El 11 de mayo de 1976, en el barrio de Tolosa de la ciudad de La Plata, dos jóvenes y una joven, militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) fueron secuestrados en su vivienda y desaparecidos. Muchos años después sus cuerpos fueron hallados en el cementerio de Ezpeleta, figuraban como NN.
Escribe: José “Pepe” Rusconi
Luego del golpe militar de 1976, el PST pasó a funcionar en la clandestinidad. Los militantes nos organizamos en “células”, que eran grupos muy reducidos donde se evitaba conocer domicilios, trabajos y apellidos de sus integrantes. Una de estas células funcionaba en el barrio de Tolosa y la conformábamos cinco compañeros y compañeras. Éramos Julio Matamoros “el Bocha”, Alejandro Ford “el Negro”, Mónica de Olazo “Moniquita”, Pelusa y yo. Alejandro y Mónica eran pareja, al igual que Pelusa y yo.
A fines de 1976, este grupo se modificó en su composición. A Pelusa y a mí nos asignaron otras actividades. Miguel, un compañero oriundo de Avellaneda, me reemplazó como responsable de esa célula. Pero en la mañana del 12 de mayo, nos encontramos con Miguel y me contó que la noche anterior, cuando se dirigía al departamento donde vivían los compañeros de Tolosa, al estar llegando, había visto movimientos raros en la entrada. Había seguido caminando hasta la esquina y, al volver, pudo observar que entraban y salían unos tipos con armas largas. Obviamente, se había ido del lugar.
Como yo tenía el teléfono del trabajo de Julio y de su casa familiar, llamé a ambos lugares. En el trabajo me dijeron que no se había presentado y, en su casa, me atendió su hermano menor muy exaltado diciendo que Julio no estaba. En ese momento confirmamos que a los compañeros los habían secuestrado y dimos la alarma al partido.
En ese momento Julio tenía 21 años, Alejandro 20 y Moniquita 18. Julio se había acercado al partido siendo estudiante de Derecho de la UNLP en el año 1973 o 1974. Había militado en Medicina con Pelusa para organizar la Juventud del PST y, al momento de su secuestro, era trabajador del Banco de Crédito Provincial de La Plata. Alejandro era egresado de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Había sido un importante dirigente de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), rama secundaria de la Juventud Peronista. Tenía un hermano, también estudiante secundario, que era militante de la juventud del PST. Fue muy importante haberlo ganado para las filas del PST. Esto sucedió cerca de la fecha del golpe militar y sus primeros pasos fueron haciendo una Escuela de Formación Política en plena clandestinidad. Esa Escuela la hicimos juntos y ahí nos hicimos muy amigos, se generó un afecto muy grande entre nosotros. Cuando lo secuestraron, ya había ingresado como trabajador en el área de seguridad industrial en la destilería de YPF en La Plata, donde también trabajaba su madre. Era un excelente dibujante. Moniquita había terminado el colegio secundario e integraba la juventud del PST. La conocí en la célula. Cuando la secuestraron estaba recién recibida y embarazada de 2 meses de Alejandro.
Por muchos años ignoramos qué había pasado con ellos. Luego supimos que había testimonios de testigos que decían haberlos visto en distintos Centros Clandestinos de Detención, como el que funcionaba en la Comisaría 5ta y en “La Cacha”. Pero nunca supimos nada sobre sus paraderos. Luego de 37 años, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó sus cuerpos en el osario del cementerio de la localidad de Ezpeleta. Habían sido llevados allí como NN. La mentirosa versión oficial narraba que ellos formaban parte de un grupo de cinco personas que habían atacado la comisaría de esa localidad y que habían sido abatidos por las fuerzas policiales, no pudiendo ser identificados.
El domingo 11 de mayo de 2014 se inhumaron los restos de Alejandro Ford en el Pabellón de los Desaparecidos del cementerio platense, donde su hermano Eduardo convocó a un acto de despedida, invitando a familiares, amigos y viejos compañeros y compañeras. Su madre Elba, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, ya había fallecido para entonces. Los restos de Moniquita fueron inhumados por su familia. Los restos de Julio aún no tienen un destino final.
La dictadura asesina se llevó Julio, Alejandro y Mónica y a las y los 30.000, pero no pudo poner fin a las luchas por un mundo más justo. Así es que con los años siguen surgiendo nuevas camadas de luchadores y luchadoras, continuadores de las luchas que dieron Julio, Alejandro y Mónica, por un gobierno de trabajadores y trabajadoras y el socialismo mundial.
Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad seguimos reclamando memoria, verdad y justicia para Julio, Alejandro y Mónica, y para todas las víctimas de la represión de la las bandas fascistas y la dictadura militar. Seguimos exigiendo: cárcel común, perpetua y efectiva para todos los represores. No olvidamos, no perdonamos , no nos reconciliamos. Compañeras y compañeros del PST asesinados y detenidos-desaparecidos, ¡hasta el socialismo, siempre!