El Socialista

El Socialista es una publicación de Izquierda Socialista

Compartir esta nota en

Escribe:
Miguel Lamas

Viva la revolución del pueblo libio

¡Abajo la dictadura de Kadafi!

La revolución árabe conmueve al mundo. Después de Túnez y Egipto, cuyos pueblos derrocaron a sus dictadores, ahora es el pueblo libio el que está en plena insurrección para derrocar al dictador Muamar al Kadafi.

Uno de los tantos grafitis en repudio a la dictadura de Kadafi

Uno de los tantos grafitis en repudio a la dictadura de Kadafi

Festejando la toma de los tanques. Benghazi

Festejando la toma de los tanques. Benghazi

Kadafi respondió con represión militar, armas de guerra y bombardeos ante los reclamos populares. Se habla de miles de muertos y heridos. La reacción popular fue tremenda: sectores masivos formaron Comités Revolucionarios que ya gobiernan en la mayoría de las principales ciudades y se armaron con armas que le quitaron al ejército en desbandada, para combatir a la dictadura.

Se formó un “Consejo Nacional Libio” con representantes de los Comités Revolucionarios. Lo anunció el portavoz de los rebeldes y dirigente de la Coalición Revolucionaria 17 de febrero, Abdelhafez Ghoqa, en Bengasi, segunda ciudad del país, bastión de la rebelión.

Kadafi, con una frase que copió de Bush, dijo que la rebelión era de “bandas de terroristas vinculadas a Al Qaeda” y que los jóvenes rebeldes “actúan drogados”.

¿Por qué la rebelión?

El pueblo se levantó en Libia por los mismos motivos que en Túnez y Egipto: contra la dictadura y contra su política económica neoliberal y entreguista a las multinacionales y al FMI que provocó un aumento desbocado de los alimentos y desocupación masiva. El 33% de la población está por debajo de la línea de pobreza. Este es también el motivo de la rebelión del conjunto de los pueblos árabes. El primer objetivo es democrático, acabar con los gobiernos dictatoriales y conquistar libertades políticas, desmantelar el aparato represivo y conquistar elecciones libres, que deberían ser para una Asamblea Constituyente soberana. Pero esto está unido a la necesidad de terminar con la miseria y desocupación.

Derrocar a la dictadura significa abrir la posibilidad de organización y lucha por recuperar el petróleo y otras riquezas, que hoy se llevan las multinacionales, para el pueblo libio, y también expropiar a la corrupta burguesía ligada a los negocios con el imperialismo y al saqueo del Estado que encabeza el propio Kadafi y su familia, pasos necesarios para acabar con el hambre y la desocupación. Este proceso revolucionario está derribando a los gobiernos serviles del imperialismo, un gran paso en dirección a expulsar al imperialismo y a su gendarme Israel de tierras árabes.

No a cualquier intervención imperialista

Estados Unidos, la Unión Europea e Israel, mediante sus agentes burgueses árabes, están operando para frenar el proceso revolucionario. Intentan volver a la “estabilidad” y formar gobiernos como lograron, precariamente, en Túnez y Egipto, con jerarcas militares y patrones. Y no puede descartarse una intervención de la OTAN (o la ONU) en Libia con el pretexto de “terminar con el derramamiento de sangre”. Su objetivo real es detener la revolución, apuntalar a un gobierno más o menos sumiso y garantizar el flujo petrolero en manos de las multinacionales.

Los imperialistas apoyaron a Kadafi desde hace muchos años y recién ahora, cuando el pueblo lo está derribando, “descubren” que es un dictador. Por eso el pueblo libio no les cree. En las ciudades liberadas aparecieron pintadas contra cualquier intervención. El portavoz del Comité Nacional Libio respondió tajante a Hillary Clinton: “Estamos totalmente en contra de cualquier intervención militar de cualquier país que sea. El resto del territorio libio será liberado por el pueblo de Libia”.

¡Solidaridad con la revolución libia!

Ante la ausencia de una dirección revolucionaria, se corre el riesgo que el imperialismo logre el objetivo de congelar la revolución. Por eso los revolucionarios llamamos a las masas en rebelión a pasar por encima de las direcciones burguesas y proimperialistas, a que construyan su propia herramienta política revolucionaria y le den una perspectiva socialista, comenzando por expulsar al imperialismo y sus multinacionales y luchen por imponer gobiernos de los trabajadores y el pueblo. En ese sentido, más allá de que no conocemos el conjunto de sus posiciones, saludamos la declaración del portavoz del Consejo Nacional Libio rechazando cualquier intervención militar extranjera y llamando a derrocar a Kadafi y luchar por un gobierno de los Comités Revolucionarios. Llamamos al pueblo libio a desarrollar y organizar democráticamente los Comités Revolucionarios, con representantes electos y revocables de las organizaciones del pueblo en lucha. Y a conservar la organización y armas conquistadas con sangre, como garantía del poder popular.

La tarea urgente para todos los trabajadores y oprimidos, y para todos los antiimperialistas del mundo, es rodear de apoyo internacional a la insurrección popular libia para que derroque al dictador y destruya a sus organizaciones armadas genocidas, contra toda intervención de la OTAN o la ONU, para que el pueblo libio decida libremente su destino.


Caen las dictaduras: ¿Quién debe gobernar?

En un artículo sobre la revolución árabe, el diputado Carlos Heller (PC, Bloque Nuevo Encuentro Popular y Solidario, kirchnerista, de Argentina), dice: “América latina, región pionera en la lucha contra el neoliberalismo, puede sugerir un camino… la experiencia de los gobiernos populares de Bolivia, Venezuela, Brasil, Ecuador, Uruguay y la Argentina, entre otros, demuestra cómo es posible desafiar los preceptos más elementales del neoliberalismo, construyendo a la vez poder popular en el marco de una democracia estable”.

Sin embargo, la experiencia de los procesos revolucionarios en Latinoamérica, tanto los que derribaron a las dictaduras en la década de los ochenta, como los que derrotaron a los gobiernos neoliberales hace una década, como De la Rúa en Argentina en 2001, o el de Sánchez de Losada en Bolivia en 2003, y el surgimiento de estos nuevos gobiernos que Heller llama “populares en el marco de una democracia estable”, demuestra lo contrario de lo que dice Heller. Los resultados económicos serán muy positivos para los banqueros como Heller, pero no para los trabajadores y oprimidos. Las esperanzas de cambios de fondo que tenían los pueblos fueron burladas y los “preceptos neoliberales” se mantuvieron con algunos cambios cosméticos. En nuestro país, YPF quedó en manos de Repsol y las demás privatizaciones se mantuvieron, se pagó más deuda externa que nunca, no se solucionó el problema de la pobreza y marginalidad de grandes sectores de la población, se agravó la concentración de la tierra en manos de pulpos agroindustriales y la vivienda digna se convierte en algo inalcanzable para los trabajadores. En Bolivia, la exigencia popular de nacionalizar los hidrocarburos quedó en un aumento de impuestos, pero las multinacionales siguen manejando el gas y los terratenientes siguen con los latifundios. Y en Venezuela, el Socialismo del siglo XXI significa salarios de hambre, desempleo, persecución a los luchadores y pactos con las multinacionales petroleras.

¿Por qué estos gobiernos no cambiaron nada fundamental, aunque asumieron con el mandato popular de hacerlo, después de grandes triunfos populares? Por su carácter de clase. En todos los casos gobernaron para los ricos, las multinacionales, banqueros y oligarcas. Esto fue y es cierto para el kirchnerismo, para Lula, pese a su origen obrero, para Evo, pese a su origen campesino y para Chávez que, como militar de clase media baja, había jurado defender al pueblo oprimido.

La principal experiencia que pueden tomar los pueblos árabes en rebelión, de la historia reciente latinoamericana, es la necesidad de luchar por gobiernos de las organizaciones obreras y populares, sin capitalistas, de los sindicatos como la UGTT de Túnez, de los Comités Revolucionarios en Libia, de los sindicatos y comités populares en Egipto, para tomar las medidas de fondo necesarias para terminar con el hambre y la desocupación: expropiar y expulsar a las multinacionales y grandes capitalistas, es decir tomar medidas socialistas.


Fosas comunes y “desaparecidos”

Marcelo Cantelmi, el corresponsal de Clarín en Libia, describe el cuartel de la policía secreta de Kadafi en Benghazi (ciudad liberada). Los revolucionarios descubrieron ahí pozos donde “encontraron más de un centenar y medio de personas fusiladas con las manos atadas a la espalda”. Cuando entraron al cuartel, escucharon gritos desgarradores que venían desde bajo tierra. Eran prisioneros que los carceleros del régimen habían amontonado en pequeños calabozos subterráneos, “mazmorras abiertas en la tierra donde esos infelices debían permanecer de pie, sin ventanas, sin otro aire que el que les llegaba de un tubo plástico”.

“Ese sitio es uno de muchos que hay en el país donde iban a parar detenidos del régimen, desaparecidos como los que hubo en Argentina. Eran acusados por haber alzado la voz contra el régimen, o porque alguno de los espías de la dictadura los escuchó haciendo algún comentario inconveniente sobre Kadafi, explica indignado, el abogado Jounal al Faturi” (Clarín, 1/3/2011).


Avanza la revolución árabe

Mientras el pueblo libio lucha heroicamente por terminar con Kadafi, en el vecino Túnez (donde el 14 de enero fue derrocado el dictador Ben Alí), 120.000 manifestantes impusieron la renuncia de su sucesor, Mohamed Ganuchi, un ex ministro del régimen que ahora fue reemplazado por un anciano de 86 años, que fuera ministro hace 40 años (antes de Ben Alí). En Egipto, donde fue derrocado Mubarak el 11 de febrero, hay grandes huelgas de trabajadores por sus derechos sociales y sindicales contra el Consejo Militar que controla el país. En ambos países afloran todos los reclamos postergados de las masas, sumidas en la miseria y desocupación. En Yemen, Barhein, Oman (los tres en la península arábiga) y en Irak, grandes manifestaciones exigen que se vayan sus gobiernos.

La derrota yanqui en Irak y los triunfos revolucionarios democráticos en Túnez y fundamentalmente en Egipto, debilitaron al imperialismo en la región y a su gendarme Israel y fortalecieron enormemente el proceso revolucionario que ahora estalla en la insurrección Libia y se extiende al conjunto de los países árabes.


¿Kadafi “antiimperialista”?: Fidel, Chávez y Ortega defienden a Kadafi

Chavez entregando la réplica de la “Espada de Bolivar” a Kadafi. Venezuela, 2009

Fidel Castro, Hugo Chávez y Daniel Ortega han manifestado de distintas formas su apoyo a Kadafi. Ninguno denuncia las masacres contra el pueblo. Chávez lo llama su “amigo”, Castro habla de que la principal amenaza es una invasión de la OTAN, mientras Ortega ofreció abiertamente “todo su apoyo” y habló telefónicamente con el dictador. Evo Morales, algo más cauto, llamó “al pueblo y gobierno libios a resolver la crisis pacíficamente”.

Repudiamos este apoyo -abierto o vergonzante, según el caso- al régimen de Kadafi, en nombre de un supuesto antiimperialismo de su gobierno.

Hace casi dos décadas que Kadafi abandonó sus posiciones antiimperialistas de origen. Su retórica se apoya en que hace 42 años, en 1969, encabezó una rebelión de oficiales que derrocó al rey Idris I y nacionalizó el petróleo, inaugurando un régimen nacionalista patronal similar al de Nasser en Egipto. Por este motivo fue atacado muchas veces por el imperialismo y en 1986 Estados Unidos, gobernado por Ronald Reagan, bombardeó Libia intentando matar a Kadafi, siendo una de las víctimas su hija Jana, quien resultó muerta.

Como otros nacionalismos patronales, Kadafi traicionó sus propios principios nacionalistas y pactó con el imperialismo. Ya desde 1992 comenzó a abrir las puertas a las multinacionales petroleras (hoy están llevando el petróleo y gas de Libia la Shell, British Petroleum, la ENI (italiana), la Total (francesa), Occidental Petroleum Corp y Conoco-Phillips, y Marathon Oil Corp (yanquis), Winthershall (alemana), Repsol (española), Gazprom (rusa). El colmo de su traición fue colaborar años atrás con el derrocado dictador egipcio Mubarak, para ayudar a Israel a bloquear al pueblo palestino en Gaza.

El 5 de septiembre de 2008, la ministra yanqui del gobierno de Bush, Condoleezza Rice, visitó Trípoli y declaró, refiriéndose a Libia: “Estados Unidos no tiene enemigos permanentes y si algunos países están dispuestos a hacer cambios… de orientación, Estados Unidos está dispuesto a responderles. Libia y Estados Unidos comparten intereses permanentes que son la cooperación en la lucha contra el terrorismo, el comercio, la proliferación nuclear, África, los derechos humanos y la democracia”.

Estos pactos tuvieron su compensación con el enriquecimiento del dictador y su familia, que se convirtieron en socios de las multinacionales. Ahora, en plena insurrección popular que avanza triunfante, el imperialismo le soltó la mano a Kadafi y se revela que el dictador y sus hijos tienen miles de millones en Libia y en el exterior. Entre otros bienes, una mansión de 16 millones de dólares en el barrio londinense de Hamstead.

Está muy claro que al actual Kadafi, de antiimperialista no le queda nada. A tal punto que, desmintiendo a Chávez, Ortega y Fidel, quienes dicen defenderlo de una presunta intervención imperialista, Kadafi, plagiando a Bush, culpó de la insurrección a “los terroristas de Al Qaeda” y agregó: “Estoy sorprendido porque tenemos una alianza con Occidente para luchar contra Al Qaeda, y ahora que combatimos contra los terroristas nos han abandonado” (reportaje de TV en la cadena yanqui ABC).

Es vergonzoso que los gobiernos latinoamericanos autodenominados “progresistas” o “socialistas” apoyen a Kadafi o muestren una inaceptable “neutralidad”, como Dilma Roussef de Brasil o Evo Morales. Sólo el derechista Alan García de Perú, por sus propias necesidades políticas, rompió relaciones con Kadafi. Exigimos a todos los gobiernos latinoamericanos que rompan de inmediato relaciones con la dictadura genocida libia.


Te pedimos un aporte para seguir apoyando las luchas de los trabajadores.

IS

Izquierda Socialista en Internet:
www.izquierdasocialista.org.ar - www.nahuelmoreno.org - www.uit-ci.org
El Socialista Registro de propiedad intelectual: Nº 596282.
Director: Juan Carlos Giordano. Hipólito Yrigoyen 1115 Capital Federal

- Tel.:(+54) 11-4381-4240