Dec 09, 2022 Last Updated 2:51 AM, Dec 9, 2022

Izquierda Socialista

Escribe Alan Corbalán, presidente del centro de estudiantes de la Escuela N°20

El miércoles 22 de mayo más de doscientos secundarios junto a estudiantes de otros establecimientos que vinieron a apoyarnos, nos movilizamos al consejo escolar del municipio y a la empresa de gas exigiendo la inmediata conexión en nuestra escuela. Estuvimos acompañados por una delegación de docentes, encabezada por Olga Ortigoza, dirigente de Suteba La Matanza.

Hace tres años que no contamos con gas en la escuela. Fueron tres inviernos en que estudiantes, docentes y auxiliares pasamos mucho frío. Esta situación generó mucha bronca y, desde la conducción del centro, pese al boicot de la dirección, logramos convocar a asambleas en los dos turnos que votaron la movilización del mes pasado. Ese día fuimos recibidos por el presidente del consejo escolar (ligado a la intendenta K Verónica Magario) y con la movilización logramos la reconexión. Un triunfo que nos da impulso para seguir peleando por estudiar en condiciones dignas.

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Testimonio de Daniel Vera, militante de Izquierda Socialista y delegado escolar

Tenía 17 años, en diciembre de 1986, cuando el cura Walter Avanzini abusó de mí en una misión juvenil. Había terminado la secundaria y había decidido estudiar para ser cura. Este tipo era quien había inspirado mi decisión, junto a la tradición religiosa de mi familia.

Recién a fines de 1989 pude contarlo por primera vez. Siempre me sentí, como toda víctima de abuso, culpable de lo que pasó. Luego de hablar ante otros curas, él continuó siendo párroco en Berrotarán dirigiendo un colegio parroquial. Para la mayoría no había pasado nada, pero todos los curas de la arquidiócesis de Córdoba conocían la situación. Cuando el caso se hizo público, por una cámara oculta de un programa televisivo, el entonces obispo de Río Cuarto dijo que estas cosas se solucionaban con “oración y ayuno”. Al cura Avanzini lo enviaron de “retiro”. Luego volvió a aparecer en el ámbito educativo, inclusive teniendo un puesto en la Dirección General de Institutos Privados de Enseñanza. Hace unos días realicé la denuncia formal junto a la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina, la cual logró mucha repercusión en los medios de comunicación masivos.

Los abusos en la Iglesia no son hechos aislados o individuales, son una práctica normalizada por la doble moral de la Iglesia patriarcal y opresora, como quedó demostrado con el cardenal australiano Pell, asesor económico y número tres del Vaticano, los recurrentes dichos del Papa contra el aborto legal, o la protección que Bergoglio brindaba al padre Grassi, al cura Corradi de Mendoza, o al obispo de Orán Zanchetta.

Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda impulsamos la lucha por la separación de la Iglesia del Estado para terminar con todos los privilegios económicos que le brindaron los milicos durante la dictadura y que hoy tiene la Iglesia Católica, que se lleva millones de pesos en subsidios y cuenta con la impunidad del sistema judicial y el amparo de todos los gobiernos.

Exigimos la creación del registro público de curas abusadores, así como que sea la justicia civil la que investigue los abusos de la iglesia y no la “justicia eclesiástica” y encubridora. Vamos por el inmediato levantamiento del secreto de confesión y la protección de niñas y niños en escuelas religiosas con la plena aplicación de la educación sexual integral. Por eso acompañamos las denuncias e impulsamos la más amplia movilización gritando bien fuerte con nuestros pañuelos naranjas “Iglesia y Estado, asuntos separados”.

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El 4 de junio de 1989 la dictadura burocrática del PC chino reprimió brutalmente una movilización obrero-estudiantil de masas. Miles murieron y la noticia conmovió al mundo. Desde ese momento se consolidó la restauración capitalista
en China.

Escribe Diego Martínez

La movilización en la plaza Tiananmen fue el punto máximo de rebelión ante las consecuencias de un proceso de deterioro de las conquistas de la gran revolución de 1949 que había empezado hacía tiempo. Desde la década del ‘70 Mao Tse Tung inició contactos con el imperialismo yanqui. A partir de 1978, bajo la conducción del sucesor de Mao, Deng Xiao Ping, esas relaciones se profundizaron y la burocracia aceleró cada vez más el proceso de restauración del capitalismo y penetración imperialista. El pueblo chino empezó a luchar contra sus consecuencias.

El inicio de la resistencia

El descontento ante las medidas procapitalistas comenzó a expresarse en 1985 entre los estudiantes. Luego se extendió a los campesinos y al movimiento obrero. En las ciudades, la liberación de precios deterioraba notablemente los salarios de los trabajadores. Para fines de 1986 se dieron importantes luchas estudiantiles en varios puntos del país. En enero de 1987 fue destituido de su puesto como secretario general del PC Hu Yaobang, impotente frente a la rebelión.

El malestar contra el gobierno, sus reformas capitalistas y la corrupción siguió creciendo. La inflación era de 20%, comenzó el desempleo y la migración a las ciudades de los campesinos desplazados.

Se ponía en marcha una revolución contra la dictadura del régimen estalinista burgués y los avances del proceso de restauración capitalista. Los estudiantes no se movilizaban a favor del capitalismo. Por el contrario, en las marchas sonaba la Internacional y flameaba la bandera roja, insignia del comunismo. Muy pocos creían en el lema “hacerse rico es grandioso”, consigna de cabecera de la burocracia china desde 1978. Se defendían las conquistas sociales obtenidas con la revolución de 1949 pero se repudiaba a la dictadura del PC.

Se pone en marcha la revolución

El 15 de abril de 1989 murió Hu Yao Bang. El día siguiente salieron a la calle masivamente los estudiantes. Pedían por libertad de prensa y democracia. Se formó en Pekín el Sindicato de Estudiantes Autónomo. El sábado 22 de abril, con el funeral de Hu, la movilización se volvió nacional y masiva. El 25 de abril se declararon ilegales a los comités de estudiantes. Pero el 27 se sumaron también miles de trabajadores a las movilizaciones en Pekín, que llegaron a reunir 200.000 personas. Los trabajadores dialogaban con los soldados para que no repriman. Se conocieron datos de enfrentamientos entre los distintos sectores de la burocracia y de disposición de sectores de la tropa a no reprimir. El 9 de mayo, mil periodistas de los órganos oficiales publicaron un petitorio por la libertad de prensa. El 13 de mayo, mil estudiantes comenzaron una huelga de hambre en la plaza de Tiananmen, centro de Pekín. Se fueron sumando de a cientos. Así llegó a que el 17 de mayo, donde se manifestaron en Pekín un millón de personas. En otras veintiun ciudades también hubo movilizaciones. El 18 y 19 de mayo volvió a juntarse otro millón de personas, y se hicieron notar cada vez más las columnas obreras. Marcharon también soldados. Algunos de ellos se negaban abiertamente a reprimir. Así se llega a que, entre el 24 y el 25 prácticamente habían desaparecido las tropas de las calles. Solo quedaban las masas.

La masacre

Para fin de mes la burocracia logró reunificar al ejército y se preparaba para reprimir mientras comenzaba a decaer la movilización. El 2 de Junio, 300.000 personas rodearon de solidaridad a los ocupantes de Tiananmen participando en un festival. En la noche del 3 al 4 la burocracia desató una feroz represión. Por medio de una auténtica masacre lograron desalojarla. Además de los asesinados, mil manifestantes fueron apresados y otros tantos fueron enviados a campos de tortura para ser “reeducados” luego de ser tildados de “contrarrevolucionarios”. Aunque nunca se supo la cifra exacta de muertos en Tiananmen debido a que la burocracia mantuvo ese dato en secreto, cifras extraoficiales hablan de entre 3.000 y 10.000.

La masacre de Tiananmen fue una derrota del movimiento de masas, un golpe contrarrevolucionario que fue utilizado por la burocracia del PC para acelerar a pasos agigantados el retorno del capitalismo en China. En los años posteriores se acabó por completo con la planificación económica estatal, se liquidó el monopolio del comercio exterior, se legalizó la propiedad privada, se privatizó la banca y se creó una nueva burguesía china, con lo cual se consumó la transformación de China en un país y un estado capitalista.

Se despierta un gigante dormido

La contrapartida a esta restauración capitalista fueron las condiciones de superexplotación a que fue sometida la clase trabajadora. Esto fue generando cada vez más bronca, a lo que se sumó la persecución y la censura que subsisten (el uso de internet tiene fuertes restricciones en el acceso a varios portales y redes sociales de uso común en el resto del mundo). Una dictadura estalinista gobierna al servicio del capitalismo más brutal. Es por eso que vienen creciendo las protestas entre los trabajadores contra esta dictadura estalinista que gobierna al servicio del capitalismo más brutal. En 2018 hubo 1.702 huelgas (datos China Labour Bulletin). Después de años de descrédito en el socialismo una nueva generación, todavía minoritaria, vuelve a izar las banderas del marxismo en las universidades.
Los trabajadores y el pueblo chino comienzan lentamente a levantar cabeza después de aquella derrota histórica de hace treinta años. La clase obrera china se convirtió en este lapso en la más numerosa del mundo. Es un gigante dormido que si despierta puede conmocionar al planeta.


China: ¿“socialismo” de mercado?

 

El imperialismo y los grandes empresarios dicen que China hoy es un gran ejemplo de progreso. Hasta sectores de la izquierda mundial ligados al chavismo hablaron hace algunos años del gran país oriental como ejemplo de “socialismo” del siglo XXI.

Nada más alejado de la realidad. En China existe una dictadura sangrienta del Partido Comunista que la transformó en un Estado y un país capitalista en el cual se explota a millones de obreros y campesinos. En el país asiático operan 63.000 empresas transnacionales que convierten a China en el mayor exportador del mundo. Si bien este año su crecimiento económico será sensiblemente menor que el de años anteriores (6,2%) desde el año 2000 China vino creciendo sostenidamente hasta convertirse en el segundo país que produce mayor riqueza en el mundo después de Estados Unidos. Sin embargo cuando dividimos esa riqueza por la cantidad de habitantes (PBI per cápita) encontramos que China se encuentra en el puesto número 74 detrás de República Dominicana (datos FMI 2018). La enorme cantidad de riqueza que producen los trabajadores chinos es apropiada por las transnacionales y por una minoría de multimillonarios chinos. Según la revista Forbes, en 2019 hay 324 chinos que tienen una fortuna que supera los 1.000 millones de dólares. El ranking está liderado por Jack Ma, con 39.000 millones de dólares.

La contracara de estos datos son los 82 millones que viven debajo de la línea de pobreza (datos Banco Mundial 2018), los centenares de millones que no tienen empleo, los que sufren la baja en el nivel de asistencia a la salud y la educación y, fundamentalmente, los centenares de millones de chinos que cobran salarios de hambre.

La apertura salvaje hacia el mercado operada en los años ‘90 permitió la instalación de decenas de miles de trasnacionales industriales que encuentran en China salarios más bajos que en la mayor parte del mundo y con condiciones de superexplotación. Así es que 600.000 trabajadores mueren al año por exceso de trabajo. (www.abc.es, 4/7/2014). Esas multinacionales industriales se nutren del proceso de migración interna. En las últimas décadas centenares de millones de chinos se dirigieron del campo a las ciudades, expulsados por la pobreza, ocasionando que por primera vez en la historia de China desde 2011 la población urbana supere a la población rural. Esos cientos de millones no son trabajadores libres. El gobierno dictatorial del Partido Comunista les impide radicarse con sus familias en las ciudades. No pueden contraer matrimonio allí. Son extranjeros en su propio país. Es por eso que cada “año nuevo lunar” vuelven al campo a ver a sus familias. Mientras tanto duermen en los dormitorios de las grandes fábricas en las que trabajan casi como esclavos, prácticamente sin ningún derecho laboral.

La brutal represión del lunes 3 de junio, con más de cien muertos y centenares de heridos graves por parte de los militares gobernantes contra un acampe popular y la huelga general que exigía un gobierno civil no logró hasta ahora aplastar la rebelión popular. Se inició una nueva huelga general y la dictadura llamó a negociar y prometió “investigar” lo sucedido el lunes 3 y elecciones en nueve meses.

Escribe Miguel Lamas

La huelga del 28 y 29 de mayo, convocada por la Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA, por sus siglas en inglés) y varios sindicatos, tuvo una enorme fuerza. Se habla del 100% de participación de trabajadores de prensa, bancarios, choferes de micros, estibadores de los puertos del Mar Rojo, las fábricas, las telecomunicaciones, de la salud y hasta de los ministerios, aerolíneas y aeropuertos (que fueron cerrados). La huelga exigía la transferencia del poder a un gobierno civil que llame a elecciones libres. Junto con esta medida se fortaleció el acampe popular que llevaba varias semanas frente al cuartel central de las fuerzas armadas, en el centro de Jartum, la capital, con decenas de miles de personas.

Brutal represión

La acción fue previamente planificada con el objetivo de quebrar la rebelión popular. Las fuerzas especiales, de asesinos entrenados, actuaron sorpresivamente atacando a balazos y machetazos a los acampantes desarmados. Torturaron a muchos en las calles y violaron mujeres. Muchos de los asesinados fueron arrojados después al río Nilo, de donde se rescataron ya unos cuarenta cadáveres. El Comité Central de Profesionales Médicos, parte de la dirección de la huelga, informó que los asesinados superan los 110, además de centenares de heridos muy graves.

El proceso revolucionario estalló en diciembre

En diciembre de 2018 se inició una revuelta por los aumentos en el precio del pan y la electricidad que profundizaron la miseria del pueblo, pero que continuó reclamando el fin de la dictadura islámica de Omar al-Bashir, que llevaba treinta años en el poder y es responsable del genocidio de Darfur, al Este del país. La movilización masiva de trabajadores, jóvenes y mujeres (organizadas en un sindicato y otras organizaciones feministas) se mantuvo en la calle tres meses, hasta derribar el 11 de abril al dictador, que fue destituido y encarcelado por los militares. Otro general duró apenas 48 horas. Y finalmente se formó el Consejo Militar de Transición (CMT) encabezado por Abdel Fattah al Burhan y el general Muhammad Hamdan Dagolo, que se menciona como el verdadero hombre fuerte, que encabeza las Fuerzas de Intervención Rápida y fue el responsable directo del genocidio en Darfur.

Este consejo militar prometió elecciones en tres años e inició negociaciones con la Alianza de Fuerzas por la Libertad y el Cambio, que agrupa a sindicatos y partidos burgueses de oposición, que frenó las movilizaciones para la negociación, que luego se trabaron porque los militares pusieron la condición de seguir con el control mayoritario del poder durante la “transición”. Es decir “democracia” controlada por los militares. En cambio, la Alianza de Fuerzas por la Libertad y el Cambio pedía un consejo de transición compartido, pero con mayoría civil.

La rápida experiencia de la lucha desde diciembre muestra que los partidos burgueses tienden a buscar, en función de preservar el orden capitalista, un acuerdo con algún sector militar. Las demandas económicas populares ante la crisis y una real salida democrática hacen necesaria una alternativa de dirección de los trabajadores para continuar la movilización hasta derrocar a la dictadura y lograr una salida a favor de los trabajadores, la juventud y las mujeres del pueblo.

Nueva huelga general

Ante la brutal represión se produjo un cambio. Se rompieron las negociaciones y la Alianza de Fuerzas por la Libertad y el Cambio, con los sindicatos y la Asociación de Profesionales, está convocando a la “desobediencia civil” y a una huelga hasta la caída del régimen militar.

Desde la UIT-CI, sin depositar ninguna confianza política en la alianza opositora, llamamos a apoyar la convocatoria a la huelga general contra la junta militar en Sudán. Convocamos a la más amplia solidaridad internacional con la movilización y huelga general de los trabajadores y el pueblo de Sudán.

¡Viva la huelga general hasta la caída de la junta militar!


Un país muy pobre

 

Sudán es un país africano, de cultura y lengua mayoritariamente árabe, con 40 millones de habitantes. Es uno de los más pobres del mundo, con los peores índices de calidad de vida. Su deuda externa es de 163 % del PBI. Exporta oro y petróleo (a través de empresas en manos imperialistas) y algodón.

Tanto el antiguo dictador como el actual mantienen estrechas relaciones con Arabia Saudita, los Emiratos Árabes (países aliados a Estados Unidos) y con Egipto, con los que tiene estrechos lazos económicos y militares. Las Fuerzas de Intervención Rápida de Sudán actúan como mercenarios de bajo costo en la guerra de Yemen, a sueldo de Arabia Saudita, para dominar ese país en el que están perpetrando un verdadero genocidio y donde tienen licencia para robar y violar mujeres. La dictadura también tiene el apoyo de Rusia y China, que vetaron en el Consejo de seguridad de la ONU un proyecto de declaración condenando la masacre del lunes 3.

El pueblo argelino sigue movilizado exigiendo el fin del régimen dictatorial de hambre y miseria luego de haber logrado la dimisión del dictador Abdelaziz Bouteflika.

Sin embargo, ahora el general y jefe del estado mayor, Salah, y el Tribunal Militar, están reprimiendo las movilizaciones y persiguiendo activistas. El pasado 9 de mayo detuvieron a la líder del Partido de los Trabajadores Louisa Hanoune bajo el cargo de “atentado contra la autoridad”, junto con otros activistas. Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI), nos solidarizamos con los trabajadores y el pueblo argelino y repudiamos la detención de Louisa Hanoune y demás presos que se manifiestan contra el régimen y exigimos su liberación. Adherimos a la jornada internacional del 20 de junio por su liberación, día en el que sus abogados presentarían la demanda exigiendo el levantamiento de los cargos y su liberación sin condicionamientos.

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