May 24, 2022 Last Updated 7:06 PM, May 24, 2022

Izquierda Socialista

Escribe Gabriel Massa

La Primera Guerra Mundial, con sus decenas de millones de muertos, su devastación y sus padecimientos para las masas, dejó al desnudo lo que significaba el capitalismo en su fase imperialista: una verdadera catástrofe que conducía a la barbarie. Pero esta disputa entre las potencias por el control del mundo provocó una enorme crisis del capitalismo y la reacción de los trabajadores y los pueblos, de la que nació la Revolución Rusa de 1917 encabezada en octubre por el Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky, que dio lugar a la fundación de la III Internacional, la máxima conquista organizativa y programática de la clase obrera.

A partir de la conquista del poder por los soviets encabezados por el Partido Bolchevique, rebautizado Partido Comunista, los obreros y el pueblo ruso lograron extraordinarias hazañas. En medio de la invasión del país en 1918 por dieciséis ejércitos de países capitalistas, fueron capaces de construir un ejército de un millón de hombres que en tres años habría de triunfar y consolidar el poder revolucionario en todo el territorio.

Mientras tanto, las viejas direcciones de los partidos socialdemócratas de todos los países europeos, agrupadas en la II Internacional, entraban en crisis por haber apoyado cada uno a su gobierno en la guerra imperialista. Y, terminada la guerra, por traicionar las revoluciones que estallaban en varios países de Europa Central, siendo el caso más destacado el alemán, donde la socialdemocracia fue cómplice del asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Debido a todo esto, millones de trabajadoras y trabajadores, de jóvenes, de todos los sectores explotados, se volcaban al apoyo a la Revolución Rusa y surgían partidos comunistas en todas esas naciones.

Los bolcheviques rusos eran conscientes de que la revolución no podía triunfar en un solo país, y mucho menos en Rusia, una nación atrasada, con gran mayoría campesina. Que solo podía hacerlo extendiéndose a toda Europa y el mundo, derrotando definitivamente al capitalismo imperialista y comenzando la construcción del socialismo a nivel internacional. Para ello se necesitaba crear un estado mayor de la revolución, una nueva internacional que dirigiera a los partidos comunistas de todos los países en una estrategia común.

Con esa perspectiva, en marzo de 1919 convocaron en Moscú a lo que sería el primer congreso constitutivo de la Tercera Internacional o Internacional Comunista. El congreso se daba en medio de la guerra civil y con inmensas dificultades para la llegada de los delegados de decenas de países. A pesar de ello, el I Congreso de la Internacional Comunista se realizó en Moscú entre el 2 y el 6 de marzo de 1919, con la participación de 52 delegados de treinta países.

El congreso sesionó en medio de un espíritu de ofensiva revolucionaria de la clase obrera, resumido así en un escrito de Lenin de la época: Las decenas de millones de muertos y mutilados que dejó la guerra […] están abriendo los ojos, a una velocidad sin precedentes, a millones y decenas de millones de personas aterrorizadas, oprimidas y engañadas por la burguesía. De la ruina mundial causada por la guerra está surgiendo una crisis revolucionaria mundial que, por largas y duras que puedan ser sus fases, solamente puede conducir a la revolución proletaria y a su victoria (prólogo a la edición francesa y alemana de 1920 de su libro “El imperialismo etapa superior del capitalismo”).

Cambia la marea

Pero pronto se dieron derrotas y retrocesos. Primó allí la traición de las viejas direcciones socialdemócratas y la debilidad y la inexperiencia de los jóvenes partidos comunistas. Así lo resumió Trotsky en su célebre artículo “Una escuela de estrategia revolucionaria” (1921): Es indudable que, en la época del I Congreso de la Internacional Comunista (1919) todos esperábamos que un sencillo asalto de las masas trabajadoras y campesinas derribase a la burguesía en un futuro próximo. Y, en efecto, el ataque fue poderoso. El número de las víctimas, grande. Pero la burguesía soportó este primer asalto y, gracias a ello, ha podido reafirmarse en su estabilidad de clase.

Así, del optimismo sobre un triunfo rápido de la revolución mundial, se pasó a la convicción de la necesidad de un proceso de educación de las nuevas camadas de revolucionarios para una lucha larga y difícil. Objetivo en el que se concentrarían los siguientes congresos de la Internacional. Para ello se elaboraron documentos de orientación en la construcción de los partidos comunistas, en el desarrollo de tácticas como la del frente único para enfrentar la contraofensiva de la burguesía, sobre el trabajo entre las mujeres y los soldados y tantos más.

Sin embargo, las derrotas de la revolución europea terminaron golpeando a la propia Rusia que, aislada, sufrió el retroceso de la revolución y la burocratización del Estado. Así se impuso el estalinismo, liquidando la democracia de los soviets y convirtiendo también a la III Internacional en un instrumento de su política contrarrevolucionaria. Por eso León Trotsky planteó, a partir de 1933, volver a comenzar la tarea de construir una internacional obrera revolucionaria y terminó fundando, en 1938, la IV Internacional. La III, mientras tanto, siguió por unos años existiendo como mero sello y correa de transmisión de la política contrarrevolucionaria de Stalin, que terminó directamente disolviéndola en 1943.

Una guía fundamental para los revolucionarios

A pesar de ello y de las graves consecuencias que tuvo la burocratización de la Unión Soviética y la III Internacional, la Revolución Rusa y los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista bajo la conducción de Lenin y Trotsky quedaron como referencia histórica, como una verdadera escuela de estrategia revolucionaria.

Hoy las enseñanzas revolucionarias de la Internacional Comunista son una guía fundamental en la lucha por superar la crisis de dirección revolucionaria provocada por el estalinismo, la liquidación de la III Internacional y las propias crisis que llevaron a la dispersión de la IV Internacional. Desde la Unidad Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional y su sección argentina, Izquierda Socialista, nos reconocemos parte de esa tradición de lucha por la construcción de una dirección revolucionaria internacional para la clase obrera, de la que la III Internacional fundada por Lenin y Trotsky fue su punto más elevado.


La excepcionalidad de la Revolución de Octubre y la III Internacional

Así la definía Nahuel Moreno, maestro y fundador de nuestra corriente.

Debemos reconocer que la Revolución de Octubre ha sido excepción en lo que va del siglo, que no ha habido otra con sus características. La Revolución de Octubre es hasta la fecha una excepción. Lo mismo su resultado: la Tercera Internacional. La excepcionalidad de la Revolución de Octubre está dada, hasta la fecha, por la existencia de un partido como el Bolchevique. Sin una Revolución de Octubre y sin un Partido Bolchevique no se hubiera podido fundar la Tercera Internacional, ni impulsar como tarea esencial y más importante de la revolución, como lo plantearon los bolcheviques, el desarrollo de la revolución socialista europea e internacional. Gracias a la lucha de la izquierda revolucionaria antes y durante la primera guerra imperialista, la Tercera Internacional, guiada por Lenin y Trotsky, comenzó a superar la crisis de dirección del proletariado.

Escribe Mariana Morena

La asamblea antipederastia convocada por el papa Francisco resultó una farsa. Culminó sin medidas concretas y eficaces contra los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes y religiosos. Organizaciones de víctimas de distintos países que reclaman el fin de la impunidad para los curas predadores y obispos encubridores denuncian una vez más la doble moral vaticana, ahora bajo el discurso “progre” de Francisco. La Iglesia, pilar de la opresión patriarcal, no se puede reformar.

Entre el 22 y el 24 de febrero se desarrolló en el Vaticano la llamada “Cumbre para la protección de los menores en la Iglesia”. El papa Francisco y unos doscientos líderes de la Iglesia Católica de todo el mundo se reunieron en un intento por aplacar el escándalo de los curas predadores de niños y adolescentes, que no deja de crecer al calor del movimiento de mujeres contra la violencia machista. Tras décadas de silencio, revictimización de las personas abusadas e impunidad, había ciertas expectativas en que Francisco le impusiera un giro a la política de encubrimiento sistemático de los abusadores. Pero las mismas víctimas y activistas son lapidarios: la histórica cumbre fue decepcionante, otra bofetada a su legítimo reclamo.

En su discurso de cierre, el Papa siguió insistiendo en que se trata de “un problema universal”, lavándole responsabilidad a la Iglesia, como advirtiendo que quienes la acusan son “del diablo”. Volvió a pedir perdón y a declamar “buenas intenciones”, pero sin tomar medidas de fondo, como la “tolerancia cero” al abuso sexual clerical. No dijo nada sobre el registro oficial de predadores y víctimas; la entrega de archivos eclesiales, en vez de destruirlos (como develó uno de los obispos); levantar el secreto de confesión; denunciarlos obligatoriamente a la justicia civil antes de que los crímenes prescriban, y no en tribunales eclesiásticos donde los curas son encubiertos por curas, para terminar siendo trasladados de parroquia como “castigo”. Tampoco se refirió a indemnizaciones económicas para las víctimas ni a su negativa de que la protección de los menores en las escuelas confesionales católicas pase por la plena aplicación de una educación sexual integral.

Francisco siguió al pie de la letra la “biblia” del encubrimiento institucional, esto es, la defensa con uñas y dientes del prestigio y patrimonio de la Iglesia por encima de las víctimas sin importar su sufrimiento. Tampoco se le pueden exigir peras al olmo. Bergoglio, como jefe de la Iglesia en la Argentina, protegió al cura Grassi, preso por abusar sexualmente de menores en la Fundación “Felices los Niños”; al cura Corradi, violador de niños sordos en el Instituto Próvolo de Mendoza, y al obispo de Orán, Zanchetta, acusado de abusos sexuales a seminaristas y pornografía infantil, trasladado como asesor al Vaticano no bien Bergoglio asumió como Papa.

La Iglesia está desprestigiada como nunca antes en toda su historia. Sin ir más lejos, dos días después de terminar la cumbre se hizo público que el cardenal australiano Pell, número tres del Vaticano y asesor económico del Papa, fue declarado culpable de abusar de dos niños en 1996. Un informe reciente sobre abusos sexuales calcula en 100.000 las víctimas de la pederastia clerical en el mundo. En los últimos veinticinco años los escándalos no han dejado de estallar: el encubrimiento de 72 curas pederastas por parte del arzobispo de Boston, Law, hecho público por The Boston Globe; los trescientos curas depredadores encubiertos por la Iglesia Católica de Pennsylvania, con no menos de mil niños víctimas; la renuncia en bloque de los obispos chilenos acusados de encubrir por décadas al cura Karadima; el caso del cura Maciel, fundador de la influyente congregación ultraconservadora Legionarios de Cristo, defendido por Juan Pablo II, que abusó de menores, tuvo dos mujeres y varios hijos; la “legión invisible” de 50.000 hijos de curas, repartidos en 175 países; la admisión pública de Francisco de que sacerdotes y obispos trataron a monjas como “esclavas sexuales”, forzándolas incluso a abortar.

Desde Izquierda Socialista/FIT no dudamos en afirmar: credibilidad cero a la institución más reaccionaria de la historia, socia del sistema imperialista patriarcal en la explotación de los pueblos y en la opresión de las mujeres y minorías sexuales. Denunciamos su doble moral permanente, mientras exigimos a los gobiernos su separación absoluta del Estado, el fin de sus privilegios y que los curas violadores y encubridores vayan presos.

Cientos de miles de argelinos se vienen manifestando los viernes en las principales ciudades del país contra la candidatura al quinto mandato de Abdel Aziz Bouteflika para las elecciones presidenciales del próximo 18 de abril. Bouteflika, de 81 años, que gobierna desde 1999, está ahora internado en una clínica de Suiza y no aparece en público desde hace años. En 2013 sufrió un accidente cardiovascular por lo que está en silla de ruedas y algunos dicen que ya no puede hablar… El chiste es que “el país lo gobierna un muerto”.

Pero el gran descontento popular es por la desastrosa situación económica, con una gran desocupación y permanentes aumentos de precios. En este país del norte de África, con 42 millones de habitantes, el régimen del FLN viene gobernando desde 1963 (cuando se independizó de Francia después de una sangrienta guerra) manteniendo una economía basada en la exportación de gas y petróleo a Europa, con empresas mixtas con las grandes multinacionales y una enorme corrupción de los mandos del propio FLN.

Trump declaró por televisión: “Estamos alarmados por los llamados a adoptar el socialismo en nuestro país. Esta noche reafirmamos nuestra determinación de que Estados Unidos nunca va a ser un país socialista”.

El discurso de Trump revela el grado de la crisis política en Estados Unidos. Una encuesta de CNN publicada un día antes del discurso dice que el 70% cree que Trump está actuando negativamente, mientras que el 43% dice que es “el peor gobierno en su vida”. Otras encuestas muestran un apoyo cada vez mayor hacia el socialismo y una fuerte hostilidad hacia el capitalismo.

En varios países europeos, como Bélgica, Suecia y otros, estudiantes secundarios se movilizan masivamente, exigiendo medidas concretas contra el calentamiento global. Consideran que los Estados no están haciendo nada más que cumbres inútiles.

La sueca Greta Thunberg, de 15 años, se presentó en el Parlamento sueco en diciembre con el siguiente discurso: “Estoy haciendo esto porque a vosotros, adultos, os importa una mierda mi futuro”. Desde entonces, Greta se ha convertido en una referencia internacional. El 13 de marzo planean hacer una huelga global por el clima.

Salió la revista dedicada al tema ambiente
Ya salió la Correspondencia Internacional N48: Afganistán una nueva derrota del imperialismo
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