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Masacre en Once

Cristina defraudó

Por estas horas nos embarga -como trabajadores y socialistas- el mismo y profundo dolor que desgarra a cada familia de las víctimas. Quienes perdieron la vida son parte de nuestra clase trabajadora, jóvenes, niños, sectores humildes, que construyen la Argentina del día a día. Por eso el primer compromiso mancomunado debe ser para que esta masacre no quede en la impunidad. Después del “pesar” esbozado en un frío comunicado por parte de la presidenta, los días de asueto y la suspensión de los festejos por los carnavales, se esperaba que en su discurso en Rosario anunciara medidas concretas que vayan en el sentido de “justicia”, como ella misma reclamó. Pero nada de eso ocurrió. Una bofetada para los familiares que esperaban algún anuncio reparador. O por lo menos, que la presidenta pusiera a disposición los recursos del Estado para palear sus urgentes necesidades, igual que las de los sobrevivientes. Por eso es que la otra sensación que recorre a gran parte de nuestro pueblo, es la visceral indignación al ver y oír a los dueños de la empresa y a funcionarios del gobierno tratando de deslindar responsabilidades. El discurso de la presidenta abonó en ese sentido.

Como todo, tiene una explicación material: tanto la patronal de TBA como el gobierno del PJ encarnado en el kirchnerismo tratan de salvar la sociedad que vinieron tejiendo desde hace años a base de negociados, subsidios millonarios y complicidades mutuas. Teniendo como víctimas a los usuarios que usan 7,5 millones de veces por mes al Sarmiento en forma obligada para transportarse.

 

Cristina dijo que “40 millones de argentinos necesitan saber qué pasó” y emplazó a la justicia a que en 15 días se expida. Agregando que tomará “las decisiones que sean necesarias”. ¡Pero las podría haber tomado ahora! ¡Los trabajadores y el pueblo ya sabemos quiénes son los responsables, Cirigliano y el propio gobierno!

Cristina aprovechó el acto de la Bandera para volver a hablar de las bondades de su “modelo”. Pero el modelo ferroviario que encarna, protege y mantiene, es el que viene de lo más profundo del menemismo. Cristina llamó a “recuperar el Estado”. Pero el Estado se sigue desentendiendo de los ferrocarriles, pagando las pérdidas y dejando que las ganancias capitalistas se la sigan llevando los empresarios privados. Mientras el gobierno les sigue entregando líneas férreas a estos chupasangre. Es el caso de Techint, que se quedaría el próximo mes con el 50% de las empresas ferroviarias de cargas, operación que fue aconsejada por el propio Secretario de Transporte Schiavi. Alevoso traspaso que podría sufrir demandas por monopólico al concentrar tantos ramales en una sola firma, la de Paolo Roca, antes peleada con el gobierno.

El kirchnerismo no solo mantuvo el saqueo de las empresas estatales en manos de empresarios privatizadores, sino que directamente subsidió directamente sus ganancias con plata del pueblo y sin ningún control estatal.

 

La presidenta dijo también que siempre le pusieron “trabas” para gobernar. ¿Quién le impide reestatizar Repsol-YPF para recuperar el petróleo y el gas? ¿Quién traba la decisión de volcar fondos para aumentos dignos en los salarios y jubilaciones? ¿Quién le impide reestatizar el sistema ferroviario? Nadie, más que las propia esencia de su “modelo”. Desde 2004 se subsidió al transporte con 16.000 millones de dólares. Dinero que hubiera alcanzado para que los trenes vuelvan a manos del Estado y poder recuperar así parte del saqueo, para ponerlos a funcionar bajo estricto control de trabajadores y usuarios, al servicio de los trabajadores y el pueblo. Lo que hubiera evitado la pérdida de vidas y la prestación de un servicio deplorable.

Los 500.000 millones de dólares de recaudación impositiva que se lograron desde 2003 no fueron para resolver estos graves problemas.

 

El discurso de Cristina mostró con toda crudeza “la nueva etapa de sintonía fina”, como la misma tituló a su giro político tendiente a aplicar un ajuste, tarifazos, techos salariales. Permitíendo que siga el saqueo de nuestros recursos naturales y la megaminería, dejando en manos privadas los grandes resortes de la economía en beneficio de unos pocos. Llamamos a redoblar fuerzas para reclamar por salario, en defensa de nuestro patrimonio nacional, enfrentando a las patronales y al gobierno. Empezando por exigir cárcel a los verdaderos responsables políticos y empresariales. Que se reparen las urgentes necesidades de las víctimas y familiares de la masacre de Once. Que se vaya TBA y el Estado recupere el esencial sistema ferroviario para ponerlo a funcionar bajo control de trabajadores y usuarios. Luchando, en definitiva, por otro modelo al servicio del pueblo trabajador.


Jaime sigue libre

Ricardo Jaime fue el mentor del vínculo entre el gobierno y los Cirigliano. A cambio, desde la Secretaría de Transporte, Jaime recibió de parte de estos hermanos cuantiosos “obsequios” y favores. Desde viajes pagados para él y su familia, autos comprados a nombre de ex empleados del grupo, hasta un lujoso jet privado de cuatro millones de dólares que Jaime usaba como propio. A pesar de haber tenido que abandonar su cargo por las denuncias contra el mal uso de sus funciones como funcionario público, Jaime sigue en libertad. Incluso participó en la última campaña electoral del kirchnerismo.


Los muertos de TBA

Según la CNRT, para 1996, dos años después de haber obtenido la concesión, TBA ya había registrado 200 accidentes en las ex líneas Sarmiento y Mitre. A los diez años, la cantidad de accidentes ya ascendía a 879 en la ex línea Mitre, con 554 muertos, mientras que en el ramal Sarmiento sumaban 1198, con 818 muertos. Entre ellos, se incluyen el del 13 de septiembre último, en un paso a nivel en Flores, en el que fallecieron 11 personas por una barrera que no funcionaba, los choques de dos formaciones de la ex línea Mitre en Palermo en diciembre de 2010 con 50 heridos, y el de abril de 2008, en Vicente López, que dejó un saldo de 30 heridos. (Página12, 23/2)


La ventana debía estar cerrada

Después de 55 horas apareció el cuerpo de Lucas. Fue su propio padre el que dio la pista. Otro episodio de profundo dolor e indignación. Lucas subió al tren por la ventana de la cabina del motorman, seguramente porque venía superlleno y no pudo entrar por la puerta. “Pero esa ventana debía estar cerrada herméticamente porque en esa cabina hay controles que hacen al funcionamiento del tren. El chico pudo entrar porque faltaba esa medida de seguridad. Algo que venimos exigiendo desde hace años a la empresa sin respuesta”, señaló el dirigente Edgardo Reynoso. Otro claro incumplimiento patronal.


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