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José Castillo

¡No hay que pagar más la deuda externa!

Uno de los pilares del doble discurso kirchnerista se derrumba inexorablemente. Fue cuando se nos dijo que, ahora sí, el viejo y remanido tema de la deuda externa estaba terminado, que nunca más íbamos a depender de los buitres de los mercados internacionales y que nuestra política económica se independizaba “definitivamente” de los dictados del FMI.

Pero no se puede tapar el cielo con las manos. Los discursos se rinden ante la realidad. Hoy debemos 144.728,6 millones de dólares, un 56% del PBI, números muy superiores a los que había al final del gobierno de De la Rúa, que era del 54% del Producto Bruto Interno. Y si sumamos a los bonistas que no aceptaron la reestructuración del 2005, llegaríamos a 170.000 millones de dólares, un 67% del PBI. Este año, nuestro endeudamiento ya creció un 6% en dólares (o un 9% en pesos). Y seguimos tirando divisas. La semana que pasó se pagaron 2.346 millones de dólares.

Llegó la hora de pagar “cash”

El nuevo problema del gobierno es que empiezan a caer v e n c i m i e n t o s “fuertes”. Y esto sucede justo ahora, que, crisis económica mundial mediante, se han cerrado todas las fuentes externas de financiamiento. El gobierno viene maniobrando, usando para pagar los superávits fiscal récord de los últimos años y el superávit del Anses. Pero frente a la ola de grandes vencimientos no hay maniobra que valga.

Para eso le queda una sola ventanilla exterior: los préstamos de Venezuela. Chávez ya lleva comprados 7.416 millones de dólares en Boden 2015. El escándalo estalló la semana pasada, cuando el gobierno venezolano le prestó a la Argentina 1.000 millones de dólares a una tasa del 15,6%. Para comparar: en junio de 2001, Cavallo realizó la operación conocida como “megacanje”, y pagó una tasa, en ese momento considerada usuraria, del 15,29%. ¡Se aceptó una tasa igual a la de los momentos anteriores a la cesación de pagos del 2001!

Pero Chávez no compra nuestros bonos por “solidaridad latinoamericana”. Forma parte de un fenomenal negocio que terminamos pagando los dos pueblos, el venezolano y el argentino. Los 1.000 millones de la semana pasada se los entregó a los bancos privados de su país, que los pagaron al tipo de cambio oficial, para revenderlos al valor del dólar en el mercado negro de Venezuela (mucho más alto) y así hacer una gran diferencia, mientras fugan divisas del país. Las ventas masivas de esos bonos hicieron que bajara su cotización, cayendo un 13% en un par de días. Ante el escándalo, el gobierno argentino dio marcha atrás y ordenó volver a comprar los bonos que había vendido. En el medio de todo esto, quedó un despilfarro de reservas (el Banco Central perdió casi 300 millones de dólares), y se generaron excelentes negocios para los buitres especuladores de Argentina, de Venezuela y de Wall Street.

Lo que se viene

En 2009 vencen casi 20.000 millones de dólares (11.000 millones de capital y el resto de intereses) ¿Cómo va a hacer el gobierno para pagar? Presupone que el año que viene va a obtener 11.000 millones de superávit fiscal. Pero todavía le va a faltar conseguir los 9.000 restantes. Se habla de que entre el superávit del Anses, un préstamo del BID y bonos de corto plazo colocados en bancos locales podría lograr 4.500. Todavía le faltarían otros 4.500, que, o bien se los presta Chávez, o habrá que afrontarlos con las reservas del Banco Central.

En síntesis: estamos, de nuevo, al borde de la quiebra. Discutiendo ante cada vencimiento, de dónde sale la plata para pagarla. Y, como tantas veces, saldrá del bolsillo del pueblo: la pagarán los trabajadores, los desocupados y los jubilados. La única política “realista” vuelve a ser, como lo dijimos tantas veces, dejar de pagar esta ilegal, ilegítima, inmoral y fraudulenta deuda externa, romper definitivamente con los organismos internacionales, y poner todo ese dinero al servicio de un plan económico que resuelva las más urgentes necesidades populares.


El INDEC y la deuda

El discurso de Guillermo Moreno y otros personeros del gobierno es que los datos “truchos” de la inflación sirven para ahorrar pagos de deuda, ya que hay bonos que se ajustan por CER, y como cada punto de inflación no declarado son aproximadamente 600 millones de dólares, desde que comenzó la intervención del Indec “nos habríamos ahorrado” de pagar 12.000 millones de dólares.

Es una falacia total. Primero, porque si se negoció la deuda ajustada por inflación, es una responsabilidad del gobierno que no se la puede trasladar al pueblo. Segundo, porque hay otros bonos que se ajustan por crecimiento del PBI. Y los datos falsos de la inflación, sobreestiman el crecimiento del Producto. Así, el año pasado, se dijo que la economía argentina habría crecido un 8%, cuando su número real fue el 6%. Y, por cada 1% más de crecimiento, la deuda sube 300 millones. Y tercero, porque el escándalo del Indec generó que aumentara la desconfianza en la economía argentina, haciendo que las tasas que pagamos por los nuevos préstamos sea un 10% más alta que la del mercado.


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