, Delcy Rodríguez, y que ella está dispuesta a cooperar. Sin embargo, esto aún no está claro.
El chavismo sigue en el poder en Venezuela. No es casualidad que amenazara a Rodríguez con una segunda intervención mucho más fuerte si no cumple con las demandas estadounidenses, principalmente la apertura de la industria petrolera a las multinacionales estadounidenses. Por lo tanto, la situación en Venezuela sigue abierta. Una nueva intervención es una posibilidad, pero no es sencilla; Invadir y controlar el país con tropas estadounidenses no es fácil. Existe una situación incierta y sin resolver; esto refleja tanto la debilidad del imperialismo estadounidense para materializar sus intenciones como las enormes contradicciones dentro del establishment político estadounidense.
Trump intenta presentar a Estados Unidos como una gran superpotencia que ha recuperado su prestigio; afirma que se trata de la mayor operación militar desde la Segunda Guerra Mundial, amenazando con valentía a Colombia y México, pero ni siquiera ha resuelto por completo la situación en Venezuela.
¿Cómo está reaccionando y comportándose el pueblo venezolano ante la última intervención imperialista estadounidense?
La mayor deficiencia en Venezuela actualmente es la falta de movilización masiva contra la invasión estadounidense. Salvo pequeñas acciones convocadas por el gobierno —principalmente con la participación de militantes del partido gobernante, milicias y funcionarios del aparato estatal—, las ciudades, especialmente la capital, Caracas, están tranquilas.
El sábado y el domingo, la actividad social y económica se detuvo casi por completo. Las calles de Caracas estuvieron desiertas ambos días. Esta falta de movilización masiva contrasta marcadamente con las grandes marchas y manifestaciones que tuvieron lugar en respuesta al intento de golpe de Estado contra Chávez en 2002. Esas movilizaciones masivas fueron precisamente las que derrotaron el golpe y aseguraron el regreso de Chávez al poder.
Las grandes expectativas que existían durante la era Chávez, la conciencia política y antiimperialista adquirida en la lucha contra el golpe y el sabotaje petrolero, se desvanecieron gradualmente a medida que el chavismo no avanzaba hacia el socialismo, quedando estancado en simples reformas y casi desapareciendo entre la burocracia y la corrupción.
El país ha experimentado una profunda crisis durante la última década. Las sanciones imperialistas, iniciadas en 2017 y 2019, y las brutales políticas de ajuste capitalista implementadas por el gobierno de Maduro exacerbaron la crisis, haciendo pagar las consecuencias al pueblo y a la clase trabajadora. Las multinacionales petroleras y otras empresas extranjeras en diversos sectores económicos han mantenido su presencia en Venezuela; las duras políticas de ajuste han reducido el salario mínimo por debajo de un dólar; el gasto social ha disminuido drásticamente y, sumado a la corrupción masiva en las instituciones estatales, los servicios públicos, la industria petrolera, la electricidad e industrias esenciales como el hierro, el acero y el aluminio, han colapsado.
Por otro lado, el gobierno comenzó a tornarse más autoritario a partir de 2016; el año pasado cometió un flagrante fraude electoral. Hoy en día, hay cientos de presos políticos, muchos de los cuales fueron detenidos durante las protestas contra el fraude electoral de 2024. Todo esto ha provocado la emigración de millones de personas; aproximadamente 7 millones de venezolanos han abandonado el país en la última década. Todo esto ocurrió mientras el gobierno se autodenominaba «socialista», creando una confusión generalizada.
Este contexto social, económico y político explica por qué una parte significativa de la población venezolana apoya o acepta pasivamente la intervención estadounidense. Precisamente por eso no hay hoy movilizaciones masivas en rechazo a la intervención imperialista.
LÍDERES CONTINENTALES DEBEN UNIRSE
¿Qué deben hacer los líderes y el pueblo?
Lo importante en este momento es que gobiernos como Petro en Colombia, Sheinbaum en México y Lula en Brasil convoquen a una gran movilización continental contra la agresión militar estadounidense contra Venezuela. Ya se han iniciado acciones en este sentido en Estados Unidos, España, Argentina, México y otros países.
Publicado originalmente en:
https://www.birgun.net/haber/venezuela-ozgurluk-ve-sosyalizm-partisi-lideri-tum-kita-birlikte-direnmeli-682435
Escribe Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional
3/1/2026. Luego de los bombardeos criminales, del 3 de enero, con helicópteros y drones por parte del gobierno del ultraderechista Donald Trump contra diversas instalaciones militares y civiles (se desconoce aún cuántos muertos hubo) en Caracas y en los estados La Guaira, Miranda y Aragua y del repudiable secuestro del presidente Nicolas Maduro y su esposa, Donald Trump afirmó, en su conferencia de prensa, que Estados Unidos asumirá el control de Venezuela por tiempo indefinido.
Sostuvo que Washington dirigirá el país hasta que se concrete una transición “segura, adecuada y juiciosa”, y dejó en claro que será la Casa Blanca la que determine cuándo y en qué condiciones se producirá esa transferencia. A tal punto anunció que sería su propio gobierno el que maneje esa “transición” que Trump ignoró mencionar al opositor González Urrutia y hasta descalificó a la derechista María Corina Machado para esa “transición”.
O sea, Trump ha dado un paso más en concretar sus amenazas de invadir Venezuela. Y se sacó la falsa careta de “lucha contra el narcotráfico” al anunciar que asumiría el control de Venezuela para “reconstruir” la industria petrolera que, insólitamente, siguió argumentando que les fue “robada” (sic). Trump aseguró que las empresas estadounidenses “repararán” la infraestructura petrolera para comenzar a operar y “generar dinero” para los EE.UU. Así Trump confirma que su objetivo es recolonizar Venezuela, instalar una especie de protectorado, para robar su petróleo con las multinacionales yanquis.
De hecho, Trump amenaza con nuevas acciones militares y una invasión ya que todavía no existe ese el gobierno “de transición” que anunció.
Por ahora, el gobierno venezolano, en nombre de la vicepresidente Delcy Rodríguez repudió la agresión y el secuestro de Maduro convocando a resistir. Cuando Trump había anunciado que la vicepresidente se “ponía a disposición”.
Trump ante las preguntas de las y los periodistas, dijo que estaban “preparados para una segunda acción” y que “no tendrían problemas de poner tropas norteamericanas en el terreno. Por eso los pueblos del mundo deben seguir impulsando la movilización contra Trump y su intento de invadir y controlar Venezuela. Nada está terminado en Venezuela.
Desde el mes de septiembre, Venezuela venía siendo objeto de amenazas por parte del imperialismo estadounidense, con un gigantesco despliegue militar en el Caribe, el más grande en la región desde la invasión a Panamá en 1989. En las últimas semanas, el operativo bélico que Estados Unidos denominó «Lanza del Sur» fue adquiriendo proporciones cada vez mayores: más de 20 bombardeos a embarcaciones con un saldo de más de un centenar de asesinados; el bloqueo al transporte de petróleo venezolano; la incautación de buques.
Se trata de un ataque sin precedentes contra Venezuela perpetrado por Estados Unidos, la principal potencia imperialista del mundo.
Esta política agresiva del imperialismo norteamericano, bajo el cuento de la lucha contra el narcotráfico, busca redoblar el saqueo de los recursos naturales de los países, la sobreexplotación de los pueblos del mundo, y frenar la movilización de masas que jaquea al conjunto del sistema capitalista/imperialista, sumido en su crisis más profunda.
Todos estos ataques son parte de una contraofensiva global desplegada por Trump que intenta revertir la crisis de dominación y económica de los Estados Unidos, que es parte de la crisis global del capitalismo imperialista. Trump persigue hacer nuevamente a “América grande”, como dice su lema, hasta ahora sin éxito. Más recientemente todo esto se ha expresado en su apoyo incondicional al genocida Netanyahu y la limpieza étnica en Gaza y toda Palestina, donde aún no han podido cantar victoria.
Nuestro categórico repudio a este criminal y cobarde ataque contra el pueblo venezolano lo hacemos desde la oposición de izquierda al gobierno de Nicolás Maduro, quien encabeza, bajo un falso discurso socialista, un régimen represivo y autoritario con centenares de presos políticos y que aplica un brutal ajuste capitalista, sometiendo al pueblo trabajador a salarios de hambre y pésimos servicios públicos. Pero la UIT-CI y el Partido Socialismo y Libertad (PSL), su sección venezolana, consideramos que es el pueblo trabajador venezolano el que debe resolver su destino y no el imperialismo genocida de los Estados Unidos. Por eso repudiamos la agresión imperialista como cualquier nuevo ataque militar o intento de invasión al país.
Desde la UIT-CI llamamos a los pueblos de América Latina y el mundo a repudiar y a movilizarse para repudiar la agresión, el secuestro de Maduro y su esposa, la nueva amenaza de segundo ataque y de invasión norteamericana para imponer un gobierno propio, títere de EE.UU. y sus multinacionales. Ya hubo marchas de repudio en New York, Washington y otras ciudades de EE.UU. como en distintas ciudades de Europa y América Latina. Mamdani, el nuevo alcalde musulmán y socialista de New York, repudió también la agresión de Trump. “El ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente”, dijo el The New York Times (Comité Editorial, 3/1/2026).

Rechazamos el apoyo del presidente argentino, el ultraderechista Javier Milei, a la intervención militar de Trump. Por otro lado, las y los presidentes de Colombia, de Brasil y de México, Petro, Lula y Claudia Sheinbaum, han rechazado las amenazas agresivas de Trump. Proponemos que convoquen a una movilización continental para derrotar la agresión colonial de Trump. Cosa que hasta ahora no ha ocurrido. Que las organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles, de mujeres y disidencias, que se reclaman democráticas y antiimperialistas convoquen en cada país a movilizaciones unitarias en las calles o frente a embajadas o consulados de los Estados Unidos. ¡No a la intervención militar de Trump y el imperialismo sobre Venezuela! ¡Basta de bombardeos criminales en Venezuela, el Pacífico y el Caribe! ¡Repudio al secuestro de Nicolás Maduro! ¡Fuera Trump de Venezuela y América Latina!
Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)
3 de enero 2026
Escriben UIT-CI, LIT-CI y RCTI
28/12/2025. El gobierno de Estados Unidos que preside el ultraderechista Donald Trump, avanza en su ofensiva belicista e injerencista en el Caribe, y en particular contra Venezuela.
En diciembre ha declarado un bloqueo absoluto a los petroleros que entren o salgan del país, después de haber secuestrado arbitrariamente varios buques provenientes de este país, apropiándose de toneladas de petróleo venezolano. Eso después de haber perpetrado casi tres decenas de ataques contra embarcaciones en el mar Caribe y el Pacífico, dejando un saldo de una centena de muertos, con el falso argumento del “combate al narcotráfico”.
Esto representa algo extremadamente grave para un país sumamente dependiente de los ingresos por exportaciones petroleras.
Junto con eso Trump está preparando una intervención militar de Venezuela para sacar a Maduro e imponer un gobierno de ultraderecha. Para eso ha estacionado una gigantesca flota naval de guerra en el Caribe. Sea por vía de la invasión, un ataque aéreo o por la asfixia económica, el objetivo es el mismo: imponer un gobierno títere en el país.
Los argumentos de la “guerra contra las drogas” son sólo un pretexto para la maniobra imperialista. El historial de las intervenciones yanquis muestra que su política no tiene la menor intención de combatir el narcotráfico. Por el contrario, las agencias federales de EE. UU. han colaborado con los carteles narcotraficantes en México y Colombia, y sus intervenciones no han servido para parar el tráfico, sino para reorganizarlo bajo control yanqui. El indulto de Trump a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras que cumplía una pena de 45 años de prisión en EUA por narcotráfico, muestra la farsa.
El recién publicado documento sobre Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno Trump explicita su objetivo de tener gobiernos títeres en Latinamérica. Ya no bastan gobiernos pró imperialistas, que apliquen planes neoliberales y abran la economía a las multinacionales. Quieren gobiernos de ultraderecha, completamente sometidos a Trump. Para eso, hacen inclusive presiones económicas y políticas para influenciar en las elecciones. Están avanzando con Milei, Kast, Bukele, Asfura y quieren más con el uribismo en Colombia.
Como parte de eso, Trump ha rechazado la propuesta de Maduro de entregar todo el petróleo y los minerales del país a cambio de quedarse en el poder, como ha reseñado el New York Times. Trump quiere imponer, de la forma que sea, a María Corina Machado, como un gobierno títere. Sin embargo, Trump no tiene todo a favor. Más del 70 por ciento de las y los estadounidenses se oponen al plan de invasión y agresión a Venezuela.
Esa postura del gobierno de EUA tiene enorme gravedad ya que afectará a los trabajadores en Venezuela; a los venezolanos residentes en otros países y los pueblos de Latinoamérica como un todo. Hace décadas que no se produce una agresión militar o una invasión directa de EUA en el continente.
Por eso llamamos a una amplia campaña unitaria con todos aquellos que están contra la imposición del imperialismo sobre Venezuela y Latinoamérica. Hasta este momento no hay aún una movilización antiimperialista contra la intervención de Trump a la altura de la magnitud de la amenaza existente. Es muy importante y urgente revertir eso y avanzar en la unidad de acción ante la gravedad de los hechos.
Ninguna confianza en Maduro
Pelear contra Trump y su intervencionismo no significa, bajo ningún concepto, dar algún tipo de apoyo político a Maduro. Su gobierno no tiene nada de antiimperialista y menos aún de socialista. De hecho, hasta el día de hoy la transnacional estadounidense Chevron sigue operando en Venezuela y es la principal explotadora y exportadora de petróleo venezolano. Es una dictadura capitalista que gobierna aplicando un ajuste contra el pueblo trabajador, un gobierno de doble discurso y falso socialismo.
El salario de los trabajadores venezolanos ha sido pulverizado por la inflación. Hoy el sueldo mínimo equivale a menos de un dólar por mes. Los derechos laborales y sindicales han sido conculcados como parte de la política ajustadora pro patronal y antiobrera de Maduro. Los servicios básicos se encuentran en el más completo deterioro como consecuencia de todo esto.
Las sanciones imperialistas y ahora está ofensiva belicista e injerencista no hacen más que agravar está situación, deteriorándose aún más las ya dramáticas condiciones de vida del pueblo trabajador.
Por eso, estaremos en la primera fila del combate contra la intervención de Trump en Venezuela, pero sin dar apoyo político, ni depositar confianza en Maduro.
Hagamos una fuerte y unitaria campaña antiimperialista
Rechazamos las declaraciones de Donald Trump, reclamando «le sean devueltos a los Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y demás activos que les robaron”, como sí estos recursos alguna vez hubiesen sido suyos. Lo cierto es que quién históricamente ha venido saqueando los recursos energéticos, petroliferos, minerales, tierras y demás ha sido el imperialismo norteamericano, en connivencia con los gobiernos de turno venezolanos, tanto los del puntofijismo, como los chavistas y más aún el actual de Maduro. Lo que Trump pretende, en su disputa interimperialista en el continente, es reforzar y reasegurar este saqueo, con un gobierno títere, como el de María Corina Machado y el sector burgués que esta representa.
El gobierno de Maduro, por su parte con su política ajustadora y represiva no hace más que facilitar una eventual intervención al aumentar el repudio hacia su régimen dentro de la población trabajadora.
En tal sentido, consideramos que el enfrentamiento consecuente al imperialismo pasa por unificar a los trabajadores y al pueblo venezolano para exigir al gobierno de Maduro un programa que parta de exigir la defensa de las libertades democráticas, la liberación de los presos políticos que repudien la agresión imperialista; exigir que se aumente el salario mínimo mensual y las pensiones al nivel de la canasta básica; se restituyan los derechos laborales, contractuales y sindicales cercenados, se pare la represión a las organizaciones de los trabajadores; se otorguen derechos políticos a los partidos de izquierda como el PCV, PPT, Marea Socialista, el PSL, entre otros; cese de la entrega de los recursos del Arco Minero del Orinoco (AMO) y la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO), y el rechazo a la injerencia imperialista y sus amenazas de intervención.
Es preciso que desde las organizaciones del movimiento obrero y de masas impulsemos la más amplia unidad de acción para rechazar y enfrentar las agresiones militares, los bombardeos criminales en el mar Caribe y el Pacifico, el bloqueo petrolero, todas estas acciones de guerra, así como una eventual intervención militar. En cualquier enfrentamiento entre las fuerzas armadas de EE. UU. y Venezuela, los trabajadores y las organizaciones populares deben abogar por la victoria militar de esta última y la derrota del imperialismo yanqui.
En los Estados Unidos identificamos como estos ataques imperialistas están directamente ligados a los ataques del gobierno de Trump contra la clase trabajadora norteamericana, e igualmente con el largo historial de intervenciones de EE. UU. contra América Latina y la clase trabajadora en general, y alentamos la movilización de masas para frenarlo totalmente, incluyendo la anulación sin pago de todas las deudas neocoloniales que controla EE. UU.
Los gobiernos latinoamericanos que dicen oponerse a la intervención de Trump deben convocar a movilizar, cosa que hasta ahora no hacen. ¡Que Lula, Petro, Sheinbaum -que dicen rechazar la intervención de Trump- convoquen a jornadas de movilización y ayuden directamente Venezuela a evadir las sanciones, ayudando a exportar e importar bienes y brindándole apoyo militar contra la agresión yanqui.
El llamado es a los trabajadores y los pueblos de Estados Unidos y Latinoamérica a unificarnos y movilizarnos contra las acciones que viene llevando a cabo el imperialismo norteamericano en el continente, las cuales deben ser denunciadas como lo que son, acciones de guerra, contra todos los pueblos de este continente en general y contra el venezolano en particular
¡Total y categórico rechazo al bloqueo naval contra Venezuela y su petróleo venezolano!
¡No al robo del petróleo venezolano y el secuestro de buques de transporte del mismo!
¡Abajo las sanciones imperialistas contra Venezuela!
¡Basta de bombardeos y asesinatos en el Caribe y el Pacífico!
¡No a la invasión de Venezuela!
¡Ninguna confianza en Maduro!
¡Armas para los trabajadores! ¡Amplias libertades para movilizar contra el imperialismo! ¡Suspensión del pago de deudas, de contratos entreguistas de los recursos del Orinoco!
¡Todo el rechazo a las acciones de guerra de Donald Trump en el Continente!
¡Que Lula, Petro, Sheinbaum -que dicen rechazar la intervención de Trump- ayuden directamente a Venezuela a repeler militarmente estas acciones!
¡Fuera Trump y el imperialismo norteamericano de América Latina y el Caribe!
Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional (LIT-CI, www.litci.org)
Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI, www.uit-ci.org)
Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (CCRI, www.thecommunists.net)
28 de diciembre de 2025
Escribe Trabalhadores Unidos, sección de la UIT-CI en Portugal
22/12/2025. Como ocurre con prácticamente todas las grandes luchas sociales, la Huelga General fue seguida inmediatamente por una guerra de cifras. Por un lado, el gobierno y los representantes de la patronal se apresuraron a minimizar el impacto de la huelga, con el ministro Leitão Amaro sugiriendo que la huelga podría haber tenido un 0% de participación; por otro, las federaciones sindicales decidieron inflar la magnitud de la huelga, afirmando que había 3 millones de huelguistas. Las cifras no cuadran para ninguno de los dos bandos, y no es casualidad. Las cifras aquí son menos un reflejo fiel de la realidad y más un arma política en una disputa sobre el significado de la huelga.
Pero incluso descartando exageraciones y manipulaciones, hay un hecho innegable: la Huelga General tuvo un impacto real y significativo. Afectó a sectores estratégicos de la economía, causó pérdidas sustanciales y visibilizó, aunque de forma desigual, la fuerza social de la clase trabajadora. Esto cobra mayor relevancia al ocurrir en un contexto caracterizado por una débil organización de base, la ausencia de asambleas masivas en los centros de trabajo y una preparación muy limitada para la movilización activa.
Ante el anuncio de la huelga, el gobierno intentó intervenir políticamente para desmovilizarla y fragmentarla. Lo hizo mediante maniobras de última hora, como la vaga promesa de un salario mínimo de 1600 euros con vigencia indefinida, o la afirmación de que la anunciada reforma laboral no tendría efecto en el sector público, en un claro intento de apartar de la lucha a uno de los batallones más numerosos y combativos de la clase trabajadora. Estas operaciones no pretendían atender las reivindicaciones, sino reducir el alcance político de la huelga y debilitar su legitimidad social.
Es en este contexto —en medio del choque de narrativas, el impacto objetivo de la huelga y las maniobras del gobierno— que se hace necesaria una evaluación política seria de la Huelga General. No para ajustar cuentas estadísticas, sino para comprender lo que esta lucha reveló sobre el equilibrio de poder, las limitaciones existentes y, sobre todo, los desafíos que se plantean para la continuación de la lucha.
La huelga general se hizo sentir, tanto en el sector público como en el privado
Contrariamente a lo que el gobierno intentó imponer en la narrativa pública, la Huelga General estuvo lejos de ser insignificante. A pesar de las declaraciones que buscaban reducir la huelga a una acción residual, hablando de una minoría aislada en un país que supuestamente funcionaba con normalidad, la realidad del 11 de diciembre fue muy distinta: servicios interrumpidos, sectores paralizados y pérdidas económicas significativas demuestran que la huelga tuvo una expresión social concreta y un alcance innegable.
Como era de esperar, el impacto fue especialmente visible en el sector público, donde la influencia de la organización sindical es mayor y el temor a represalias por parte de los superiores es generalmente menor. Trenes cancelados, cientos de vuelos cancelados, hospitales operando con servicios mínimos y escuelas cerradas de norte a sur del país dejaron claro que una parte significativa de los trabajadores respondió a la convocatoria de huelga. Estas cifras por sí solas desmantelan el intento del gobierno de presentar la jornada como una jornada de normalidad sin incidentes.
Pero el elemento políticamente más relevante de esta Huelga General fue el nivel de participación en el sector privado, superior al habitual en movilizaciones de este tipo. En un contexto marcado por la precariedad, la fragmentación y la fuerte presión patronal, muchos trabajadores decidieron paralizar sus labores. La explicación es sencilla: el paquete de cambios a la legislación laboral, presentado como una reforma «técnica», se percibe cada vez más como lo que realmente es: un ataque directo a los derechos, los salarios y las condiciones laborales, con consecuencias especialmente duras para quienes trabajan en el sector privado.
Esta percepción se tradujo en una participación significativa no solo en los sectores más organizados de la industria, sino también en áreas marcadas por la precariedad y la alta rotación de personal, como los centros de llamadas o la distribución. El hecho de que la huelga se sintiera en estos sectores revela un descontento acumulado , a menudo vinculado a problemas muy específicos en el ámbito laboral: horarios irregulares, bajos salarios, empleo inestable, acoso laboral y ritmos de trabajo insostenibles.
Según el indicador diario de actividad económica del Banco de Portugal, la actividad económica en Portugal cayó un 8% el día de la Huelga General, convirtiendo el 11 de diciembre en la segunda mayor caída económica de todo el año. Solo el día del apagón registró un impacto mayor, con una caída del 14,7%. Estas cifras refutan directamente las declaraciones del ministro Leitão Amaro, quien calificó la huelga de «insignificante». La economía no se detuvo por casualidad: se detuvo porque miles de trabajadores se declararon en huelga.
Estos datos son fundamentales para cualquier evaluación seria de la Huelga General. Incluso con una preparación limitada, sin una fuerte dinámica de organización de base y bajo la intensa presión política del gobierno para desmovilizarse, la huelga logró expresar una verdadera reserva de lucha entre los trabajadores. Una reserva que no desaparece al día siguiente del paro y que demuestra, en la base del movimiento sindical, la capacidad de continuar la lucha contra la ofensiva gubernamental.
Las artimañas del Gobierno y la derecha para desactivar la lucha
Tras esta reacción inicial, marcada por un intento de minimizar el impacto de la Huelga General, el gobierno ajustó rápidamente su discurso. A la negación le siguió una apertura controlada a la «negociación», designando inmediatamente a la UGT ( Unión General de Trabajadores) como interlocutor privilegiado. Este cambio no es una señal de retroceso político, sino parte integral de la estrategia del ejecutivo para aprobar la reforma laboral y neutralizar la protesta social.
Como han destacado varios comentaristas, incluido Marques Mendes , en el contexto de su candidatura presidencial, la UGT ha funcionado históricamente como el principal interlocutor del gobierno en el diálogo social, a pesar de presentarse como representante de los intereses de los trabajadores. Controlada por figuras vinculadas a los partidos PS y PSD , la UGT desempeña un papel central en la legitimación de acuerdos que permiten ataques a los derechos laborales, a la vez que contribuye a desmovilizar la lucha.
Desde el principio, el gobierno y la patronal supieron que una reforma laboral de esta magnitud no quedaría sin respuesta. El cálculo es simple: presentar un paquete profundo e integral, admitir que algunas medidas deberán eliminarse y asegurar que las esenciales —la desregulación laboral, el debilitamiento de la negociación colectiva y el aumento de la precariedad laboral— sigan adelante. No es casualidad que, en la fase inicial, las críticas se centraran casi exclusivamente en los cambios en los derechos parentales, preparando el terreno para una posible concesión drástica que permitiera salvar el resto del paquete.
En este momento, el gobierno evalúa exactamente cuánto debe ceder para que la UGT (Unión General de Trabajadores) pueda firmar un acuerdo y cumplir su función política: presentar el resultado como un «posible equilibrio» y ayudar a frenar la continuación de la lucha. La inclusión de algunas medidas específicas que pueden presentarse como favorables a los trabajadores, en medio de un mar de ataques, encaja en la misma lógica de legitimación y confusión.
A la derecha del gobierno, el papel es complementario. André Ventura y Cotrim de Figueiredo afirman repetidamente que el paquete también tiene aspectos «positivos», apoyando la lógica de que no debe rechazarse en su totalidad y que simplemente limar algunas asperezas bastará para su aprobación. Esta narrativa no es casual: sirve para convertir el debate en una discusión técnica, fragmentando a la oposición y creando las condiciones para que la reforma avance con pequeños ajustes.
Pero este es precisamente el punto central. Este paquete laboral no se trata de una corrección ni de una negociación parcial. Es un ataque integral a los derechos de la clase trabajadora y, como tal, debe ser derrotado en su totalidad. La postura del gobierno, la derecha parlamentaria y sus aliados en el diálogo social confirma que la ofensiva continúa y que solo la continuación de la lucha puede detenerla.
Debemos seguir luchando para derrotar el paquete laboral
La Huelga General demuestra la voluntad de lucha , incluso en el sector privado, donde la movilización suele ser más difícil. Al mismo tiempo, ha quedado igualmente claro que el gobierno y la derecha no han cedido en su ofensiva: simplemente intentan reorganizar su estrategia para salir adelante, combinando negociaciones controladas, concesiones quirúrgicas y maniobras de desmovilización. De esta confluencia de factores, surge una conclusión inevitable: es necesario seguir luchando y empezar a prepararse para la próxima jornada de acción ya.
Esta continuidad no puede basarse en la repetición mecánica de formas vacías de lucha. Requiere, ante todo, un esfuerzo consciente para mejorar la organización de base. Sesiones informativas en los centros de trabajo, asambleas democráticas que involucren a los trabajadores en la discusión del paquete laboral y las respuestas, y la coordinación entre sectores y empresas: todo esto es esencial para transformar el descontento existente en una fuerza organizada capaz de enfrentarse al gobierno y a la patronal.
Es en este contexto que resulta necesario criticar la convocatoria de la CGTP a una manifestación para el 13 de enero. El problema no reside en la idea de continuar la lucha —que no solo es correcta sino necesaria—, sino en el método elegido. Convocar una manifestación un martes a las dos de la tarde, sin una huelga asociada, garantiza desde el principio una protesta reducida, con media docena de dirigentes sindicales y poca o nula participación real de los trabajadores. Este tipo de iniciativa no fortalece la lucha; al contrario, la conduce a un callejón sin salida , transmitiendo una imagen de aislamiento y agotamiento en un momento en que es necesario ganar confianza y ampliar la movilización.
No es necesario esperar a la reunión entre el gobierno y la UGT, prevista para el 7 de enero, para comprender lo que está en juego. Independientemente del resultado de estas negociaciones, el objetivo del ejecutivo sigue siendo el mismo: aprobar los puntos esenciales del paquete laboral. La respuesta de la clase trabajadora no puede depender de este calendario ni de las maniobras del diálogo social. El reto es otro: preparar luchas a la altura del ataque, con métodos que fortalezcan la participación, la unidad y la confianza de los trabajadores. Solo así será posible detener la ofensiva en curso y avanzar hacia la derrota total del paquete laboral. Los Trabajadores Unidos reafirman su compromiso con este camino para transformar la voluntad de lucha en una fuerza organizada, consciente y capaz de vencer. Es en este esfuerzo colectivo en el que seguiremos comprometidos.
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