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Mercedes Petit

A 190 años del 9 de Julio de 1816

Día de la Independencia

La lucha por sacarnos de encima el yugo español había comenzado antes, en 1810. Seis años después, en Tucumán, se dio un gran paso: se declaró definitivamente la independencia. Sin embargo, a 190 años, no podemos ignorar que el país volvió a caer bajo el dominio de las potencias imperialistas y tenemos por delante una nueva gesta por la segunda independencia.

Pintura que retrata a San Martín con su ejército liberador

Pintura que retrata a San Martín con su ejército liberador

La independencia de América latina fue un proceso revolucionario imparable que comenzó en 1810, luego de que los franceses ocuparon España. Ese año, en cinco revoluciones se depusieron las autoridades emanadas del rey Fernando VII de España: Caracas (Venezuela), Buenos Aires, Bogotá (Colombia), Santiago (Chile) y Dolores (México).

En lo que sería la Argentina, el choque entre distintos proyectos de país fue marcando el ritmo de los acontecimientos en medio de la lucha militar para derrotar a las tropas realistas.

Las vísperas

El proyecto de una nación independiente y dispuesta a progresar al ritmo de la época, desde 1810 estaba encabezado por Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, a los que luego se sumaron José de San Martín y muchos otros. Se inspiraban en los pensadores más avanzados de las revoluciones burguesas de Inglaterra en el siglo XVII y de Francia en el XVIII. Unían la lucha por la independencia política de España a un proyecto de igualdad y libertad para toda la población. La influencia de Rousseau se sumaba a la reivindicación de la insurrección derrotada de Tupac Amaru y a la integración y respeto de los pueblos originarios. Para ellos, una herramienta imprescindible para el desarrollo de la nueva nación era la educación pública para todos. Y tenían como gran objetivo la unidad latinoamericana.

Otros sectores pretendían retrasar (o no llegar nunca) a la declaración de la independencia. Unos pocos buscaban mantener en otro contexto la relación de sumisión al trono español. Y otros pretendían el “protectorado” de otra potencia europea, por entonces en ascenso: la todopoderosa Inglaterra (aunque fuese a través de su amigo, el imperio portugués).

Nacía una nación independiente de “toda dominación extranjera”

Así fueron pasando los años, en medio de la lucha militar contra las tropas españolas y los choques políticos entre los distintos sectores criollos. Cuando comenzó a sesionar el Congreso de Tucumán en 1815 la situación no era nada fácil. En 1814 había vuelto al trono Fernando VII y los patriotas habían sido derrotados en casi toda América del Sur, salvo en el Río de la Plata. La cúpula de la Iglesia atacaba ferozmente a los revolucionarios (aunque muchos sacerdotes se sumaron a la lucha). Inglaterra profundizaba sus negocios en la región, pero no reconocía a la nueva nación.

Serán decisivas las gestas libertadoras de San Martín hacia Chile y el norte por la costa del Pacífico hasta Guayaquil, y la de Güemes y sus fuerzas guerrilleras en Salta y Jujuy.

La independencia política fue declarada finalmente el 9 de julio de 1816. Uno de los que presionaba con fuerza para adoptar esa decisión era, desde Cuyo, San Martín. Todos los diputados aprobaron por aclamación que seríamos “una nación independiente del Rey Fernando, sus sucesores y metrópoli”. Flotaban en el ambiente las pugnas con los sectores que entendían al futuro del país como el cambio de la dependencia de una potencia europea por otra. Diez días después, finalmente, se completó el Acta de la Independencia, con el agregado “y de toda dominación extranjera”.

En pocos años se frustró la oportunidad de lograr una América latina unida, como lo pretendían San Martín y Bolívar. Fueron primando los intereses económicos de los sectores más ricos en cada una las regiones, que a través de importantes luchas intestinas se fueron adueñando del poder político. El Virreinato del Río de la Plata se fragmentó en cuatro (Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay).

En la Argentina, los grandes estancieros, fundamentalmente de la provincia de Buenos Aires, se entronizaron como los dueños del país. Frustraron un desarrollo del mercado interno que permitiera un progreso armónico utilizando las grandes riquezas naturales disponibles. Una oligarquía riquísima fue depositando cada vez más sus expectativas de poder en sus relaciones con el imperialismo inglés. Finalmente, en la década del 30, esa clase parasitaria transformó a la Argentina en una semicolonia directa.

Ante la decadencia británica, fueron los intereses imperialistas yanquis los que nos dominaron desde los años cincuenta. Y desde entonces se han ido sumando otras potencias, hasta el regreso de la propia España como metrópoli imperialista.


San Martín y los hombres de coraje

¡Hasta cuando esperamos declarar nuestra independencia! ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quién en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender, cuando estamos a pupilo? […] Esté usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación. Animo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas…

(Carta de San Martín al diputado Godoy Cruz, de Mendoza, presionando para que se declare la independencia. El genio político de San Martín, Ricardo Levene, 1950).


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