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José Castillo

Deuda Externa

Hay muchas razones para no pagar

Ante el planteo de nuestro partido de que no hay que pagar la deuda, muchos compañeros han manifestado dudas e interrogantes. En esta página damos las razones que, a nuestro entender, fundamentan y avalan la necesidad de aquella medida.

Vista de la marcha del pasado 23 de enero, de Congreso a Plaza de Mayo

Vista de la marcha del pasado 23 de enero, de Congreso a Plaza de Mayo

Muchos dicen: “las deudas hay que pagarlas”. Es cierto. Pero cuando son legítimas. No es el caso de la deuda externa argentina. Si pido a alguien 500 pesos tengo que devolverlos. Pero si es un usurero y me quiere cobrar el doble, no le pago. La deuda externa fue un asalto por parte de la dictadura militar. Es como si una patota entrara a su casa, le ponen una pistola en la cabeza y le hacen firmar un pagaré por 20.000 pesos. ¡Usted no los va a pagar!

Los genocidas de la dictadura, con el objetivo exclusivo de enriquecer a grupos económicos locales y extranjeros, endeudaron al país y usaron esa plata para la bicicleta financiera. ¡Incluso para comprar armas para reprimir! No era plata para reactivar la industria y dar trabajo, construir viviendas populares, modernizar los ferrocarriles, ni construir nuevos hospitales y escuelas. Nada de ese dinero vio el pueblo argentino. Tal fue la estafa que cuando se acabó la dictadura, los supuestos acreedores no tenían papeles que acreditaran dicha deuda. ¡Aún así les fue reconocida! Es más, buena parte de esos millones de dólares nunca ingresaron al país, siendo luego “contabilizados como deuda”.

Además, en 1982, Domingo Cavallo, entonces funcionario del Banco Central de la dictadura, estatizó la deuda privada contraída por el Citibank, el Banco Francés, Minetti, Sevel, Mercedes Benz, Banco de Londres, entre otros. ¿Cómo vamos a pagar esa deuda?

Un fallo la declaró “ilegítima y fraudulenta”

Todo lo que estamos diciendo no es un invento de la izquierda. Está probado y documentado en el fallo del año 2000 del Juez Jorge Ballesteros, quien recomendó al Congreso tomar medidas. Desde entonces duerme en un cajón y Martínez de Hoz fue sobreseído “por el paso del tiempo”. “El país fue puesto desde el año 1976 bajo la voluntad de acreedores externos…” Y añade: “La deuda ha resultado groseramente incrementada a partir del año 1976 mediante la instrumentación de una política-económica vulgar y agraviante que puso de rodillas el país… para beneficiar y sostener empresas y negocios privados -nacionales y extranjeros- en desmedro de sociedades y empresas del Estado… Las empresas públicas eran obligadas a endeudarse para obtener divisas que quedaban en el Banco Central… Todo ello se advirtió en no menos de 477 oportunidades... entre ellos 423 préstamos externos concertados por YPF…”

Finalmente señala las responsabilidades de políticos que hoy siguen en la impunidad: “Ha quedado evidenciado en el trasuntar de la causa la manifiesta arbitrariedad con que se conducían los máximos responsables políticos y económicos de la Nación en aquellos períodos analizados. Así también se comportaron directivos y gerentes de determinadas empresas y organismos públicos y privados”, llamando a “determinar la eventual responsabilidad política que pudiera corresponder a cada una de los actores en los sucesos que provocaran el fenomenal endeudamiento externo argentino”.

La deuda ya se pagó varias veces

En 1976 la deuda era de 7.000 millones de dólares, y hoy asciende a 175.000. Quiere decir que en 34 años creció veinte veces, a pesar que en ese tiempo se pagaron 220.000 millones de dólares. Es decir: se pagó mucho más de lo que se debía y seguimos debiendo una friolera. ¿No es ésto la mejor prueba que es una gran estafa? Lo mismo pasó con la deuda de América Latina. Se pagó cinco veces y ahora se deben cinco veces más. Esto ocurre porque la deuda es un mecanismo de dependencia donde se cobran intereses sobre intereses (algo prohibido), con refinanciaciones y reconocimientos permanentes por parte de los gobiernos de turno -con canjes, supuestas “quitas” y renegociaciones permanentes-, de los cuales siempre terminamos debiendo más. Todo a propósito, para seguir bajo la bota del imperialismo, los bancos usureros y las multinacionales.

¿Qué pasa si no pagamos?

Quienes se perjudicarían con el no pago (el FMI, banqueros y grandes potencias), siempre nos han dicho que si no pagamos nos ibamos a aislar, no tendríamos medicamentos, nos podrían bloquear, invadir o mandar la flota yanqui. ¡Mentiras! Países mucho más débiles que Argentina tomaron medidas contra los acreedores y no les pasó nada (ver Antecedentes…). En estos años Bolivia se retiró del Ciadi (el Tribunal Arbitral del Banco Mundial). Ecuador investigó y repudió una parte de su deuda. Y con el Argentinazo se dejó de pagar una parte importante. ¿Nos invadieron? No.

Si nos bloquean, Argentina tiene carne, cereales y petróleo para subsistir. Y para enfrentar posibles sanciones nos deberíamos unir a los países latinoamericanos para comercializar nuestros productos en igualdad de condiciones. ¿Acaso Venezuela nos negaría su petróleo o Bolivia su gas? Y si conformamos un frente de países deudores para no pagar, estaríamos en mejores condiciones para enfrentar cualquier posible represalia. El problema lo tendrían ellos. ¿Qué pasaría si México, Brasil y Argentina -los mayores deudores- dejan de pagar? La crisis la deberían soportar ellos, no nosotros.

Hay que preguntarse: ¿qué nos está pasando por pagar? Sufrimos ajustes, tarifazos, bajos salarios y pobreza. Nos roban el petróleo y saquean nuestros minerales. En los 90 nos remataron los ferrocarriles, YPF, teléfonos y empresas de agua y electricidad, y la deuda creció. No pagar es volver atrás con todo este saqueo.

Si se paga, habrá menos salario y trabajo

Los compañeros que crean que pagando puede haber prosperidad, más salario, trabajo o inversiones en salud y educación, se equivocan. Argentina puede argumentar, con claras pruebas, su “estado de necesidad”. A pesar de los dichos de Cristina -que vive en otro mundo-, la desocupación y pobreza crecen, millones viven en asentamientos precarios, basta una epidemia de dengue para que la salud pública colapse, los maestros ganan sueldos de miseria y millones de chicos van a la escuela sólo en busca de un plato de comida. Esa es la deuda “interna” que hay que pagar.

Por supuesto que surgirán presiones y amenazas. Como siempre que un pueblo quiso levantar cabeza y liberarse. Estamos en el año del Bicentenario. Es una buena oportunidad para recordar que a San Martín le decían lo mismo, que no se podía declarar la Independencia. Siguiendo su ejemplo y el de los otros libertadores decimos que sí se puede. Se arriesgaron, lucharon y sufrieron por un futuro liberador y digno. De los trabajadores, luchadores y la izquierda -que no tenemos compromisos con el imperialismo y los usureros-, saldrán los nuevos libertadores para llevar adelante la Segunda y Definitiva Independencia continental. Para ello Izquierda Socialista impulsa un gran Movimiento Nacional por el no pago. Porque hay muchas razones para no pagar.


Nahuel Moreno y la deuda

“Contra el imperialismo, mientras seguimos manteniendo nuestras consignas tradicionales (expropiación de los monopolios imperialistas industriales, comerciales y financieros, ruptura de los pactos políticos y militares que nos atan a él, como la OEA, el TIAR, Río de Janeiro, etc.) levantamos una gran consigna central: el no pago de la deuda externa. Esta consigna sintetiza en cierto sentido todas las demás, porque ataca a la expresión más tremenda de la explotación imperialista sobre el país y el pueblo. Si seguimos pagando, no habrá recuperación económica, ni salario, ni trabajo…” (Esto decía nuestro maestro y fundador de nuestro partido en 1983 en su libro “1982: Comienza la revolución”)


Antecedentes de no pago

• Estados Unidos 1839-1842: declaró la mora en el pago de sus deudas con Inglaterra por préstamos para una red de canales fluviales. En 1868, tras la Guerra Civil, declaró ilegales todas las deudas de los estados sureños. En 1971, Nixon decretó la inconvertibilidad del dólar para desconocer compromisos de pago por 500.000 millones de dólares.

• México 1861: su presidente Benito Juárez suspendió por dos años el pago de deudas a Inglaterra, España y Francia. En 1982 se declaró en cesación de pagos.

• Ecuador 1889: gran movilización popular. En 1895, luego del triunfo de la Revolución Liberal, Eloy Alfaro enfrentó a la banca internacional decretando la suspensión de los pagos.

• Argentina 1890: el alzamiento de Leandro Alem enfrentó a Juárez Celman, quien pretendía pagar a los ingleses. Argentina dejó de pagar durante varios años.

• Venezuela 1901: el presidente Cipriano Castro resolvió interrumpir los pagos.

• Unión Soviética: en 1905 el Soviet de San Petersburgo, presidido por Trotsky, resolvió el no pago. En 1919, basándose en ello, el gobierno revolucionario suspendió el pago de todas las deudas contraídas por el régimen zarista.

• Inglaterra, Francia e Italia: durante la crisis del 30 dejaron de pagar sus deudas a Estados Unidos.

• Alemania 1923: dejó de pagar la deuda que le habían impuesto Inglaterra y Francia después de la Primera Guerra Mundial.

• Inglaterra 1947: no le pagó a Argentina la deuda por carne y cereales que le había provisto durante seis años. Con maniobras -entre ellas la exigencia a Perón para que compre los ferrocarriles ingleses al doble de su precio-, lograron que aún siga pendiente.

• Cuba 1959: una de las primeras medidas de la revolución fue desconocer las deudas de la dictadura de Batista.

• Bolivia 1984: una huelga general exigió la suspensión de los pagos obligando al gobierno a declarar una moratoria.

• Costa Rica 1984: el gobierno prohibió la entrega de divisas para pagar deuda. Los acreedores demandaron en Nueva York, pero la Corte dictaminó que “había procedido como país soberano al intentar impedir un desastre final para su Nación”.

• Perú 1986: Alan García declaró el no pago, enfrentando al FMI. Debido a su inconsecuencia como dirigente burgués, no apeló a la movilización. Finalmente se rindió y volvió a pagar.

• Brasil 1987: se convirtió en uno de los tantos países que apelaron al recurso de la moratoria.

• Argentina 2001: el Argentinazo obligó a declarar la suspensión de los pagos. Ello permitió, por ejemplo, que se otorgaran más de 2 millones de planes sociales. Después de varios años se empezó a pagar (Kirchner fue el que más pagó), demostrando la inconsecuencia de los gobiernos patronales para enfrentar a los usureros.


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