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Miguel Lamas

Presidenciales en El Salvador

Triunfo del FMLN

El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la organización ex guerrillera tradicional del pueblo salvadoreño, ganó en las elecciones presidenciales. Su candidato, Mauricio Funes, fue electo con el 51,2% de los votos, derrotando al partido gobernante desde hace décadas, ARENA. Multitudes celebraban en las calles la derrota de los genocidas neoliberales.

Mauricio Funes, nuevo presidente salvadoreño.

Mauricio Funes, nuevo presidente salvadoreño.

El partido derrotado, ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), fue fundado por los militares genocidas que masacraron a la población salvadoreña en la década de los 80, e integró a los grandes empresarios. Fue el que aplicó la política económica neoliberal que liquidó la moneda nacional (hoy la única moneda es el dólar) y firmó el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, hundiendo al país en una miseria creciente.

El Salvador, de sólo 20.742 km2 (algo menos que la provincia de Tucumán), tiene 5.800.000 habitantes, con una desocupación y pobreza de alrededor del 40%. El principal sostén de su economía son los envíos de los 2.300.000 trabajadores emigrantes que viven en Estados Unidos. La aplastante mayoría de la clase capitalista apoyó a ARENA. Mientras que la votación del FMLN proviene de los sectores populares, obreros y campesinos.

El FMLN propone gobernar con los empresarios y el imperialismo

El nuevo presidente es un antiguo periodista de la cadena yanqui CNN en plena guerra civil, que no era militante del FMLN, ni siquiera en los últimos años. Se hizo popular porque fue crítico de los gobiernos de ARENA. Pero en esta campaña electoral dejó claro que, a diferencia de lo que reclamaba el FMLN hasta hace muy poco, no va a romper con el Tratado de Libre Comercio, no va a restaurar la moneda salvadoreña y afirmó que está contra la derogación de la ley de amnistía (que protege a los genocidas salvadoreños).

Funes mantuvo publicitados encuentros con los magnates mexicanos Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego, invitándolos a aumentar sus inversiones en El Salvador. También se reunió con el Secretario de Estado para Asuntos Hemisféricos de los EE.UU., Thomas Shannon, anunciando que mantendrá excelentes relaciones con Estados Unidos. Dijo que no será “privatizador”, pero se cuidó de no hablar jamás de reestatizar todo lo privatizado fraudulentamente por ARENA. El “modelo” que dice defender Funes es el de Lula en Brasil. Es decir, un gobierno patronal y proimperialista.

Hizo promesas de medidas a favor de los sectores populares: gratuidad en salud y educación (incluyendo uniformes y útiles escolares), eliminación del IVA para la canasta básica y medicamentos, creación de la pensión asistencial para adultos mayores y aumento del bono para las familias más pobres en el campo, extendiéndolo a la ciudad. Sin embargo, en medio de la crisis mundial, estas medidas, además de ser totalmente insuficientes, pueden quedar sin cumplir, dado que, si no toca los intereses burgueses e imperialistas, le faltarán fondos para implementarlas.

Tocará al heroico pueblo salvadoreño, ahora que derrotó a ARENA, luchar nuevamente por sus postergadas reivindicaciones sociales, por el cumplimiento de las promesas que hizo Funes, por el castigo a los genocidas y por cambios de fondo que Funes niega, pero que son imprescindibles para terminar con la desocupación y miseria.


¿Qué es el Farabundo Martí?

Centroamérica vivió en la década del 70’ y 80’ una enorme rebelión de sus pueblos, que logró un primer gran triunfo con la caída de la dictadura de Somoza en Nicaragua, en julio de 1979. Tres meses después cayó también la dictadura del general Carlos Humberto Romero en El Salvador. Se formó entonces una junta militar que fue apoyada por el Partido Comunista, dirigido por Shafik Handal, y otros sectores de izquierda. Este apoyo a la junta militar, supuestamente “progresista”, impidió que fuese liquidado el ejército genocida como en Nicaragua.

Esto permitió que se rearticulara la derecha militar y en 1980 desató la masacre: derrocaron a los “progresistas”, asesinaron al arzobispo Oscar Arnulfo Romero y a centenares de dirigentes y militantes de izquierda.

Fue el comienzo de la guerra civil. Se formó entonces el FMLN (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional), con cinco organizaciones: PC, Resistencia Nacional, FPL, PCS, ERP y PRTC.

Con apoyo directo yanqui, y también de “asesores” militares de la dictadura argentina, se llevó a cabo un genocidio para intentar aplastar la rebelión. Nicaragua fue atacada por la “Contra”, mercenarios armados y pagados por Estados Unidos, y en El Salvador la represión militar, con sus escuadrones de la muerte, masacró a 75.000 personas. En Guatemala fueron 200.000 los asesinados.

A comienzos de 1983 la guerrilla del FMLN dominaba gran parte del territorio salvadoreño. Nicaragua resistía con éxito la ofensiva militar de la “Contra”. En ese momento se inició una negociación presidida por el llamado Grupo de Contadora, constituido por los gobiernos burgueses proimperialistas de México, Venezuela, Panamá y Colombia, con el supuesto objetivo de “lograr la paz en Centroamérica”. El grupo tuvo el apoyo explícito de Fidel Castro, los sandinistas, Alfonsín de Argentina, y del imperialismo europeo.

A cambio del cese de la ofensiva armada de la “Contra” en Nicaragua, el Grupo Contadora exigía que los sandinistas en el poder no expropiaran a la burguesía, protegieran la inversión extranjera y no ayudaran a la guerrilla en El Salvador. El real objetivo era impedir el desarrollo y triunfo de movimientos revolucionarios en Centroamérica. Para obligar al acuerdo se amenazaba con el “cuco” de una improbable invasión norteamericana a Nicaragua y a Cuba.

Al FMLN se le exigió que abandonara su lucha por derrocar a la dictadura genocida para reemplazarla por el reclamo de “diálogo”. Esto lo aceptó el PC salvadoreño y otros dirigentes del FMLN, pero fue resistido por Salvador Cayetano Carpio, líder histórico de izquierda y de las FPL. Carpio fue calumniado por dirigentes sandinistas y del FMLN, acusado sin pruebas de mandar matar compañeros. Finalmente, en abril de 1983, Carpio se suicidó en Nicaragua.

Pero la negociación para la capitulación y el desarme no se logró rápidamente. Era muy fuerte el impulso de la rebelión popular. En 1990 hubo otra fuerte ofensiva militar de la guerrilla. Finalmente se firmó un acuerdo de “paz” en 1992. En su discurso de aceptación, el líder del PC y del FMLN, Shafik Handal agradeció a Estados Unidos por su “colaboración” (www.marxist.org). El FMLN desarmó su guerrilla y fue legalizado como partido político.


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