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Mercedes Petit

18 de marzo de 1938

Expropiación petrolera en México

El general Lázaro Cárdenas, hace 72 años, tomó una decisión de alcances históricos: expropió a la Standard Oil (hoy Exxon-Mobil), la Chevron-Texaco, la Shell y demás petroleras imperialistas. Actualmente, a pesar de limitaciones y presiones, la poderosa PEMEX sigue siendo estatal.

Petroleros en huelga en 1937

Petroleros en huelga en 1937

Movilización en apoyo a las expropiaciones, marzo 1938. Derecha: Presidente Lázaro Cárdenas

Movilización en apoyo a las expropiaciones, marzo 1938. Derecha: Presidente Lázaro Cárdenas

Lázaro Cárdenas (1895-1970) asumió la presidencia el 1º de diciembre de 1934. Durante su mandato, que finalizó en diciembre de 1940, el proceso revolucionario mexicano cobró un nuevo impulso, que se expresó en importantes medidas de aquel gobierno nacionalista burgués. Se distribuyeron más de 20 millones de hectáreas a casi 800 mil campesinos, y la empresa ferroviaria pasó de mixta a estatal. Hubo mejoras en educación y salud públicas.

La lucha de los petroleros

El inicio del siglo XX coincidió con la expansión de la extracción e industrialización del petróleo.

México tenía ese “oro líquido” y frontera con Estados Unidos. Este vecino, y Gran Bretaña, por entonces la principal potencia imperialista, se lanzaron al saqueo de sus riquezas. Estaban los yanquis, con la Standard Oil, al norte, los ingleses al sur, con la Shell, y otras compañías menores.

El proceso revolucionario que sacudió al país entre 1910 y 1920 dejó una constitución burguesa, aprobada en 1917, que, aun basándose en la propiedad privada capitalista, incluyó artículos importantes respecto de conquistas obreras y populares. Su artículo 27, entre otros temas, dice: “[…] Corresponde a la Nación el dominio directo de todos los minerales o substancias que en vetas, mantos, masas o yacimientos constituyen depósitos […] el petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos. [..] el dominio de la nación es inalienable e imprescriptible […]”.

En 1924, tras varios conflictos reprimidos por el ejército, hubo una huelga triunfante en Tampico en la refinería El Aguila (la Eagle de la Shell), que obligó a la empresa a firmar un contrato colectivo de trabajo, reconociendo al sindicato local. En 1935 se constituyó el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, que impulsó la lucha por un convenio único nacional que contemplaba una jornada de 40 horas semanales y el pago del salario completo en caso de enfermedad. En 1937 se llegó a la huelga general del sector, que contó con la solidaridad popular.

¿Quién manda en México?

El sindicato demandó ante la justicia a las compañías petroleras. Una comisión de expertos investigó su situación financiera, concluyendo que las ganancias obtenidas por éstas permitían fácilmente cubrir las demandas de los trabajadores. Las empresas siguieron negándose. El 18 de diciembre de 1937, luego de otro paro, un laudo ordenó el cumplimiento de las peticiones sindicales y el pago de 26 millones de pesos en salarios caídos. Las patronales interpusieron un amparo el 2 de enero de 1938 ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que lo rechazó. Las petroleras imperialistas reiteraron su negativa. El 1º de marzo, con los trabajadores en huelga, la justicia las intimó a pagar hasta el 7 de marzo. En esos días, el presidente Cárdenas se reunió personalmente con los representantes patronales, quienes, lejos de ceder, desafiaron la soberanía mexicana y a su gobierno.

El 18, a las 10 de la noche, Cárdenas declaró la expropiación. A último momento, los imperialistas intentaron retroceder, pero ya era tarde. El presidente había aplicado la Ley de Expropiación del 23 de noviembre de 1936 y el Artículo 27 de la Constitución Mexicana. Además, pagó religiosamente las indemnizaciones que fijaba la ley.

Las empresas expropiadas fueron diecisiete. Entre otras, la Compañía Mexicana de Petróleo El Águila, (London Trust Oil-Shell), Mexican Petroleum Company of California (ahora Chevron-Texaco, la segunda empresa petrolera global) con sus tres subsidiarias; Pierce Oil Company, subsidiaria de Standard Oil Company (ahora Exxon-Mobil, la más grande empresa petrolera mundial) y la Compañía Petrolera Agwi S.A., Penn Mex Fuel Oil Company (ahora Penzoil).

La represalia imperialista fue inmediata. Inglaterra, la más afectada, rompió relaciones y dejó de comprar petróleo. Estados Unidos se sumó al boicot. Todas retiraron a sus ingenieros y personal especializado, provocando en un primer momento la parálisis de las plantas. Pero no lograron doblegar a ese país, que los enfrentó defendiendo su independencia. Movilizaciones masivas festejaron la medida. La recuperación del petróleo, con el apoyo de sus trabajadores y de ingenieros y técnicos de las universidades, se consolidó.

El petróleo tiene que ser estatal

Han pasado más de 70 años. Se produjo la rendición del nacionalismo burgués mexicano ante los amos imperialistas. Gobiernos y funcionarios corruptos fueron debilitando a la compañía estatal y favoreciendo a los empresarios privados, por ejemplo obligándola a pagar altos impuestos, leoninos respecto de lo que pagan las patronales. Siempre está presente la presión por la reprivatización y las concesiones a las empresas multinacionales. Pero la PEMEX estatal sigue siendo un muy importante patrimonio del castigado pueblo mexicano.

En el extremo opuesto de la entrega y la sumisión al imperialismo, está el actual gobierno argentino de los Kirchner, que mantiene el caso único en el mundo de haber entregado toda la riqueza petrolera del país a la voracidad imperialista, a Repsol y otras empresas. En los 90, el gobierno peronista de Carlos Menem entregó por monedas la compañía estatal YPF a la privatización, con el apoyo entusiasta (y la participación en el negociado), de otro peronista, Néstor Kirchner, por entonces gobernador de Santa Cruz.

Para seguir alentando la lucha por la recuperación de YPF, para que sea estatal, monopólica y esté controlada por sus trabajadores, vale la pena recordar el caso de Lázaro Cárdenas, presidente burgués y defensor del sistema capitalista, pero que tuvo la valentía de ponerse de pie ante el saqueo imperialista de su nación.


Trotsky defendía las expropiaciones

El 23 de marzo de 1938 hubo en México movilizaciones obreras y populares masivas en defensa de la expropiación de las petroleras imperialistas. Desde Estados Unidos viajó una delegación de la dirección del SWP (Socialist Workers Party), que participó del acto en Ciudad de México. James Cannon y Vincent Dunne, entre otros, estuvieron varios días, realizando largas discusiones con León Trotsky. México fue el único país del mundo que había dado refugio al dirigente revolucionario, que era perseguido por los gobiernos imperialistas y la policía secreta de Stalin.

En abril de 1938, Trotsky dirigió una carta abierta a la dirección del Partido Laborista inglés, para que se pronunciara en defensa de la expropiación de la empresa petrolera británica El Aguila (Eagle). Denunciaba “los atentados del imperialismo británico contra la independencia de México”*. Los laboristas se alinearon una vez más junto a su propio imperialismo.

Los medios más reaccionarios, en particular en México, Estados Unidos y Francia, hicieron campaña alrededor de que las medidas de Cárdenas eran dirigidas secretamente por Trotsky. En junio, éste respondió: “El México semicolonial está luchando por su independencia nacional, política y económica. […] Se proponen dos metas al involucrar mi nombre. Primero, los organizadores de la campaña desean impartirle a la expropiación un colorido «bolchevique». Segundo, se proponen darle un golpe al respeto nacional de México. Los imperialistas se empeñan en presentar el hecho como si los hombres de estado mexicanos fuesen incapaces de determinar su propio camino. […] Sin sucumbir a las ilusiones y sin temer a las calumnias, los obreros avanzados apoyarán completamente al pueblo mexicano en su lucha contra los imperialistas. La expropiación del petróleo no es ni socialista ni comunista. Es una medida de defensa nacional altamente progresista.” Aclarando que esto no debía significar identificarse con el gobierno mexicano, hacía un llamado: “Sin renunciar a su propia identidad, todas las organizaciones honestas de la clase obrera en el mundo entero, y principalmente en Gran Bretaña, tienen el deber de asumir una posición irreconciliable contra los ladrones imperialistas […] La lucha por el petróleo mexicano es sólo una de las escaramuzas de vanguardia de las futuras batallas entre los opresores y los oprimidos.”**

 

* “Las expropiaciones mexicanas del petróleo” (23/4/38). Escritos. Pluma, Bogotá, vol. IX, tomo 2.
** “México y el imperialismo británico” (5/6/38). Idem.


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