
Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad
Las primeras señales se conocieron el pasado viernes 2 de agosto, aunque el estallido sucedió el lunes 5. Se produjo una fuerte y feroz caída (un “crack”) de las bolsas de valores mundiales. Acciones, bonos de los estados, criptomonedas, precios de las denominadas commodities (como la soja) cotizaron a la baja. Varios interrogantes se abrieron: ¿por qué sucedió? ¿Estamos en la puerta de una nueva crisis aguda global, como la de 2008? Y, por sobre todo, ¿qué consecuencias tienen estas crisis para los pueblos trabajadores del mundo y para nuestro país en particular.
El lunes 5 de agosto se produjo un desplome histórico de la Bolsa de Tokio (el índice Nikkei), que cayó un 12,4%, el peor descenso desde 1987. Esto rápidamente rebotó hacia todas las bolsas del mundo: se hundió Wall Street, las europeas y también las latinoamericanas. En pocas horas, las cotizaciones en picada hicieron que se evaporaran dos billones de dólares de valores de capitalización bursátil. Que hasta ese momento figuraban en el capital de las grandes empresas o en los patrimonios de los multimillonarios del planeta. Surge un interrogante: ¿Existían previamente en realidad o era una pura sobrevaluación especulativa?
Es que el capitalismo imperialista mundial hace más de medio siglo que no funciona bien, ni siquiera en su propia lógica. Estamos inmersos en una crisis crónica, ya que el capital productivo genera menores ganancias que el especulativo (sea financiero, bursátil, etcétera). Por eso constantemente se generan burbujas especulativas, negocios parasitarios para unos pocos pulpos especuladores, que, más temprano que tarde, terminan explotando, dejando un tendal de perdedores. Claro que también sucede que estos “perdedores”, si son bancos o grandes empresas transnacionales terminan siendo rescatados (por la Reserva Federal en el caso yanqui o por los bancos centrales de Europa o Japón). A quien se quiere hacer pagar los platos rotos, siempre, es al pueblo trabajador por medio de feroces planes de ajuste.
El detonante japonés
El Banco de Japón el 31 de julio pasado subió la tasa de interés del 0% al 0,25% anual. La decisión de aumentar las tasas de interés fue consecuencia del aumento de la inflación, que pasó de ser negativa (-1%) en 2020 a superar el 4% anual. Parece un número menor, pero no lo es si observamos que hacía años que dicha tasa estaba congelada. La suba de la tasa de interés, liquidó un negocio especulativo que venían realizando los grandes capitalistas japoneses: endeudarse (recordemos que a tasa cero), para con ese dinero comprar en la bolsa yanqui acciones o bonos y embolsarse las ganancias de las altas cotizaciones norteamericanas. Ahora, con créditos más caros, ya no convenía seguir con esa bicicleta y los especuladores japoneses salieron rápidamente a desprenderse de esas acciones y bonos, provocando una caída en las cotizaciones. Claro que esas inversiones especulativas no estaban sólo en Wall Street, sino diseminadas por todas las bolsas del mundo, que así se hundieron el día lunes, incluyendo el índice Nikkei de la Bolsa de Tokio.
“La tormenta perfecta”: la coincidencia con las dudas sobre la economía yanqui
El capítulo “japonés” de esta historia coincidió con otro que estaba sucediendo al interior de los propios Estados Unidos. Se trata de una historia que viene desde 2008, ya que la recuperación de la economía yanqui fue lenta a posteriori de esa crisis. Millones que habían perdido sus empleos, cuando lograron reincorporarse al mundo del trabajo lo hicieron en puestos de peor calidad, más precarios, de medio tiempo (obligando a tener uno, dos y hasta tres trabajos) y con menores salarios. Eso generó en su momento el voto castigo a Obama en la elección de fines de 2016.
Durante los primeros años de Trump, la economía siguió igual. Luego llegó la pandemia y generó una recesión record. Si bien hubo una recuperación en 2021, decenas de miles que habían perdido sus empleos nuevamente solo consiguieron reinsertarse en peores condiciones y con salarios más bajos.
A ello se agregó la aparición de una inflación inédita desde la década del ´70, que pegó fuertemente sobre los salarios, deprimiéndolos más aún. Una parte importante de la derrota de Trump en las elecciones de fines de 2021, se explica por el repudio a esta situación económica y social.
El gobierno yanqui buscó bajar la inflación subiendo la tasa de interés de la Reserva Federal hasta 5,25%, y de esa manera, encareciendo el crédito. Esta política comenzó en los últimos años de Trump y se mantuvo durante todo el gobierno de Biden. Pegó sobre millones de familias trabajadoras, endeudadas de por vida pagando hipotecas u otros créditos, destinando a ello más de un tercio de sus salarios. Para peor, la inflación no descendió lo esperado, y continuó achicando los ingresos.
Mientras sucedía todo esto, se vivía una realidad totalmente distinta en los mercados bursátiles, financieros y especulativos yanquis, ya que subían las acciones y los bonos y el establishment financiero amasa fortunas. ¿Cuál era la realidad, la de los salarios deprimidos y las familias endeudadas o la de los millones amasados en Wall Street?
Una mirada más fina, nos permitía ver que lo del incremento de las cotizaciones bursátiles era un espejismo. En realidad lo único que crecía eran las cotizaciones de las llamadas “siete magníficas”: Nvidia, Tesla, Meta (Facebook), Alphabet (Google), Amazon, Microsoft y Apple, grandes corporaciones de las nuevas tecnologías. En el resto, las tasas de ganancia no se recuperaban y hay miles de empresas llamadas “zombies” (superendeudadas y que sólo sobreviven porque siguen obteniendo nuevos créditos).
Pero la realidad es que aún las propias “siete magníficas” también están sobrevaluadas, con cotizaciones muy por encima de los resultados de sus balances. Las señales marcaban serias posibilidades de que se estuviera incubando una nueva burbuja especulativa que, como las anteriores, terminara estallando.
La suma de las noticias de la suba de tasas en Japón coincidió la semana pasada con la publicación de nuevos datos de empleo en los Estados Unidos (aumentó del desempleo de dos décimas, situándose en el 4,3%) y ambas cosas unidas a que se conocieron algunos balances de las “siete magníficas” con resultados peores a los esperados, provocó la caída de la Bolsa. En los días siguientes, hasta ahora, las acciones, bonos e índices, sin seguir en un desplome tan fuerte, no se han recuperado.
La inteligencia artificial: ¿una nueva burbuja?
Veremos en las próximas semanas si estamos a las puertas de una nueva crisis aguda como la de 2008 (que terminó provocando quiebras en masas y una depresión planetaria generalizada) o esto es sólo un aviso. Pero la realidad es que cada vez se hace más claro que la economía yanqui no se ha recuperado nunca plenamente desde aquella crisis, y viene sobreviviendo por medio de la generación de burbujas especulativas.
Lo que ahora aparece es que todo el nuevo sector de la Inteligencia Artificial, que se lo vende como el eje de la nueva y mayor productividad del capitalismo del futuro, en la realidad del capitalismo imperialista de hoy lo que está haciendo es generar e inflar esta nueva burbuja que amenaza con estallar y provocar una crisis de proporciones.
Recordemos que las siete magníficas son la mayor expresión de lo que se conoce como “la economía del Silicon Valley”, que creció en las últimas décadas Pero ese sector supuestamente pujante de la economía yanqui no está exento de problemas. Sus cotizaciones registraron un descenso de 15% en estos días.
Varios factores intervienen en este colapso. Cada vez se sospecha más que la Inteligencia Artificial, y complementariamente la industria de fabricación de chips, han generado expectativas exageradas sobre sus futuras ganancias. En el último mes, Amazon, Apple, Meta y Nvidia publicaron resultados en sus balances que decepcionaron a los especuladores con esas acciones. Se empezó a desarmar la euforia de los inversores por los negocios en torno a la Inteligencia Artificial. Esto tiene un efecto inmediato en cadena para los fabricantes de microchips.
En síntesis, se desnuda la burbuja especulativa: las esperanzas puestas en la inteligencia artificial no se compadecen con la realidad. Las grandes tecnológicas no logran convencer a los especuladores de Wall Street de que la Inteligencia Artificial es el nuevo motor productivo de la economía global: “Las promesas de avances significativos en inteligencia artificial por parte de Amazon, Microsoft y Alphabet no han satisfecho a los inversores, que expresan su decepción con caídas en las acciones de estas empresas tecnológicas” (Washington Post, 3/8).
La conclusión es que, tal como viene sucediendo desde hace medio siglo, seguimos en medio de una crisis crónica de la economía imperialista. Las tasas de ganancia no se recuperan en los sectores productivos y las superganancias provienen centralmente de la especulación. En otras palabras, la inteligencia artificial está lejos de ser el pasaporte a una etapa de crecimiento del capitalismo.
Por eso lo que seguiremos viendo serán nuevos episodios de crisis como la que se abrieron esta semana. Lo que sigue, antes los billones de dólares perdidos, es que se tratará una vez más que sean los pueblos del mundo quienes lo paguen, por nuevos y más duros planes de ajuste. El camino, como siempre, será enfrentarlos con la lucha obrera y popular. Una vez más, el capitalismo demuestra que no ofrece ninguna salida, lo que nos obliga a luchar por gobiernos de las y los trabajadores y la izquierda, abriendo el camino hacia un mundo socialista.
Escribe Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista, sección argentina de la UIT-CI.
5/8/2024
La crisis electoral de Venezuela vuelve a abrir múltiples interrogantes en miles y miles de luchadoras y luchadores. ¿Qué pasa en Venezuela? ¿Maduro es un gobierno de izquierda y antiimperialista que defiende el petróleo ante los yanquis? Maduro está enfrentando a las multinacionales petroleras? ¿Habría entonces que defender a Maduro y no denunciar el fraude? Nuestra corriente trotskista socialista tiene otra visión.
Como socialistas revolucionarios queremos aclarar una vez más ante la vanguardia mundial antiimperialista y socialista el verdadero carácter del gobierno de Nicolas Maduro y de lo que significó el chavismo. Es totalmente falso que en Venezuela haya un gobierno de izquierda ni que el chavismo haya impulsado la construcción de un “Socialismo del Siglo XXI”, como lo proclamó Hugo Chávez el 1° de mayo del 2005. Los hechos muestran claramente que el chavismo nunca hizo una ruptura con el capitalismo ni dejó de pactar con las multinacionales del petróleo.
La izquierda mundial, el peronismo y hasta sectores que se dicen trotskistas, han distorsionado la realidad. Para justificar su claudicación a los gobiernos patronales de conciliación de clases, sea Maduro, Lula, Petro o Boric.
Veamos que dice, por ejemplo, Valerio Arcary, dirigente de la corriente Resistencia y del PSOL de Brasil, apoyadores del gobierno de Lula. Arcary se reivindica a sí mismo como trotskista. Según él: “El análisis del resultado de las elecciones no puede reducirse a una consideración ingenua. (…) Lo que está en juego es un realineamiento de Venezuela con EE.UU., como una semicolonia, la privatización de PDVSA y la entrega de las mayores reservas de petróleo a las grandes corporaciones petroleras. (…) El gobierno de Maduro ha asumido un proyecto de regulación estatal nacionalista del capitalismo con reformas sociales.” (“La batalla por Venezuela”, 1° de agosto. Revista Jacobin).
O sea, para Arcary, es secundario si hubo fraude o no (no tener “una consideración ingenua”) y si por eso la policía asesina a 20 personas y se encarcela masivamente. Sino que el centro de la “batalla” es por el control del petróleo. Si cayera Maduro, según Arcady, se entregarían “las mayores reservas de petróleo a las grandes corporaciones petroleras” (multinacionales). Este tipo de mensaje es que el difunden gran parte del reformismo mundial y el castrismo.
Es lógico que se genere mucha confusión y dudas en millones. Y más cuando la oposición de Corina Machado es de derecha liberal y proyanqui. Pero todo esto es una gran mentira.
Chevron y las multinacionales petroleras hace años que están en Venezuela de la mano del chavismo
Primera aclaración, para evitar otras confusiones. Desde ya que la derecha proyanki que encabeza María Corina Machado quiere más entrega del petróleo. Pero fundamentalmente quieren ser ellos los intermediarios del negocio petróleo desplazando al chavismo y sus mafias corruptas. Cambiar una mafia por otra. Nada más.
Porque es una mentira mas grande que una casa que si se fuera el gobierno de Maduro entrarían “las grandes corporaciones petroleras”. ¡No! Ya están hace rato las multinacionales del petróleo en Venezuela. Desde el 2007, Chávez pactó, por ley, asociar a las multinacionales como empresas mixtas en PDVSA.
Entre las primeras empresas firmantes de los acuerdos estuvieron, entre otras, Chevron de Estados Unidos, Repsol española, la británica Shell, la francesa Total, China National Petroleum y Petrobras de Brasil. Exxon Mobil fue la única que no aceptó reconvertirse y se retiró. Luego se irían sumando Mitsubishi, de Japón, y las rusas Lukoil, Gazpom, Rosneff,
Los únicos que se opusieron a esta política fue la corriente socialista y clasista encabezada por Orlando Chirino y José Bodas, dirigentes obreros del Partido Socialismo y Libertad (PSL) y de la Corriente Clasista Unitaria Revolucionaria y Autónoma (C-Cura), desde el mismo seno de los trabajadores petroleros. Desde el primer momento la consigna fue “Basta de empresas mixtas. PDVSA 100% estatal bajo cogestión de los trabajadores”.
La entrega del petróleo venezolano a las multinacionales pegó un nuevo salto en el 2010 cuando el propio Chávez firmó la entrega de varios bloques de la Faja del Orinoco, que es considerada la zona de mayor reserva de petróleo del mundo.
En los primeros meses de 2010, el entonces ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, anunció que el consorcio conformado por la petrolera estadounidense Chevron, Mitsubishi Corporation y la empresa Inpex Corporation, estas dos últimas de Japón, y Suelopetrol de Venezuela, serían socios de PDVSA en el proyecto Carabobo 3, formado por los bloques 2 Sur, 3 Norte y 5. El proyecto Carabobo 1 fue entregado al consorcio integrado por Repsol, ONGC Videsh Limited, la Indian Oil Corporation de India y Petronas de Malasia. Este campo está conformado por las áreas 1 Centro y 1 Norte. Los bloques entregados a las transnacionales producian entre 400 y 480 mil barriles de petróleo diarios.
Entonces Hugo Chávez hizo un llamado a las empresas capitalistas no sólo a explotar el petróleo, sino a sumarse al "desarrollo del país", y se felicitó por la "confianza" demostrada por los empresarios en la economía capitalista venezolana (datos y citas ver libro ¿Por qué fracasó el chavismo? De Simón Rodríguez Porras y Miguel Sorans, páginas 135 y 136).
También ese pacto se hizo con otras multinacionales (Nestlé, Coca Cola, DHL, Movistar, Citibank entre otras) y grandes empresarios venezolanos, mientras fomentaba el surgimiento de empresas que hacían negocios con el Estado, muchas ligadas a las Fuerzas Armadas, generando un nuevo sector burgués que se conoce como la “boliburguesía”. Se considera que hay unas 15 empresas manejadas por los militares. Lo cual explica que aún sigan siendo la columna vertebral del régimen. Todo en el marco de una política antiobrera de bajos salarios y de ataques a las organizaciones obreras y de izquierda independiente.
Nada más alejada de la realidad la otra mentira de Arcady de que el “gobierno de Maduro ha asumido un proyecto de regulación estatal nacionalista del capitalismo con reformas sociales”. Ya bajo Chávez empezaron las penurias para el pueblo trabajador a caballo de las ganancias que se llevaban las multinacionales y la corrupción y explotación de la nueva burguesía y la vieja patronal como el grupo Cisneros o el grupo Polar. Fue esa política la que llevó a la debacle económica y social del Venezuela.
Las multinacionales nunca se fueron de Venezuela
Pese a las sanciones que hubo sobre el negocio petrolero, en estos últimos años, por parte de EE.UU. las multinacionales nunca se fueron. Solo hubo retiros parciales. En ese marco, lo más importante es que ya en noviembre del 2022 se ratificó la licencia de Chevron, que empezó a enviar 200.000 barriles de petróleo por día a EE.UU.
Un año después, en noviembre de 2023, el diario El País, del estado español, informaba de nuevas inversiones petroleras, luego de que EE.UU. anunciara el levantamiento de muchas de las sanciones económicas que pesaban sobre Venezuela: “Además de Repsol y Eni (Italia), que llevan tiempo trabajando con Venezuela en proyectos gasíferos, la francesa Maurel and Prom ha anunciado que retoma sus operaciones en el Lago de Maracaibo. China Petroleum e Indian Oil ya adelantan trabajo con Miraflores. (…) Mitsubishi quiere reasumir el proyecto petroquímico de Metanol de Oriente, Metor. Caracas ha confirmado los proyectos conjuntos petroleros y gasíferos con la colombiana Ecopetrol. Se habla también de Petrobras y la india Reliance” (El País, 27/11/2023).
A su vez, en junio de 2024, mostrando que el supuesto bloqueo no existe, la Asamblea Nacional (AN, Parlamento), dominada por Maduro, autorizó una prórroga de 15 años a la empresa mixta petrolera de Venezuela Petroindependencia, donde Chevron tiene un 34% de participación, podrá operar hasta 2050, (Datos de Periódico Energía, 18/07/2024).
Ante la nueva crisis política creada por el fraude, Maduro anunció que si seguía la presión de EE.UU. “entregaría las licencias de las petroleras norteamericanas a los países del BIRC”. Esto muestra dos cosas: una la confirmación de que existe un pacto con las petroleras yanquis y segundo, que no amenaza con estatizar esas concesiones, sino entregarlas las multinacionales petroleras de Brasil, India, Rusia o China, que ya están hace años en Venezuela.
Más claro, echarle agua. El gobierno de Maduro no tiene nada de socialista y menos de antiimperialista. Se trata de una dictadura capitalista con un discurso seudo antiimperialista para seguir con la entrega del petróleo y la explotación del pueblo trabajador. Desde el PSL y la UIT-CI seguimos nuestra lucha por terminar con la dictadura de Maduro, su fraude y su represión, rechazando que la oposición de derecha proyanqui sea una alternativa. Luchamos por lograr un gobierno de las y los trabajadores que inicie el camino del verdadero socialismo con democracia para el pueblo trabajador.
Escribe Bruno Cancelinha, dirigente del Movimiento Alternativa Socialista (MAS), sección portuguesa de la UIT-CI.
5/8/2024. Dentro de poco más de tres meses, Estados Unidos elegirá un nuevo presidente. Esa es una de las pocas certezas que podemos tener de estas elecciones, que ya están demostrando ser muy turbulentas. Sólo en el último mes, hemos tenido de todo: desde un debate desastroso que reveló el estado senil del imperialismo estadounidense, llamamientos para que Biden abandone la carrera, el intento de asesinato de Donald Trump y, finalmente, la retirada de Biden y la entrada de Kamala Harris.
El ala trumpista ata a los republicanos
En este primer mes, también tuvimos la convención republicana, que oficializó el nombre de Donald Trump -y de su vicepresidente, J.D. Vance- como candidato de los republicanos a la Casa Blanca. Lo que salió de esa convención fue la garantía de la consolidación del poder del ala trumpista dentro del Partido Republicano. No hubo voces discordantes, e incluso republicanos que, en el pasado reciente, se mostraron contrarios a Donald Trump -como su ex embajadora en Naciones Unidas, Nikki Haley, o incluso el propio Vance, que alaban ahora a Donald Trump. El atentado contra el expresidente también ha servido para aumentar el misticismo que rodea a Trump y consolidar aún más su influencia entre las bases del partido.
Destaca la ausencia de cuadros que estuvieron en la administración de Trump hace cuatro años -concretamente su vicepresidente Mike Pence y John Bolton- que, junto a todo un sector de republicanos, se han visto arrinconados.
Caos en el Partido Demócrata
Por su parte, el Partido Demócrata aún no ha hecho oficial su candidatura a la Casa Blanca. En contra de lo que ocurre tradicionalmente, este año la dirección del partido impidió la celebración de las primarias, el proceso en el que se elige al candidato. Prohibió los debates y, en algunos estados, impidió la participación de candidatos distintos de Biden.
La posición de la dirección del partido era clara: el candidato sería Joe Biden, independientemente de lo que quisieran las bases. Esto, a pesar de que Biden prometió que sería un presidente de un solo mandato. En realidad, el Partido Demócrata temía que el corriente «izquierdista» del partido presentara una candidatura, repitiendo potencialmente el inesperado éxito de Bernie en las primarias de 2016 y 2020.
Pero el Partido Demócrata fue incapaz de enmascarar la desastrosa actuación de Biden en el debate con Donald Trump, y las voces que pedían que Biden abandonara la carrera se hicieron cada vez más difíciles de ignorar, con cuadros centrales del partido e importantes financieros pidiendo su dimisión. Después de tres semanas negando lo inevitable, Biden abandonó la carrera y lanzó su apoyo a su vicepresidenta, Kamala Harris.
Nueva cara, misma política
Con la entrada de Kamala Harris, el discurso de la dirección del partido dio un giro de 180º grados. Biden, ya no era el único que podía derrotar a Donald Trump, sino Kamala. Dejarla fuera fue una reflexión por su pobre actuación en las primarias de 2020, que la llevó a abandonar la carrera antes incluso de que hubiera empezado.
El anuncio de Kamala Harris -una mujer negra y del sur de Asia- como candidata del Partido Demócrata crea inevitablemente ilusiones en la izquierda, de que esta candidatura es diferente a la presentada por Joe Biden. El apoyo de figuras del pop como Beyoncé y Charli XCX, consolidó esta imagen de una Kamala más joven y dinámica. Pero, por supuesto, se trata sólo de un cambio en el marketing político, manteniendo la plataforma de Biden.
El pasado de Kamala es revelador. Como fiscal general de California, mantuvo a personas encerradas incluso después de que el Tribunal Supremo pidiera una reducción de la población carcelaria -recordemos que, con el 5% de la población mundial, Estados Unidos tiene el 25% de la población carcelaria del mundo-. Ha perseguido a trabajadores pobres por posesión de drogas blandas, ha amenazado con detener a padres por el abandono escolar de sus hijos, ha mantenido encerradas a personas más allá de su condena para utilizarlas como mano de obra penitenciaria.
Como vicepresidenta, Kamala fue responsable de una de las políticas antiinmigración más duras, con su política de «¡No vengas!”. De hecho, los demócratas llegaron a preparar una legislación, junto con los republicanos, para «asegurar la frontera», que aún no se ha aprobado porque fue rechazada por los republicanos para que la inmigración siguiera siendo un tema clave en la campaña presidencial.
Recientemente, Kamala se ausentó del discurso de Netanyahu ante el Congreso estadounidense. Israel criticó su ausencia y algunos periódicos como The Telegraph llegaron a utilizar el término «boicot». En la izquierda, algunos sectores vieron la postura como un cambio al «apoyo incondicional» de Biden a Israel. Pero todo fue puro teatro político, ya que al día siguiente Harris se reunió en privado con el Primer Ministro israelí y le ofreció todo su apoyo. En su discurso, Harris se mostró más empática con el sufrimiento de Gaza, pero se trata sólo de retórica, ya que también afirma su apoyo incondicional a Israel y seguirá enviando bombas y municiones para que Israel lleve a cabo el genocidio.
Necesitamos un partido de las y los trabajadores
Desde 2016, una corriente más socialdemócrata del Partido Demócrata ha ido ganando fuerza. Esta corriente actual, los Socialistas Democráticos de América (DSA), incluye a representantes como Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), Ilhan Omar, Bernie Sanders, etc. Pero con el tiempo, esta corriente actual, hegemonizada por el socialismo reformista, se ha revelado cada vez más centrista, ya que los Socialistas Demócratas de América (DSA) pidieron que Biden se retirara de la campaña inmediatamente después del desastroso debate, mientras que AOC -que también es activista de DSA-, Ilhan Omar y Bernie Sanders permanecieron con el presidente estadounidense hasta el final. Creando ilusiones sobre lo que ha sido la presidencia americana y la posibilidad de la derrota de Trump.
Pero, la dirección del Partido Demócrata, ha demostrado una y otra vez que está dispuesta a todo -incluso a boicotear sus propias primarias- para evitar que esta corriente gane influencia real dentro del partido. El Partido Demócrata es un partido burgués del mayor Estado imperialista del mundo, que siempre satisfará los intereses de sus financiadores y del complejo militar-industrial.
Ninguna solución vendrá de adentro del Partido Demócrata. Incluso el grupo de demócratas «progresistas» elegidos para la Cámara de Representantes -conocido como «El Escuadrón»- u otras figuras vinculadas a la izquierda estadounidense, como Bernie Sanders, ya han demostrado que son incapaces de romper con el Partido Demócrata y sus financiadores.
Incluso después de las grandes votaciones de Bernie Sanders en las primarias de 2016 y 2020, y con la profunda crisis del régimen -que pone en cuestión a los dos partidos dominantes-, este sector sigue negándose a crear una alternativa a la patronal, la burguesía y la política imperialista de su país. Al final, cumple el triste papel de recoger el descontento contra el sistema bajo el paraguas de los demócratas.
Lo que hace falta es romper con el Partido Demócrata y empezar a construir uno nuevo, un partido de las y los trabajadores que una a los nuevos luchadores sindicales con la izquierda independiente. Sólo así podríamos empezar a construir una nueva dirección política al servicio de la clase obrera norteamericana. Y ayudar a organizar las luchas por el fin del genocidio en Palestina; por un servicio de salud pública; por el fin del racismo sistémico y tantas otras luchas que han sacado a la calle a los trabajadores y sectores oprimidos.

Venezuela: Campaña Libertad a los presos por protestar

Maduro no es socialista ni antiimperialista

Declaración de Izquierda Socialista / Repudio al fraude en Venezuela

Venezuela / Maduro ejecuta un fraude y se proclama nuevamente presidente

No al fraude. Declaración del PSL de Venezuela

*Archivo
Correspondencia Internacional N°40: 2017 / ¿Adónde va Venezuela?
Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad denunciamos el fraude electoral perpetrado por el gobierno de Nicolás Maduro. Reclamamos que se respete la voluntad popular de millones de venezolanas y venezolanos. Y exigimos el cese de la represión, que ya se cobró varias vidas, personas desaparecidas y más de 1000 detenidos. Denuncia al régimen madurista que por supuesto nada tiene que ver con las críticas que realiza el presidente ultraderechista Javier Milei, quien aprovechándose de lo ocurrido en Venezuela ha dicho que está por “la democracia y la libertad”. ¡Cínico!
Desde que asumió Milei lo único que hace es aplicar un brutal ajuste y atacar permanentemente las libertades democráticas, reprimir y criminalizar la protesta social y reivindicar el genocidio de la última dictadura militar. La única libertad y democracia que defiende Milei es la de los poderosos y el FMI.
También Milei dice que en Venezuela “fracasó el socialismo”. ¡Mentira! En Venezuela no hay ni hubo ningún socialismo. Esto fue lo que quiso vender el chavismo durante años con su “socialismo del siglo XXI”, un disfraz del capitalismo venezolano en el que fue beneficiando cada vez más a la cúpula militar y a la llamada “boliburguesía” aliada al poder. En Venezuela hay capitalismo. Por ejemplo, las multinacionales hacen fortunas, como la norteamericana Chevron, pagando salarios miserables en dólares a los trabajadores petroleros. No puede haber nunca socialismo con salarios de 4 dólares, políticas anti obreras, pobreza extrema y servicios públicos destruidos, provocando el éxodo del 20% de su población.
En Venezuela lo que fracasó fue el chavismo y el gobierno de Maduro. Un gobierno patronal del doble discurso que habla de “socialismo” para confundir, mientras pacta con las multinacionales del petróleo y ajusta y reprime al pueblo trabajador. Es lógico que viendo el rol de la derecha mundial muchos sectores de luchadores se pregunten si todo esto es verdad. Pero es la cruda realidad.
Por otra parte, mientras casi nadie en Venezuela cree en los resultados electorales proclamados por el propio gobierno, salvo los allegados de Maduro, dirigentes ligados al peronismo kirchnerista viajaron como veedores a lavarle la cara al régimen dictatorial venezolano hablan de “transparencia”. La dirigencia de Unión por la Patria, por ejemplo, no condena el fraude ni menciona la represión que persigue al pueblo venezonalo que reclama que se respete su voto.
La mayoría del pueblo venezolano mostró su hartazgo en las urnas, pero lamentablemente lo hizo equivocadamente por el candidato pro patronal y pro yanqui de la derecha liberal, Edmundo González Urrutia, apoyado por su mentora María Corina Machado. Variante patronal que rechazamos, porque seguirá ajustando al pueblo venezolano y profundizando el saqueo imperialista.
Nuestro partido hermano de Venezuela, el Partido Socialismo y Libertad (PSL), con quien integramos la corriente internacional UIT-CI, había presentado junto a otras organizaciones una candidatura de la izquierda independiente y opositora al gobierno, que fue proscripta. Por eso inmediatamente denunció “La clase obrera no tiene candidato”, repudiando dicha proscripción y todas las demás irregularidades del gobierno. Fraude que terminó de consumarse con la proclamación de Maduro como presidente hasta 2031 por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE), sin siquiera mostrar las actas.
Somos solidarios con las genuinas movilizaciones populares en Venezuela, el único camino posible para derrotar el fraude y la represión del gobierno de Maduro. Izquierda Socialista ratifica que, tanto en Venezuela como en Argentina, la salida de fondo para nuestros pueblos pasa por imponer planes económicos obreros y populares y gobiernos de las y los trabajadores, en camino de construir el verdadero socialismo, que solo será con plena democracia para el pueblo trabajador.
Mónica Schlotthauer
(Diputada Nacional)
Mercedes Trimarchi
(Diputada CABA)
Juan Carlos Giordano
(Diputado Nacional electo)
Izquierda Socialista en el FIT-Unidad
2 de agosto 2024
Contacto de prensa: 11 6054-0129