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Kirchner y el reparto de la torta

¿Quién se lleva la mayor parte?

El 25 de mayo el presidente Néstor Kirchner cumplió tres años de gobierno. Aprovechando la fecha patria hizo un balance positivo de su gestión en el acto en Plaza de Mayo. Nos queremos detener aquí en develar un interrogante... ¿Si la economía crece, por qué siguen la pobreza, la desocupación y la desigualdad social?

 

Seguramente usted, amigo lector, después de vivir la tremenda desocupación y los bajos salarios que nos impusieron gobiernos anteriores, dirá “ahora estoy mejor”. Lo mismo señalan de la economía importantes analistas. Es que a simple vista se observa que hay un poco más de consumo, salen algunas changas y hasta si uno anda y anda puede conseguir algún empleo.

La razón es que, desde hace cuatro años, hay un importante crecimiento de la producción en distintas ramas industriales, del superávit fiscal y comercial, y en las recaudaciones por impuestos. Por estas últimas, por ejemplo, al Estado le ingresarán este año 150.000 millones de pesos.

¿A costa de qué se está produciendo semejante crecimiento? ¿Dónde están yendo esas inmensas cantidades de dinero? Corramos el telón.

 

El crecimiento económico se debe esencialmente a la reducción de los costos en salarios e insumos y al achique del gasto público. El dólar alto permite fabulosas ganancias a los exportadores recibiendo jugosos dividendos por el mayor valor internacional de las materias primas. Eso generó, vía las retenciones, junto al virtual congelamiento salarial de los estatales y jubilaciones, un superávit fiscal como nunca tuvimos en varias décadas.

¿Adónde va la plata, señor presidente? ¿A pagar la deuda social con el pueblo? ¿A terminar con el hambre y la miseria? ¿A reactivar seriamente la economía mediante un plan nacional de obras públicas? Desgraciadamente no. El dinero se está destinando a pagar de contado la deuda con el FMI; a subsidiar a empresarios mafiosos que se quedaron con las empresas del Estado; a compensar a los mismos banqueros que expropiaron a los ahorristas y a seguir engordando las reservas del Banco Central para que, en cualquier momento, se vuelvan a disponer millonadas para cumplir aún más con los usureros acreedores internacionales que nos vienen desangrando desde la dictadura.

 

Por eso, mientras la “economía crece” recuperando los valores registrados en 1998 - antes de la recesión de 2001-, no ha sido igual el comportamiento del preocupante cuadro social. La inflación, que ha llevado a que productos básicos aumenten en pocos años un 200%, como el aceite, o un 185%, como la carne, está haciendo estragos en los bolsillos populares. Por eso de lo que se comenta en las barriadas populares y en los lugares de trabajo, no son las repercusiones del discurso presidencial de la Plaza, si no sobre el hecho de que “la guita no alcanza”.

Por ejemplo, el salario real promedio actual es 15% inferior al de 2001 y un 20% más bajo que el de 1998. El empleo “en negro” es 10 puntos superior (45,5% contra 36,3%). La participación de los asalariados en el ingreso nacional está 8.5 puntos por debajo de 1998. La mitad de los que trabajan tienen ingresos menores a 600 pesos mensuales. Un millón y medio de jubilados perdieron entre un 10 y un 35% el poder adquisitivo de 8 años atrás; la pobreza subió y hay casi 5 millones de niños pobres.

Esto significa que la famosa “distribución de los ingresos” ha empeorado: en el segundo semestre de 2005, el 10% más rico recibió 28,5 veces más que el 10% más pobre, cuando en mayo de 1998 esa brecha era de 22,8 veces. (Clarín, 25-04).

 

Está claro. La “torta” crece, pero las mejores partes no se la llevan los trabajadores, jubilados, o desocupados. Se las devoran una ínfima minoría.

Si se tratara de una “torta” de cumpleaños, no sería nada. De lo que se trata es que el FMI, los banqueros y grandes empresarios se siguen apropiando del esfuerzo y la producción de millones que todos los días ponen en funcionamiento las fábricas, construyen viviendas, sostienen la educación pública para dar clases a nuestros hijos y curan a nuestras familias.

Por eso no es cierto que Kirchner está construyendo una “Patria para todos”, como decían los carteles del 25 de mayo, sino una patria para que la gocen el FMI, los dueños de Repsol o los Macri, dejando en la lista de espera a millones desesperados por un salario y trabajo digno.

 

No es con techos salariales pactados con lo peor de la burocracia sindical y los empresarios como vamos a salir adelante. Tampoco pagando puntualmente la deuda al FMI. Sólo habrá cambios reales si logramos $ 1.800 de mínimo y jubilaciones acordes a la canasta familiar. Si terminamos con el trabajo en negro y todas las leyes flexibilizadoras de los ´90. Imponemos precios máximos bajo pena de cerrar establecimientos, incautar mercaderías y meter presos a los empresarios que aumenten. Expulsamos a Repsol, reestatizamos YPF y a todas las parivatizadas bajo control de trabajadores y usuarios; y usamos el dinero de la deuda externa en pagar la deuda social, entre otras urgentes medidas que hay que tomar.

Así estaríamos inaugurando un modelo económico en beneficio de las grandes mayorías. Cosa que el presidente Kirchner no va a implementar. Nuevo modelo que tendremos que imponer desde abajo con la movilización popular.


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