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Mercedes Petit

Marzo 1968: se dividía la burocracia sindical peronista

A 40 años de la CGT de los Argentinos

Bajo la dictadura de Onganía, las cúpulas de la central obrera se fueron fraccionando. Durante casi dos años hubo dos “CGTs”. El metalúrgico Vandor funcionaba en el tradicional edificio de Azopardo. A pocas cuadras, en la sede de la Federación Gráfica sobre la Avenida Paseo Colón, Raimundo Ongaro dirigía la CGT de los Argentinos (CGTA)

Facsimil de uno de los números del semanario que dirigia Walsh

Facsimil de uno de los números del semanario que dirigia Walsh

En junio de 1966 se instaló la dictadura del General Juan Carlos Onganía, que derrocó al gobierno del radical Arturo Illía. A la ceremonia de su asunción como presidente de facto asistieron, de riguroso traje y corbata, los jefes de la CGT: Augusto Timoteo Vandor, de la UOM; José Alonso, del vestido; Juan José Taccone, de Luz y Fuerza, entre otros. A medida que avanzaban las medidas antiobreras del plan impulsado por el ministro de Economía y Trabajo Adalberto Krieger Vasena, se formaban distintos agrupamientos entre los burócratas. Taccone y Coria de la construcción eran los “participacionistas”, que colaboraban en forma directa con la dictadura. Vandor, Alonso y otros propiciaban un “diálogo”, pero conservando cierto poder de negociación. Otros sindicatos menores, de sectores obreros más golpeados, algunos intervenidos, junto a seccionales y regionales del interior, iban endureciendo su posición ante el gobierno.

Se divide la burocracia

En 1967 se produjo un hecho decisivo: desde su exilio en Madrid el ex presidente Perón pasó a la oposición al onganiato. Interpretando a los sectores patronales menos favorecidos o directamente perjudicados por la concentración económica, Perón comenzó a negociar con el radicalismo y otros partidos para formar una oposición burguesa a la dictadura. Así empezó también a alentar a los sectores sindicales distanciados del vandorismo y de los participacionistas. Su hombre en este operativo será Raimundo Ongaro, de la Federación Gráfica Bonaerense, peronista con buenas relaciones con la iglesia y de ideas socialcristianas “progresistas”.

A fines de marzo fue convocado un congreso normalizador de la CGT, en el cual hubo diferencias desde el inicio sobre la asistencia o no de los gremios intervenidos. Vandoristas y participacionistas la rechazaban. Finalmente, el 28 de marzo se inició el Congreso, con los gremios intervenidos presentes y se fracturó la CGT.

El PRT-La Verdad, encabezado por Nahuel Moreno, llamó a no depositar confianza en ninguno de los dos sectores, aunque apoyaba la presencia en el congreso de los gremios intervenidos. Señalaba que “esa «izquierda» cegetista no ha levantado ningún programa para enfrentar a la canalla colaboracionista” de vandoristas y participacionistas. Reclamaba un congreso de bases que reunificara la central y la dotara de un programa de lucha*.

El nacimiento del “ongarismo” no fue resultado de la movilización del movimiento obrero, que no se había producido aún, sino que fue el punto de mayor retroceso y debilidad ante la dictadura. La nueva CGTA era un frente heterogéneo, con fuerte presencia de sectores ligados a la Iglesia, comenzando por el propio Ongaro, unido a sindicalistas “independientes” (radicales y socialistas), y el Partido Comunista; sindicalistas opuestos a Vandor, como De Luca de navales, Guillán de telefónicos, Di Pascuale de Farmacia (“desaparecido” luego del golpe del 76). Su periódico fue dirigido por el periodista Rodolfo Walsh (asesinado y “desaparecido” en 1977). Con un lenguaje de izquierda y combativo, no dejaba de ser la pata sindical de un plan burgués de oposición a Onganía encabezado por Perón.

A medida que se acrecentaba el reanimamiento del movimiento obrero y estudiantil, su carácter burocrático y su estrecha ligazón al radicalismo impidió que capitalizara el creciente desprestigio entre los obreros del vandorismo. Fue emblemática en el gremio gráfico la derrota del conflicto en Fabril Financiera, entregado por el propio Ongaro. Pero su lenguaje de “izquierda” y su reivindicación formal del Programa de Huerta Grande le permitieron ganar espacio en el movimiento estudiantil. El ongarismo pretendió ser el “ala combativa” o “clasista” del sindicalismo, apoyado por el PC, dirigentes importantes como Agustín Tosco, la izquierda peronista, el PRT-El Combatiente (con poco peso sindical), y también críticamente lo apoyaron el PCR (maoístas) y Política Obrera, que con críticas a la dirección, actuó como su “ala izquierda” en conflictos importantes como el de Good Year.

Luego del Cordobazo se reunificó la CGT

En 1969 estaban a la vanguardia de la lucha obrera las CGTs regionales unificadas de Rosario y Córdoba. Y se sumaban los estudiantes, movilizados y reprimidos en las barricadas. A fines de mayo, la CGT de los Argentinos y la de Vandor se vieron obligadas a acordar un paro general nacional para el 30. En Córdoba, los sindicatos decidieron iniciarlo el 29. Ongaro viajó a apoyar y fue detenido el 27. Esas jornadas pasaron a la historia: se produjo el Cordobazo.

Esa semiinsurrección obrera y popular marcó el inicio del fin del onganiato, y de reacomodamientos en todos los sectores burgueses y sus dirigentes. Perón pidió de inmediato “prudencia absoluta” en una carta a Vandor. Y aconsejaba el desmonte de la CGTA, dejándola decantar hasta desaparecer: “como sabemos hacer en el peronismo: desplumar la gallina sin que grite.” El destinatario de la carta fue asesinado el 30 de junio en la sede de la UOM, cuando se preparaba para asistir a un almuerzo con jefes militares.

Había un clima de movilizaciones e incipientes acciones armadas. El 26 de junio habían sido incendiados trece supermercados Minimax.

El 1º de julio hubo un paro convocado por la CGTA, cuya adhesión, aunque parcial, superó todas las expectativas, comenzando por las de su convocante. El ongarismo no lo había preparado con seriedad. Esto lo aprovechó el gobierno, que reimplantó el estado de sitio, intervino sindicatos, detuvo dirigentes y activistas y allanó la sede de Paseo Colón. La detención de Ongaro y otros tres miembros de su Consejo Directivo pusieron de hecho fin a la existencia de la CGTA, aunque tuvo cierta actividad por unos meses más. Se formó una “Comisión de los 20”, que incluía vandoristas, “independientes” y ex ongaristas, que comenzaron a “desplumar la gallina”, reunificando la CGT, dejando afuera a los participacionistas.

En la CGT de los Argentinos confluyeron tanto burócratas menores o desplazados como luchadores obreros o intelectuales que pretendían un enfrentamiento consecuente con la dictadura y la patronal. Pero en ella no se abandonaron los métodos tradicionales de la burocracia, de negociación por arriba, control vertical y traición a los conflictos obreros en los cuales tuvo decisiva influencia, ni se postuló como una alternativa consecuente para dotar de una nueva dirección sindical al movimiento obrero argentino. En lo político, la CGTA no fue más allá de los limites impuestos por la conducción burguesa de Perón y las concepciones del movimiento “nacional y popular” que encabezaba, y así quedó como un capítulo más de la larga marcha del movimiento obrero por su definitiva liberación nacional y social. 

 

* Datos de El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina (coordinado por Ernesto González), tomo 3, vol. 2 y tomo 4, vol.1. Los 55 números del semanario se pueden consultar en www.cgtargentinos.org


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