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Mercedes Petit

A 120 años del nacimiento de Charles Chaplin

Inolvidable Carlitos

Charles Chaplin (1889-1977), más conocido como Carlitos “el vagabundo”, fue uno de los más grandes creadores del cine. Pero, más que eso, fue un hombre noble y decente, que defendía la libertad y a los desposeídos. Por eso fue expulsado por el gobierno de los Estados Unidos. Hoy sigue en el recuerdo de millones.

Una escena de la película Tiempos modernos (1936)

Una escena de la película Tiempos modernos (1936)

Chaplin nació el 16 de abril de 1889, en Londres. Sus padres eran actores, muy pobres, de origen judío. Cuentan que decidió ser cómico, como su mamá, cuando, siendo pequeño, estuvo varias semanas enfermo, y ella lo entretenía en la cama representando escenas cotidianas de la calle. A los 5 años estuvo por primera vez en un escenario y a los 10 ingresó en una importante compañía de pantomima. En una gira por Estados Unidos en 1914, fue contratado por la principal productora de cine cómico, que fue un género fundamental en el desarrollo de Hollywood, la Keystone Films Company. Así, pasando luego a otras compañías, fue creando y desarrollando al “vagabundo”, ese hombre pobre, tierno y humanísimo, un antihéroe que emocionaba y hacía reir con sus chistes, picardías y desventuras. En 1918 ya era una de las principales estrellas del nuevo arte.

Un hombre consecuente

En 1921 Chaplin filmó El Pibe, cuando apenas tenía 22 años, donde retrata aspectos de su infancia miserable. Y ya dejó instalado lo que sería su sello, la combinación del humor y la ternura con la crítica social. Con la fortuna que ya ganaba, en 1919 fundó, junto a otras estrellas de entonces (los actores Mary Pickford y Douglas Faibanks, y el director David W. Griffith), la United Artists, que se convertiría en una de las más grandes productoras de la poderosísima industria cinematográfica.

En 1925 filmó La Quimera del Oro, donde el vagabundo satiriza la obsesión por el dinero tomando la desesperada búsqueda de oro de un minero en Alaska. El éxito de sus películas era espectacular. Se había convertido en multimillonario y ese año la revista Time le dedicó la portada. En 1928 hizo El Circo, cuando ya culminaba el cine mudo. La irrupción del sonido no lo entusiasmó, y produjo películas sonoras pero sin diálogos, como Luces de la ciudad (1931) y Tiempos Modernos (1936). En esta última, al final, por primera vez se escuchó brevemente su voz. Es una de las películas más logradas de crítica a la explotación capitalista en la moderna producción industrial, con la cadena de montaje inaugurada por Ford. Con las andanzas del vagabundo y una huérfana, muestra la desesperante situación de los trabajadores durante la Gran Depresión en Estados Unidos.

En 1940, apenas comenzada la segunda guerra mundial, cuando EE.UU. aún no había entrado en el conflicto, hizo una de las más tempranas y contundentes denuncias contra la dictadura de Hitler y la persecución a los judíos. Su primer película sonora, El Gran Dictador (ver recuadro) pasó a la historia del cine y del siglo XX. Se prohibió su estreno en varios países, como Argentina y Brasil. En España, se estrenó recién en 1976. En Alemania Chaplin estaba prohibido desde 1937.

La “caza de brujas” en Estados Unidos

En 1947 Chaplin estrenó la que sería su última película en suelo yanqui: Monsieur Verdoux, una comedia negra. Es una parodia sobre la doble moral, donde un hombre sencillo (que hace recordar al eterno Carlitos) resuelve sus dificultades económicas para sostener a su familia engatusando y asesinando a mujeres adineradas.

Ese mismo año, el senador Mc- Carthy creó el tristemente célebre Comité de Actividades Antinorteamericanas. Comenzaba lo que se llamó “la caza de brujas”, la persecución indiscriminada a todo lo que tuviera cualquier afinidad, supuesta o real, “prosoviética”, “comunista” o fuese simplemente progresista. En octubre de 1947, en audiencias públicas en Washington, y con declaraciones de personajes nefastos como Gary Cooper y Walt Disney, el Comité condenó a los primeros “Diez de Hollywood”, que fueron despedidos sin indemnización. Eran directores, guionistas y productores. Días después, el célebre dramaturgo y director teatral alemán Bertolt Bretch, que se había instalado en California huyendo del nazismo, fue obligado a irse. En los años siguientes, varios cientos de integrantes de “listas negras” fueron impedidos de trabajar. Unos pocos lo lograron con nombres falsos.

En 1949, mientras Chaplin viajaba por Europa con su familia, el Comité ordenó a Migraciones que no lo dejara reingresar a los Estados Unidos, su país de residencia desde 1914. Sus películas Tiempos Modernos y El Gran Dictador fueron clasificadas como “procomunistas” y se prohibió su exhibición. También se cuestionaron sus numerosas y habituales declaraciones a favor de la paz y la hermandad entre los pueblos. El Vagabundo no volvió más. Se radicó definitivamente en Suiza.

Se apagan las candilejas

Casi 25 años después de su expulsión, en 1972, una culposa Academia de la Industria del cine le hizo un homenaje y le entregó un Oscar honorífico. En 1977 falleció en su mansión en Suiza, a los 88 años, rodeado por su numerosa familia. En 1921 tenía rasgos comunes con aquel bebé abandonado que se cría gracias al amor de otro desposeído, el vagabundo. En su última gran película, Candilejas (1952), ya no está Carlitos. Pero su espíritu noble y desprendido lo encarna un hombre ya mayor, que entrega su amor, su optimismo y sus últimas energías para alentar a una joven pobre y talentosa que quiere ser bailarina.

Gracias a las modernas técnicas de digitalización, sus películas se han preservado en muy buenas copias. Cuando pueda, véalas.


El barbero judío y el Gran Dictador

Esta película se estrenó en octubre de 1940. Chaplin hizo dos personajes: un sencillo barbero judío, que había combatido por Alemania en la primera Guerra, y el feroz Adenoid Hynkel, el dictador de Tomania, que tiene un notable parecido a Adolf Hitler… En tono de comedia, se muestra la persecución a los judíos en el gueto, la brutalidad de las SS, los discursos amenazantes de Hitler, perdón, Hynkel. Para los amantes del cine, se inmortalizó el afán de dominio del mundo del jefe nazi en una increíble danza de Chaplin (Hynkel) con un globo terráqueo. También se caricaturiza al dictador italiano, Benito Mussolini.

En 1940, mientras el mapa de Europa se iba cubriendo de negro, la película fue no solo una impactante denuncia (los judíos tienen que emigrar del gueto, queman la barbería, el barbero va a dar a un campo de concentración), sino un llamado a la lucha, a la resistencia contra los nazis. Con los recursos que permite utilizar una comedia, cuando Hynkel está por pronunciar un discurso que anuncia el inicio de una invasión, es sustituido por el barbero, que hace un alegato a favor de la paz, la libertad, y el respeto a todos los pueblos, aplaudido hasta por los soldados nazis.

Algo así dijo: “Lo lamento mucho, pero no quiero ser dictador. No quiero conquistar ni gobernar a nadie. Deseo ayudar a todos, judios, gentiles, blancos o negros. [...] El camino de la vida puede ser libre y bonito, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos: el maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad, más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo. [...] La desgracia que padecemos no es nada más que la pasajera codicia y la amargura de los hombres que tienen miedo de seguir el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores y el poder que tomaron al pueblo será reintegrado al pueblo y así, mientras el hombre exista, la libertad no desaparecerá”.


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