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José Castillo

No hay ninguna “reindustrialización” K

En el día de la industria, la presidenta afirmó: “elegimos un proyecto para servir a los grandes intereses nacionales que no pueden ser otros que los del crecimiento, la generación de trabajo y el consumo, que en definitiva es la reindustrialización”. ¿Hay algo de realidad en esta retórica?

Cuando salimos del doble discurso a la “frialdad de los números”, nos encontramos que no sólo no nos hemos “reindustrializado”, sino que las tendencias más profundas de un modelo excluyente y antipopular, que vienen desde la dictadura y se profundizaron durante el menemismo, siguieron acentuándose durante la década kirchnerista. Veamos.

La participación de la industria manufacturera alcanzó en la Argentina un máximo del 30,76% del PBI en el período 1975-79. A partir de ahí se empezaron a ver los efectos de la política desindustrializadora de la dictadura. En el período 2000-2004 ya había bajado hasta el 19,54%. En 2011, luego de ocho años de supuesta reindustrialización kirchnerista, estamos en el 17,90%. ¡No llegamos ni al nivel del menemismo, ya que en 1993 estaba en el 19,81%!

Más aún: el kirchnerismo viene consolidando una tendencia que viene de los últimos 20 años a la concentración de la economía en manos de grandes grupos capitalistas (extranjeros y nacionales). Los grandes ganadores son los pulpos extranjeros de los agronegocios (Bunge, Cargill, Nidera, Dreyfus) junto con los exportadores de combustible, minería, automóviles (la amplia mayoría controlados por multinacionales extranjeras, salvo Techint y Arcor).

El discurso de ciertos sectores kirchneristas contra “los monopolios sojeros” es insostenible en la realidad. Si miramos el listado de las 25 empresas que más facturaban en 1989, del “agronegocio” sólo figuraban Bunge y Arcor. El mismo listado del año 2011 hace aparecer además de ellas a Cargill, Dreyfus, Aceitera General Deheza y Molinos. Otros grandes del sector también crecieron espectacularmente en el período kirchnerista, como los Grobo, El Tejar o Adecoagro, todos aprovechando el auge de la demanda internacional y los altos precios de la soja y los cereales.

En la industria manufacturera propiamente dicha tampoco hay cambios con respecto a décadas anteriores. Se siguieron fortaleciendo los mismos grupos monopólicos de antes, aprovechando los beneficios impositivos, la obra pública y los negociados de las privatizaciones. A la cabeza sigue estando Techint (de los Rocca), acompañada por la ya mencionada Arcor (Pagani), seguidas por el Grupo Roggio, Ledesma (Blaquier) Pérez Companc, Madanes (Aluar-Fate), Bulgheroni (Bridas) y Pescarmona.

La otra “estrella” de la industria K es la automovilística. En el listado de las empresas que más facturaron en 2011, también aparecen Volkswagen, General Motors, Renault, Ford, Peugeot-Citroen y Toyota. La realidad es que la totalidad de las fábricas radicadas en el país son armadurías terminales de las transnacionales del sector que se aprovechan de los beneficios que les otorga el Mercosur para exportar (el 80% termina en Brasil). A diferencia de los años 60 o 70, donde al menos existía una red de autopartistas locales que permitía multiplicar el empleo, hoy observamos que apenas entre el 25/30% de las autopartes son nacionales (y aún éstas se fabrican a la vez con un alto contenido de piezas importadas). De hecho, es mucho más la cantidad de dólares que Argentina paga por importación de esas piezas y autopartes que lo que obtiene por exportación de vehículos terminados. En síntesis: lo único que tenemos es una serie de multinacionales que se aprovechan de los beneficios impositivos y una mano de obra más barata que en los países centrales para ensamblar y reexportar.

Y si seguimos revisando los nombres de los grandes actores de la economía argentina, nos encontramos en el listado de los 25 grandes otros fácilmente asociados con el saqueo de nuestros recursos, como las transnacionales del petróleo, o el gran actor monopólico de las telecomunicaciones, Telecom. Finalmente, tampoco se sostiene la afirmación de que “hemos pasado de un modelo de especulación financiera a uno de producción”. De ser así, ¿cómo se explica que en 2011 de las diez empresas de mayor rentabilidad, cinco son bancos?

La economía kirchnerista se recompuso parcialmente desde el piso de la crisis de 2001 gracias a los altos precios internacionales de la soja y los cereales y a una feroz devaluación que redujo los costos salariales a escala internacional. Pero bajo ningún punto de vista revirtió las tendencias más estructurales de la decadencia nacional. Es que, un verdadero modelo de industrialización que sea inclusivo para las mayorías populares y que efectivamente garantice salarios dignos, trabajo, salud y educación, es impensable sin expropiar a los monopolios y multinacionales que desde hace décadas vienen enriqueciéndose con el saqueo de nuestro esfuerzo y riquezas. Medida que deberá ser acompañada por otras, como la de dejar de pagar la deuda externa, reestatizar las privatizadas, nacionalizar la banca y el comercio exterior, entre otras.


¿El gobierno se pelea con Techint?

No es la primera vez que pasa. Algunas declaraciones de Paolo Rocca exigiendo más “competitividad” fueron leídas como críticas por el kirchnerismo y dieron lugar a la respuesta de Kicillof: “les bajo el precio de la chapa y los fundo”. En realidad, ni los dueños de Techint quieren pelearse con el gobierno (el propio Rocca dijo que sus dichos habían sido sacados de contexto), ni el gobierno piensa hacer nada para limitar los super-negocios de Techint. Al cierre de esta nota, Kicillof estaba visitando la planta de Siderar, luego que publicara en el Boletín Oficial el decreto 1513, donde se prohíbe la exportación de chatarra metálica industrial. Por lo tanto, la única posibilidad de venta será en el mercado interno… a Techint. Los Rocca agradecidos por este regalo que les garantiza la baratura de una de sus principales materias primas.

Techint, además de superexplotar a sus trabajadores y ser uno de los campeones de la tercerización, construyó su imperio saqueando al Estado. Así se hizo dueño de Somisa en una privatización donde terminó pagando dos pesos. Hace unos pocos años, cuando en Venezuela le expropiaron Sidor, los Rocca le pidieron a Cristina que intercediera ante Chávez para obtener un mejor precio. Chávez les terminó pagando una fortuna. Los Rocca agradecieron, cobraron, y luego procedieron a depositar la plata en Luxemburgo. Así funcionan los famosos “empresarios nacionales”. Por eso, la única salida “progresista” pasa por expropiar a Techint y, entonces sí, poner los enormes recursos de esas industrias básicas al servicio de un verdadero desarrollo industrial.

J.C.


Aumenta la extranjerización

En nuestro país sigue vigente la ley de Inversiones Extranjeras de la dictadura militar de 1977, que garantiza una apertura prácticamente irrestricta para instalarse en el país y reenviar utilidades a las casas matrices. Nada de esto fue tocado por el kirchnerismo. Por eso no extraña que, según el propio Indec, de las 500 empresas más grandes del país, dos tercios (324) sean extranjeras. Producen más que las locales (79,3% del valor bruto de producción), ganan más, emplean a menos gente y pagan salarios inferiores, siendo campeones en tercerizar personal.

En algunos rubros, los números son de terror. La minería, que se desarrolló prácticamente de cero durante el kirchnerismo con el modelo saqueador y destructor de recursos naturales de la explotación a cielo abierto, tiene operando cuarenta empresas, de las cuáles sólo cuatro son argentinas. Minera Alumbrera, primera en ventas, es 50% suiza y 50% canadiense. Argentina Gold, primera en rentabilidad, es de la Barrick de Canadá. Todas las empresas que exploran y extraen litio, son extranjeras. La multinacional brasilera Odebrecht es la primera empresa de la construcción. El grupo chileno Paullmann, es primero en supermercados (con Cencosud, Jumbo, Easy, Disco, Plaza VEA, Unicenter y Blaistein) y Carrefour va segundo. La primera empresa en agroquímicos es la norteamericana Monsanto. De los diez primeros bancos, cinco son extranjeros. Las automotrices son todas multinacionales. De las quince mayores empresas petroleras, diez son extranjeras (aún después de la “seminacionalización” de YPF).

Pero lo peor no es la “foto”, sino la película. Sigue la tendencia de los empresarios argentinos a vender sus empresas. Las transnacionales que “invierten” en el país no construyen nuevas instalaciones industriales, sólo adquieren las ya existentes. Algunos ejemplos nos permiten ilustrarlo: Gilberto Montagna, dueño de Terrabusi y ex presidente de la UIA, vendió su empresa a la norteamericana Kraft y ahora se dedica a los caballos de carrera. El grupo brasilero Camargo Correa se quedó con Loma Negra, Ferrosur y Alpargatas. Los Bemberg vendieron la cervecería Quilmes a Brahma. Massuh vendió la papelera Alto Paraná (primera del país) al Grupo Arauco del holding chileno Angelini. Franco Macri se retiró del grueso de sus empresas y se hizo agente de inversiones en China. Las industrias frigoríficas brasileras invirtieron más de 500 millones de pesos para quedarse, a partir de 2005, con el 30% de la exportación de carne, adquiriendo varios frigoríficos.

En síntesis: la industria argentina se concentra y extranjeriza, muy, muy lejos de cualquier discurso reindustrializador “nacional y popular”.

J.C.


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