Feb 24, 2024 Last Updated 4:06 AM, Feb 24, 2024


Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI

La primera vuelta concluyó con Lula/Alckmin en primer lugar con el 48,4% (cincuenta y siete millones de votos) y Bolsonaro en segundo lugar con el 43,2% (cincuenta y un millones). Hubo presión del llamado voto “útil”, que concentró el 91,6% del electorado. En esa gran polarización las candidaturas a la izquierda del PT (UP, PCB y Polo Socialista Revolucionario) también cayeron por debajo del 1%.

Pese a que Lula ganó, el hecho que no llegara a superar el 50% de votos válidos (y así ganar en primera vuelta como decían las encuestas) y que haya cinco millones de votos nulos y blancos, muestra que muchos trabajadores no creen en él, que ya gobernó. Lula además de haberse aliado a los grandes empresarios y banqueros en su primer gobierno, en esta elección fue aliado al derechista neoliberal Geraldo Alckmin (sería como una candidatura en Argentina de Cristina Kirchner con Macri).

El otro hecho significativo de la primera vuelta electoral brasileña es la relativamente alta votación de Bolsonaro, que ninguna encuesta previa, pese a ser un ultraderechista que hizo un gobierno desastroso para la clase trabajadora, logró mantener cincuenta y un millones de votos y sus candidatos a gobernadores ganaron en estados claves como San Pablo y Río de Janeiro. Pero la causa principal de la sobrevida política de Bolsonaro hay que buscarla en los desastrosos gobiernos del PT entre 2003 y 2016 que defraudaron al pueblo trabajador.

Los gobiernos del PT

El Partido de los Trabajadores (PT) gobernó Brasil entre el 2003 y el 2016 con las presidencias de Lula (dos mandatos 2003 al 2010) y de Dilma Roussef (del 2010 al 2016, destituida en segundo mandato).

El PT surgió del sindicalismo de obreros fabriles de San Pablo de finales de los años 70. Se extendió a todo el país y ganó las elecciones a fines del 2002 y su dirigente Luiz Inácio Lula da Silva asumió la presidencia del país en enero del 2003, despertando grandes esperanzas en los trabajadores y trabajadoras de un verdadero cambio.

Lula sorprendió cuando, desde el inicio de su gestión, designó al presidente del Bank Boston USA, Henrique Meirelles, para la dirección del Banco Central do Brasil. Esto indicó desde el comienzo el rumbo de Lula de aliarse a banqueros y grandes empresarios y acatar instructivas económicas del FMI. Justamente la primera gran medida fue un brutal ataque a los trabajadores del servicio público mediante la reforma de las jubilaciones, lo que provocó la ruptura de una importante vanguardia con el PT que irían a formar un nuevo partido, el PSOL (ver recuadro "CST: contra Bolsonaro llamamos a votar críticamente a Lula").

Fue creciendo el descontento popular por la política económica del PT, obedeciendo a sus pactos con grandes empresarios y banqueros, y también por la cada vez más evidente corrupción de altos funcionarios y el propio Lula.

Este descontento, que se dio por fuera de las direcciones tradicionales, estalló en junio del 2013, cuando gobernaba Dilma Roussef con el apoyo de Lula. Centenares  de miles de personas se manifestaron en las mayores ciudades de Brasil contra el aumento del precio del transporte público, contra los salarios miserables y por la corrupción en los enormes costos de las obras para el mundial del 2014. Un negocio de Lula con empresas constructoras de grandes estadios que costó al país 15.000 millones de dólares. La movilización popular fue violentamente reprimida.
Desde entonces millones, que habían creído en Lula y el PT, ya no le creen.

En el 2016 la presidenta Dilma Roussef del PT fue destituida por la mayoría parlamentaria, con acusaciones de corrupción. Quedó como presidente su vice Michel Temer, proveniente de otro partido de centroderecha, hasta las elecciones del 2018.

En el 2017 Lula fue encarcelado por juicios de delitos de corrupción en relación con las empresas constructoras OAS y Odebrecht. Estuvo preso por 581 días y, aunque después se anularon los juicios por irregularidades, no pudo participar en las elecciones del 2018.

Bolsonaro

La crisis del PT y la gran confusión política popular, con el repudio al PT pero también a los otros partidos tradicionales, fue aprovechada por la ultraderecha de Jair Bolsonaro, que en octubre del 2018 ganó las elecciones ante un PT totalmente debilitado.

El gobierno de Bolsonaro fue un desastre para el pueblo trabajador. Es responsable de casi 700.000 muertes en la pandemia no atendida, del recorte salarial, de la privatización de Eletrobrás, de la reforma de las pensiones, del ataque a derechos laborales, baja de los presupuestos de salud y educación, del avance de la minería en tierras indígenas, de los recortes de fondos y del aumento de los crímenes contra mujeres, negros y LGBTQIA+.

Si pudo mantenerse, evitando un gran estallido popular que lo expulsara del poder, fue en gran medida por el freno del PT y las direcciones sindicales que controlan a gran parte del movimiento obrero, que llamaron a esperar las elecciones, sin enfrentar su política económica ni sus crímenes.

Por sus acuerdos con Alckmin y grandes empresarios, Lula ni siquiera promete anular reformas reaccionarias antiobreras de Bolsonaro. Esto, por supuesto, aumenta la confusión política del pueblo trabajador.

A continuación desarrollamos un extracto de la declaración de la Corriente Socialista de los Trabajadores (CST, UIT-CI) ante la segunda vuelta electoral.

Nosotros, desde la CST, estaremos en las trincheras de los que pondrán fin a este proyecto genocida de Bolsonaro. No confiamos en que el frente amplio Lula/Alckmin sea una solución para la clase trabajadora y los sectores populares, pero en esta segunda vuelta, la CST llama a votar por Lula 13 para derrotar al neofascista Bolsonaro.

Hemos estado desde el primer momento en la batalla por Fuera Bolsonaro, denunciando su proyecto ultra reaccionario en las calles y en las elecciones. Desde la CST, tendencia radical del PSOL, hemos construido el Polo Revolucionario Socialista y hemos estado en la campaña obrera de Vera Lucía para la presidencia e impulsando a trabajadores y jóvenes a los gobiernos estatales, al senado y a las diputaciones.

Lo hicimos porque la conciliación de clase de la candidatura Lula/Alckmin no propone revocar la reforma de las pensiones, el techo de gasto, la reforma laboral y todos los profundos ataques a los pobres y al pueblo trabajador. Las alianzas y la conciliación de clases ya se han probado en el gobierno y no han funcionado. Al mismo tiempo no han ayudado a hacer una oposición radical en las calles para Fora Bolsonaro.

Afirmamos que mantendrán un gobierno incapaz de enfrentar a las multinacionales, a los multimillonarios y a los empresarios que nos explotan y quitan derechos; el agronegocio enemigo de los sin tierra y de los indígenas y por lo tanto esto bloquea los cambios que los trabajadores y los jóvenes quieren en sus vidas [...]

Estaremos en las calles, comprometidos en cada lugar de trabajo, estudio y hogar, militando contra cualquier voto a Bolsonaro, para sacar a la extrema derecha del gobierno. Sin renunciar a nuestra independencia política, con perfil propio, llamamos a votar contra Bolsonaro a través del voto crítico a la lista 13 en esta segunda vuelta.

Luchamos por: Aumento salarial y fin de los despidos; reducción jornada laboral sin reducción salario; defensa presupuesto universitario; impuesto a los multimillonarios y no pago de deuda a los banqueros; estatización de empresas privatizadas y del sistema financiero.

Defendemos un gobierno de la clase trabajadora, sin patrones, para aplicar medidas urgentes contra el hambre y desempleo, rompiendo con el capitalismo y la explotación imperialista, rumbo a la construcción de un Brasil socialista.

Leé la nota completa aquí: https://bit.ly/3CPekoC



El PSOL y la CST

El Partido Socialismo y Libertad (PSOL) fue fundado en 2003, pocos meses después de iniciar el gobierno de Lula. Con diputados y dirigentes del PT que se opusieron a la política de Lula de acuerdos con empresarios y banqueros y a la reforma de las jubilaciones. Entre los fundadores el entonces diputado João Batista 0liveira “Baba” actual dirigente de la CST.

Este origen del PSOL hizo que fuera la más importante alternativa de izquierda al PT durante años, aún con diferentes corrientes internas. La CST fue parte del PSOL.

Pero la CST se opuso públicamente a la política de la mayoría del PSOL de apoyar a Lula en primera vuelta, en forma acrítica, fotografiándose los dirigentes con Lula y candidatos burgueses, sin criticar acuerdos con Alckmin y capitalistas.

La CST formó el Polo Socialista Revolucionario con el PSTU y algunas personalidades del PSOL llamando al voto a Vera Lucia y ahora llama en segunda vuelta a un voto crítico por Lula contra Bolsonaro.  
 

Por Josep Lluis del Alcázar, dirigente de Lucha Internacionalista (Estado español) y la UIT-CI*

La contraofensiva militar ucraniana de septiembre ha permitido recuperar más de 8000 km2 de territorio. La retirada rusa de la zona de Karkiv, precipitada y abandonando material militar, provocó reacciones controvertidas en Rusia. Desde sectores que exigían que Putin decretara el estado de guerra y la movilización general, quienes públicamente exigían medidas contra los oficiales que comandaban las tropas rusas, y 84 concejales que pedían la dimisión de Putin.

El retroceso ruso, el segundo tras el abandono del frente de Kiev, atrapaba a Putin en sus propias contradicciones. En febrero se negó a declarar el estado de guerra por miedo a una reacción popular. Los problemas de reclutamiento se convirtieron en una pesadilla para Putin. Al extremo de tener que recurrir al Grupo Wagner, empresa de mercenarios que también actuó en Siria, para contratar presos comunes, activaron la contratación directa en las zonas más pobres y periféricas de Rusia, pero los efectivos eran manifiestamente insuficientes para los operativos de guerra.

El grado de deserciones en el ejército ha ido en aumento. Los mismos contratos que firman los que alistan para ir al frente permiten la recisión unilateral del contrato en tiempos de paz, y supuestamente no hay guerra. Existe una desmoralización completa en las tropas rusas que no entienden porque tienen que combatir a quienes siempre consideraron hermanos y hasta tienen familias en común. Por el contrario, el factor moral siempre a estado alto del lado del pueblo ucraniano que se unió para defender su país, sus tierras, sus casas, ante una invasión de una potencia capitalista que busca dominarlos.

El 20 de septiembre la Duma rusa modificaba el código penal para endurecer las penas por deserción o rendición, para obligar a los soldados a luchar. Introduce también artículos como la movilización general, la ley marcial y el estado guerra. El miércoles Putin impone por decreto la movilización de 300.000 reservistas y advierte que está dispuesto a defender con todo Rusia, incluida con las armas nucleares.

Pero la reacción a la movilización parcial no se ha hecho esperar y en 40 ciudades de toda la geografía rusa se han producido manifestaciones contra el decreto de Putin. La respuesta fue la represión, con más de 1400 detenciones. Otra reacción popular es el crecimiento de las colas por la búsqueda de pasajes para viajar a países limítrofes para evitar una posible convocatoria a la guerra.

Asimismo, Putin acelera en todos los los territorios ocupados en la región del Donbass (Lugansk y Donetsk), Kherson y Zaporizhzhia – forzar nuevos referéndums entre el 23 y al 27 de septiembre, para que apruebe anexarse a la Federación Rusa. Ya Putin lo hizo en 2014 sobre Crimea. Con esta maniobra fraudulenta pretende luego justificar que es territorio ruso y cualquier ataque a esas localidades podría considerarse como “un ataque a Rusia”. Rechazamos esos referéndums tramposos. Estos territorios son parte de la nación ucraniana y se han convertido en enclaves de Rusia bajo ocupación militar. Tal como ocurrió con Crimea.

Desde la UIT-CI llamamos a multiplicar la solidaridad con las y los manifestantes rusos que se oponen a la política criminal de Putin. Basta de represión a la protesta en Rusia. Por la inmediata libertad de los presos y presas políticas y de los centenares de detenidos por reclamar contra la guerra en Ucrania.

Exigimos a los gobiernos europeos el reconocimiento del derecho de asilo para los soldados rusos que abandonen el frente y a los opositores al régimen de Putin.

Ratificamos nuestra solidaridad con el pueblo ucraniano en su lucha contra la invasión rusa. Seguiremos apoyando a la izquierda política y sindical ucraniana que combaten al invasor ruso sin dar apoyo el gobierno de Zelensky ni a la OTAN.

 

*Fue integrante de la delegacion de la UIT-CI que viajó a Kiev a hacer entrega de ayuda solidaria a sectores de la izquierda ucraniana, en el mes de mayo.

Por Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI)

La protesta o “huelga climática” mundial convocada por la organización juvenil internacional Fridays for Future (viernes por el futuro) se realizará este viernes 23 de septiembre.

Este movimiento iniciado en el 2018, encabezado por la adolescente Greta Thumberg, de 15 años de edad, que acampó frente al Parlamento sueco, exigiendo medidas urgentes disminuyendo emisiones de dióxido de carbono de combustibles para detener el cambio climático, se transformó en una “huelga climática” estudiantil mundial en el 2019 cuando se movilizaron 4 millones de personas, repitiéndose en septiembre de cada año.  

También denunciaron a las Cumbres climáticas convocadas por la ONU, como una burla, ya que las pocas resoluciones que toman no se cumplen. De hecho las emisiones de dióxido de carbono por combustibles, que deberían reducirse en un 45% hasta el 2030, para evitar un calentamiento global catastrófico, están aumentando. 

Y ahora, con la excusa de que hay menos gas en Europa por la guerra de Ucrania, vuelven a producir carbón, que es el peor contaminante. Y agigantaron la producción de armamentos, que implica otro enorme gasto energético.  

Este verano europeo fue el peor en aumento de temperaturas en más de 70 años, sequías e incendios de bosques. En Latinoamérica también estamos ante el incendio de bosques y sequías. Y la perspectiva es que esto siga empeorando, si no se impone la reducción en el uso de energías de petróleo, carbón, gas o biocombustible (vegetales transformados en gasolina). 

Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores -Cuarta Internacional (UIT-CI) consideramos que el capitalismo está destruyendo la vida en el mundo. Los capitalistas y sus gobiernos no tienen interés en el cambio energético, porque afectaría sus ganancias. Por eso para impedir este desastre hay que terminar con el sistema capitalista-imperialista logrando gobiernos de la clase trabajadora, la juventud y los sectores populares que expropie a las multinacionales mineras, de agronegocios, o petroleras y planifique la economía democráticamente en base a las necesidades de los pueblos y que combata el cambio climático y la destrucción ambiental.

En ese camino estratégico en lo inmediato sólo la movilización internacional de la juventud y en general de los pueblos trabajadores y oprimidos puede imponer verdaderos cambios energéticos que disminuyan decisivamente los combustibles contaminantes y contrarreste la destrucción ambiental en curso. 

Por eso, la “huelga climática” convocada para este viernes 23 de septiembre es totalmente justificada y necesaria y le damos todo el apoyo desde la UIT-CI. Llamamos a participar en las movilizaciones y acciones unitarias en cada país. 

 

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores -Cuarta Internacional (UIT-CI)

Escribe Miguel Angel Hernández, dirigente del PSL* de Venezuela y de la UIT-CI
 
A los noventa y seis años murió la reina Isabel II de Inglaterra; setenta años después de ascender al trono del Reino Unido. Fue la monarca de más largo reinado en ese país imperialista.
 
El prolongado reinado de Isabel II es exhibido como un sinónimo de estabilización económica y política por parte del imperialismo inglés. Sin embargo, su muerte se da en un momento de grave crisis al interior del Reino Unido después de la escandalosa renuncia de Boris Johnson y la existencia de una oleada de huelgas que sacude al país.

Después de fallecida, los grandes medios del mundo hacen apología de ella presentándola como “una reina que marcó época”, y como alguien que preservó contra viento y marea la corona británica, una reminiscencia de la Edad Media que se remonta al siglo X de nuestra era.
En rigor, la nobleza británica es parte fundamental del capitalismo-imperialista, que hizo que el Reino Unido fuera el país dominante y el jefe del colonialismo durante siglos.
Desde 1953, cuando fue coronada Elizabeth Alexandra Mary Windsor, el nombre de pila de la reina, le tocó lidiar con la decadencia del imperialismo inglés en el mundo, y el ascenso de Estados Unidos como la principal potencia capitalista-imperialista.
 
El imperio se cae a pedazos

A pesar de ser una de las potencias aliadas victoriosas, después de la segunda guerra mundial gran parte de la infraestructura del país estaba destruida, y se encontraba endeudado y sumido en una severa crisis económica, profundizando la decadencia que ya había comenzado a evidenciarse después de la primera guerra mundial.

Pero a pesar de esto Inglaterra no dejó de seguir actuando como una potencia imperialista. En 1956 invadió Egipto en alianza con Francia con el objetivo de tratar de controlar el canal de Suez, pero esta incursión militar fue un desastre que puso claramente en evidencia lo pronunciado de su retroceso como país imperialista. La consecuencia fue la nacionalización del Canal de Suez, que estaba en manos inglesas, por el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, que encabezaba al nacionalismo-burgués árabe.

En ese marco comenzó a desmoronarse el imperio como consecuencia de la lucha de los movimientos nacionalistas de liberación en las colonias. Los pueblos sojuzgados por décadas comenzaron a levantarse. Primero fue la India en 1948, cuando aún la reina Isabel II era tan solo princesa. Siguieron Birmania, Ceilán, Malasia. También en 1948 concluyó el mandato británico en Palestina, posteriormente Malta. Y en la década del ‘60 las colonias africanas. Ghana en 1957, Nigeria en 1960, Sierra Leona y Tanganika en 1961, hoy parte de la República Democrática del Congo, Uganda en 1962, Kenia y Zanzíbar en 1963, Gambia en 1965, Botsuana y Lesoto en 1966, Mauricio y Suazilandia en 1968, y las islas Seychelles en 1976. Y en el Caribe, Jamaica y Trinidad y Tobago se independizaron en 1962 y Barbados en 1966.
 
La guerra de Las Malvinas

El 2 de abril de 1982, la junta militar argentina encabezada por Leopoldo Galtieri inició una operación para recuperar las islas Malvinas, que en 1833 se había apropiado el imperialismo inglés. Inmediatamente Inglaterra envió una inmensa flota para recuperar dichas islas, reivindicadas por Argentina como parte de su territorio. Luego de diez semanas de cruentos enfrentamientos, Inglaterra, con apoyo de Estados Unidos, derrotó a Argentina. La reina Isabel II avaló la operación militar desplegada por Margareth Thatcher, y en alguna ocasión afirmó: “La Guerra de las Malvinas fue luchada por las fuerzas británicas a favor de la democracia y la libertad”. En realidad, no fue sino otro evento de rapiña imperialista, que se suma a la larga lista de violencia y opresión que ha caracterizado la historia del imperialismo inglés.
 
Inglaterra: miembro de la OTAN y aliado incondicional de Estados Unidos

Tras perder su estatus de primera potencia imperialista mundial, Inglaterra fue una aliada incondicional de Estados Unidos y la acompañó en todas las intervenciones militares llevadas adelante por la que ahora era la principal potencia del imperialismo mundial.
Como parte de la OTAN, soldados del ejército inglés participaron en la guerra del Líbano, entre 1982 y 1984, así como en la guerra del golfo Pérsico y la invasión a Irak, entre 1990 y 1991. Igualmente en la incursión en 1995 de Bosnia y Herzegovina; en la operación Zorro del Desierto en Irak en 1998, en Kosovo entre 1998 y 1999. Después de los ataques a las torres gemelas en New York, fue parte de la invasión a Afganistán. Y en el año 2003 invadió conjuntamente con Estados Unidos a Irak.
 
Represión en Irlanda del Norte, ajustes de Thatcher y Lady Di

En el frente interno, la reina avaló la brutal intervención del ejército británico en apoyo de las organizaciones paramilitares que favorecían la dominación inglesa en Irlanda del Norte. Este conflicto se extendió por tres décadas entre 1968 y 1998.
Bobby Sands, nacionalista miembro del Ejército Republicano Irlandés (IRA), quien encabezó en 1981 una larga huelga de hambre junto a otros activistas de esa organización, murió por inanición ante la total indiferencia del gobierno de Thatcher y la reina Isabel II.

La reina acompañó las políticas de Margareth Thatcher de desregulación laboral, privatización de empresas estatales y reducción del gasto social, impulsadas por la primera ministra durante la década del ‘80. Durante su reinado en esta época, fue parte del desmantelamiento progresivo de los sindicatos, especialmente a partir de la huelga minera de 1984-85, violentamente reprimida por el gobierno inglés. Resultó en el cierre de cientos de minas, las que quedaron fueron privatizadas posteriormente, y produjo el despido de más de diez mil mineros.

Ya son proverbialmente famosas sus desavenencias con la princesa Diana de Gales, esposa de su hijo Carlos, quien acaba de heredar su corona. Lady Di dio varias entrevistas a diversos medios donde criticaba duramente a la corona, sus riquezas y protocolos clasistas. Se recuerda la indiferencia de la reina ante su muerte, quien permaneció de vacaciones a las afueras de Londres, y fue solo varios días después de su trágico fallecimiento, y ante el malestar y la presión popular, que dirigió una alocución pública lamentando su muerte.
 
Las riquezas de la reina

La mayoría de los hombres y mujeres de este planeta viven del salario que devengan producto de su trabajo diario. La reina Isabel II y su familia, no. Sin embargo, su riqueza personal se calcula en unos 470 millones de dólares.

Buena parte de estas riquezas provienen de una subvención del gobierno inglés (subvención soberana) que asciende al 15% de las ganancias obtenidas por el “Crown Estate” o “Corona Estatal”, un conglomerado de tierras, inmuebles, comercios y otros de activos, que durante el año financiero 2020-2021 le proporcionaron a la Casa Real 99 millones de dólares.

Otra fuente de ingresos es el llamado “monedero privado”, constituido por 315 residencias, así como locales comerciales en Londres y miles de hectáreas de tierras, ubicadas fundamentalmente en el Ducado de Lancaster. La familia real los posee desde el año 1265, y generó en el ejercicio fiscal de 2020-2021 más de 23 millones de dólares.

Además Isabel II poseía dos residencias privadas: el castillo de Balmoral, en el noreste de Escocia, cuyo valor es de 115 millones de dólares, y la finca de Sandringham, valuada en unos 58 millones de dólares.

A todos estos activos se agrega una colección de estampillas valorada en 115 millones de dólares. Las famosas joyas de la Corona, valuadas en 3.400 millones de dólares, así como numerosas obras de arte.

El nombre de Isabel II apareció en los Paradise Papers, filtrados en 2017. De acuerdo a documentos secretos que se hicieron públicos en ese momento, la reina habría depositado a través del ducado de Lancaster 11 millones de dólares en paraísos fiscales de islas Caimán y Bermudas, para evadir impuestos.

Contradictoriamente, muchos trabajadores y sectores importantes del pueblo inglés tienen simpatía por la reina y la monarquía. Esto no es así en el caso del pueblo irlandés y del escocés, especialmente el primero que ha estado en guerra en varias ocasiones contra el imperialismo británico. La ostentosa vida palaciega, de lujos y privilegios exagerados, contrasta con la vida cotidiana de millones de trabajadoras y trabajadores ingleses que sufren la explotación capitalista, mientras subvencionan con sus impuestos a una monarquía parasitaria.
 
* Partido Socialismo y Libertad (PSL), sección venezolana de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)

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