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Mercedes Petit

24 de marzo de 1976

A 32 años del golpe genocida

Los militares, con la complicidad de la patronal, sus políticos y el imperialismo yanqui, instalaron una dictadura feroz. La derrota costó miles y miles de secuestrados, torturados y desparecidos. Pero la resistencia obrera y popular terminó derribando a esa dictadura en 1982.

Videla y Massera, integrantes de la primera Junta asesina

Videla y Massera, integrantes de la primera Junta asesina

Los militares dieron el golpe para aplastar a la clase obrera, que no paraba de luchar desde 1969 (ver recuadro de Nahuel Moreno). Fueron suprimidas todas las libertades democráticas, intervenidos los sindicatos y «congelados» los partidos políticos (incluso el PC, que apoyó el golpe; el PST fue directamente proscripto). Los elementos de terrorismo de Estado que se aplicaban desde 1974 con el accionar de las bandas asesinas de López Rega y la burocracia sindical se generalizaron y masificaron. Las organizaciones guerrilleras ya estaban muy debilitadas, pero seguían dando argumentos a la represión para atacar a sangre y fuego a la vanguardia luchadora de las fábricas, que había sido definida por el radical Ricardo Balbín como «guerrilla industrial».

Un plan de hambre y saqueo

El objetivo del genocidio era la aplicación de una política económica de hambre, liquidación de las conquistas sociales y saqueo del país, totalmente al servicio de las grandes multinacionales, empresarios locales (como el grupo Techint, Pérez Companc, Pescarmona, Macri, Amalita Fortabat), los bancos y el FMI. Es decir, lo que no había podido llevar adelante por su crisis y debilitamiento el gobierno peronista. Videla, Massera y su ministro de Economía Martínez de Hoz gobernaban para todos ellos, para el capital financiero y montaron la estafa de la deuda externa. La cúpula de la Iglesia católica los apoyaba, así como políticos radicales, e incluso del derrocado Partido Justicialista.

La resistencia obrera y popular

Aún en los años más negros y sangrientos hubo indicios de la recuperación del movimiento obrero. Ya en mayo de 1976 bajaron la producción en la Renault de Córdoba. Luego hubo luchas de portuarios, subterráneos y trenes; y en 1979 en varias empresas industriales. Desde abril de 1977 comenzaron las rondas de los jueves de las que serían las Madres de Plaza de Mayo. En 1980 se produjo una grave crisis económica. La dictadura empezó a perder apoyo. Al año siguiente ya se escuchó «abajo la dictadura», cada vez con más fuerza. En julio, la CGT estuvo obligada a convocar a una huelga general parcial. El año 1982 será decisivo. El 30 de marzo hubo gases, corridas y represión en respuesta a la primera movilización obrera.

Ante su debilitamiento, la junta asesina que encabezaba Galtieri, inició el operativo militar de recuperación de las Malvinas. En sus delirios de alcohol y represión apostaba a que contaría con el apoyo entusiasmado de su amo, el imperialismo yanqui. Este, por supuesto, defendió a Inglaterra, pero el pueblo se tomó en serio la lucha antiimperialista y nacional, saliendo a las calles para derrotar a los ingleses. La traición de los militares, que capitularon vergonzosamente, con la bendición del Papa, provocó la movilización multitudinaria que acabó con la dictadura. Desde entonces, no cesó nunca la lucha por lograr el juicio y castigo a todos los genocidas. Al mismo tiempo, también ha seguido su marcha el saqueo del país, y el ataque a las condiciones de vida del pueblo.

La experiencia con los gobiernos patronales, sean radicales, peronistas o aliancistas, que se han sucedido, han venido mostrando que todos ellos siguen defendiendo los intereses de los grandes empresarios, las multinacionales y el imperialismo. La burocracia sindical sigue confirmando que son sus cómplices. Para los trabajadores y los sectores populares está planteada la gran necesidad de ir forjando nuevos dirigentes, políticos y sindicales, que puedan llevar las luchas al logro de soluciones de fondo, a la construcción de un nuevo país, una Argentina socialista, sin patrones, ni militares ni dirigentes vendidos.


Nahuel Moreno: “Isabel no pudo derrotar a la clase obrera”

Lorenzo Miguel (Sec. Gral. UOM), López Rega, Perón e Isabel Perón

Lorenzo Miguel (Sec. Gral. UOM), López Rega, Perón e Isabel Perón

Nahuel Moreno fue el fundador y principal dirigente del PST en aquel entonces. Desde 1975 figuraba en las listas de «condenados» por la Triple A. En julio de 1976 salió hacia el exilio. Reproducimos un fragmento suyo sobre el gobierno peronista y el triunfo del golpe militar*.

En marzo de 1976, se produjo el putch que llevó al poder a la siniestra dictadura militar, imponiendo y manteniendo durante seis años un régimen contrarrevolucionario férreo y estable, denominado «Proceso de Reorganización Nacional». En muchos aspectos, el Proceso fue la continuación del gobierno reaccionario de Isabel Perón, como lo demuestran los secuestros y asesinatos que se perpetraron bajo ambos regímenes. Pero hubo diferencias decisivas entre ellos. La fundamental fue que Isabel no pudo derrotar a la clase obrera. Por el contrario, el ascenso de las luchas detonado por el Cordobazo en 1969 se mantuvo, en líneas generales y con inevitables vaivenes, hasta el fin del gobierno isabelista. La mejor prueba fue la gran huelga general contra Isabel y sus ministros Rodrigo y López Rega en 1975, antecedida por las ocupaciones de fábricas en 1973 durante el gobierno de Cámpora, y seguida por la preparación casi espontánea de una nueva huelga general contra el sucesor de Rodrigo, el ministro Mondelli. La traición de la burocracia sindical peronista impidió la concreción y triunfo de esa nueva huelga general que seguramente habría derrocado a la propia Isabel e impedido el golpe de estado. Pero lo cierto es que, en 1975, la clase obrera estaba tanto o más combativa que cuando el Cordobazo.

[…]el gobierno de Isabel fue semidictatorial, reaccionario, pero no una férrea dictadura contrarrevolucionaria como la que lo sucedería, porque no pudo liquidar la etapa prerrevolucionaria abierta con el Cordobazo derrotando a la clase obrera. […]

En ese juego de ofensiva isabelista y contraofensiva de los trabajadores, la estabilidad del sistema capitalista semicolonial en su conjunto estaba amenazada. Y a esa amenaza se sumaba la provocación sistemática de la guerrilla aventurera. La burguesía y los militares no tuvieron otra alternativa que arriesgarse a dar el putch contrarrevolucionario, aprovechando para ello la gran confusión y parálisis provocadas por la traición de la burocracia sindical en el seno de la clase obrera a fines de 1975 y comienzos de 1976, cuando se negó a seguir las huelgas hasta echar a Isabel. […] se imponía el primer régimen abiertamente contrarrevolucionario que se ha conocido en la Argentina.

[…] Los métodos de guerra civil selectiva, que eran un rasgo importante pero no el fundamental del gobierno isabelista, se convierten en la característica dominante del nuevo régimen.

El terror de Estado no se vuelca exclusivamente contra la guerrilla. En pocos meses, el dispositivo militar de ésta y su propia dirección quedan aniquilados, con sus sobrevivientes en el exilio. Pero el terror sigue en un «crescendo» diabólico contra todo lo que se considera progresivo.

La clase obrera, abandonada por su dirección sindical cobarde y venal, sufre una dura derrota. Su vanguardia, los activistas que organizaron y encabezaron las grandes luchas del período 1969/75, es asesinada por miles o forzado al exilio por centenares de miles. Por primera vez en su historia, el pueblo argentino comprueba atónito con sus propios ojos lo que es un genocido.

 

* 1982: comienza la revolución. Véase en www.nahuelmoreno.org


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