El Socialista

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Mercedes Petit

Hace 90 años en Alemania

La revolución obrera acabó con la monarquía

En medio de los sufrimientos de la primera guerra mundial, el 9 de noviembre de 1918 fue derrocado el imperio de los Hohenzollern. La traición del Partido Socialista [socialdemocracia*] salvó a la burguesía, que retuvo el poder.

Marineros y soldados insurrectos en Berlín. Noviembre 1918

Marineros y soldados insurrectos en Berlín. Noviembre 1918

Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo

Karl Liebknecht (1871-1919) y Rosa Luxemburgo (1870-1919). En marzo de 1919, el Congreso de fundación de la Tercera Internacional los proclamó sus mejores representantes

Desde 1917-18, una oleada revolucionaria sacudió Europa, devastada por la carnicería interimperialista. En Rusia, en febrero de 1917 cayó el Zar, y en octubre los Soviets tomaron el poder, instaurando el primer gobierno obrero y campesino revolucionario dirigido por el partido bolchevique. En noviembre de 1918, le tocó el turno al imperio alemán, cuando una insurrección obrera en Berlín obligó al kaiser (emperador) Guillermo II a abdicar. De inmediato se formó un gobierno de los reformistas, el Partido Socialista, que dirigía a los trabajadores. La Liga Espartaco, encabezada por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, era pequeña, pero comenzó a ganar influencia. Eran aliados de los bolcheviques y proponían que los consejos obreros (soviets), que se habían formado en todo el país, tomaran el poder.

La bancarrota de la Segunda Internacional

En 1914 comenzó la gran traición de los “socialistas” reformistas de la Segunda Internacional. Su conducción, totalmente burocratizada y jugada a la defensa del capitalismo, permitió que cada gobierno imperialista se lanzara a la guerra, llevando a los obreros a una carnicería. El Partido Socialista alemán era de lejos el más fuerte. Cuando se aprobaron los créditos de guerra, el 4 de agosto, sólo uno de sus diputados se opuso, Karl Liebknecht, quien denunció el carácter burgués imperialista del conflicto. Poco después cayó preso. Con Rosa Luxemburgo formaron la Liga Espartaco.

La revolución de noviembre

En julio-agosto de 1918 comenzó el retroceso de los ejércitos alemanes, ante el embate del otro bando imperialista. Se multiplicaban las luchas obreras y las sublevaciones de las tropas. En noviembre se levantaron los marineros de la flota en el Mar del Norte, anclada en la ciudad de Kiel. Se formaron soviets de obreros y marineros que exigían la paz y el derrocamiento del emperador. El movimiento se extendió a todo el país. La insurrección estalló en Berlín el 9 de noviembre. Renunció Guillermo II. Liebknecht fue liberado y trasladado al Palacio Real, donde una multitud lo proclamó “primer presidente de la República Socialista”. Pero el canciller de la monarquía negoció la formación de un gobierno falsamente “socialista” con el principal partido obrero reformista. Con Federico Ebert como presidente, el PS consumará su gran traición: sofocar el ascenso revolucionario, encausar la nueva etapa republicana en los marcos del dominio burgués, con el sufragio universal y la convocatoria a una Asamblea Constituyente, e incorporando a los soviets a las instituciones “oficiales” del nuevo régimen. Los revolucionarios espartaquistas se negaron a incorporarse a ese gobierno.

Los “socialistas”, carniceros del proletariado

Ebert, Felipe Scheidemann y Gustav Noske cumplieron a sangre y fuego su objetivo contrarrevolucionario. La marea huelguística no se detenía. Se legalizó la jornada de 8 horas, ya impuesta en los hechos. El 16 de diciembre, 250.000 manifestantes exigieron en Berlín la socialización de la producción y el poder a los soviets. El gobierno de Ebert mantenía todo el andamiaje del Estado burgués, desde los ministerios al Ejército, preparando tropas de elite que garantizaran la represión al movimiento obrero. Los espartaquistas fundaron el Partido Comunista Alemán, mientras crecía su influencia. Pero los “socialistas” reformistas mantenían su dominio mayoritario sobre los trabajadores. En enero, Ebert lanzó una ofensiva contra los sectores revolucionarios y de la vanguardia obrera. Comenzó por el desalojo a los 3.000 marineros que desde noviembre ocupaban el Palacio Real, y la asunción como jefe de Policía del “socialista” Noske. Los comunistas respondieron convocando a la huelga general insurreccional. Se ocuparon el parlamento, los edificios de la prensa y parte de Berlín. El grueso del proletariado, fundamentalmente del resto del país, no se sumó. Tras cinco días de furiosos combates, los revolucionarios fueron derrotados por las tropas del gobierno “socialista”. Defendiendo encarnizadamente a la burguesía, cometieron el crimen atroz de fusilar el 19 de enero a Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburgo, luego que habían sido detenidos y estaban en prisión. El cuerpo descuartizado de ella fue arrojado al río. A pesar de este duro golpe, el ascenso revolucionario y los soviets se mantuvieron hasta 1923. Ese año comenzará el retroceso del movimiento obrero. Al mismo tiempo, dará sus primeros pasos en Munich un oscuro cabo del ejército, Adolf Hitler: nacía el nazismo.

La debilidad del partido revolucionario

El 10 de noviembre, Lenin desde Moscú envió un telegrama a todos los soviets de Rusia, anunciando el levantamiento de la Flota y la renuncia de Guillermo II. Todas sus expectativas estaban puestas en el triunfo de la revolución en Alemania. Tanto él como León Trotsky consideraban que el poder revolucionario soviético sólo se consolidaría si también triunfaban revoluciones obreras y socialistas en Europa y el mundo. En Alemania había condiciones muy favorables. Era un país altamente industrializado, con poco campesinado, y tenía el movimiento obrero más culto, organizado y de mayor tradición marxista. En 1918 los soviets surgieron de inmediato y se instalaron en todo el país. La gran diferencia con Rusia se dio en el terreno del partido revolucionario. La caída del emperador en noviembre de 1918 era comparable a febrero de 1917 para el imperio de los Zares, lo que Nahuel Moreno denominó una “revolución socialista inconsciente”. En Berlín se formó un gobierno “socialista”, análogo al de Kerensky con los mencheviques y socialrrevolucionarios. Mientras estos en Rusia fueron expulsados del gobierno, y con la conducción bolchevique triunfó la revolución socialista de octubre, en Alemania, la traición de los reformistas logró su objetivo. En Rusia durante décadas se había forjado el partido bolchevique, hecho en la acción revolucionaria, preparado para la clandestinidad y para la lucha “legal” o parlamentaria cuando se conquistaron las libertades democráticas en 1917, dispuesto a encabezar la lucha por el poder en una insurrección cuidadosamente planificada, cuando se hubiera ganado a la mayor parte de los soviets obreros para ello. En Alemania, la heroica vanguardia que encabezaban Luxemburgo y Liebknecht, enfrentando las capitulaciones de los reformistas mayoritarios y defendiendo un programa revolucionario, habían discrepado con Lenin, y no compartían la necesidad imprescindible de construir este partido de combate y con centralismo democrático. Al estallar la revolución en 1918, los espartaquistas crecieron y se fortalecieron a medida que se iba radicalizando la propia clase obrera, y confluyeron con Lenin y los bolcheviques, pero no se pudo construir en pocos meses lo que había costado décadas a los revolucionarios rusos. Esto facilitó el éxito de la acción contrarrevolucionaria de Ebert y Noske. La derrota en Alemania fue decisiva para que quedara aislada la URSS y se impusiera a partir de 1923-24 el dominio burocrático de Stalin, quien aplastó a los revolucionarios, encabezados por Trotsky.

 

* Esos falsos “socialistas” son actualmente gobierno en varios países, por ejemplo España y Chile. En Argentina, Hermes Binner es gobernador en Santa Fe, Ruben Gustiniani acompañó a Carrio como candidato a vice de la Coalición Cívica, y otro sector integra el gobierno de Kirchner.


Trotsky y la revolución alemana de 1918

“Pero ha quedado demostrado que, sin un partido capaz de dirigir la revolución proletaria, ésta se torna imposible. El proletariado no puede apoderarse del poder por una insurrección espontánea. Aún en un país tan culto y desarrollado desde el punto de vista industrial como Alemania, la insurrección espontánea de los trabajadores en noviembre de 1918 no hizo sino trasmitir el poder a manos de la burguesía. Una clase explotadora se encuentra capacitada para arrebatárselo a otra clase explotadora apoyándose en sus riquezas, en su “cultura”, en sus innumerables concomitancias con el viejo aparato estatal. Sin embargo, cuando se trata del proletariado, no hay nada capaz de reemplazar al partido.” Lecciones de Octubre [1924].

“Después de la [primera] guerra, se produjeron una serie de revoluciones que significaron brillantes victorias: en Rusia, en Alemania, en Austria- Hungría, más tarde, en España. Pero fue sólo en Rusia donde el proletariado tomó plenamente el poder en sus manos, expropió a sus explotadores y, gracias a ello, supo como crear y mantener un Estado obrero. En todos los otros casos, el proletariado a pesar de la victoria se detuvo, por causa de su dirección, a mitad de camino. El resultado de esto fue que el poder escapó de sus manos y, desplazándose de izquierda a derecha, terminó siendo el botín del fascismo.” ¿Adonde va Francia? [1934].


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