Oct 29, 2026 Last Updated 1:28 PM, Oct 29, 2026

Izquierda Socialista

Maysam Abuhindi – Partido de la Democracia Obrera de Turquía. Sección de la UIT-CI

28/10/2026.Los colonizadores votaron el martes. Lo hicieron por cuarta vez en cinco años para decidir quién gestionará el despojo del pueblo palestino. La participación alcanzó el 77,7 por ciento, la cifra más alta desde 1999. El cuerpo político de los colonos se movilizó en cifras récord para elegir entre dos administradores de un mismo proyecto.

Según los votos escrutados, el bloque de Netanyahu contaría con 53 escaños en la Knéset —por debajo de los 61 necesarios para obtener la mayoría—, mientras que la oposición sumaría 48. Los sondeos a pie de urna situaban al Likud como el partido más votado, con unos 26 escaños, frente a los 21 del partido Yashar, de Gadi Eisenkot. El recuento definitivo se conocerá el viernes y los resultados oficiales, el 4 de noviembre. En cuanto finalice el escrutinio, comenzarán las negociaciones para formar coalición; el presidente Herzog designará a un candidato, quien dispondrá entonces de 42 días para constituir un gobierno. Más allá de quién encabece la contienda, lo que realmente importa es el terreno sobre el que ésta se ha librado. Eisenkot es exjefe del Estado Mayor del ejército que arrasó Gaza. Naftali Bennett, otro pilar de su bloque, cimentó su carrera sobre la expansión de los asentamientos. El «cambio» que propone la oposición es, en realidad, un mero cambio de rostros: la guerra, el asedio, los asentamientos y el ordenamiento jurídico basado en el *apartheid* permanecen intactos, gobierne quien gobierne.

Netanyahu cerró su campaña arremetiendo contra los palestinos que residen en los territorios de 1948. Calificó a los votantes árabes de «partidarios de los Hermanos Musulmanes» y los acusó de irrumpir en los colegios electorales y de robar las elecciones. El orden colonial siempre ha considerado la presencia palestina como una amenaza, y el proceso electoral no es una excepción. Los ciudadanos palestinos respondieron con una participación récord. Según informó *Haaretz*, la afluencia de votantes árabes no tuvo precedentes, y las proyecciones apuntaban a que los partidos árabes obtendrían, en conjunto, 19 escaños. Se trata de una expresión genuina de la voluntad popular, pero que choca con un límite infranqueable: nunca ha habido un bloque palestino en un gobierno que ejerza su dominio sobre los territorios ocupados, y ninguna cifra de escaños cambiará esa realidad. El parlamento, dentro de un régimen colonial de asentamiento, es una herramienta del colonizador; los palestinos lo utilizan de manera defensiva para mantener sus posiciones.

En Gaza, el alto el fuego anunciado el 10 de octubre de 2025 no ha detenido las matanzas. Más de 100 organizaciones humanitarias y de derechos humanos han declarado que dicho alto el fuego existe solo en el papel, mientras las fuerzas israelíes siguen matando e hiriendo a palestinos a diario. El Ministerio de Salud de Gaza registra 1.493 muertes desde el inicio de la tregua, elevando la cifra acumulada a 74.382 hasta el 12 de octubre. La oficina de derechos humanos de la ONU en el territorio ocupado verificó 1.076 muertes relacionadas con el conflicto entre el anuncio de la tregua y finales de julio de 2026, incluidas 268 de menores. La llamada «línea amarilla» fragmenta la Franja; según informa Islamic Relief, ésta otorga a Israel el control de aproximadamente el 65 por ciento de Gaza, confinando a cerca de 2,1 millones de personas en el 35 por ciento restante. La organización Médicos por los Derechos Humanos (Physicians for Human Rights) ha constatado que ninguno de los 36 hospitales de Gaza funciona a plena capacidad. En julio, la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC) informó que más de 1,2 millones de personas —el 59 por ciento de la población— se enfrentan a una inseguridad alimentaria en niveles de crisis o peores, advirtiendo además que podría desencadenarse una nueva hambruna. Una Comisión de Investigación de la ONU concluyó en dos ocasiones —en septiembre de 2025 y nuevamente en junio de 2026— que Israel ha cometido genocidio. La reconstrucción prometida en el acuerdo de alto el fuego no ha comenzado, y la transición en la gobernanza permanece estancada. La entrada de camiones con ayuda humanitaria queda sujeta al arbitrio de la potencia ocupante: durante la primera semana de octubre ingresaron 829 camiones —un 43 por ciento menos que la semana anterior—, mientras que el paso de Rafah permaneció cerrado para los pasajeros.

El proyecto colonial ha desplazado su centro de gravedad hacia Cisjordania, donde la anexión avanza a golpe de excavadora y armas de fuego. El diario *The Washington Post* describe una campaña de violencia e intimidación por parte de los colonos sin precedentes en la historia reciente, en la que numerosos asentamientos y puestos de avanzada —respaldados por el gobierno— están redibujando el mapa. El 26 de octubre, más de 3.000 palestinos fueron obligados a abandonar sus hogares en Hebrón, a medida que el ejército intensificaba una operación militar a gran escala; por su parte, el alcalde de Hebrón acusó a Netanyahu de utilizar dicha operación para ganar votos de los colonos. La cosecha de aceitunas —eje económico y cultural de la vida en las aldeas palestinas— se ha convertido en un campo de batalla. El 17 de octubre, unos colonos atacaron a diplomáticos europeos, entre ellos un alcalde francés, cerca de Taybeh; el alcalde señaló que el ataque evidenciaba una tolerancia, por parte del gobierno israelí, hacia la violencia de los colonos. La organización de derechos humanos B’Tselem afirma que la retórica de altos funcionarios alimenta la violencia contra los palestinos y promueve su deshumanización, afectando incluso a los niños.

La ONU ha documentado este patrón. Su oficina de derechos humanos sostiene que la violencia de los colonos está provocando el vaciamiento de extensas zonas de la «Zona C», el valle del Jordán y partes de la «Zona B», con el apoyo y la participación de las fuerzas de seguridad israelíes. Asimismo, señala que el traslado forzoso constituye un crimen de guerra y podría tipificarse como crimen de lesa humanidad. La expansión de la construcción corre pareja a la violencia. Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido han señalado que, tras la aprobación del plan E1 en agosto de 2025 —que fragmentaría Cisjordania—, se autorizó la construcción de 28.000 viviendas en menos de un año, una cifra sin precedentes. Estos mismos gobiernos registraron en octubre de 2025 264 ataques por parte de colonos, la cifra mensual más alta desde que la ONU comenzó a llevar el recuento en 2006. Plan International informa que, entre octubre de 2023 y mediados de septiembre de 2026, al menos 1.136 palestinos —incluidos al menos 250 niños— murieron en Cisjordania. La Corte Internacional de Justicia dictaminó que la ocupación debe terminar y que Israel debe retirarse de todo el territorio palestino ocupado; el régimen respondió con más asentamientos, más demoliciones y más incursiones.

La guerra se extendió por toda la región. El conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán comenzó el 28 de febrero y duró 40 días, hasta que se alcanzó un alto el fuego el 8 de abril. En el Líbano, los agricultores que cultivan olivos realizan la cosecha bajo la presencia de drones y aviones de combate. Un proyecto colonial que depende de una guerra permanente necesita enemigos permanentes, y se encarga de fabricarlos constantemente.

Un régimen de colonos se apodera de tierras, establece un orden jurídico que jerarquiza a las personas según su origen y defiende este sistema mediante armas importadas y el respaldo de potencias imperiales. Washington lo arma; los gobiernos europeos emiten declaraciones mientras el comercio continúa, y los fabricantes de armamento obtienen beneficios. La clase trabajadora de la región paga el precio con sus hogares, sus olivos y sus vidas. El cambio real surge de la presión que pone fin al dominio colonial: boicots, desinversiones y sanciones sostenidos, embargos de armas, y la negativa de los trabajadores portuarios y los sindicatos a manipular armamento. Proviene de la resistencia popular palestina y de la solidaridad de los trabajadores en todas partes. Un cambio de primer ministro no aporta nada de esto. Eisenkot, Bennett y Netanyahu pueden discrepar en cuanto a las tácticas, pero coinciden respecto al valle del Jordán, Hebrón y la «línea amarilla». La reivindicación palestina sigue siendo la misma de siempre: el fin de la ocupación y el retorno de los refugiados. La votación del 27 de octubre no aborda ninguno de estos aspectos.

Ezequiel Peressini – Dirigente de Izquierda Socialista y coordinador de la Flotilla Global Sumud Argentina

28/10/2026. Luego de dos años de grandes movilizaciones y organización, el movimiento estudiantil junto a la clase trabajadora derrotó al gobierno de Aleksandar Vucic – ultra conservador aliado de Trump y a la vez de Putin del Partido Progresista Serbio (SNS) – tras 14 años en el poder al ganar las elecciones en un proceso político sin precedentes. La Lista de Estudiantes, surgida democráticamente desde las bases de un largo y profundo conflicto, se impuso sobre el partido gobernante con el 52,6% de los votos obteniendo una mayoría de 140 diputados, sobre 104 del gobierno, en un parlamento de 250 miembros por lo que podrá conformar gobierno y designar al primer ministro.

Los orígenes del conflicto y las masivas movilizaciones

En noviembre de 2024, el techo de la estación de trenes de Novi Sad (la segunda ciudad más importante de Serbia) se desplomó sobre cientos de personas, matando a dieciséis de ellas. La estación había sido remodelada poco tiempo antes por un conglomerado de empresas chinas. El derrumbe y las muertes desató la bronca contra todo el gobierno, quienes fueron acusados de corrupción.

Muy cerca de la estación se encuentra la Facultad de Artes. Allí, las y los estudiantes convocaron a una movilización el día 22 de noviembre, la que fue brutalmente reprimida por la policía y grupos de choque del partido de gobierno. La bronca contra la represión y el autoritarismo extendió la movilización como reguero de pólvora. Solo 24 horas después, el 74% de las universidades fueron ocupadas.

Las acciones de protesta se extendieron a 58 ciudades y durante marzo de 2025 las movilizaciones superaron las 350.000 personas, poniendo en marcha una masiva rebelión; la más importante desde las protestas de 1992 contra Milosevic y la posterior disolución de Yugoslavia.

Se constituyeron organismos de dirección democráticos donde los representantes, los programas y las acciones eran resueltos en asamblea. Las demandas iniciales fueron la publicación de toda la documentación de la inversión en la estación de trenes Novi Sad. libertad y absolución de todos las personas detenidas en la represión y aumento del 20% del presupuesto universitario.

El 24 de enero, las asambleas estudiantiles convocaron a una huelga general, la que fue acatada por algunas organizaciones sindicales, como trabajadores del transporte y sindicatos de farmacia que protestaron contra la privatización. Los docentes de niveles primarios y secundarios, construyeron la nueva “Asociación de Escuelas en Huelga” para salir a luchar. Hasta el tenista Djokovich se pronunció en apoyo a la protesta.

Los primeros triunfos de la movilización comenzaron a golpear al gobierno desde principios de 2025. El 28 de enero dimitió el primer ministro Milos Vucevic. El alcalde de Novi Sad y otros altos funcionarios fueron investigados por la represión y actos de corrupción. El ministro de construcción, Goran Vesic, fue detenido y luego liberado.

El gobierno cedió y publicó todo lo relacionado con la estación Novi Sad. Otorgó un 20% de aumento presupuestario a las universidades y entregó una partida extraordinaria para el aumento salarial docente y la ampliación de la participación de los docentes en los órganos de co-gobierno universitario que pasan del 55 al 60%.

A pesar de que el gobierno buscó instrumentalizar estas importantes conquistas parciales para desactivar las movilizaciones, no lo logró. El proceso político tomó una envergadura sin precedentes y la rebelión fue imparable al combinar diversos reclamos, como el rechazo a las privatizaciones y la defensa de la salud y la educación. También se tomaron reclamos ambientales como la necesidad de sostener la paralización del proyecto minero en manos de la multinacional saqueadora “Río Tinto” que busca extraer litio en el valle de Jadar.

La rebelión continuó y – a pesar de las amenazas y la represión del gobierno que llamaba a los manifestantes como golpistas y agentes extranjeros- conquistó la renuncia del presidente Aleksandar Vucic el 27 de septiembre de 2026 obligándolo a convocar a elecciones anticipadas para el 25 de octubre, un año antes de los previsto.

La Lista de Estudiantes impone una derrota sobre Vucic y el desplome de los partidos políticos tradicionales

La renuncia de Vucic abrió un vacío político. La presentación y triunfo de la Lista de Estudiantes golpeó al conjunto del régimen serbio, sus instituciones y sus partidos políticos tradicionales.

Ninguno de los partidos del régimen serbio pudo llenar el vacío. El Partido Progresista Serbio (SNS) de Vucic perdió las elecciones en manos de una lista constituida en solo semanas, sin figuras políticas de trayectoria y organizada democráticamente. El ex aliado de Vucic, el Partido Socialista de Serbia (SPS), desapareció de la escena. Ninguno de los partidos políticos que compitió en elecciones anteriores participó de las elecciones (solo lo hicieron unos pequeños partidos étnicos) y cedieron a la exigencia de las y los estudiantes para levantar sus listas.

La Lista de Estudiantes, ahora con mayoría parlamentaria y figuras prestigiosas como su principal candidato; el médico cardiólogo y profesor de la facultad de Medicina Ilija Srdanovi o el reconocido basquetbolista Dejan Bodrioga, podrán formar el nuevo gobierno para llevar adelante su programa.

El programa de 11 puntos se encuentra centrado en demandas democráticas y sociales como la autonomía para las investigaciones anticorrupción, la independencia de los medios de comunicación, la auditoría de todas las obras públicas, y una mayor inversión para la educación, la salud y las condiciones laborales del pueblo serbio. Por la heterogeneidad de la Lista, han quedado fuera del programa cuestiones centrales como la adhesión a la Unión Europea, las relaciones con Rusia y la independencia de Kosovo.

El impacto del triunfo ya se hace sentir, periodistas de los canales públicos de televisión han pedido disculpas por años de desinformación, los trabajadores de prensa conquistaron la renuncia del director de la Red de Televisión Serbia, en las oficinas públicas se comienzan a retirar los retratos de Vucic. El debate para conquistar las demandas de la movilización comienza a transformarse en concreto, además de urgentes.

En medio del creciente ascenso de la juventud en todo el continente europeo, la proximidad con otras rebeliones en los Balcanes como en Albania; el triunfo colosal de la juventud y el pueblo trabajador de Serbia deja de ser un hecho aislado. Se presenta como un ejemplo que abrirá nuevos desafíos para las y los luchadores que en todo el mundo enfrentan a los gobiernos capitalistas, a sus recortes y su represión. Para ello, sostener la movilización y la organización democrática e independiente de los grandes capitalistas socios de la corrupción del régimen (que buscará reconstituirse), serán elementos fundamentales para avanzar hacia la victoria definitiva.

Durante la segunda semana de agosto se llevó a cabo la vigésima octava distribución de ayuda a diferentes puntos de la Gobernación del Norte de Gaza, específicamente en las áreas del campo de refugiadas de Jabalia y Beit Lahia, y en la Gobernación de Gaza, incluyendo Sheikh Radwan y la zona del campamento de la playa.

En este caso, con las aportaciones por valor de 34.517 NIS, se ha organizado un día de entretenimiento infantil y se han entregado 150 cestas de comida y 17 camiones de agua con 5500 litros cada uno.

A pesar del mal llamado “plan de paz” de Trump, el genocidio, el bloqueo, la ocupación y el asedio continúan en Gaza. En este contexto, las compañeras de la Unión Independiente de Comités Obreros Palestinos mantienen activos todos los mecanismos de los que disponen para seguir haciendo llegar ayuda a la población.

Nos llena de orgullo estar al lado de las compañeras palestinas que luchan por garantizar la vida. Agradecemos todas las aportaciones realizadas hasta ahora. Seguimos recaudando para próximos envíos.

Seguimos impulsando la solidaridad política y material para resistir el genocidio.

Haz tu aportación al siguiente número de cuenta:
Ayuda Obrera Internacional: ES83 2100 0614 3402 0043 0991




“Está surgiendo una nueva generación en EE. UU. que intenta forjar un nuevo movimiento socialista y un partido propio”

Para profundizar en la situación política estadounidense y las perspectivas para la izquierda revolucionaria en EE.UU., el 9 de octubre, desde la UIT-CI, entrevistamos a Ashley Smith, integrante del Colectivo Tempest, con quien compartimos actividades en el evento Socialism 2026, realizado en Chicago, Smith ha escrito para numerosas publicaciones, incluyendo Against the Current, Spectre, Truthout, Jacobin, New Politics y la revista Tempest. Además, es co-autor del libro China in Global Capitalism (Haymarket Books, 2024).

¿Cuál es la situación política actual en EE. UU., cuáles son los sectores que constituyen la base de apoyo de Trump y qué papel desempeñan las organizaciones comunitarias, sindicales y de izquierda en las luchas contra Trump?

El punto de partida en esta discusión es la profunda crisis del gobierno de Trump. Está sufriendo una caída tremenda en todas las encuestas de opinión, que le atribuyen un índice de popularidad en un rango entre los bajos y altos treintas (en puntos porcentuales). Se trata de niveles mínimos históricos que no se veían desde Nixon. Creo que hay dos factores detrás de esto: el primero es su propia incompetencia, su estupidez y el impacto desastroso de sus políticas sobre la mayoría de la población; el segundo es la resistencia masiva desde abajo durante los últimos dos años.

Muchas de sus políticas le han salido como tiros por la culata, erosionando su apoyo. Su retraso en la publicación de los expedientes de Epstein comenzó a resquebrajar la unidad de su propia coalición. Prometió hacer públicos todos los expedientes, pero lo fue posponiendo una y otra vez. Cuando su fiscal general descubrió que su nombre aparecía repetidamente en los expedientes, le recomendó que no los publicara, pero luego se vio obligada a hacerlo por un proyecto de ley bipartidista del Congreso. Eso resquebrajó su sólida base. Incluso llevó a personas como Marjorie Taylor Greene y Tucker Carlson a romper con él.

Por si fuera poco, su decisión de iniciar la guerra contra Irán traicionó su promesa de no implicarse en las llamadas «guerras eternas». Estados Unidos ha librado muchas guerras estúpidas, pero esta se cuenta entre las más estúpidas, fruto de la arrogancia de creer que podría repetir lo que hizo en Venezuela contra un Estado mucho más fuerte, con una base social y un ejército curtido en el campo de batalla. Este ha sido capaz de resistir el asalto y cerrar el estrecho de Ormuz, paralizando la industria petrolera mundial. La gran mayoría de los estadounidenses se oponen a la guerra de Trump, incluido un número cada vez mayor de republicanos.

Esos son los dos principales autogoles de Trump, pero hay muchos otros. Las guerras comerciales son una idiotez, y la mayoría de los capitalistas no las apoyan. Las guerras comerciales y la guerra contra Irán están provocando un fuerte aumento de la inflación en EE. UU., lo que encarece el costo de la vida y degrada el nivel de vida de la clase trabajadora, la pequeña burguesía y los propietarios de pequeñas empresas. Todo esto está ocurriendo ante una recesión inminente que probablemente se desencadenará por el colapso de la burbuja especulativa de la inteligencia artificial. Todas estas políticas han provocado el colapso de su apoyo.

La segunda razón principal de su caída en las encuestas es la resistencia masiva desde abajo. En los últimos dos años hemos vivido algunas de las mayores manifestaciones de la historia del país. Tuvimos tres enormes manifestaciones No Kings (No a los reyes), que fueron las jornadas de acción más multitudinarias en la historia del país. Y hemos tenido rebeliones periódicas en una ciudad tras otra contra el despliegue por parte de Trump del ICE para arrestar, detener y deportar a inmigrantes. La más importante tuvo lugar en Minneapolis, desencadenando protestas nacionales contra el ICE y marcando un giro popular contra su política antiinmigrante. La mayoría de la gente se opone a la creciente brutalidad del ICE.

A pesar de ello, Trump no da marcha atrás, sigue desplegando al ICE, como vimos recientemente en la ciudad de Nueva York. Los matones de Trump dispararon a un hombre acompañado de su hijo en su automóvil, lo que provocó un estallido de protestas. Todas las políticas de Trump, especialmente el despliegue del ICE a lo largo del país, han desencadenado una resistencia popular masiva. La combinación de errores y resistencia popular ha llevado a una crisis política del gobierno de Trump.

A pesar de ello, aún cuenta con apoyo. El principal apoyo de clase de Trump son los oligarcas tecnológicos, a diferencia de su primer mandato, cuando la mayoría de ellos se le oponían. Ahora recurren a él para que desregule la economía y reprima los movimientos sociales y la organización sindical. Se trata de una base limitada, ya que muchos otros sectores del capital no apoyan a Trump debido a sus políticas comerciales, que no benefician a sus intereses, y a su gestión temeraria del capitalismo estadounidense. La base electoral de Trump se encuentra en la pequeña burguesía de los propietarios de pequeñas empresas, son el núcleo duro de quienes le apoyan. La pequeña burguesía representa un número muy elevado de personas en EE. UU. y desempeña un papel desproporcionado en las elecciones. Al mismo tiempo, Trump cuenta con un apoyo significativo de sectores de la clase trabajadora devastada —sectores desorganizados y no sindicalizados de la clase trabajadora— y de algunos sectores sindicales. Las políticas de globalización y neoliberales de los demócratas los han empujado hacia Trump.

Es importante tomar en cuenta las características raciales de la base de Trump. Suelen ser blancos, pero no exclusivamente. Obtuvo un apoyo significativo de la población latina, basándose en ideas cristianas de derechas y anti-inmigrantes. Sus seguidores son, desproporcionadamente, hombres. Sin embargo, debido a sus políticas y a la resistencia a ellas, Trump está perdiendo su base de apoyo de clase y electoral. Ahora le cuesta incluso movilizar a sus seguidores más fieles en sus mítines, y no logra ocupar más de la mitad de los estadios que antes llenaba. Y el público se marcha porque sus discursos inconexos están cada vez más alejados de la realidad y resultan extremadamente aburridos. Ha perdido su toque mágico.

Hay dos fuerzas principales que han impulsado la resistencia popular de masas contra Trump. La primera es un bloque liderado por liberales y encabezada por Indivisible y 5051, ambas vinculadas al Partido Demócrata. Indivisible ha convocado las manifestaciones No Kings. De entrada, su estrategia consistió en movilizar a la gente para que protestara y luego acudiera a las urnas a votar por los demócratas. Por lo tanto, su dirección es más conservadora y hostil a las reivindicaciones sobre Palestina, por ejemplo. Sus manifestaciones son enormes, pero con una composición mayoritariamente blanca, de edad avanzada y de los sectores más acomodados de la clase trabajadora y los profesionales. Su estrategia de votar a los demócratas es un callejón sin salida; ese partido es el causante de que Trump haya sido elegido.

La segunda fuerza principal es el ala izquierda del movimiento sindical en torno a la May Day Strong Coalition (Coalición Fuerte 1ero de Mayo). Ha reunido a algunos de los sindicatos más importantes del país liderados por la izquierda, el Sindicato de Docentes de Chicago es el más destacado. Esa coalición ha vuelto a poner sobre el tapete el 1ero de Mayo, que había caído prácticamente en el olvido en EE. UU. Ha organizado grandes protestas en los últimos dos Primero de Mayo en oposición a Trump. Estas manifestaciones han tenido un carácter mucho más obrero, multirracial y abierto a las reivindicaciones de los movimientos de solidaridad con los inmigrantes y con Palestina.

Ha habido muchas otras organizaciones locales que han protestado. Las organizaciones de inmigrantes han tenido un rol crucial. Se organizaron antes de que Trump asumiera el poder, sabiendo a qué se iban a enfrentar. Sentaron las bases para crear redes de respuesta de emergencia destinadas a proteger a las personas de las detenciones y deportaciones de ICE. También hay importantes redes de personas radicalizadas por la guerra genocida de Israel contra Palestina, otras inspiradas por el éxito electoral de los Democráticos Socialistas de América (DSA) y muchas otras radicalizadas por luchas sociales como Black Lives Matter (Las vidas negras importan), que se han solidarizado con las organizaciones de inmigrantes. De tal forma que cuando ICE se desplegó en una ciudad tras otra para llevar a cabo redadas masivas, estas redes de resistencia se movilizaron para organizar protestas masivas. En Minneapolis se produjo la unidad de los sindicatos, las organizaciones de defensa de los derechos de los inmigrantes, la comunidad somalí y los activistas de Black Lives Matter. Ese fue el punto más alto de la movilización de estas redes de solidaridad profundamente arraigadas.

Ahora estas fuerzas se encuentran en gran medida en un estado de desmovilización en vísperas de las elecciones de mitad de mandato. A pesar de su insatisfacción con el Partido Demócrata, la mayoría de la gente espera que la elección de demócratas al Congreso pueda detener a Trump. Esta desmovilización de la lucha y su canalización hacia el electoralismo del Partido Demócrata es una vieja trampa en la política estadounidense. Al mismo tiempo, los persistentes ataques de Trump, especialmente por parte del ICE, cuyas detenciones y deportaciones han aumentado desde los sucesos de Minneapolis, empujan continuamente a la gente a la lucha, como vimos en las calles de Nueva York.

En las elecciones, Trump y el Partido Republicano van a perder la Cámara de Representantes y podrían perder el Senado. Los demócratas serán los beneficiarios, no porque la gente los apoye sino porque hay un giro contra del Partido Republicano y del gobierno de Trump. Así, los demócratas volverán a hacerse con el control del Congreso, pero sin mayorías calificadas para condenar en un impeachment y destituir a Trump por su corrupción y sus numerosos delitos contra la Constitución.

Nos enfrentamos a una situación en los próximos dos años en la que Trump no podrá gobernar por la vía legislativa y tendrá que efectuar sus ataques mediante órdenes ejecutivas. Se encuentra ante una encrucijada: ¿se retirará discretamente como un presidente derrotado, dejando el cargo con cuatro mil millones de dólares en el bolsillo, o intentará luchar para mantenerse en el poder y gobernar por medios cada vez más autoritarios? Su tendencia general es esta última. Por lo tanto, es probable que su régimen se vuelva más dictatorial, lo que desencadenará dos años de lucha explosiva y caótica en medio de las crisis sociales y económicas del país. Las elecciones, por lo tanto, no resolverán nuestra crisis política, sino que la intensificarán.

Pareciera que la arrogancia de Trump lo ha llevado a adoptar políticas como la guerra arancelaria o la agresión a Irán, que, como era previsible, han fracasado, debilitando su propia base política y social. Quizás una debilidad subyacente es la que lo lleva a adoptar políticas aventureras y temerarias. ¿Podrías comentar la relación entre estos dos elementos, debilidad y arrogancia, que llevan a Trump a convertirse en un agente del caos?

El capitalismo y el imperialismo estadounidenses se enfrentan a un nuevo dilema por su declive relativo y el auge de su nuevo competidor, China. Este nuevo equilibrio de poder determina el comportamiento de todos los gobiernos estadounidenses recientes e influye en los cálculos de la clase capitalista sobre qué hacer. Aunque se encuentra en una decadencia relativa, EE. UU. sigue siendo la potencia capitalista e imperialista dominante. Pero su nueva debilidad es real y ha sido provocada por la gran recesión, el auge de China y las desastrosas guerras de Washington en Oriente Medio.

Tanto para el gobierno de Biden como para el de Trump, la reafirmación del poder imperial estadounidense ha sido la máxima prioridad. Biden utilizó la guerra imperialista de Rusia en Ucrania para movilizar a los aliados de EE. UU. con el fin de disuadir y debilitar a Rusia, pero también para unirlos en un bloque contra China. Eso es realmente lo que impulsó la política militar, económica y geopolítica de Biden.

El gobierno de Trump llegó con ese mismo objetivo, más allá de su carácter errático y caótico. En el caso de Trump, se trata de un megalómano que cree que puede obligar a la realidad a ajustarse a sus fantasías, tiene la arrogancia de un matón, pero con un talón de Aquiles.

Esto explica tanto la agresiva afirmación del poder imperial por parte de Trump como sus repetidos fracasos. Por ejemplo, en el llamado Día de la Liberación, anunció aranceles contra todos los países en un intento de doblegarlos y obligarlos a acatar sus condiciones comerciales. Pero cuando eso hundió a los mercados bursátiles y de bonos en una crisis, tuvo que dar marcha atrás. EE. UU. simplemente no está en condiciones de dictar condiciones al mundo como lo había hecho desde principios de la década de 1990 hasta la gran recesión de 2008. De ahí que Trump se ganara el apodo de «TACO» (Trump Always Chickens Out, Trump siempre se acobarda) tras su retirada de la guerra arancelaria. Peor aún, cuando Trump lanzó su guerra comercial contra China, Pekín puso en evidencia su bluff. Aprovechó su monopolio sobre el procesamiento de minerales y metales de tierras raras, cortando las exportaciones a EE. UU., estrangulando a sectores de la economía estadounidense. Nuevamente, Trump se acobardó, dio marcha atrás y llegó a un acuerdo sobre los aranceles con China. Desde entonces, ha adoptado una política relativamente moderada hacia China. Así pues, su arrogancia puso al descubierto su debilidad y se vio obligado a retroceder.

Esa misma dinámica contradictoria llevó a Trump a extralimitarse en sus guerras imperialistas. Obtuvo una victoria fácil en Venezuela, donde su objetivo no era una mera apropiación del petróleo, sino también un intento de reafirmar la hegemonía estadounidense sobre el hemisferio occidental frente a China, que es cada vez más un actor económico y geopolítico de primer orden en América Latina. Pudo ganar en gran medida porque el régimen de Maduro traicionó las aspiraciones del pueblo venezolano, y el pueblo no se levantó para defender al régimen como había lo hecho con Chávez en el pasado. Trump logró secuestrar a Maduro y a su esposa, pero mantuvo al resto del régimen, que ahora obedece casi todos sus dictados.

Trump pensó que podría hacer lo mismo en Irán. Pero el régimen iraní llevó a cabo una guerra asimétrica contra las bases estadounidenses y sus aliados en la región, y cerró el estrecho de Ormuz. Esto, combinado con los ataques de Ucrania contra las refinerías de diésel rusas, ha provocado un enorme repunte de los precios del petróleo, el gas natural, el diésel y los productos petroquímicos. Todo ello está socavando la economía mundial, precipitando crisis fiscales en Estados de todo el mundo. Es uno de los desencadenantes de la crisis que están atravesando el Estado y la economía franceses. Las políticas de austeridad, especialmente en educación, han llevado a los estudiantes y ahora a los trabajadores a una revuelta nacional. El mismo patrón se está desarrollando en países de todo el mundo, incluido EE. UU., donde la inflación ha minado el apoyo a Trump.

De tal forma que existe una debilidad subyacente que impulsa la política de EE. UU. y sus intentos de reafirmarse han puesto de manifiesto sus limitaciones. Trump más bien ha acelerado el declive relativo del capitalismo y el imperialismo estadounidenses frente a China. Xi Jinping, a pesar de sus propias debilidades económicas y políticas, debe de estar sonriendo al contemplar el caos del gobierno de Trump. El plan de los demócratas es volver al poder y restablecer el antiguo orden con EE. UU. de nuevo al mando. No creo que estén en condiciones de hacerlo, pero esa es su ambición. Por eso el regreso de los demócratas al poder, ya sea en el Congreso o en la presidencia, no abordará las reivindicaciones y aspiraciones de la mayoría trabajadora. Los demócratas quieren reafirmar el dominio imperialista de EE. UU. y explotar a los trabajadores estadounidenses para mejorar la posición competitiva del capital estadounidense frente al capital chino.

La opinión pública estadounidense está claramente en contra de las guerras de agresión de EE. UU. Incluso una operación militar exitosa como la de Venezuela fue rechazada mayoritariamente y, obviamente, el rechazo es mucho mayor en el caso de la agresión fracasada contra Irán. Además, existe un amplio movimiento en solidaridad con Palestina y en contra de la participación de EE. UU. en el genocidio. ¿Cuál es el estado actual de esta oposición a las guerras imperialistas y cómo se expresa en las calles?

La clave está en la contradicción entre la conciencia política de las masas, que se opone abrumadoramente a las guerras de agresión de EE. UU., y el estado actual de la lucha y la organización contra la guerra, que en este momento es increíblemente débil. Hay varias razones por las que la oposición popular masiva no se ha traducido en una lucha contra la guerra en Irán o contra la intervención en Venezuela del tipo que vimos contra la guerra en Irak.

En primer lugar, en EE. UU. estamos siendo golpeados en todos los frentes, todos los días. La gente se siente abrumada por la magnitud de los ataques, desde las medidas de austeridad hasta los enormes recortes a Medicaid que empobrecerán a millones de personas en todo el país, el despliegue del ICE, el debilitamiento de nuestro sistema de salud pública, que ha provocado brotes de sarampión debido a las políticas antivacunas de Trump, la reestructuración de la educación superior y el desmantelamiento de la legislación laboral. Además de esos ataques internos, está imponiendo aranceles, iniciando guerras y destrozando el llamado “orden internacional basado en normas”. Trump está atacando a todos, en todas partes, simultáneamente, la gente se siente apabullada y no ha sido capaz de organizar una resistencia sostenida contra todo el régimen ni de construir una lucha sostenida contra ninguno de sus ataques, ya sean los ajustes o sus guerras.

Otra razón de la debilidad de la lucha y la organización contra la guerra es la represión del movimiento de solidaridad con Palestina. Las autoridades federales, estatales y municipales, así como las administraciones universitarias, lanzaron una campaña implacable contra los organizadores de la lucha, en particular contra los palestinos. Es un nuevo macartismo, una caza de brujas contra el activismo de solidaridad con Palestina. Las universidades desmantelaron el movimiento de acampes, los alcaldes mayoritariamente demócratas tacharon al movimiento de solidaridad con Palestina de antisemita, y Trump ha intentado detener y deportar a los líderes palestinos del movimiento. Esto ha debilitado considerablemente al movimiento. A pesar del enorme cambio en la conciencia pública a favor de Palestina, las organizaciones han sido objeto de una represión significativa.

Otra debilidad de la lucha contra la guerra es el electoralismo imperante que domina el sentido común de la mayoría de la población y de la izquierda reformista, en particular de DSA. La mayoría de quienes se oponen a la guerra esperan que los demócratas recuperen el Congreso y pongan en jaque a la administración Trump hasta la elección de un nuevo presidente en 2028. Ese electoralismo tiende a restar importancia a la organización popular de masas de un movimiento antiguerra. El problema, claro, es que el Partido Demócrata ha sido históricamente el principal partido del imperialismo estadounidense, y Biden brindó un apoyo incondicional al genocidio de Israel en Gaza.

Por último, la izquierda carece de un método de frente único que junte a todas las fuerzas en torno a reivindicaciones comunes, organice a la gente en espacios democráticos y construya una resistencia de masas. En cambio, algunos sectores de la izquierda tienden a apropiarse de los temas y a definir las reivindicaciones en sus propios términos. Los reformistas y los liberales limitan sus reivindicaciones de forma demasiado estrecha, lo que aleja a la izquierda y, especialmente, a los activistas solidarios con Palestina, cuyas reivindicaciones son frecuentemente excluidas. La ultraizquierda, en cambio, plantea reivindicaciones maximalistas que limitan su atractivo para las masas y, por lo tanto, su capacidad para movilizar a fuerzas más amplias. Como resultado, no hemos sido capaces de forjar coaliciones democráticas para planificar y construir luchas sostenidas.

Estas razones explican la contradicción entre la oposición popular masiva a las guerras de EE. UU. y la falta de un movimiento antibélico sostenido. Dicho esto, cuando se producen ejemplos flagrantes de belicismo imperialista, la gente reacciona. Por ejemplo, cuando Netanyahu acudió a las Naciones Unidas en Nueva York, la gente organizó grandes protestas frente a su sede. El sentimiento popular masivo está ahí, pero se enfrenta a obstáculos políticos y organizativos para traducirse en organización y lucha.

La elección de Zohran Mamdani y la de varios candidatos de DSA en las primarias demócratas de las últimas semanas parece poner de relieve la tensión entre diferentes enfoques de la política electoral en la izquierda, algo que incluso se ve en las recientes manifestaciones de solidaridad con Palestina y contra ICE, reprimidas por la policía de Nueva York. ¿Cuáles son los principales debates en la izquierda en torno a la política electoral?

Lo fundamental es comprender que EE. UU. se encuentra inmerso en un proceso de profunda radicalización y polarización. Este patrón es una constante en la mayoría de las sociedades del mundo actual. Sus causas subyacentes son la gran recesión, las medidas de austeridad, la creciente explotación y el empobrecimiento de los trabajadores, y la búsqueda de chivos expiatorios entre los grupos oprimidos. En EE. UU. se está produciendo una nueva e importante popularización del socialismo, algo que hay que celebrar.

Esto no viene impulsado tanto por cuestiones electorales como por el impacto de la gran recesión tras décadas de austeridad neoliberal. Todo ello ha afectado a la clase trabajadora mejor remunerada, en particular a los jóvenes de este sector, que enfrentan condiciones de vida en franco deterioro. Esto ha desacreditado no solo el neoliberalismo sino también el capitalismo a los ojos de toda una generación. Su radicalización ha encontrado expresión en oleadas sucesivas de luchas de clase y sociales, desde Black Lives Matter hasta el movimiento por los derechos de los inmigrantes, desde el movimiento de solidaridad con Palestina hasta las revueltas de los docentes de los «estados rojos». Todo ello viene impulsado por cambios objetivos en el funcionamiento de la economía estadounidense y su impacto en la gran mayoría del país.

Las dos campañas de Bernie Sanders estimularon y expresaron esa radicalización subyacente, extendiéndola aún más. Eso es algo que hay que celebrar, pero también analizarlo sobriamente. Sus campañas electorales y otras han allanado el camino para Alexandria Ocasio Cortez (AOC), Mamdani y muchos políticos de DSA. Pero siguen atrapados en el Partido Demócrata, un partido capitalista hostil a las reformas que quieren llevar a cabo. Por lo tanto, debemos ver sus victorias electorales como signos de la radicalización, pero mantener la perspectiva sobre los retos y las limitaciones a los que se enfrentan.

Los políticos de la DSA siguen siendo una minúscula minoría dentro del Partido Demócrata, los líderes del establishment, que conservan el control total, solo mencionan la cuestión del costo de la vida para efectos electorales. Su principal ambición es reforzar el capitalismo estadounidense frente al capitalismo chino y garantizar el dominio de EE. UU. sobre el sistema mundial. Por lo tanto, los políticos de la DSA se encuentran doblemente atrapados. Quedan acorralados por ese partido capitalista cuando consiguen ser elegidos, y cuando ganan cualquier cargo ejecutivo, están constreñidos por las limitaciones de un Estado capitalista en una crisis fiscal en una economía sumida en una recesión global de larga data. Además, se enfrentan a medidas de austeridad federales, en particular a los recortes a Medicaid, el seguro médico estatal para las personas empobrecidas. Esto limita el número de reformas que pueden aprobar y les obliga a hacer cosas que contradicen lo que prometieron en campaña.

Esto es lo que está empezando a ocurrir con la gestión de Mamdani. Prometió detener a Netanyahu, pero debido a las limitaciones de su cargo no lo hizo. Prometió eliminar una de las secciones más represivas del Departamento de Policía de Nueva York, pero no lo ha hecho. Además, ha mantenido a Jessica Tisch como jefa de la policía, una multimillonaria y aliada de Trump, comprometida con la aplicación de su programa racista de “ley y orden”.

Esto está dando pie a un debate serio que se intensificará al iniciarse las negociaciones contractuales con los sindicatos municipales de la ciudad. Su margen de maniobra es limitado debido a la situación económica de la ciudad, pues Mamdani no controla presupuesto, que está en manos de la gobernadora del estado de Nueva York y de la Asamblea Legislativa. Por lo tanto, se verá obligado a imponer contratos de austeridad a la plantilla municipal. Todo esto pone de manifiesto el callejón sin salida estratégico de DSA.

Mucha gente está empezando a discutir y debatir cómo superar este impasse estratégico. Ya ha ocurrido antes con AOC debido a sus traiciones a Palestina; ha ocurrido en torno a Sanders, debido a su incapacidad para hacer cumplir el derecho universal a la salud. La gente recuerda su apoyo a Biden incluso mientras llevaba a cabo un genocidio. AOC llegó a actuar como portavoz de Kamala Harris, afirmando que intentaba detener el genocidio, una afirmación divorciada de la realidad. 

El debate gira en torno a qué estrategia deberíamos aplicar en la izquierda. La estrategia predominante que ha seguido la mayor parte de la izquierda durante 90 años ha sido orientarse hacia la elección de liberales o de socialistas dentro del Partido Demócrata. Creo que cada vez más personas, a través de su propia experiencia, se plantearán dudas sobre esa estrategia y su incapacidad para cumplir sus promesas. Eso abrirá un espacio para que los revolucionarios defiendan que nuestra principal prioridad debe ser fortalecer las luchas de clase y sociales desde abajo. Esas luchas han impulsado la radicalización y nos darán el poder social necesario para obligar a quienquiera que ocupe el cargo a llevar a cabo las reformas que queremos. Los revolucionarios hemos estado en minoría en este debate, pero cada vez más gente se suma a nuestro punto de vista, y la experiencia de la alcaldía de Mamdani va a acelerar ese proceso.

Hay trampas en las que se puede caer en relación con Mamdani. Se puede caer en el ultraizquierdismo y soslayar demasiado la importancia de que un musulmán, pro-palestino y socialista declarado que cita a Eugene Debs gane la alcaldía de Nueva York. Por otro lado, se puede justificar en exceso las concesiones que está haciendo y las traiciones que se verá obligado a cometer. No debemos excusarlas ni justificarlas. Es el máximo responsable del gobierno en el mayor centro del capital financiero mundial. Esa posición le obligará a seguir la línea de la clase dominante. En lugar de limitarnos a denunciar sus traiciones, tenemos que organizar la lucha y hacerle exigencias. Tenemos que presionarle para que cumpla y estar preparados para organizarnos de forma independiente para luchar por esas reivindicaciones. Esa metodología será muy importante para orientar a la izquierda a la hora de lidiar con el reformismo en un partido capitalista.

¿Qué perspectivas ves para construir una organización política independiente de la clase trabajadora y la izquierda en EE. UU.?

Estamos inmersos en un proceso de profunda radicalización y polarización en este país, así como en un proceso de reconstrucción de la izquierda. El crecimiento masivo de DSA es un indicador de ello. Toda una generación, especialmente entre los trabajadores que se depauperan, gravita hacia el socialismo. Dicho esto, se observa un crecimiento sostenido de la extrema derecha dentro de la pequeña burguesía, en sectores de la clase trabajadora y también entre los estudiantes, por lo que hay polarización, una radicalización tanto hacia la izquierda como hacia la derecha.

Otro indicador del enorme crecimiento del socialismo como idea popular de masas es la Conferencia del Socialismo en Chicago. Miles de personas acudieron para debatir sobre cómo combatir y derrocar el capitalismo. Hay otro avance importante. Un sector de sindicalistas, algunos dentro de DSA y muchos más fuera de la organización, se está radicalizando y empujando un movimiento sindical más combativo. Hemos visto la revuelta de los docentes de los «estados rojos», la organización de los trabajadores del sector tecnológico, la huelga del sindicato automotriz (UAW) y nuevas campañas de sindicalización que están triunfando en los hospitales en medio de esta crisis sanitaria.

Esta radicalización se refleja en la Conferencia de Labor Notes, un importante encuentro de izquierdas del movimiento sindical. Este año ha registrado la mayor asistencia de su historia, más de cuatro mil personas. Está formando a la gente sobre cómo organizar corrientes de base, cómo organizar huelgas y cómo construir sindicatos nuevos. En el proceso, se está cohesionando un ala de izquierdas en el movimiento sindical que se solapa con la izquierda socialista que está naciendo.

Nos encontramos en un proceso en el que la gente está viviendo la experiencia de una estrategia reformista de electoralismo dentro del Partido Demócrata, que tendrá resultados decrecientes, y eso va a abrir un espacio para que la gente, especialmente en los sectores más radicalizados de la clase trabajadora, busque alternativas que sean mejores guías prácticas para conseguir reformas ahora, mejores contratos, huelgas mejor organizadas y más victorias en los movimientos sociales de las que la estrategia reformista puede alcanzar. Pero va a ser un proceso de organización, de debates y de lecciones extraídas de los obstáculos que enfrentará la estrategia electoral. La izquierda revolucionaria debe defender en todo momento la lucha independiente como la clave de una estrategia alternativa.

Tenemos que reconstruir la capa de vanguardia de la clase trabajadora estadounidense, que quedó destrozada a finales de la década de 1930. Solo vislumbramos un atisbo de su renacimiento en la década de 1970, en el movimiento de huelgas salvajes. Parecía que toda una nueva generación iba a organizarse, pero esa capa fue aplastada por la contraofensiva neoliberal. Debemos centrarnos en reconstruir la minoría militante que servirá de base para reconstruir una política socialista revolucionaria organizada en la clase trabajadora. Nuestro objetivo debe ser forjar un partido revolucionario que agite a favor de la lucha de clases y la lucha social, reconstruya nuestras infraestructuras de resistencia y utilice las elecciones como un medio para movilizar a la gente para obligar al gobierno a llevar a cabo reformas en el camino hacia la revolución socialista.

Nos encontramos en un proceso de radicalización que estará plagado de conflictos y será caótico, enfrentado a una extrema derecha fuerte y a un establishment del Partido Demócrata que quiere devolver al capitalismo y al imperialismo estadounidenses su dominio global. Tenemos por delante un enorme número de cuestiones y retos. Una nueva generación está surgiendo para intentar buscar una salida y forjar un nuevo movimiento socialista y un partido propio.

 

Olga Ortigoza, Secretaria General Adjunta Suteba La Matanza

El viernes 16/10, el gobierno de Kicillof ofreció en paritaria un aumento del 6% en dos cuotas: 3% en octubre y 3% en noviembre. Para un preceptor/a o maestra de grado que recién se inicia, son menos de 30 mil pesos de bolsillo. Un kilo de carne. ¡Una nueva burla a la docencia!

Milei ajusta con la complicidad de los gobernadores. El salario docente bonaerense es uno de los cuatro más bajos del país. La mayoría trabaja hasta tres turnos para llegar a fin de mes y está endeudada. Además, cada mes miles de docentes sufren brutales descuentos por hacer paro.
A la miseria salarial se suma la sobrecarga y flexibilización laboral, la violencia en las escuelas que no cesa, el desastre de IOMA, el avasallamiento de las licencias estatutarias y las reformas antieducativas que destruyen la escuela pública.
Suteba aprobó esta miseria en un plenario de secretarios generales totalmente burocrático, a espaldas de la docencia y sin asambleas, porque saben que el repudio sería total. Así, sigue alejando un salario igual a la canasta familiar y nos empuja a la indigencia. Suteba es sostenedor del ajuste educativo de Kicillof y está metido en la interna del PJ para el 2027. El mismo día que acordaban este aumento irrisorio, Baradel y Yasky estaban en primera fila en el acto de Kicillof en Avellaneda.

La FEB, en cambio, rechazó la propuesta en su Congreso del martes 20/10 y rompió coyunturalmente con el FUDB. No pudo contener la bronca de su base y votó el rechazo a la propuesta y 48 horas de paro: 24 horas el jueves 22/10 y 24 horas más a definir. La Multicolor, en Plenario de delegados y representantes con mandatos de escuela, votó el viernes 16 el rechazo y una jornada de lucha de 48 horas: paro el miércoles 21, que fue muy fuerte en toda la provincia pese a los aprietes de Kicillof, y movilización a La Plata el jueves 22/10 junto a residentes, la Pluricolor de Cicop y otros estatales, con radio abierta en la Gobernación, la cual fue muy importante también.

Para ganar necesitamos la mayor unidad. Por eso, llamamos a la FEB a confluir el 22/10 y a coordinar la próxima semana sus 24 horas restantes con las medidas ya votadas por la Multicolor. La unidad de acción es la que va a golpear al gobierno ajustador.

Vamos por una nueva jornada masiva de 48 horas votada por el Plenario Multicolor

Venimos de paros muy fuertes en PBA convocados por la Multicolor como parte de un plan de lucha, como también los convocados por el FUDB que fueron impuestos, producto de la bronca que hay en las escuelas.
Desde La Multicolor y el Plenario del viernes 16, se votaron, además de las medidas de esta semana, medidas de continuidad para la semana siguiente, con una nueva jornada de lucha con 48 hs de paro.

¡Vayamos a una nueva jornada masiva de lucha para la siguiente semana de 48 hs de paro votado por el plenario Multicolor!

Hay que impulsar asambleas y mandatos en cada escuela y fortalecer el Plenario Provincial Multicolor como instancia democrática para decidir cómo seguir. La docencia da muestras acabadas de la disposición de lucha a pesar de las traiciones de Suteba. Por eso solo coordinando a la Multicolor en toda la provincia la docencia podrá pelear en mejores condiciones y transformarla en la verdadera dirección del conflicto y del conjunto de las y los docentes para luchar.

Hay que imponerle a Kicillof una recomposición salarial real hasta alcanzar un salario igual a la canasta familiar y todas las demandas docentes, mientras seguimos exigiendo a la burocracia Celeste de María Laura Torres, Baradel y compañía que rompa con su entrega al gobierno y organice un plan de lucha.
Mientras se debe seguir fortaleciendo el debate en las escuelas, a la Multicolor, a todas sus instancias democráticas, y a los Plenarios, que son los que deben ir transformándose en la dirección del conflicto para ganar.

 

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